Cuando llevas más de una década reseñando álbumes, es normal que en alguna ocasión des por hecho que ya has analizado un disco y, tiempo después, descubras que nunca llegaste a escribir sobre él. Algo así me ocurrió con el impresionante "Persistence Of Time", un trabajo que juraría haber reseñado hace años, pero del que, para mi sorpresa, no encontré ni una sola línea. De hecho, me di cuenta precisamente mientras veía a Anthrax por primera vez en directo, hace apenas unos días en Lisboa, donde ejercieron de teloneros de Iron Maiden. Ver a Scott Ian, Joey Belladonna, Charlie Benante y Frank Bello defendiendo todavía canciones como "Got The Time" o "Keep It On The Family" (esta última, en realidad, solo la interpretaron en otras fechas de la gira) me recordó algo que con demasiada frecuencia pasa desapercibido: este disco merece estar, por méritos propios, en cualquier conversación sobre los grandes clásicos del thrash metal.
Porque,
aunque "Among The Living" y "Spreading The Disease" sigan
siendo las obras cumbre de Anthrax (creo que nadie se atrevería a discutirlo),
siempre he pensado que "State Of Euphoria" y este "Persistence
Of Time" se encuentran únicamente un escalón por debajo. De hecho, me
atrevería a decir que "Persistence" es el álbum más maduro y serio
que los estadounidenses grabaron a lo largo de toda su trayectoria.
Tras
años abrazando una estética desenfadada y un espíritu festivo que también se
reflejaba sobre el escenario, la banda decidió dejar atrás aquella faceta para
endurecer tanto su propuesta musical como el contenido de sus letras. Desde el
punto de vista lírico, Anthrax aborda por primera vez asuntos como la
frustración, la violencia, la intolerancia, la incertidumbre ante un mundo en
constante transformación y, por supuesto, el inevitable paso del tiempo.
Musicalmente,
el grupo reduce la velocidad para construir un sonido mucho más pesado, áspero
y opresivo, generando una tensión que nunca antes había estado tan presente en
un disco del quinteto. Y si hay dos nombres que sostienen este álbum desde sus
cimientos son Charlie Benante y Frank Bello. Probablemente nunca se ha
reconocido lo suficiente el nivel de esta sección rítmica. Mientras Scott Ian
continúa disparando algunos de los riffs más demoledores del thrash
estadounidense, Benante y Bello convierten cada canción en una auténtica
apisonadora. El bajo del infravalorado Bello no se limita a acompañar, sino que
impulsa constantemente las composiciones hacia delante. Benante, por su parte,
firma una de las mejores actuaciones de toda su carrera, combinando potencia,
precisión y un groove extraordinario que transforma muchos de los medios
tiempos en auténticos martillos pilones.
La
portada refleja a la perfección tanto el contenido como el contexto del álbum.
Frente al tono casi caricaturesco de trabajos anteriores, aquí desaparecen los
colores vivos, el humor y la figura de Not Man para dejar paso a un paisaje
desolador dominado por un reloj con forma de calavera que parece inspirado en
la célebre pintura "La persistencia de la memoria" de Dalí. Es una
imagen fría, sombría e inquietante que simboliza el inexorable paso del tiempo,
la mortalidad y el desgaste psicológico. Probablemente sea la portada más
sobria y elegante de toda la carrera del grupo.
Les
prometo que difícilmente podría existir una apertura mejor para un álbum de
este calibre. Con casi siete minutos de descarga eléctrica, "Time"
nos aplasta con una composición pesada y solemne en la que convergen riffs
gigantescos, un ritmo demoledor y una permanente sensación de urgencia. Si el
trabajo instrumental resulta descomunal —mención especial para el extenso solo
de Dan Spitz y el impresionante despliegue de doble pedal de Benante—, la
interpretación vocal de Belladonna no se queda atrás. Canta con una energía
desbordante y se apoya en esos coros tan característicos que lo acompañan
durante el inolvidable puente-estribillo de la canción. Si a todo ello le
sumamos una letra centrada en la naturaleza imparable del tiempo y en la inútil
lucha del ser humano por controlarlo, creo sinceramente que estamos ante una
composición prácticamente perfecta.
La
faceta antibélica de Anthrax emerge con fuerza en "Blood", una
crítica descarnada contra las guerras civiles y los enfrentamientos entre
iguales. Para desarrollar esta temática, la banda apuesta por una composición
que supera los siete minutos y que incorpora numerosos cambios de ritmo. Lejos
de buscar velocidad constante, el quinteto opta por un enfoque mucho más
opresivo, donde cada giro añade nuevas capas de dramatismo. Una vez más, merece
la pena destacar el trabajo monumental de Belladonna, cuya voz suena aquí más
madura y versátil que en los primeros trabajos de la formación.
Y
llegamos a "Keep It In The Family", una de mis canciones favoritas de
Anthrax y, sin duda, uno de los grandes clásicos del álbum. Su ritmo machacón
avanza como un tanque de guerra que arrasa con todo lo que encuentra a su paso,
alternando unos versos contenidos con un puente mucho más acelerado en el que
la batería de Benante vuelve a mostrarse absolutamente demoledora. Mi querido
Scott Ian construye aquí uno de sus mejores trabajos rítmicos, mientras Bello
brilla con luz propia gracias a un bajo pesado que sirve de columna vertebral
para semejante temazo. La crítica al racismo y a la intolerancia, por
desgracia, sigue conservando una vigencia absoluta en los tiempos que corren.
Mentiría
si dijera que el nivel desciende con "In My World". Estamos ante otro
de los cortes icónicos de Anthrax, no solo por su enorme calidad musical, sino
también por la intensidad emocional que transmite. La letra retrata la
ansiedad, el miedo, el aislamiento y la desesperación con una crudeza poco
habitual en la banda, mientras la música, construida sobre riffs macizos, solos
de enorme nivel y una base rítmica sublime, mantiene un equilibrio perfecto
entre agresividad y melodía. Belladonna firma aquí una de las mejores
interpretaciones vocales de toda su carrera. Sencillamente monumental.
El
Anthrax de los primeros discos reaparece con fuerza en la salvaje
"Gridlock", una pieza cien por cien thrasher cuyo riff, por cierto,
recuerda muchísimo al que años después utilizarían en "Fight 'Em 'Til You
Can't". Tras la enorme tensión acumulada durante los primeros cortes del
álbum, se agradece una descarga de velocidad como esta. En el apartado lírico,
el grupo reflexiona sobre lo complicado que resulta ser uno mismo cuando tienes
que convivir con personas prejuiciosas que se dedican a inventar historias
sobre ti.
Nos
tomamos un pequeño respiro con "Intro To Reality", una breve pieza
instrumental inspirada en "The Twilight Zone", la popular serie de
televisión de los años cincuenta que tanto fascinaba a los miembros de la
banda. Sobre un sencillo riff de guitarra, el resto de instrumentos va
construyendo una atmósfera que crece poco a poco en intensidad hasta desembocar
de forma natural en otro de los grandes clásicos del disco...
Para
muchos, "Belly Of The Beast" representa el punto culminante del
álbum. Más de ocho minutos de absoluta genialidad en los que Anthrax demuestra
hasta dónde había evolucionado como compositor. La canción alterna pasajes
lentos, desarrollos progresivos, estallidos de violencia y algunos de los
mejores riffs que Scott Ian haya escrito jamás. La labor de la dupla formada
por Benante y Bello resulta sencillamente espectacular, manejando cada cambio
de dinámica con una naturalidad pasmosa y sosteniendo la composición de
principio a fin. Una obra maestra del thrash americano que no tendría ningún
problema en incluir dentro de un hipotético Top 10 de canciones de la banda.
Como
ya había sucedido con "Antisocial", Anthrax volvió a demostrar su
extraordinaria capacidad para apropiarse de composiciones ajenas y convertirlas
prácticamente en propias. Ahí está la popularísima versión de "Got The
Time", original de Joe Jackson, incluida en este LP y que, como todos
sabrán, terminó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la formación.
Rápida, divertida, explosiva y tremendamente contagiosa, sigue siendo una de
esas versiones capaces de eclipsar, para buena parte del público, a la
grabación original.
Y
tras semejante descarga de velocidad, volvemos a sumergirnos en la oscuridad de
la mano de "H8 Red", una composición construida sobre un bajo
inquietante y uno de los riffs más pesados de todo el LP. Estamos ante una
pieza claramente infravalorada que mantiene intacto el altísimo nivel del
álbum, aunque, si tuviera que ponerle algún pero, diría que se sitúa un pequeño
escalón por debajo del resto de composiciones.
Otro
corte que bien podría considerarse un tesoro oculto es "One Man
Stands", una de las canciones más interesantes del disco en lo que
respecta a su desarrollo rítmico. La combinación entre las guitarras de Scott
Ian y Dan Spitz, unida a la base formada por Bello y Benante —¡qué barbaridad
cómo golpea el doble pedal aquí!— alcanza un nivel extraordinario. Y si con
todo esto todavía no te he convencido, permíteme recomendarte que escuches con
atención su revolucionario y contagioso estribillo ("For the freedom!!!!").
Un auténtico temazo que, ojalá, la banda se anime algún día a recuperar en
directo.
"Discharge"
pone el broche de oro al álbum con un ritmo encabronado de thrash metal de la
vieja escuela que deja claro que, aunque el sonido de Anthrax se hubiese vuelto
considerablemente más denso y pesado, jamás pensaron en abandonar el estilo que
apenas unos años antes los había convertido en una de las grandes referencias
del género. Musicalmente es un auténtico cañonazo, mientras que su letra aborda
con valentía las consecuencias mortales del consumo de drogas y la facilidad
con la que la sociedad, en demasiadas ocasiones, resta importancia o apenas
lamenta las vidas que estas terminan llevándose por delante.
CONCLUSIÓN
Es
posible que "Persistence Of Time" nunca haya disfrutado del
reconocimiento masivo que sí alcanzaron "Among The Living" o incluso
"Spreading The Disease". Quizá llegó demasiado tarde para parte del
público. Quizá su tono mucho más oscuro desconcertó a quienes esperaban otro
festival de velocidad, humor y desenfado. O quizá simplemente quedó eclipsado
por el extraordinario nivel que alcanzó el thrash metal en 1990. Sea cual sea
la explicación, el paso del tiempo ha terminado colocándolo exactamente en el lugar
que merece y, por fortuna para todos, Anthrax sigue recuperando varias de sus
canciones en las giras actuales.
Hoy
resulta evidente que estamos ante uno de los discos más sólidos de toda la
historia del grupo. Un álbum en el que la banda alcanzó una madurez compositiva
extraordinaria sin renunciar ni por un instante a la agresividad que siempre la
había caracterizado. Un trabajo donde cada uno de sus integrantes firma una
actuación sobresaliente, dando forma a una colección de canciones que ha
envejecido de manera excepcional.
Después de verlos por fin sobre un escenario hace apenas unos días, estas composiciones cobran todavía más sentido. Siguen sonando enormes, continúan transmitiendo la misma fuerza y demuestran que Anthrax nunca necesitó reinventarse para escribir una de las obras más contundentes, personales y completas de toda su carrera.

Comentarios
Publicar un comentario