El
recorrido, como saben, también ha supuesto el estreno del batería Simon Dawson
como sustituto de Nicko McBrain en directo, una responsabilidad enorme que el
británico ha asumido con personalidad, solvencia y un respeto absoluto por el
legado de la banda. Lejos de limitarse a cumplir el expediente, Dawson aporta
precisión, pegada y una naturalidad que permiten al grupo sonar compacto desde
el primer minuto.
Para
mí, además, esta cita tenía un componente muy especial. Era la cuarta vez que
veía esta gira y la sexta ocasión en total disfrutando de Iron Maiden en
directo, una circunstancia que hacía inevitable establecer comparaciones con
conciertos anteriores. Sin embargo, lejos de perder capacidad de sorpresa, la
banda volvió a demostrar que sigue siendo una máquina perfectamente engrasada
capaz de emocionar como el primer día.
ANTHRAX:
EL LUJO DE CONTAR CON LEYENDAS COMO TELONEROS
La
responsabilidad de abrir la velada recayó sobre unos enormes Anthrax, que
volvieron a demostrar por qué forman parte indiscutible del "Big
Four" del thrash metal. Sin apenas concesiones, los neoyorquinos
ofrecieron un set monumental y lleno de energía que logró la compleja hazaña de
lograr que el estadio entero conectara desde la primera canción con los teloneros
(obviamente, no eran unos teloneros cualquiera). Me gustaría celebrar en estas
líneas la suerte de haber podido ver en directo al grupo, por el cual profeso
un gran amor, y la fortuna añadida de que Charlie Benante estuviera sobre el
escenario, ya que este se encuentra compaginando esta serie de shows de Anthrax
con los de Pantera, que también se encuentra de gira por Europa.
El
repertorio fue una auténtica colección de himnos. "Among the Living",
"Got the Time", "Madhouse", "Caught in a Mosh",
"Medusa", "Antisocial" y la salvaje "Indians"
mantuvieron la intensidad constantemente por las nubes, mientras que la
inclusión de "It's for the Kids", adelanto de “Cursum Perficio”, su
próximo trabajo de estudio, permitió comprobar que Anthrax continúa componiendo
material con personalidad sin renunciar a su esencia. Una actuación vibrante
que dejó el listón altísimo antes de la aparición de la Doncella.
Aunque
es imposible dejar de destacar el poder que desprenden guitarras de Scott Ian y
Jonathan Donais o el bajo de mi adorado Frank Bello (uno de mis bajistas
predilectos), debo rendirme ante la salvaje actuación del veterano Joey
Belladona, cuyos agudos siguen sonando tan salvajes como en antaño, así como su
enorme presencia sobre el escenario, siendo capaz de dirigir a las masas como
si se tratara del show principal de la noche.
IRON
MAIDEN: DOS HORAS DE HISTORIA DEL HEAVY METAL
Con
60.000 almas concentradas en el Estádio da Luz los primeros acordes de la
legendaria “Doctor, Doctor” de UFO y “Ides Of March” anunciaron la inminente entrada
en escena de Iron Maiden, quienes irrumpieron sin piedad con "Murders in
the Rue Morgue". El público lisboeta recibió a la banda con un entusiasmo
contagioso, mientras el excelente sonido permitió apreciar cada detalle de la
interpretación. Desde el primer instante quedó claro que Bruce Dickinson
atravesaba otra de esas noches memorables. De hecho, me atrevería a afirmar que
ahora mismo su estado vocal es uno de los mejores en muchísimo tiempo. Y es que
la evolución que Dickinson ha experimentado desde que su cáncer de garganta y
lengua despareció hasta ahora ha sido tan progresiva como positiva.
La
intensidad continuó creciendo con "Wrathchild", donde la comunión
entre Dickinson y el público fue absoluta gracias a un estribillo coreado por
miles de gargantas. Sin apenas respiro llegó "Killers", momento en el
que la aparición de Eddie convirtió el estadio en una auténtica locura,
mientras la banda exhibía una contundencia demoledora.
Uno
de los grandes momentos de la noche llegó con "Phantom of the Opera",
una de esas composiciones que justifican por sí solas la grandeza artística de
Iron Maiden. Recuperada con enorme acierto para esta gira, y apoyándose en proyecciones
que mostraban el interior de la Ópera de París, la pieza volvió a enamorar con
su complejidad instrumental, sus constantes cambios de ritmo y un espectacular
duelo de guitarras que levantó una enorme ovación. Steve Harris volvió a
ejercer de auténtico director de orquesta desde el centro del escenario, Simon
Dawson confirmó su excelente adaptación al grupo y Dickinson coronó la
interpretación con otra exhibición vocal.
Tras
el imprescindible "The Number of the Beast", llegó una de las mayores
sorpresas de este segundo bloque del Run For Your Life Tour: "Infinite
Dreams". Recuperada tras décadas de ausencia en los escenarios, la canción
sonó fresca, emocionante y perfectamente integrada en el repertorio. Los
desarrollos instrumentales volvieron a brillar con luz propia mientras
Dickinson rubricaba la interpretación con uno de esos agudos imposibles que
siguen dejando boquiabiertos incluso a quienes llevan décadas siguiéndolo.
Siempre
he considerado "Powerslave" una de las mayores obras maestras del
catálogo de Maiden, y esta noche volvió a confirmarlo. La producción visual
acompañó perfectamente la atmósfera egipcia del tema, mientras Dickinson jugó
continuamente con el público, metiéndose a los asistentes en el bolsillo
gracias a su habitual capacidad para dominar cualquier escenario.
Con
"2 Minutes to Midnight" llegó otro de esos himnos incombustibles que
funcionan como un reloj en directo. El estribillo fue cantado prácticamente por
todo el estadio, en una demostración más de la enorme conexión existente entre
la banda y el público portugués.
Hablar
de "Rime of the Ancient Mariner" supone hacerlo, probablemente, de la
mayor obra maestra jamás compuesta dentro del Heavy Metal. Sus más de trece
minutos volvieron a pasar en un suspiro gracias a una ejecución absolutamente
brillante. Los constantes cambios rítmicos mantuvieron la tensión durante toda
la interpretación y Dickinson volvió a firmar una actuación descomunal tanto
desde el punto de vista teatral como vocal.
"Run
to the Hills" mantuvo la intensidad en niveles máximos antes de dar paso a
otra epopeya imprescindible: "Seventh Son of a Seventh Son". Los
largos pasajes instrumentales permitieron lucirse a toda la banda, mientras
Dickinson dejó una de las imágenes de la noche con un agudo sostenido durante
más de 20 segundos que pareció desafiar cualquier lógica, provocando una
atronadora reacción entre los asistentes.
El
tramo final del concierto resultó sencillamente demoledor. "The
Trooper" volvió a funcionar como uno de los grandes himnos de la historia
del metal antes de desembocar en una extraordinaria "Hallowed Be Thy
Name", con Dickinson interpretando el tema desde la clásica celda, la soga
al cuello y toda la carga teatral que ha convertido esta canción en una
referencia absoluta del directo de Maiden. El largo pasaje instrumental volvió
a poner de relieve la excelencia colectiva del grupo mientras las pantallas acompañaban
la narrativa de la ejecución.
Con
"Iron Maiden" parecía llegar el desenlace, aunque todos sabíamos que
aún quedaban tres clásicos imprescindibles. Primeramente, fue el turno de
"Aces High". Aunque se echa de menos la presencia física del mítico
Spitfire sobre el escenario, sustituido ahora por una propuesta audiovisual, la
interpretación volvió a ser sobresaliente. Especialmente admirable resultó, una
vez más, la capacidad de Dickinson para afrontar con aparente facilidad una de
las canciones más exigentes de todo el repertorio de la banda.
Si
hubo un instante en el que el Estádio da Luz pareció venirse literalmente abajo
fue durante "Fear of the Dark". El público acompañó desde el primer
segundo el inolvidable riff principal y respondió de manera ensordecedora
durante cada uno de los pasajes más emblemáticos del tema. Dickinson apareció
luciendo su característico atuendo gótico, aportando una vez más el componente
teatral que engrandece todavía más este clásico inmortal.
El
broche definitivo llegó con "Wasted Years", una despedida perfecta
para una noche inolvidable. Más allá de su espectacular melodía, la canción
volvió a recordar ese mensaje tan vigente que invita a mirar hacia delante sin
dejar de valorar el presente. Un final emocionante para un concierto que
confirmó, una vez más, que Iron Maiden continúa escribiendo páginas de oro en
la historia del Heavy Metal.
CONCLUSIÓN
Seis
conciertos después, y cuatro dentro de esta extraordinaria gira, resulta
imposible no rendirse ante la evidencia. Pocas bandas conservan semejante nivel
interpretativo tras casi cinco décadas de carrera. Bruce Dickinson continúa
desafiando cualquier lógica con una voz que sigue pareciendo inagotable, Steve
Harris mantiene intacta su presencia magnética, el trío de guitarras continúa
ofreciendo una riqueza musical incomparable y Simon Dawson ha demostrado estar
plenamente preparado para afrontar el enorme reto de formar parte de una
institución llamada Iron Maiden.
Lisboa
volvió a vivir una noche de Heavy Metal para el recuerdo. Y, una vez más, Iron
Maiden dejó claro que algunas leyendas no envejecen, sino que siguen haciendo
historia.

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