Pocas noticias recientes han despertado tanta ilusión entre los aficionados al heavy metal como el anuncio de “From The Dark”, el nuevo trabajo en solitario de Tony Iommi, esta vez acompañado por la poderosa voz de Jorn Lande (¡ya tocaba una colaboración entre ambos artistas!). Al mismo tiempo, la emoción que ha generado este regreso discográfico ha coincidido con una noticia mucho más amarga: la retirada definitiva de Glenn Hughes de los escenarios debido a sus problemas cardíacos. Dos acontecimientos que invitan inevitablemente a volver la vista hacia una de las colaboraciones más inspiradas de ambos gigantes, “Fused” (2005), un álbum que demostró que el arquitecto del sonido de Black Sabbath y la inconfundible "Voz del Rock" podían encontrarse en un terreno común donde la oscuridad, la melodía y una personalidad arrolladora convivían con absoluta naturalidad.
La
historia de este disco comenzó realmente casi una década antes. Tras coincidir
en el infravalorado “Seventh Star” (1986), Iommi y Hughes grabaron en 1996 una
colección de canciones que permanecería inédita durante años hasta publicarse
como The 1996 DEP Sessions. Aquella recuperación confirmó que la química entre
ambos seguía intacta y sirvió de impulso para dar forma a “Fused”, un trabajo
completamente nuevo que, lejos de vivir de la nostalgia, encontró un equilibrio
brillante entre la inconfundible pesadez de los riffs de Iommi, la inmensa
versatilidad vocal de Hughes y una producción moderna sin renunciar a la
esencia clásica de ambos músicos.
La
producción de Bob Marlette apuesta por un sonido moderno para la época,
musculoso y contundente, aunque sin caer en los excesos industriales que sí
aparecían en el anterior Iommi, trabajo que iba a reseñar en un principio pero
que, tras la retirada de Hughes, he preferido reservar para una futura ocasión.
Aquí todo gira alrededor de un formato casi de power trío, con Kenny Aronoff
firmando una batería sólida y precisa que sostiene cada riff con absoluta
contundencia. Pero, por encima de todo y sin restar mérito al bueno de Kenny,
el verdadero espectáculo reside en el diálogo constante entre la guitarra de
Tony Iommi y la voz de Glenn Hughes.
Porque,
si Iommi continúa demostrando que nadie construye riffs pesados como él, Hughes
ofrece probablemente una de las interpretaciones más contenidas y sombrías de
toda su carrera. Acostumbrados a escuchar su faceta más soul, funk o hard rock,
aquí explora registros mucho más oscuros sin perder un ápice de ese rango vocal
extraordinario que siempre lo ha convertido en uno de los mejores cantantes del
rock.
Este
viaje comienza con “Dopamine”, toda una declaración de intenciones desde ese
glorioso riff inicial con el que Iommi deja boquiabierto a cualquiera, mientras
Hughes entra con una interpretación poderosa, especialmente en el puente previo
al estribillo, moviéndose con absoluta naturalidad entre la melodía y la
agresividad. Es una apertura magnífica que resume a la perfección la
personalidad del álbum. Un solo a la altura del legado del maestro pone el
broche a este primer corte.
Aunque
los primeros compases de “Wasted Again” parezcan anunciar un corte más lento y
melódico, Tony no tarda en sacar a pasear sus riffs más contundentes para,
junto a un impresionante Glenn Hughes alcanzando notas extremadamente agudas,
construir una de las composiciones más brillantes del disco.
“Saviour
Of The Real” conserva ese halo sombrío, aunque introduce un mayor protagonismo
melódico. El contraste entre unas estrofas contenidas y un estribillo mucho más
abierto y atmosférico evidencia la facilidad de ambos músicos para equilibrar
fuerza y emoción sin perder contundencia. La compenetración entre estos dos
genios era sencillamente enorme.
La
densidad aumenta en “Resolution Song”, una composición de claros tintes
sabbathianos, especialmente en el trabajo de guitarra y en unas líneas vocales
más arenosas. Un tema muy interesante donde, por enésima vez, ambos nos
recuerdan quién lleva el timón de este álbum.
Es
necesario poner en valor la calidad que esconde “Grace”. Tras unos primeros
minutos que avanzan casi con cautela, dominados por una atmósfera densa y
melancólica, emerge un inspiradísimo riff desbocado que situaría entre mis
favoritos del disco. Hughes vuelve a lucirse tras el micrófono, aprovechando su
facilidad para cambiar de registro con una naturalidad asombrosa.
El
momento más pausado del LP lo encontramos en “Deep Inside A Shell”. Da la
sensación de estar ante una composición concebida para el lucimiento de Glenn
Hughes, quien posee esa envidiable capacidad de transmitir vulnerabilidad sin
caer nunca en un dramatismo excesivo. Buena canción, aunque no figura entre mis
predilectas.
La
calma dura poco, porque “What You're Living For” recupera inmediatamente la
velocidad gracias a un riff demoledor y un estribillo tremendamente efectivo.
Probablemente estemos ante una de las piezas más directas de todo el álbum.
Grandísima propuesta con un sabor más contemporáneo.
Con
“Face Your Fear” reaparece la vertiente más pesada del dúo. El riff principal
desprende ese inconfundible aroma sabbathiano que sólo Iommi sabe construir
(muchos lo imitan, pero nadie consigue igualarlo), mientras Hughes responde con
una interpretación cargada de fuerza y oscuridad que termina convirtiendo esta
composición en una de mis favoritas de “Fused”.
“The
Spell” reduce ligeramente las revoluciones, aunque conserva intacta esa esencia
oscura de Black Sabbath que impregna todo el trabajo. La ausencia de grandes
exhibiciones instrumentales juega aquí a favor de una composición edificada
alrededor de una atmósfera casi hipnótica y un estribillo especialmente
inspirado que se graba a fuego desde la primera escucha. Merece ser disfrutada
con atención.
El
cierre llega con la extensa “I Go Insane”, una auténtica epopeya de más de
nueve minutos que resume todas las virtudes del álbum. Comienza como una balada
sombría, con Iommi introduciendo pequeños punteos, para crecer paulatinamente
hasta desembocar en uno de los desarrollos instrumentales más brillantes de
toda su carrera en solitario. Los constantes cambios de dinámica, la
interpretación de Hughes y la enorme cantidad de matices que aparecen durante
su prolongado recorrido convierten esta despedida en una auténtica lección de
composición.
CONCLUSIÓN
Lo
más admirable de “Fused” es que nunca intentó vivir del prestigio de sus
protagonistas. Habría sido muy sencillo venderlo como una especie de Black
Sabbath con Glenn Hughes o como una continuación de Seventh Star. Sin embargo,
ambos optaron por construir algo completamente propio. Existen ecos evidentes
de Sabbath, por supuesto, del mismo modo que resulta imposible ocultar la
personalidad vocal de Hughes, pero el resultado posee una identidad plenamente
diferenciada.
Quizá
precisamente por eso el álbum pasó demasiado desapercibido en su momento.
Publicado en una época en la que el heavy clásico intentaba encontrar
nuevamente su espacio, quedó eclipsado entre reuniones históricas y nuevos
fenómenos del metal contemporáneo. Con el paso del tiempo, sin embargo, resulta
evidente que estamos ante una de las mejores obras de la carrera en solitario
de Tony Iommi y una de las interpretaciones vocales más completas de Glenn
Hughes.
Puede
que nunca alcance el reconocimiento de los grandes clásicos de Black Sabbath o
Deep Purple, pero pocas colaboraciones entre gigantes del rock han envejecido
con tanta dignidad, personalidad y calidad como esta.

Comentarios
Publicar un comentario