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Dream Theater - A View From The Top Of The World (2021)

Calificación: ***** (7)

Desde que a finales de julio lo hicieron oficial, reconozco haber contado los días hasta poder escuchar “A View From The Top Of The World”, el nuevo álbum de unos Dream Theater necesitados de dar continuidad a las mejores sensaciones que lograron despertar con “Distance Over Time” tras un planchazo discográfico previo que no terminó de calar en sus seguidores y que hizo activar todas las alarmas (también podría citar como trabajo flojo el homónimo de 2013, a excepción de un temazo como “Illumination Theory”).

 

Tampoco es que el mencionado DOT aspire a convertirse en un clásico (ni de lejos), pero contiene algunas piezas realmente buenas y que merecen nuestra atención. Cierto es que lograron sacarse de la chistera algunas canciones llenas de pegada como “Pale Blue Dot”, “Barstool Warrior” o la más accesible “Paralyzed”, pero todavía podía encontrar ciertas lagunas compositivas en otras pistas del LP, algo, eso sí, manifestado con menos fuerza que, por ejemplo, en el preocupantemente flojo “The Astonishing”.   Por ello, siento que “A View From The Top Of The World” podría servirnos para saber si han seguido corrigiendo errores pasados o, de lo contrario, han vuelto a caer en ellos.

 

Insisto en que encuentro el problema en una cuestión más compositiva, porque nadie duda del nivel de excelencia de los músicos que componen este grupo (no cuento aquí a los “fans” que llevan años menospreciando a Mangini por haber tenido el difícil papel de suplir a Portnoy). Sí creo que hay que reconocer que, aunque de vez en cuando le vemos algún destello de grandeza, LaBrie está muy lejos de ser lo que fue (y en este disco siento decir que estas carencias se hacen notar). Creo que este bajón se podría justificar aludiendo al paso del tiempo (como prueba invito a ver los vídeos que ha grabado en numerosas ocasiones para la plataforma Cameo o sus últimas actuaciones en vivo). Sea como fuere, con cada nuevo disco siento su voz más retocada en el estudio (los dos adelantos previos a la publicación del disco aquí reseñado parecen indicar que la tónica sigue siendo la misma). Por último, y dejando de momento a LaBrie en paz, pienso que tal vez, y solo tal vez, otro asunto que podría “reprocharle” a estos Dream Theater “Post-Portnoy” es el hecho de no otorgar en el estudio tanta presencia a Mangini, un batería que lleva años demostrando su potencial en vivo. No obstante, y lejos de parecer que reniego de los DT tras la marcha de Mike (todo lo contrario) al despellejar el “Astonishing”, digo con total convencimiento que tanto en el “Distance” como en el “Dramatic Turn Of Events” de 2011 (el debut de Mike con el grupo) hay muchos elementos de calidad (alguna carencia también, por supuesto), que parecen indicar que el quinteto todavía tiene mucho que decir.

 




El caso es que tenemos la suerte de poder escuchar nuevo material de una de las bandas insignes del universo progresivo. Son siete las canciones que componen esta propuesta sumando, eso sí, un total de 70 minutos de música (solo una de ellas ya aporta 20 al total). La producción, una vez más, lleva la firma de Petrucci, quien también muestra una absoluta maestría en este ámbito (parece que el hecho ser uno de los mejores guitarristas contemporáneos de la historia no era suficiente para el barbudo), PERO también de otro maestro como Andy Sneap, quien ya produjo el último disco solista del propio John. Me voy a atrever a decir que la dupla Andy-John nos trae la mejor producción sonora de un disco de DT desde hace 10 años.

 

¿La clave para escuchar y valorar “A View From The Top Of The World”? No quedarte con las emociones de la primera escucha, ya que este LP crece constantemente con cada nueva oportunidad que le das. Reconozco que la primera vez que lo reproduje en mi minicadena tuve peores sensaciones que las que vendrían tras las sucesivas.

 

Una vez empieza “The Alien”, salta a la vista (o al oído) algo que considero realmente positivo de este LP: por fin Mangini puede lucirse como batería, y nos regala un auténtico trabajazo tras los parches que sus compañeros acompañan también con buena nota con sus respectivos instrumentos. Este primer número, también elegido como primer sencillo promocional, nos muestra a un quinteto dispuesto a darlo todo desde el inicio, con una mezcla sonora ideal para darnos la bienvenida: una percusión grandiosa (ojo a los detalles que incluye en el pasaje del minuto 5:26), un par de solos limpios (no faltan los primeros duelos contra Jordan al teclado) bien contrarrestados por otro par de incendiarios riffs y las aportaciones más que sublimes de Myung tras el bajo.

 

LaBrie canta bien, sin lujos, cumpliendo con su cometido y, por supuesto, apoyándose en retoques artificiales que maquillan sus actuales dificultades para cantar como en antaño (el tiempo no perdona). La letra no es nada del otro mundo, como la mayor parte de las que ha facturado del grupo (para escuchar lírica de nivel hay bandas muy superiores).

 

“Nuestro Santo Grial

Ahora redefinido

Nuestro propósito, un hilo

Tejiendo a través del tiempo

Ahora con los medios para expandir

La vida más allá de aquí, hombre digital”

 

Tras el primer plato nos toca saborear “Answering The Call”, una canción que con el paso de las escuchas no ha hecho más que crecer en mis oídos gracias a su interesantísima telaraña instrumental que van tejiendo los músicos, además de las aportaciones de un LaBrie mucho más fino que en “The Alien” (no era difícil). Enormes nuevamente están Mangini (vuelvo a aplaudir esta toma de protagonismo) y Myung tras la batería y el bajo respectivamente, pero esta vez necesito hablar de Rudess y las aportaciones que hace tras unos teclados orquestales que, durante el estribillo se llevan toda nuestra atención. La mención más grande, con vuestro permiso, se la merece ese dios llamado John Petrucci, de quien a estas alturas poco más se puede añadir. No faltan riffs asesinos, ni tampoco solos cargados de sentimiento y técnica (sobre el 4:30 se inicia una tremenda sección de más de un minuto de extensión marcada por los acojonantes punteos sobre una secuencia de riffs agresiva). Una oda al Metal Progresivo.

 

“Radiantes, brillaremos

Corazón y alma, una sola mente

Iluminando todo

Respondiendo la llamada”

 

“Invisible Monster” parece tomar, por momentos, cierta inspiración de su antológico “Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory” en lo que a melodías se refiere, aunque también hay muchos elementos de la faceta más nueva del grupo, como su estribillo más simple. Un tema efectivo que, eso sí, como single quedó un par de peldaños por debajo de “The Alien”, pero que, al menos a mí, terminó por convencerme. LaBrie suena natural, cantando con más calidad y elegancia en unos versos relajados y, por qué no decirlo, menos exigentes para el vocalista. No obstante, en líneas generales encuentro esta canción algo carente de un factor sorpresa y, siempre que la escucho, siento que nace de ideas algo sobreexplotadas.  La letra también merece algo de atención, tratando sobre la salud mental y problemas que ponen contra las cuerdas a este mal (ansiedad, depresión,…). Buena canción, pero ni de lejos perfecta.

 

“Monstruo invisible

Bestia que habita dentro de mi mente

Renuncia a tu agarre, déjame recuperar el control”

 

Sobrepasando los diez minutos de extensión nos encontramos con “Sleeping Giant”, una canción de difícil digestión al principio por su extensión, pero que, una vez más, crece durante las escuchas. Cito aquí el “Systematic Chaos” de 2007 o el “Black Clouds & Silver Linings” de 2009 como posibles influencias a la hora de engendrar este número. La introducción, que se prolonga dos minutos, nos muestra una vez más la magia que se esconde tras el talento de Mangini, Rudess, Myung y Petrucci, con una compleja estructura instrumental que nos lleva en volandas hasta la entrada vocal de un LaBrie menos destacable y que vuelve a dar síntomas de sufrimiento a la hora de cantar estribillo más bien desechable. Lo grande de esta canción, y de todo el disco, si me permiten, reside en la sección instrumental, la cual se hace notar con mayor fuerza, si eso es posible tratándose de Dream Theater, en la segunda mitad de la canción (a partir del 6:14 concretamente), cuando Jordan y John se miden en un duelo solista de teclados y  guitarra sencillamente magistral donde no puedo dejar de pensar en “The Dance Of Eternity” del “Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory”.

 

“La gente se obsesiona

Con el sufrimiento y la muerte

Cuestionando sus propios deseos

Esta fascinación mórbida

Nos convierte en “poseídos”

Por nuestro lado violento y destructivo”

 

No, no te dejes engañar. Aunque se inicie como tal, “Transcending Time” no es la balada del disco (de hecho no hay ninguna). Aunque no es una canción para el recuerdo, hay algo destacable y es el guiño tan grande a Rush con ese feeling más rockero y optimista que caracterizo al inimitable trío canadiense que tanto influyó en los Dream Theater. De hecho, podría formar parte de cualquiera de sus discos de la década de los ochenta fácilmente (me dices que es un cover y me lo creo). Seis minutos de buena ejecución sonora, con especial protagonismo de unos teclados muy fieles al estilo de Jordan. Mirando a la letra hay momentos donde he llegado a pensar, incluso, que se haga referencia directa a Rush a partir de la mención de “Signals”, que retrotrae a un tremendo álbum del grupo.

 

“Señales en la niebla

Estado mental alterado

Estrellas en el abismo

Trascendiendo el tiempo

 

Medianoche en el jardín

Cavando en busca de una chispa

Donde semillas de inspiración

Yacen enterradas en la oscuridad”

 

Con la llegada de “Awaken The Master” opino que sí podemos hablar con todas las de la ley de un temazo que vuelve a rozar los 10 minutos de extensión. Y es que si algo define este corte es su feeling sonoro más Prog Metal (no es raro sentir por momentos como si escucharas momentos el proyecto paralelo de Petrucci y Jordan con Portnoy y Tony Levin, Liquid Tension Experiment), con secciones considerablemente largas que permiten el lucimiento absoluto de cada músico. Un punto a destacar es el hecho de que Petrucci emplea en este número la prometida guitarra de ocho cuerdas durante toda la canción. En general se percibe un tono más Heavy (¡escuchen el riff que emerge en el minuto 6!), aunque LaBrie introduce algunas notas agudas que aportan más luminosidad entre tanta densidad. Podría detenerme una vez más a alabar a los músicos que se esconden tras cada instrumento, pero pienso que es mejor escucharlo y valorarlo/disfrutarlo por uno mismo. Si eso, con vuestro permiso, sí añadiría que Myung aquí tiene mayor presencia con su bajo (¡menos mal!). No es ni mucho menos un nuevo himno del grupo, pero todo apunta a que será de las más trascendentales de este LP.


 

“Una flor se abre

Un latido le da un nuevo significado al universo

El ángel del equilibrio

Te mantiene fuerte

Descubriendo lo que ha sido todo el tiempo”

 

 

Y como colofón final, y para sorpresa de muchos, el grupo vuelve a las composiciones épicas de 20 minutos, de la mano de la homónima “A View From The Top Of The World”. Esto no sucedía desde la monumental “Illumination Theory” de 2013. Si bien es cierto que el desarrollo instrumental que se nos viene encima, con arreglos orquestales, Myung y Mangini omnipresentes, nuevos duelos de guitarra y teclados, variaciones constantes entre secciones suaves y otras que invitan al desmadre más asesino,…todo bajo un aura de técnica exquisita (anoten el minuto 14:10 y prepárense). El riesgo que han asumido, si es que a estas alturas, y tratándose de quienes se trata, podemos considerar este tipo de composiciones como un “riesgo”, parece funcionar en líneas generales. Por supuesto que hay momentos menos lúcidos (especialmente los que incluyen voz), con algunas estructuras demasiado vistas en el pasado, así como sería un error tremebundo compararla con números similares en cuanto a extensión como “Octavarium” o “A Change of Seasons”, pero a mí con cada nueva escucha me gusta más y más.

 

“See a view from the top of the world

Take a ride on the crest of a wave

The adrenaline rush over and over again

See a view from the top of the world”

 

 

CONCLUSIÓN

El gran “pero” de este disco, y me duele en el alma decirlo por tratarse de un icono, es James LaBrie, cuyas aportaciones dejan algo más que desear y, al menos en mi caso, me hace desconectar durante sus intervenciones, que a veces cortan el desarrollo positivo de sus compañeros, hasta que se inicie una vez más la sección meramente instrumental. No por ello podría pensar alguna vez que el cantante debería marcharse. No puedes entender Dream Theater sin el bueno de James, pero si la banda sigue lanzando discos y girando, temo que el cantante vaya a peor y esto merme demasiado las críticas de futuros álbumes. Pero no. No imagino a DT sin su cantante, y sería de los que me opondría a ello.  

 

Como ya he dicho en varios momentos, Mike Mangini ha podido, por fin, soltarse el pelo en este disco y regalarnos un trabajo de batería absolutamente magnífico demostrando a todos aquellos “fans” del grupo el acierto que tuvieron Petrucci y compañía al contratarlo como sustituto del inigualable Portnoy (sí, yo soy más de Portnoy, pero eso no quita para poder rendirme ante Mangini). Por otro lado, hay que rendirse ante un Petrucci absolutamente genial tras sus líneas de guitarra, al igual que ante Jordan (otro muchacho que es garantía de hacer siempre las cosas bien) y de Myung (tal vez la producción nos haya dejado sin tantos detalles solistas de bajo, lo cual es una pena).

 

“A View From The Top Of The World” da continuidad a “Distance Over Time” con canciones cargadas de grandes detalles, pero también de algunas carencias (a veces les falta inspiración, la voz de LaBrie), por lo que sería imposible decir que Dream Theater han facturado un disco perfecto. No obstante, y esto es positivo, creo que mantiene la imagen positiva de su predecesor.




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