Nunca había sentido tantos sentimientos encontrados al
escribir una reseña sobre un disco por el que siento un amor profundo. Pero es
que el hecho de que uno de los músicos que hicieron de ese trabajo algo tan
grande haya fallecido recientemente me hace sentir terriblemente mal. Rush ha
sido una de las bandas por excelencia en mi vida (la BSO de mi vida estaría
llena de canciones del trío canadiense) y el fallecimiento de Neil Peart ha
sido un jarro de agua fría para mí y para cualquier fan de este adorado trío.
Por ello, esta reseña va dedicada a la memoria del mejor batería de todos los
tiempos y a la trayectoria de la banda por excelencia del Rock Progresivo.
“Permanent Waves” es un disco fundamental para conocer
a Rush, como tal. Lo mismo sucede con otros discos gloriosos como “2112”,
“Moving Pictures”, “Fly By Night”. “Caress Of Steel” (¡vaya joya
infravalorada!), “A Farewell To Kings” o “Hemispheres”. Cada uno, aunque tengan
entre ellos ciertos nexos y/o similitudes, presenta siempre algún matiz diferenciador,
una personalidad propia e intransferible. Así de grandes fueron, son y serán
Rush.
Estamos en 1978. Rush ya había publicado la mayor
parte de sus mejores discos, siendo los mencionados “A Farewell To Kings”
(1977) y “Hemispheres” (1978), los más recientes en aquel momento. Pese a la
calidad máxima de dichas obras (que alguien se atreva a dudar de la grandeza de
“2112”…jajaja) y el hecho de haber crecido notablemente como banda no se
terminaba de ver reflejado en el reconocimiento mundial del trío, por lo que
nuestros queridos Geddy, Alex y Neil se propusieron dar un golpe de autoridad
y, sin renunciar por ello a la raíz de su sonido (¡eso nunca!), optaron por
introducir algunos elementos novedosos en su música tales como melodías algo
más accesibles, el mayor uso de sintetizador, la inclusión de ciertos rasgos de
reggae o new wave o la reducción más que notoria de la duración de los temas.
¿Afectó en algo toda esta suma de arreglos? Pues no. El resultado no pudo ser
mejor. Rush se reinventó y terminó por consolidar su nombre entre las bandas
más importantes de la historia.
El 14 de enero de 1980 vio la luz este trabajo
inmortal. Su portada lleva la firma de Hugh Syme, quien también figura en esta
saludando al fondo (hay que fijarse bien), y tiene como protagonista a Paula
Turnbull, quien figura en primer plano tras un pasaje desolador sobre el que
azotan las olas (las “olas permanentes” del título). Como dato extra cabe
señalar que el periódico que aparece a la izquierda es la famosísima edición del Chicago Tribune de
1948 que afirmó erróneamente que Dewey se había impuesto a Truman en las
elecciones presidenciales americanas de ese año.
Un inconfundible lick de guitarra es seguido de una
batería y un bajo técnicamente coordinados. Sí, hablo claramente de “Spirit of
Radio”, el primer hit radiofónico de nuestros queridos canadienses. La canción
suena amable durante todas sus fases, con ciertos guiños a un Rock Progresivo
que no dejaba de correr por sus venas pese a la evolución del sonido y al
Reggae. Aquí, además de con su magia única e irrepetible, nos encontramos con
la faceta poética y más directa de Neil Peart. En esta ocasión, este ídolo se
dirige directamente a la industria de la música a modo de crítica. Un tema
imprescindible para conocer a Rush.
“A
uno le gusta creer en la libertad de la música,
Pero
los premios brillantes y un sinfín de compromisos
Rompen
la ilusión de integridad.”

Prepárese,
querido lector, que se viene encima un tema de otra dimensión. “Jacob’s Ladder”
es la prueba definitiva (si es que quedaba algo que probar tras una serie de
discos previos que no bajaban del 10) de que estos canadienses revolucionaron
el Rock en su faceta progresiva como ningún otro. No hay estribillos, ni una
estructura definida. Cada verso es un ente con personalidad propia que, como
único punto en común, tiene que son todos son cantados de una forma descomunal
por Geddy Lee. La canción va avanzando entre riffs pesados, un ambicioso juego
de batería y bajo, sintetizadores en su parte más progresiva y algún que otro
solo lleno de virtuosismo (¿y si comenzamos a valorar a Alex Lifeson como se
merece?).
Sobre
la letra debe decirse que Neil se inspiró en un pasaje de la Biblia,
concretamente el Genesis 28:11, en la cual se describe un fenómeno natural de
lo más variopinto en el cual la luz del sol atraviesa las nubes formando líneas
luminosas que descienden hasta el suelo.
Turno
de dos baladas.
En primer lugar tenemos la más movida “Entre
Nous”, tema que no terminó de cuajar en mis oídos hasta que el paso de las
escuchas terminó haciéndole justicia. Buena canción (seguramente la más floja
de todo el trabajo, eso sí) que nos habla de esas relaciones que establecemos
con algunas personas que creemos conocer pero en realidad es todo lo contrario
(como los “Perfectos Desconocidos” de los que nos hablaba Deep Purple).

¿Cómo
se puede acabar un disco tan grande? Pues con un tema a la altura. “Natural
Science” es una suite de nueve minutos que, a su vez, se divide en tres partes
más pequeñas (“Tide Pools”, “Hyperspace” y “Permanent Waves”), en las cuales
Peart reflexiona sobre la Ciencia y su influencia en el desarrollo de la
naturaleza. Obra maestra musical y lírica en la cual Rush pasa en pocos
compases de la suavidad más relajante a secciones punteadas que rozan lo Heavy.
Alex Lifeson clava uno de los mejores solos de guitarra que le he oído (esos
bendings…madre mía). Una canción que invito a escuchar mil veces porque con
cada escucha, y esto es cierto, encuentras algún detalle nuevo.
“Permanent
Waves” documenta fielmente la evolución musical del trío, así como debe
considerarse como una de sus obras cumbre, digna de un 10, aunque, como fan
acérrimo de la banda, siempre defienda como mejores otras obras previas. Una
vez más lo digo: Rush fue, es y será el mejor conjunto de Rock Progresivo de la
historia.
Esta
reseña va dedicada a Neil Peart (D.E.P.), “The Professor”, a su influencia
y eterno legado en el Rock.
Espectacular disco
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