Resulta complicado enfrentarse a un nuevo disco de Marilyn Manson y fingir que todo lo que ha sucedido alrededor del artista durante los últimos años no existe. Las acusaciones de abusos y violencia que han acompañado su nombre han cambiado inevitablemente la manera en la que parte del público se acerca a su música, y creo que cualquier aproximación honesta a un nuevo lanzamiento debe empezar por ahí: condenando cualquier forma de violencia, abuso o comportamiento dañino, independientemente de quién lo protagonice, pero también entendiendo que una reseña musical no es el lugar para dictar sentencia sobre hechos que corresponden a otros ámbitos. Durante los aproximadamente cuarenta y tres minutos que dura “One Assassination Under God: Chapter 2”, he intentado hacer algo tan sencillo y, a la vez, tan difícil como separar al artista de su obra, escuchar el disco por lo que musicalmente propone y juzgarlo exclusivamente como tal.
Y
lo cierto es que los primeros adelantos habían generado unas expectativas
diferentes. Tanto “Exit Wound” como, especialmente, “Front Toward Enemy”
parecían anunciar a un Manson dispuesto a recuperar una faceta mucho más
agresiva, casi como si, después de un par de años, quisiera regresar con los
dientes por delante. Sin embargo, cuando uno escucha el álbum completo, la
realidad es algo distinta. No estamos ante una radicalización de su sonido ni
ante un inesperado regreso al Manson más salvaje de los noventa. “One
Assassination Under God: Chapter 2” continúa la senda iniciada por su primeraparte, profundizando en ese rock industrial oscuro, cinematográfico y
atmosférico que ya había explorado junto a Tyler Bates. Algo que no es
necesariamente malo. Porque si algo demuestra este segundo capítulo es que
Manson no necesita recuperar “Antichrist Superstar” para volver a resultar
reconocible. Aquello pertenece a otro tiempo y a otro contexto. Aquí
encontramos a un artista veterano que parece dejar a un lado cualquier legado
propio para centrarse en la música que le apetece crear aquí y ahora. El
resultado es un álbum bastante más continuista de lo que los adelantos hacían
pensar.
La
inicial “Unalive” no deja demasiado espacio para las dudas. Manson opta por
abrir el álbum apoyándose en una atmósfera oscura, casi fantasmal, para cantar
entre la resignación y la amenaza. Tras unos versos de marcado carácter gótico,
el estribillo eleva ligeramente la intensidad para sacudirnos con su distorsión
y una voz rota que parece ajena al paso del tiempo.
El
segundo tema, “Don’t Answer The Door”, eleva ligeramente el nivel gracias a su
evocación de la faceta más industrial de Manson. Sus melodías desprenden una
sensación de amenaza constante, como si alguien estuviera esperando al otro
lado de la puerta. Honor aquí a Tyler Bates, quien lleva ya un par de LPs
demostrando que entiende como pocos productores el universo de este cantante.
Un tema ideal para acercarse al Marilyn Manson contemporáneo.
Elegido
como uno de los avances del disco, “Front Toward Enemy” es probablemente el
corte más contundente que vamos a encontrar en estos tres cuartos de hora de
música. Las guitarras suenan macizas, acercándose nuevamente al metal
industrial más que al rock gótico. Manson, además, suena pletórico. En una obra
tan atmosférica se agradece encontrarse con una canción que entra directamente
por el estómago y que, probablemente, funcione todavía mejor en directo.
Las
revoluciones vuelven a bajar en favor de las atmósferas saturadas de “All The
Vilest Things”, una canción algo menos inspirada, quizá, pero que con el paso
de las escuchas creo que termina por crecer. Celebro aquí la inclusión de
algunas guitarras acústicas que aportan un tono más reflexivo a esta pieza, en
la que rezuma una marcada sensación de supervivencia.
Nos
adentramos en terrenos góticos de la mano de “None Of The Suns”, número
melódico y oscuro a más no poder donde Manson, lejos de ceñirse a la violencia
industrial que los singles parecían presagiar, construye una telaraña densa y
bastante efectiva.
El
riff recupera protagonismo en la cinematográfica, y muy recomendable,
“Lucifer’s Teardrop”, una composición también densa donde la dualidad entre
amenaza y vulnerabilidad sigue muy presente, acompañada de unas voces
especialmente logradas. Una de esas piezas que evita que el álbum termine
convirtiéndose en una sucesión de canciones demasiado similares entre sí.
Menos
lograda me ha resultado “The Arsonist” y su mezcla algo predecible de
electrónica y guitarras industriales. Su carácter hipnótico funciona por
momentos, pero me parece algo menos interesante que otras piezas del LP, aunque
nadie puede negar que contribuye a mantener la coherencia sonora de toda la
obra.
Llegamos
a “Exit Wound”, uno de los temas que ya conocíamos antes de enfrentarnos al
álbum completo y, para mí, uno de los cortes más interesantes de todo el LP. La
canción es oscura, envolvente y profundamente melódica. Hay una cierta
vulnerabilidad detrás de la interpretación de Manson que contrasta con la
imagen de personaje agresivo que tantas veces ha proyectado durante su carrera.
Tras unos versos serpenteantes, el de Ohio firma un puente-estribillo crudo que
se graba a fuego en la mente gracias a ese tono industrial tan marcado.
Y
llegamos al final con el corte más largo del disco. “Enantiomorph” supera los
seis minutos y funciona como una especie de epílogo. Comienza de forma
contenida, casi espectral, con elementos ambientales y un piano que poco a poco
va dejando espacio al resto de instrumentos. Es una manera inteligente de
cerrar el LP, ya que evita terminar de forma convencional. Manson se marcha
entre sombras, dramatismo y una buena ración de electrónica. Una de esas
propuestas que merece ser escuchada con detenimiento.
CONCLUSIÓN
Quizá
el principal problema de “One Assassination Under God: Chapter 2” sean
precisamente las expectativas que se habían generado antes de escucharlo.
“Front Toward Enemy” hacía pensar en un álbum mucho más agresivo y, cuando uno
se encuentra con el conjunto completo, descubre que aquella dirección
representa solamente una parte de una propuesta que, eso sí, supone una
continuación muy digna de su predecesora.
Sería
muy injusto exigirle en pleno 2026 a Manson un “Antichrist Superstar” o un
“Mechanical Animals”, ya que es imposible. Aquellos discos pertenecen a un
momento histórico irrepetible para el artista y pretender que vuelva a
reproducirlo sería tan injusto como poco realista.
“One
Assassination Under God: Chapter 2” es un disco oscuro, industrial, gótico y
cinematográfico que continúa prácticamente donde terminó su primera parte. Los
nueve temas mantienen una coherencia notable y Tyler Bates vuelve a ser una
pieza fundamental en la construcción de ese universo sonoro.
Y
no. No puedo separar completamente a Marilyn Manson de todo lo que ha rodeado
su figura durante estos últimos años, porque sería deshonesto (tampoco oculto
que su personaje nunca me ha hecho particular “gracia”). Tampoco pretendo
hacerlo. Cualquier acusación de violencia o abuso merece ser tomada con la
máxima seriedad y cualquier conducta de esa naturaleza debe ser condenada sin
matices. Pero, una vez establecida esa distancia necesaria entre la persona,
sus controversias y la obra, también creo que podemos escuchar un disco y
hablar de música. Y, en este caso, estamos ante un buen disco.

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