Desde que a finales de julio lo hicieron oficial, reconozco haber contado los días hasta poder escuchar “A View From The Top Of The World”, el nuevo álbum de unos Dream Theater necesitados de dar continuidad a las mejores sensaciones que lograron despertar con “Distance Over Time” tras un planchazo discográfico previo que no terminó de calar en sus seguidores y que hizo activar todas las alarmas (también podría citar como trabajo flojo el homónimo de 2013, a excepción de un temazo como “Illumination Theory”).
Tampoco es que el
mencionado DOT aspire a convertirse en un clásico (ni de lejos), pero contiene
algunas piezas realmente buenas y que merecen nuestra atención. Cierto es que
lograron sacarse de la chistera algunas canciones llenas de pegada como “Pale
Blue Dot”, “Barstool Warrior” o la más accesible “Paralyzed”, pero todavía
podía encontrar ciertas lagunas compositivas en otras pistas del LP, algo, eso
sí, manifestado con menos fuerza que, por ejemplo, en el preocupantemente flojo
“The Astonishing”. Por ello, siento que
“A View From The Top Of The World” podría servirnos para saber si han seguido
corrigiendo errores pasados o, de lo contrario, han vuelto a caer en ellos.
Insisto en que encuentro
el problema en una cuestión más compositiva, porque nadie duda del nivel de
excelencia de los músicos que componen este grupo (no cuento aquí a los “fans”
que llevan años menospreciando a Mangini por haber tenido el difícil papel de
suplir a Portnoy). Sí creo que hay que reconocer que, aunque de vez en cuando
le vemos algún destello de grandeza, LaBrie está muy lejos de ser lo que fue (y
en este disco siento decir que estas carencias se hacen notar). Creo que este
bajón se podría justificar aludiendo al paso del tiempo (como prueba invito a
ver los vídeos que ha grabado en numerosas ocasiones para la plataforma Cameo o
sus últimas actuaciones en vivo). Sea como fuere, con cada nuevo disco siento su
voz más retocada en el estudio (los dos adelantos previos a la publicación del
disco aquí reseñado parecen indicar que la tónica sigue siendo la misma). Por
último, y dejando de momento a LaBrie en paz, pienso que tal vez, y solo tal
vez, otro asunto que podría “reprocharle” a estos Dream Theater “Post-Portnoy”
es el hecho de no otorgar en el estudio tanta presencia a Mangini, un batería
que lleva años demostrando su potencial en vivo. No obstante, y lejos de
parecer que reniego de los DT tras la marcha de Mike (todo lo contrario) al
despellejar el “Astonishing”, digo con total convencimiento que tanto en el
“Distance” como en el “Dramatic Turn Of Events” de 2011 (el debut de Mike con
el grupo) hay muchos elementos de calidad (alguna carencia también, por
supuesto), que parecen indicar que el quinteto todavía tiene mucho que decir.
El caso es que tenemos
la suerte de poder escuchar nuevo material de una de las bandas insignes del
universo progresivo. Son siete las canciones que componen esta propuesta
sumando, eso sí, un total de 70 minutos de música (solo una de ellas ya aporta
20 al total). La producción, una vez más, lleva la firma de Petrucci, quien
también muestra una absoluta maestría en este ámbito (parece que el hecho ser
uno de los mejores guitarristas contemporáneos de la historia no era suficiente
para el barbudo), PERO también de otro maestro como Andy Sneap, quien ya
produjo el último disco solista del propio John. Me voy a atrever a decir que la
dupla Andy-John nos trae la mejor producción sonora de un disco de DT desde
hace 10 años.
¿La clave para escuchar
y valorar “A View From The Top Of The World”? No quedarte con las emociones de
la primera escucha, ya que este LP crece constantemente con cada nueva
oportunidad que le das. Reconozco que la primera vez que lo reproduje en mi
minicadena tuve peores sensaciones que las que vendrían tras las sucesivas.
Una vez empieza “The Alien”, salta a la vista (o al
oído) algo que considero realmente positivo de este LP: por fin Mangini puede
lucirse como batería, y nos regala un auténtico trabajazo tras los parches que
sus compañeros acompañan también con buena nota con sus respectivos
instrumentos. Este primer número, también elegido como primer sencillo
promocional, nos muestra a un quinteto dispuesto a darlo todo desde el inicio,
con una mezcla sonora ideal para darnos la bienvenida: una percusión grandiosa
(ojo a los detalles que incluye en el pasaje del minuto 5:26), un par de solos
limpios (no faltan los primeros duelos contra Jordan al teclado) bien
contrarrestados por otro par de incendiarios riffs y las aportaciones más que
sublimes de Myung tras el bajo.
LaBrie canta bien, sin lujos, cumpliendo con su
cometido y, por supuesto, apoyándose en retoques artificiales que maquillan sus
actuales dificultades para cantar como en antaño (el tiempo no perdona). La letra
no es nada del otro mundo, como la mayor parte de las que ha facturado del
grupo (para escuchar lírica de nivel hay bandas muy superiores).
“Nuestro
Santo Grial
Ahora
redefinido
Nuestro
propósito, un hilo
Tejiendo
a través del tiempo
Ahora
con los medios para expandir
La
vida más allá de aquí, hombre digital”
Tras el primer plato nos toca saborear “Answering
The Call”, una canción que con el paso de las escuchas no ha hecho más que
crecer en mis oídos gracias a su interesantísima telaraña instrumental que van
tejiendo los músicos, además de las aportaciones de un LaBrie mucho más fino
que en “The Alien” (no era difícil). Enormes nuevamente están Mangini (vuelvo a
aplaudir esta toma de protagonismo) y Myung tras la batería y el bajo
respectivamente, pero esta vez necesito hablar de Rudess y las aportaciones que
hace tras unos teclados orquestales que, durante el estribillo se llevan toda
nuestra atención. La mención más grande, con vuestro permiso, se la merece ese
dios llamado John Petrucci, de quien a estas alturas poco más se puede añadir.
No faltan riffs asesinos, ni tampoco solos cargados de sentimiento y técnica
(sobre el 4:30 se inicia una tremenda sección de más de un minuto de extensión
marcada por los acojonantes punteos sobre una secuencia de riffs agresiva). Una
oda al Metal Progresivo.
“Radiantes,
brillaremos
Corazón
y alma, una sola mente
Iluminando
todo
Respondiendo
la llamada”
“Invisible Monster” parece tomar, por momentos, cierta
inspiración de su antológico “Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory” en lo que
a melodías se refiere, aunque también hay muchos elementos de la faceta más
nueva del grupo, como su estribillo más simple. Un tema efectivo que, eso sí, como
single quedó un par de peldaños por debajo de “The Alien”, pero que, al menos a
mí, terminó por convencerme. LaBrie suena natural, cantando con más calidad y
elegancia en unos versos relajados y, por qué no decirlo, menos exigentes para
el vocalista. No obstante, en líneas generales encuentro esta canción algo carente
de un factor sorpresa y, siempre que la escucho, siento que nace de ideas algo
sobreexplotadas. La letra también merece
algo de atención, tratando sobre la salud mental y problemas que ponen contra
las cuerdas a este mal (ansiedad, depresión,…). Buena canción, pero ni de lejos
perfecta.
“Monstruo
invisible
Bestia
que habita dentro de mi mente
Renuncia
a tu agarre, déjame recuperar el control”
Sobrepasando los diez minutos de extensión nos
encontramos con “Sleeping Giant”, una canción de difícil digestión al principio
por su extensión, pero que, una vez más, crece durante las escuchas. Cito aquí
el “Systematic Chaos” de 2007 o el “Black Clouds & Silver Linings” de 2009
como posibles influencias a la hora de engendrar este número. La introducción,
que se prolonga dos minutos, nos muestra una vez más la magia que se esconde
tras el talento de Mangini, Rudess, Myung y Petrucci, con una compleja
estructura instrumental que nos lleva en volandas hasta la entrada vocal de un
LaBrie menos destacable y que vuelve a dar síntomas de sufrimiento a la hora de
cantar estribillo más bien desechable. Lo grande de esta canción, y de todo el
disco, si me permiten, reside en la sección instrumental, la cual se hace notar
con mayor fuerza, si eso es posible tratándose de Dream Theater, en la segunda
mitad de la canción (a partir del 6:14 concretamente), cuando Jordan y John se
miden en un duelo solista de teclados y
guitarra sencillamente magistral donde no puedo dejar de pensar en “The
Dance Of Eternity” del “Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory”.
“La
gente se obsesiona
Con
el sufrimiento y la muerte
Cuestionando
sus propios deseos
Esta
fascinación mórbida
Nos
convierte en “poseídos”
Por
nuestro lado violento y destructivo”
No, no te dejes engañar. Aunque se inicie como tal, “Transcending
Time” no es la balada del disco (de hecho no hay ninguna). Aunque no es una
canción para el recuerdo, hay algo destacable y es el guiño tan grande a Rush
con ese feeling más rockero y optimista que caracterizo al inimitable trío
canadiense que tanto influyó en los Dream Theater. De hecho, podría formar
parte de cualquiera de sus discos de la década de los ochenta fácilmente (me
dices que es un cover y me lo creo). Seis minutos de buena ejecución sonora,
con especial protagonismo de unos teclados muy fieles al estilo de Jordan. Mirando
a la letra hay momentos donde he llegado a pensar, incluso, que se haga
referencia directa a Rush a partir de la mención de “Signals”, que retrotrae a
un tremendo álbum del grupo.
“Señales
en la niebla
Estado
mental alterado
Estrellas
en el abismo
Trascendiendo
el tiempo
Medianoche
en el jardín
Cavando
en busca de una chispa
Donde
semillas de inspiración
Yacen
enterradas en la oscuridad”
Con la llegada de “Awaken The Master” opino que sí
podemos hablar con todas las de la ley de un temazo que vuelve a rozar los 10
minutos de extensión. Y es que si algo define este corte es su feeling sonoro más Prog Metal (no es raro sentir por momentos como si escucharas
momentos el proyecto paralelo de Petrucci y Jordan con Portnoy y Tony Levin,
Liquid Tension Experiment), con secciones considerablemente largas que permiten
el lucimiento absoluto de cada músico. Un punto a destacar es el hecho de que
Petrucci emplea en este número la prometida guitarra de ocho cuerdas durante
toda la canción. En general se percibe un tono más Heavy (¡escuchen el riff que
emerge en el minuto 6!), aunque LaBrie introduce algunas notas agudas que
aportan más luminosidad entre tanta densidad. Podría detenerme una vez más a
alabar a los músicos que se esconden tras cada instrumento, pero pienso que es
mejor escucharlo y valorarlo/disfrutarlo por uno mismo. Si eso, con vuestro
permiso, sí añadiría que Myung aquí tiene mayor presencia con su bajo (¡menos
mal!). No es ni mucho menos un nuevo himno del grupo, pero todo apunta a que
será de las más trascendentales de este LP.
“Una flor se abre
Un latido le da un nuevo
significado al universo
El ángel del equilibrio
Te mantiene fuerte
Descubriendo lo que ha sido todo el
tiempo”
Y como colofón final, y
para sorpresa de muchos, el grupo vuelve a las composiciones épicas de 20
minutos, de la mano de la homónima “A View From The Top Of The World”. Esto no
sucedía desde la monumental “Illumination Theory” de 2013. Si bien es cierto
que el desarrollo instrumental que se nos viene encima, con arreglos
orquestales, Myung y Mangini omnipresentes, nuevos duelos de guitarra y
teclados, variaciones constantes entre secciones suaves y otras que invitan al
desmadre más asesino,…todo bajo un aura de técnica exquisita (anoten el minuto
14:10 y prepárense). El riesgo que han asumido, si es que a estas alturas, y
tratándose de quienes se trata, podemos considerar este tipo de composiciones
como un “riesgo”, parece funcionar en líneas generales. Por supuesto que hay
momentos menos lúcidos (especialmente los que incluyen voz), con algunas
estructuras demasiado vistas en el pasado, así como sería un error tremebundo
compararla con números similares en cuanto a extensión como “Octavarium” o “A
Change of Seasons”, pero a mí con cada nueva escucha me gusta más y más.
“See a view from the top of the
world
Take a ride on the crest of a wave
The adrenaline rush over and over
again
See a view from the top of the
world”
CONCLUSIÓN
El
gran “pero” de este disco, y me duele en el alma decirlo por tratarse de un
icono, es James LaBrie, cuyas aportaciones dejan algo más que desear y, al
menos en mi caso, me hace desconectar durante sus intervenciones, que a veces
cortan el desarrollo positivo de sus compañeros, hasta que se inicie una vez
más la sección meramente instrumental. No por ello podría pensar alguna vez que
el cantante debería marcharse. No puedes entender Dream Theater sin el bueno de
James, pero si la banda sigue lanzando discos y girando, temo que el cantante
vaya a peor y esto merme demasiado las críticas de futuros álbumes. Pero no. No
imagino a DT sin su cantante, y sería de los que me opondría a ello.
Como
ya he dicho en varios momentos, Mike Mangini ha podido, por fin, soltarse el
pelo en este disco y regalarnos un trabajo de batería absolutamente magnífico
demostrando a todos aquellos “fans” del grupo el acierto que tuvieron Petrucci
y compañía al contratarlo como sustituto del inigualable Portnoy (sí, yo soy
más de Portnoy, pero eso no quita para poder rendirme ante Mangini). Por otro
lado, hay que rendirse ante un Petrucci absolutamente genial tras sus líneas de
guitarra, al igual que ante Jordan (otro muchacho que es garantía de hacer
siempre las cosas bien) y de Myung (tal vez la producción nos haya dejado sin
tantos detalles solistas de bajo, lo cual es una pena).
“A
View From The Top Of The World” da continuidad a “Distance Over Time” con
canciones cargadas de grandes detalles, pero también de algunas carencias (a
veces les falta inspiración, la voz de LaBrie), por lo que sería imposible
decir que Dream Theater han facturado un disco perfecto. No obstante, y esto es
positivo, creo que mantiene la imagen positiva de su predecesor.
Pinché jotito poser seguro eres chileno negro culicagado
ResponderEliminar