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Slayer - Christ Illusion (2006)

Calificación:*****(8)

Cinco años habían pasado desde “God Hates Us All” cuando Slayer regresaron con “Christ Illusion”, un intervalo especialmente largo para una banda que durante décadas había construido su identidad sobre la inmediatez, la violencia y esa constante sensación de peligro. Pero la espera tenía un aliciente añadido que justificaba todo: Dave Lombardo volvía a sentarse tras la batería, reunificando por primera vez desde “Seasons in the Abyss” la formación clásica de Slayer. Kerry King, Jeff Hanneman, Tom Araya y Lombardo volvían a compartir escenario y estudio, y las expectativas se dispararon todavía más cuando el grupo comenzó a insinuar que había recuperado parte de la ferocidad de sus años ochenta.

El resultado no supone una vuelta nostálgica a “Reign in Blood”, ni pretende reconstruir artificialmente aquella época dorada. De hecho, una de las virtudes de “Christ Illusion” reside precisamente en que Slayer no intentan convertirse de nuevo en la banda de 1986. El sonido continúa recogiendo elementos de “Diabolus in Musica” y “God Hates Us All”, especialmente en las afinaciones más graves, los pasajes de groove y cierta influencia hardcore, pero existe una recuperación evidente de la velocidad, la agresividad y esa arquitectura de riffs que había definido sus mejores trabajos. Es como si Slayer hubieran decidido mirar hacia atrás sin renunciar a todo lo aprendido durante los quince años anteriores.

Y esa combinación funciona especialmente bien en esta obra. “Christ Illusion” también posee algo que había comenzado a escasear en algunos de sus trabajos inmediatamente anteriores: sensación de peligro. No necesariamente porque las canciones sean más rápidas, sino porque existe una tensión constante, una violencia que no depende exclusivamente de la velocidad. Lombardo resulta fundamental en este renacer de los Slayer más endemoniados.

Por si fuera poco, y como reivindicaré a lo largo de todo el LP, otro elemento que convierte a “Christ Illusion” en un álbum particularmente interesante es su discurso lírico. A primera escucha puede parecer que estamos ante otro capítulo de la eterna guerra de Slayer contra Dios, la religión y el cristianismo. Y, efectivamente, hay mucho de eso. Sin embargo, reducir el disco a “Slayer diciendo Satanás y 666 durante cuarenta minutos” sería quedarse en la superficie. Las letras hablan de fanatismo religioso, terrorismo, guerra, manipulación, poder, violencia, trauma psicológico y, sobre todo, de la capacidad del ser humano para utilizar una idea aparentemente sagrada como justificación para cometer atrocidades.

La propia portada de Larry Carroll resume perfectamente ese universo. Un Jesucristo derrotado, mutilado y casi espectral aparece en medio de un paisaje apocalíptico poblado por cadáveres, violencia y símbolos religiosos deformados. Es una imagen deliberadamente provocadora, pero también plenamente coherente con el concepto del álbum. 

¿Qué ocurre cuando la religión deja de ser una promesa de salvación y se convierte en una herramienta de destrucción? La “ilusión de Cristo” del título es la representación de un mundo que ha utilizado el nombre de Dios para justificar algunas de sus peores atrocidades. Así empieza este viaje sonoro.

El comienzo es inmediato. “Flesh Storm” no concede prácticamente ningún periodo de adaptación y recupera desde el primer segundo ese Slayer que muchos aficionados llevaban años reclamando. La batería de Lombardo dispara el tema hacia delante mientras las guitarras construyen una tormenta de riffs cortantes y acelerados, a la que pronto se suma el incombustible Araya con una letra que presenta una imagen de devastación descorazonadora. La “tormenta de carne” del título sirve como metáfora de un mundo convertido en campo de batalla, con violencia y destrucción por todos lados. Musicalmente, es una de las mejores maneras posibles de abrir el álbum. No será “Angel of Death”, aunque posee un ritmo similar. Tema mayúsculo.

“La violencia es nuestro estilo de vida”

“Catalyst” continúa la descarga, aunque introduce algunos de los elementos más modernos del disco. El riff se vuelve más pesado y aparecen estructuras que recuerdan a la etapa posterior del grupo, con esa combinación de thrash, hardcore y groove que ya había comenzado a desarrollarse en “Diabolus in Musica” y “God Hates Us All”. Su letra gira alrededor de la violencia como reacción en cadena. El “catalizador” es aquello que provoca que algo suceda: una chispa que desencadena una explosión. Slayer plantean así la idea de que la violencia rara vez aparece de la nada ya que, salvo en casos contados, suele existir un elemento que la desencadena y, una vez puesta en marcha, resulta extremadamente difícil detenerla.

“En mis ojos hay devastación y furia

No lo puedes entender

En mi lucha

Gano por desgaste, lo doy todo, joder

Doy todo lo que soy”

Es la hora de una de las grandes piezas del álbum. “Skeleton Christ” utiliza una imagen macabra para cuestionar la supuesta capacidad de la religión para salvar a una humanidad que continúa sumergida en la violencia. El Cristo esquelético del título representa una fe vaciada de contenido, un cadáver de aquello que alguna vez prometió esperanza. La letra apunta directamente hacia la hipocresía religiosa: mientras se proclaman valores de amor, compasión y salvación, el mundo continúa lleno de guerras, sufrimiento y muerte. El Cristo que dibuja Slayer ya no aparece como salvador, sino como un esqueleto incapaz de intervenir. 

Musicalmente hablando, estamos ante la mejor síntesis posible entre el Slayer clásico y el moderno. Hay velocidad, groove, cambios de intensidad cortesía de Lombardo y un magnífico trabajo de guitarras. Araya, además, recupera parte de aquella capacidad para pasar del registro casi narrativo al grito desgarrado que había caracterizado sus mejores años.

“Jamás tocarás la mano de Dios

Jamás saborearás el aliento de Dios

Porque jamás verás la Segunda Venida

La vida es demasiado corta para obsesionarse con la locura

He visto los caminos de Dios

Prefiero al diablo cualquier día

¡Hail Satán!”

“Eyes of the Insane” es una de las decisiones más interesantes de “Christ Illusion”. Slayer abandonan momentáneamente su obsesión religiosa para hablar de algo mucho más terrenal: la guerra y sus consecuencias psicológicas. Esta composición está inspirada en los efectos del combate sobre los soldados, especialmente en el trauma psicológico provocado por aquello que han visto y vivido, algo de lo que Iron Maiden nos habló con tanta crudeza en “Afraid To Shoot Strangers”. No se trata de una canción sobre la batalla entendida como espectáculo heroico, sino sobre lo que ocurre dentro de la cabeza de quien regresa de ella. Los ojos del insano son, en realidad, los ojos de alguien que ya no puede escapar de las imágenes que ha presenciado.

El ritmo más contenido resulta fundamental para la correcta narración. El thrash da paso a una cadencia opresiva que reproduce esa sensación de paranoia y deterioro mental que se describe.

No es casualidad que recibiera el Grammy a la Mejor Interpretación de Metal. Más allá del premio, demuestra que Slayer podían hablar de violencia sin recurrir necesariamente a Satanás, Dios o el anticristo.

“Espíritus torturados

No me dejan descansar

Estos pensamientos de rostros mutilados

Completamente poseídos

Imágenes fragmentadas

Parpadean rápidamente

Abusan de mí psicóticamente

Se retuercen en mi cabeza”

Hay que reconocer que Slayer los tuvieron bien puestos para sacar un tema como “Jihad” pocos años después del 11-S. Su letra, aunque levantara ampollas entre tantos fanáticos, habla sin tapujos del terrorismo islámico y de cómo el fanatismo religioso es empleado como justificación para ejercer la violencia. Esta pieza está escrita desde la perspectiva de un terrorista islámico que se dispone a cometer un atentado. Musicalmente es una de las composiciones más densas del disco, y precisamente esa densidad contribuye a generar una sensación de incomodidad que, dicho sea de paso, Araya lleva con facilidad a su terreno.

“Dios no tocará lo que he hecho

Llora a mis pies

Un dolor privilegiado

Tus muertos yacen enterrados bajo tierra

Camino sobre huesos astillados

Rebuscando entre la sangre

Asediado por el miedo

Espero la llegada”

“Consfearacy” es una declaración de intenciones desde su título (“conspiracy” y “fear”, miedo y conspiración, fundidos en una sola palabra). Un escupitajo thrasher sobre la paranoia y la manipulación política que emplea el miedo para mantener a la sociedad sometida. Por un momento Slayer vuelve a aparcar la religión para dar paso a otra de sus grandes obsesiones líricas: las estructuras de poder que necesitan enemigos para justificar su propia existencia.

El riff principal es uno de los más reconocibles del álbum, aunque los solos vuelven a ocupar demasiado espacio en determinados momentos. Kerry King y Jeff Hanneman continúan utilizando su lenguaje habitual, con solos deliberadamente caóticos y poco interesados en la perfección técnica entendida de manera convencional. Una descarga de alto voltaje.

“Necesito redefinir mi visión del mundo actual.

Parece que toda la guerra no ha mejorado las cosas.

Es solo contaminación mental, no hay solución.

Aun así, sé que al final se espera que finja.”

Por su parte, “Catatonic” representa uno de los momentos más oscuros y pesados del álbum. La letra utiliza el estado catatónico como imagen de una persona completamente paralizada ante la realidad que la rodea. Después de tantas referencias a guerras, fanatismo, religión y violencia, la respuesta final del individuo puede ser sencillamente desconectarse del mundo y obviarlo desde la ignorancia. La música acompaña perfectamente esa sensación. Es lenta, densa, casi asfixiante, con una batería que avanza sin piedad y un Araya impecable tras el micrófono.

“Acéptalo

Mi religión de tortura

Solo veo impurezas

Las imperfecciones y las obscenidades

Tras la calma”

“Black Serenade” vuelve a introducir una de las facetas más cercanas al Slayer de “Seasons in the Abyss”. Hay melodía, oscuridad y una construcción más pausada que permite que las guitarras respiren, aunque no cedan nada en el plano de la distorsión. La letra continúa explorando la muerte, la oscuridad y la decadencia espiritual. La “serenata negra” del título convierte la muerte en una especie de canción de acompañamiento para un mundo que parece haber perdido cualquier posibilidad de redención. No estamos ni mucho menos ante un clásico del grupo, pero cumple de sobra con las exigencias del LP.

“Bienvenido a mi Serenata Negra

La entrada a mi infierno: tu dolor

Grita tu canción, la Serenata Negra

Vive con miedo: una mente demente”

Y entonces llega “Cult”. Una de las grandes canciones de Slayer del siglo XXI y de toda su trayectoria. La banda aquí suena enorme. Tras un inicio contenido, el tema explota y nos ofrece una descarga inhumana de velocidad y agresividad que alcanza su culmen en su legendario estribillo. A nivel lírico, esta es probablemente la mejor síntesis de todo lo que “Christ Illusion” pretende decir. Aquí la religión aparece directamente vinculada al poder, a la manipulación y a la violencia. El “culto” no representa únicamente una secta religiosa: representa cualquier sistema de creencias capaz de convertir a sus seguidores en instrumentos de una autoridad superior. Un cuestionamiento sin piedad de la institución religiosa, de la utilización política de la fe y, especialmente, de la forma en que los seres humanos pueden ser manipulados cuando creen estar actuando en nombre de una verdad absoluta. Es difícil encontrar un tema posterior a “Seasons in the Abyss” que condense mejor la personalidad de Slayer.

“La religión es odio

La religión es miedo

La religión es guerra.

La religión es violación.

La religión es obscena.

La religión es una puta”

El cierre del álbum vuelve a hablar de poder. “Supremist” retrata la dominación y la necesidad de imponerse a los demás sin valorar las consecuencias de ello. Un thrasher atemporal para retratar esa lucha permanente en la que solamente puede existir un vencedor. Esto es Slayer sonando a Slayer… ¡ni más ni menos!

“No celebraré nada

Hasta que todos hayan sido crucificados

No puedo descansar hasta que todos hayan muerto”

CONCLUSIÓN

“Christ Illusion” no es “Reign in Blood”. Tampoco es “South of Heaven” ni “Seasons in The Abyss”. Pretender que lo sea sería absurdo. Pero tampoco necesita serlo.

Lo verdaderamente interesante es que Slayer consiguieron recuperar una parte importante de su identidad clásica sin renunciar completamente a los elementos modernos que habían incorporado durante los años noventa y principios de los dos mil. El resultado, sin llegar a sus obras maestras, roza el sobresaliente gracias a un nivel compositivo alto que mostraba a un grupo revitalizado y con mejoras visibles en el apartado lírico. Y es que, más allá de las cruces invertidas, los cadáveres, el 666 y la provocación permanente, hay un discurso bastante más reconocible: la religión utilizada como herramienta de poder, el fanatismo que conduce al terrorismo, la manipulación y las guerras que destruyen psicológicamente a quienes participan en ellas.

Y si hay alguien que se ofenda por el carácter de Slayer, tal vez sea la hora de que se haga la siguiente reflexión: lo más perturbador de Slayer no es que continúen hablando de Satanás cuando rondan los cuarenta años de carrera, sino que muchas de las cosas contra las que llevan décadas gritando sigan estando exactamente donde las dejaron.



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