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Steve Hackett & Steve Rothery - The Roaring Waves (2026)

Calificación:*****(8,5)

Creo que en el corazón de muchos seguidores existía la corazonada de que, en algún momento, los caminos de Steve Hackett y Steve Rothery, dos auténticos mitos de la guitarra, terminarían cruzándose para dar lugar a una colaboración destinada a la historia. Estamos hablando de dos artistas unidos por una manera muy particular de entender su instrumento, más preocupada por sugerir, emocionar y construir atmósferas que por demostrar hasta dónde pueden llegar técnicamente. Hackett fue una de las piezas fundamentales de la etapa más creativa de Genesis y posteriormente desarrolló una extraordinaria carrera en solitario, mientras que Rothery, guitarrista fundador y miembro constante de Marillion, convirtió desde finales de los setenta la melodía y el sentimiento en una de las principales señas de identidad de su banda. Que ambos terminaran compartiendo un disco parecía una cuestión de tiempo, especialmente después de que en los últimos años hubieran coincidido sobre el mismo escenario en más de una ocasión.

Lo que quizá nadie esperaba era que ese encuentro tardase casi ocho años en cristalizar. Las agendas de ambos músicos fueron retrasando un proyecto que comenzó a tomar forma a través de improvisaciones, ideas y fragmentos registrados tanto en el Racket Club como en sus respectivos estudios. El resultado es The Roaring Waves, siete composiciones instrumentales concebidas alrededor de un elemento común: el mar.

Y esa elección resulta especialmente apropiada. Rothery creció en Whitby, en la costa de Yorkshire, y aquel paisaje terminó formando parte esencial de su imaginario. El mar aparece aquí como refugio, amenaza, recuerdo, misterio y territorio de aventura. Pero también como metáfora de la propia música: algo que nunca permanece quieto, capaz de mostrarse delicado durante unos minutos para convertirse después en una fuerza descomunal. La portada de Simon Ward refuerza precisamente esa sensación. Dominada por tonos oscuros y una atmósfera marítima, presenta una pequeña embarcación enfrentándose a la inmensidad del océano, casi perdida entre las aguas y la oscuridad. Una imagen sencilla, pero muy poderosa.

Nos adentramos en este viaje con “The Storm”, una magnífica introducción que logra resumir desde el comienzo buena parte de las intenciones del proyecto. Los sonidos de las olas y las gaviotas nos sitúan en un paisaje costero y, apoyándose en los teclados de Riccardo Romano, las guitarras van tejiendo una telaraña sonora delicada en un principio, aunque cada vez más amenazadora a medida que avanzan los segundos. También resulta necesario destacar los arreglos de batería de Daniele Pomo, quien añade una tensión creciente a una pista que termina sonando como una auténtica tempestad. Una auténtica delicia que, dicho sea de paso, permite vislumbrar algo que se mantendrá constante durante todo el LP: no existe competición alguna entre Hackett y Rothery, sino una conversación permanente entre dos guitarras.

La melancolía y la serenidad contemplativa se imponen en la bella “Sandsend”, con la que el disco cambia radicalmente de rumbo. El título hace referencia a la localidad próxima a Whitby en la que Rothery pasó buena parte de su infancia y a la que llevó en estos últimos años a Hackett para que pudiera hacerse una idea de la belleza de sus paisajes. Durante sus cuatro minutos de duración, la pieza transmite precisamente esa sensación de memoria y añoranza por otros tiempos mejores. Las guitarras poseen un poder visual enorme. Uno puede imaginar la costa, los acantilados y otros elementos paisajísticos mientras ambos genios se mueven alrededor de sus mástiles. Hay obras instrumentales como esta que no necesitan una voz para transmitir tantas cosas.

Con “Red Dragon” aparece una de las caras más sorprendentes del álbum. Y es que ahora el dúo coquetea con matices orientales que amplían considerablemente la paleta sonora del LP. El trabajo de sitar de Hackett resulta exquisito, al igual que los riffs macizos de Rothery, que aportan un tono más dinámico y aventurero al conjunto. Todo ello, sumado a un contundente trabajo rítmico de teclados y batería, da lugar a una de mis piezas predilectas de este interesantísimo disco.

Aunque, sin duda, al menos para este humilde amante de la música, es la homónima “The Roaring Waves” la pieza por excelencia de este proyecto. La guitarra acústica de Hackett, con esas resonancias españolas que tan bien conoce el músico, abre una composición que después va creciendo progresivamente hasta desembocar en un paisaje mucho más eléctrico y majestuoso. Las guitarras adquieren un protagonismo casi absoluto, los arreglos amplían el espacio y la música parece reproducir el movimiento de las olas. Como sucede a lo largo de todo el LP, no parece que estemos ante piezas divididas a la mitad para que uno u otro músico destaquen. Las dos personalidades están presentes, pero terminan fundiéndose en una tercera identidad que pertenece exclusivamente a este proyecto. Ahí reside probablemente el mayor triunfo del álbum.

Sin duda alguna, “K-129” es la composición más experimental y fascinante. Inspirada en el submarino soviético desaparecido en el Pacífico en 1968, la pieza transforma aquella historia rodeada de misterio en una experiencia sonora claustrofóbica. Los teclados crean una sensación mecánica y repetitiva al tiempo que se encargan de incrementar progresivamente la tensión. Las guitarras aparecen entonces sobre esa base electrónica y convierten la pista en una auténtica odisea instrumental.

Seguimos profundizando en esa dimensión misteriosa con “The Black Sea”, primer adelanto que pudimos escuchar hace ya un par de meses. Estamos ante una composición envolvente, oscura y profundamente cinematográfica en la que las guitarras parecen desplazarse bajo la superficie del agua. Hay momentos de inquietud, pero también una extraña sensación de paz. La combinación de las guitarras limpias con los teclados y las texturas ambientales consigue que la canción funcione casi como una película sin imágenes.

Y después de tanta oscuridad, “Pacific Coast Highway” supone una magnífica sorpresa para cerrar el álbum a lo grande. El blues, la armónica de Hackett, el Hammond y una mayor presencia rítmica cambian por completo el escenario. Es como si, después de atravesar tormentas, océanos y profundidades, finalmente apareciera la tierra firme. La canción posee un espíritu más desenfadado y aventurero, incluso divertido. Hackett recupera su vieja relación con la armónica y Rothery participa también desde el bajo, mientras las voces femeninas que aparecen hacia el final aportan una calidez especial. Es una despedida luminosa y muy humana. Frente al océano amenazador que domina buena parte del álbum, aquí aparece el mar como espacio de libertad, viaje y descubrimiento.

CONCLUSIÓN

Que nadie lo dude, señorías. “The Roaring Waves” ha merecido la espera porque Steve Hackett y Steve Rothery no han intentado hacer el disco que probablemente muchos esperaban de ellos. No es una exhibición de guitarristas compitiendo por demostrar quién puede tocar más rápido, ni una continuación de Genesis, Marillion o de las respectivas carreras en solitario de ambos. Es algo mucho más interesante: un territorio propio donde cada instrumento importa.

La belleza del álbum reside precisamente en esa ausencia de ego. Hackett y Rothery no necesitan demostrar nada. Sus guitarras conversan, se responden, se complementan y, en ocasiones, desaparecen incluso detrás de los arreglos para permitir que sea la propia composición la que avance. El virtuosismo está ahí, naturalmente, pero nunca se convierte en el objetivo.

El resultado es un álbum absolutamente cinematográfico, atmosférico, melódico e íntimo, construido para ser escuchado con calma y, sobre todo, para dejar espacio a la imaginación. Hay tormentas, recuerdos, naufragios, profundidades, misterio y carreteras junto al océano. Pero por encima de todo existe una sensación de paz.

Mucho más que un encuentro entre dos genios absolutos. Un LP con alma propia.

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