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Pearl Jam - Yield (1998)

Calificación:*****

Si hay algo que hace de “Yield” un álbum especial es que muestra como ningún otro título de su extensa discografía las múltiples personalidades de sus componentes. Y es que pese al innegable buen hacer del grupo durante sus primeros álbumes (incluiría a todos ellos en cualquier listado sobre los mejores LPs del Siglo XX), lo cierto es que siempre Eddie Vedder tenía la última palabra en el proceso de composición, algo que, si bien había funcionado en el pasado, impedía que el resto de sus compañeros pudieran dejar fluir toda su creatividad en el estudio. Para entender el cambio de mentalidad que se produjo en el seno de la banda y que hizo posible que el resto de músicos pudieran incluir sus propias aportaciones en futuros discos resulta necesario trasladarse a 1996.

“No Code” (1996) acababa de ver la luz y no tardó en generar todo tipo de opiniones. Este era, sin duda alguna, el LP más rompedor de los de Seattle hasta aquel momento, apostando por una mayor experimentación que no todos sus seguidores supieron encajar. Sus sesiones de grabación, acontecidas un año antes, tuvieron pequeños momentos de tensión que llegaron, incluso, a provocar la salida temporal de Jeff Ament (solamente estuvo fuera un par de semanas afortunadamente). En este clima Vedder tomó las riendas compositivas de manera, casi, absoluta, participando en el proceso de escritura y creación sonora de todas las canciones como si se tratara de un proyecto solista (solamente “Mankind” contiene una letra no escrita por el cantante), algo que creo que ayuda a explicar el cambio sonoro que propuso “No Code” (a mí es un disco que me encanta, por cierto). Sea como fuere, y desde que dicho álbum vio la luz y el grupo salió de gira, Eddie Vedder pidió a todos los miembros que dieran un paso delante de cara al próximo álbum y se animaran a componer con total libertad.

Tras un año sabático para recargar las baterías, Pearl Jam se reuniría en los Litho Studios y Studio X, ambos en Seattle, para comenzar a dar forma a su siguiente esfuerzo discográfico. Para esta difícil labor volvieron a contar con el aclamado productor Brendan O’Brien, quien ya había estado presente en “No Code”, siendo este su último trabajo con la banda hasta “Backspacer” (2009). Parece que Gossard, McCready, Ament y Irons se tomaron en serio la propuesta de su cantante, ya que volvieron de su merecido descanso llenos de ideas musicales de todo tipo que, junto a algunas piezas que el propio Vedder había compuesto por su cuenta, terminarían definiendo el camino de su próxima creación. Hay que señalar el hecho de que, el cantante, aunque aceptó el reparto de trabajo con deportividad (de hecho, fue él quien lo propuso), sí ayudó a sus compañeros, especialmente a los dos guitarristas, en el plano lírico, sin por ello alterar las ideas originales. Esta suma de esfuerzos se materializó en “YIELD”, una obra aclamada que empiezo a analizar ya mismo.

A todo gas abre el álbum de la mano de la punkarra “Brain Of J.”, canción compuesta por McGready y con letra de Vedder, en la que las guitarras y el bajo avanzan al unísono como una especie de apisonadora musical mientras Eddie se desgañita hasta alcanzar algunos agudos temblorosos en su estribillo. Tras un pequeño interludio atmosférico emerge un potente solo que nos devuelve en volandas hasta el último chorus. No puedo desperdiciar la oportunidad para hablar de la polémica letra que contiene la pieza. Resulta que el título, que se traduciría como “Cerebro de J.” se refiere a la famosa desaparición del cerebro del presidente americano John F. Kennedy, un suceso que ha generado todo tipo de teorías de la conspiración que, en resumidas cuentas, vienen a decir que fue el servicio de inteligencia americano el que se encargó de hacerlo desaparecer junto a todo el material biológico y varios archivadores confidenciales para ocultar, según dicen, que JFK había muerto por un disparo frontal de la CIA y no por Lee Harvey Oswald, como originalmente se nos ha dicho (os dejo enlazado aquí un artículo muy curiososobre este tema macabro).

Con los mismos protagonistas tras el proceso de composición emerge “Faithfull”, una canción mucho más melódica donde la instrumentación suena limpia en los versos antes de que el puente y el estribillo ganen ligeramente en potencia (adoro la distorsión que las guitarras adquieren progresivamente). Suele analizarse la letra como un nuevo cuestionamiento de los dogmas por parte de Vedder, que se haría patente a través de numerosos recursos irónicos. No obstante, y dado a que Pearl Jam se mostraba, musicalmente hablando, en un momento más espiritual, a veces me cuestiono si realmente los de Seattle aquí estaban reconociendo que todas las personas del mundo, aunque se declaren ateas, se aferran consciente o inconscientemente a algo (“We all believe”), ya sea una deidad o un estilo de vida.

Stone Gossard presenta su primera aportación al álbum con la juguetona “No Way”, una pista cercana al Grunge en la que el bajo de Ament golpea desde el fondo y las guitarras escupen riffs llamativamente densos. Vedder demuestra sobradamente por qué está considerado como uno de los grandes exponentes del Grunge, vocalizando con un tono más decadente sin por ello renunciar a lanzar unos agudos más luminosos en su estribillo. La letra de Gossard es un tanto compleja de analizar ya que está llena de trabalenguas y dobles sentidos, pero da la sensación de que se habla sobre la caridad hacia los demás y hacia uno mismo a través de los pensamientos de un hombre que reclama ayuda y, al mismo tiempo, se cuestiona qué puede hacer por el resto de sus iguales.

Llegó la hora de ponerse serios para hablar de un clasicazo indiscutible del grupo. “Given To Fly” es una canción bellísima en la que instrumentación y voz avanzan con suavidad en sus primeros compases para, posteriormente, ganar en intensidad de una manera progresiva. Y si hay alguien que brilla por encima del resto aquí ese es el maestro Eddie Vedder, quien canta y nos cautiva con esa elegancia tan característica y que le ha asegurado la inmortalidad. Una obra maestra que más de dos décadas después sigue sin encontrar detractor alguno.  Sobre el significado de la letra, no hay explicación mejor que la que el propio Vedder hizo hace algún tiempo:

“Cuando escribí ‘Given To Fly’ me imaginé la canción como un libro infantil de 20 páginas con un desplegable en cada página e imágenes que lo acompañan. Es una fábula, eso es todo. La música casi te da esta sensación de estar volando, y realmente me encanta cantar la parte final, que habla sobre superar los comentarios de los demás acerca de lo que haces y, pese a todo, a seguir regalándoles tu amor. ¿Sabes? No volverse amargado y solitario, no condenar al mundo entero por las acciones de unos pocos”.

La primera aportación solista de Eddie Vedder al álbum es la popular “Wishlist”, una pista musicalmente mágica en la que el cantante se acerca a nosotros y nos susurra al oído una letra basada en deseos inalcanzables a partir de metáforas y frases de alto nivel poético como “Desearía ser el verbo 'confiar' y nunca decepcionarte” o una que, particularmente, me encanta que dice algo así como “desearía ser una bomba de neutrones, porque por una vez podría explotar” (no se puede escribir mejor sobre la necesidad de desahogo). 

Jeff Ament aportó también su propio estilo en la contundente y adictiva “Pilate”, una pieza de estructura simple que esconde un estribillo adictivo (trabajo coral magnánimo). Me gusta mucho aquí la aportación tras la batería de Irons, quien golpea aquí su kit con especial intensidad. Para su letra, Jeff se inspiró en una parte del libro “El Maestro y Margarita” de Mikhail Bulgakov donde Poncio Pilatos, el gobernador romano de Judea, se encontraba en una montaña aislado en compañía de su perro mientras sentimientos de vacío y culpabilidad invadían su mente (el propio músico ha afirmado varias veces que se encontraban en un momento duro a nivel emocional cuando grabó esta canción). Esta no sería su única contribución, como podremos comprobar un par de párrafos más abajo…¡prepárate que quedan joyas por escuchar! 

Justo cuando superamos la primera mitad del álbum emerge el segundo gran clásico del álbum. Y es que no son pocos los que conocieron a Pearl Jam gracias a ese cañonazo rockero llamado “Do The Evolution” que nació de la suma de ideas de Vedder y Gossard, siendo este último el compositor del inconfundible riff principal, así como del solo, una función que suele quedar reservada para el señor McGready. Eddie se desmelena cantando con una mezcla de furia y teatralidad una letra crítica contra la humanidad que se deshace en elogios y plegarias hacia la tecnología y que, al mismo tiempo, ignora la destrucción que nuestra raza ha llevado a lo largo de toda su existencia. Según tengo entendido la letra está inspirada en la novela “Ishmael” de Daniel Quinn. Lo curioso es que el propio autor ha confesado en numerosas ocasiones que esta canción expresa a la perfección las ideas de su obra (honor para Vedder). Si a semejante obra maestra musical le sumamos el descomunal videoclip animado que se marcaron Todd McFarlane y Kevin Altieri, donde repasaban los grandes crímenes de la humanidad en un par de minutos, creo que estamos hablando de uno de los temas más grandes de la década de los 90.

Como pequeño interludio musical nos encontramos con la extraña “Red Light”, también titulada “Red Bar”, “Red Dot” o “The Color Red”. Una línea vocal repetitiva emerge sobre una curiosa base en la que se combinan diferentes instrumentos de percusión. Esta es la única pista acreditada a Jack Irons (sin ser gran cosa, al menos el batería se animó a aportar alguna idea).

“MFC” (Mini Fast Car) es la segunda, y última, aportación solista de Mr. Vedder en el álbum. Pese a su aparente simplicidad, es difícil no sentirse atraído por la luminosidad emergente tanto de la voz como de las distorsionadas guitarras (su intensidad va en aumento en esos trepidantes versos). Como el título parece indicar, la letra habla sobre la sorprendente velocidad que poseen los coches pequeños, algo que llamó la atención del cantante cuando, durante su año sabático, recorrió las carreteras europeas junto a su novia de aquel momento. No obstante, y conociendo la habilidad de nuestro cantante para las metáforas, lo cierto es que en este tema, Eddie, ocultándose tras la llamativa velocidad de los automóviles de pequeñas dimensiones, nos está hablando de los conceptos de “huida”, de “alejarse de lo que nos hace daño” y, por supuesto, de una “ruptura con el pasado”.

“Low Light” es otro de los puntos más álgidos de este trabajo. Y es que Jeff Ament, que ya de por si con “Pilate” había cumplido sobradamente con su cometido, se sacó de la chistera una balada de mil quilates donde las melodías nacidas de esas guitarras y del piano, por no hablar de las voces dobladas (enorme Vedder como siempre) te van atrapando, creándose así una pista reflexiva y elegante. Como no podía ser de otra forma, esta terminaría convirtiéndose en una de las preferidas de sus seguidores. Añado como curiosidad que, líricamente hablando, esta canción es una continuación de “Pilate” (en palabras de Ament, “Pilate” lanza una pregunta que “Low Light” se encarga de responder), aunque ciertamente me cuesta encontrar una explicación exacta. Vamos a quedarnos con la grandeza musical de la que hace gala aquí nuestro querido grupo.

Es difícil no ser contagiado por el buen rollo que nos propone “In Hiding”, una canción optimista y a medio gas en la que Eddie y las guitarras se complementan hasta crear una sonoridad bucólica que solamente se permite elevar el número de decibelios en el puente y el estribillo (adoro el agudo de Vedder en esta última sección). La letra está inspirada a su vez en una serie de reflexiones que el prestigioso escritor Charles Bukowski compartió con el actor Sean Penn (íntimo amigo de Eddie Vedder) sobre la necesidad de alejarse del mundo durante unos días para volver a cogerle el gusto a la vida. En definitiva, una secundaria de lujo que siempre termino redescubriendo cuando escucho “Yield” de nuevo.

“‘In Hiding’ en realidad está inspirada en Bukowski. Sean Penn compartió conmigo una enseñanza que Bukowski le había transmitido una vez, y la canción fue escrita directamente sobre eso. Le dijo a Sean que a veces solo tiene que irse por unos días, sin gente, no nada. Así que se esconde, luego regresa y tiene ganas de vivir una vez más. Tal vez porque la sociedad te derriba.

La canción trataba sobre tomar un ayuno de la vida, hacer cualquier cosa para volver a estar en contacto con algo real. La abstinencia de cualquier cosa es genial, porque la normalidad de la vida es engañosa: es agradable por un tiempo y hay buenos momentos, pero a veces eso no es suficiente. Empiezas a preguntarte cuál es el punto. Al no abrir la boca pude entrar en ese estado. Jack me llamó al final de la misma; no podía entender lo que estaba diciendo. Me tomó un minuto recuperar mi discurso” Eddie Vedder

Bajo una lírica existencialista se erige en penúltimo lugar “Push Me, Pull Me” una extraña pista experimental en la que, apoyándose en una gran cantidad de efectos y bucles, los riffs varían en tempo constantemente y Eddie Vedder se dirige a los oyentes como si se tratara de un orador.

Para poner el broche de oro al disco, el grupo eligió la extensa y elegante “All Those Yesterdays”, una canción melódica y con cierta influencia de los Beatles en su trasfondo (voces dobladas, pequeños arreglos experimentales,…) que, inexplicablemente, ha quedado relegada a un segundo plano en la historia del quinteto. La letra, a partir de frases como “Todavía hay tiempo, escapar no es un crimen” o “¿De qué estás huyendo? Tomando pastillas para llevarse bien con todos, creando paredes…” da la sensación de querer servir como reflexión para un grupo que había llevado una vida de excesos durante su ascenso a la fama y que sentía la necesidad de “cambiar el chip”. Sea como fuere, hablamos de un final a la altura de lo escuchado.

…¡POR CIERTO! Un minuto después de la finalización del último tema es posible escuchar una pequeña canción escondida titulada “Humus” inspirada por la tradición flamenca y mediterránea en la que las guitarras acaparan prácticamente todo el protagonismo.

 


CONCLUSIÓN

Hay quienes dicen que “Yield” fue el último gran álbum de los de Seattle. Si bien no voy a entrar a debatir sobre la veracidad o no de esta afirmación (“Riot Act” o los más recientes “Lightning Bolt” y “Gigaton” contienen canciones escandalosamente buenas), en lo que sí coincido con este grupo de seguidores es en que estamos ante una obra magistral por parte de uno de los grandes fenómenos musicales que nos ha dado el Rock.

El hecho de que todos los miembros del grupo participaran activamente en el proceso de creación del álbum permitió que las 13 canciones que lo conforman muestren como nunca antes las diferentes personalidades de sus miembros…¡y vaya personalidades!

Cada álbum de Pearl Jam, especialmente los cinco primeros, ofrecen experiencias sonoras únicas y, por este mismo motivo, uno solamente puede ponerle la máxima puntuación a nuestro querido “Yield”.

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