Para dejar las cosas
claras desde un inicio voy a ir al grano: “Wings Of Tomorrow” es el mejor álbum
de Europe porque la madurez musical que desprendieron en este trabajo no la
supera ni el mismísimo “Final Countdown” (palabras mayores).
Dicho esto, empecemos
por el principio.
No me da miedo
reconocerlo. Soy de esas personas que cuando se adentró en esto del Rock decía
“¿Europe? No me molan y solo tienen un éxito que es “The Final Countdown”.
Afortunadamente, la gente cambia y no fui excepción. No tardé, precisamente, en
escucharme al completo el álbum “The Final Countdown” y quedar gratamente
sorprendido con piezas como “Rock The Night” o “Cherokee” (himnos que suenan en
mi reproductor varias veces por semana). No obstante, fue cuando escuché “Wings
Of Tomorrow” cuando entendí realmente la grandeza de esta banda sueca y quedé
enamorado de por vida de John Norum y de Joey Tempest.
En 1983, los
antiguamente conocidos como Force, se presentaban ante el mundo con su homónimo
“Europe”, una obra notable en la que la banda dejaba claras sus intenciones de colocar
su nombre entre los grandes del género. Para mí, aunque haya opiniones de todo
tipo sobre esta primera obra, es un álbum que casi roza el sobresaliente
gracias a piezas como “In The Future To Come”, el excelente single “Seven Doors
Hotel”, “Children Of This Time” y la instrumental “Boyazont”. Con semejante
carta de presentación, no era raro que su segunda placa viniera acompañada de
una mayor expectación. Solo un año después, en el mágico 1984, vio la luz
“Wings Of Tomorrow”, el trabajo que vendría a confirmar que los cuatro colosos
nórdicos (en aquel momento seguían siendo un cuarteto, encargándose Tempest de
los teclados) venían para quedarse eternamente con nosotros. El disco sube el
nivel de calidad hasta la cumbre de la perfección, mezclando el Hard-Rock con
un mayor número de elementos melódicos que anunciaban el futuro próximo del
grupo. Repito que para mí no hay obra en el catálogo de Europe que sea capaz de
superar esta piedra preciosa.
Su portada, obra de
Peter Engberg, tampoco se queda atrás en
lo que a grandeza se refiere. Un pájaro robótico, que recuerda al trabajo que
dos años antes había encabezado la legendaria cubierta del no menos legendario
“Screaming For Vengeance” de los Judas Priest,
acecha algo desde el espacio.
¡No puedo esperar a
comenzar a hablar de cada canción!
El álbum despliega sus
alas con “Stormwind”, una pequeña exhibición de cómo debe hacerse un temazo de
Rock Melódico. Y es que este primer aperitivo tiene todo lo necesario para
agradar al público rockero: estribillo simple pero pegadizo, buenos coros, un
Tempest desatado y unos riffs muy logrados del siempre acertado Norum. Este
tema viene a confirmar la evolución de la banda, así como la mejora de su
producción en comparación con el primer trabajo del conjunto.
No hay tiempo para
bromas. Es el momento de la mejor canción del álbum y, para un servidor, su
preferida de estos suecos. “Scream Of Anger” es un tema salvaje de Hard-Rock
cercano al Metal Melódico, con un riff distorsionadísimo y un posterior solo de
ese dios llamado John Norum y una interpretación soberbia de Tempest con el
micrófono. Es una canción perfecta la mires por donde la mires. Curiosamente,
esta canción fue compuesta por Tempest y por el bajista Marcel Jacob (R.I.P.),
quien militó en la banda cuando todavía se llamaba Forced tras la salida de
Levén a Rising Force con Yngwie Malmsteen. Justo antes de cambiar el nombre a
Europe, Jacob partió a trabajar con Malmsteen y Levén volvió al conjunto (se
intercambiaron). Originalmente la canción se llamaba “Black Journey Trough My
Soul”, pero fue rebautizada bajo el nombre de “Scream Of Anger”. Un temazo como
una catedral.
No obstante, y aunque
para mí la canción del álbum es la pieza que acabamos de escuchar, “Open Your
Heart” pasa por ser la canción más famosa de la etapa inicial de Europe. Desde
luego, no se puede negar que es un baladón pegajoso, cargado de sentimiento y
de pasión exaltada tanto por Tempest como por los elegantes arpegios de la
guitarra de Norum. Cuando casi llegamos a la parte intermedia de la canción, el
sonido toma un poco de fuerza y se convierte por momentos en una Power Ballad
con claros tintes ochenteros. Otra canción sobresaliente.

¿No eran una banda
únicamente de baladas y teclados? El que lo pensara estaba muy equivocado.
“Wings Of Tomorrow”, canción que da nombre al álbum, así como abre la cara B,
vuelve a poner de manifiesto la excelencia de este trabajo. Hard-Rock de la
vieja escuela, una pista de guitarra perfecta (mucha atención al solo), una
línea de bajo ganadora (ojo a lo que hace en el estribillo) y, por supuesto,
una gran interpretación de Joey Tempest.
Una cabalgada y comienza
“Wasted Time”, una de las canciones que más se asemejan a la primera entrega
del conjunto. Buena canción, sin llegar al nivel de otras pistas del trabajo,
pero con mucho feeling. Tempest es más que un cantante de baladas y creo que en
canciones como esta lo demuestra. Hard-Rock directo y sin adornos (no los
necesita). Algo similar ocurre en “Lyin’ Eyes”, otra pieza que me encanta y que
se vuelve a mover por la tesitura eléctrica que impera en este álbum tan bueno.
No me cansaré de decir que esta es la obra por excelencia del grupo.
Nos acercamos al final
con la bellísima “Dreamer”, un BALADÓN de
los que crean escuela. Sería un error muy grave negar que Europe pertenece a
ese “club” privilegiado de bandas como Scorpions, Whitesnake o Aerosmith que tienen
un don especial para crear composiciones que emocionen al oyente. Precisamente
esta canción me recuerda por instantes a un temazo de los Scorpions como
“Always Somewhere” (me declaro amante de los alemanes), un símil más que
positivo.
Hora de poner punto y
final al trabajo por todo lo alto. Junto a mi adorada “Scream Of Anger”, “Dance
the Night Away” conforma la parte más acelerada de todo el plástico. Un corte
alucinante por el que vale la pena comprarse el álbum entero. La guitarra de
Norum escupe fuego mientras se saca de la manga unos riffs que recuerdan a la
mejor versión de gran Ritchie Blackmore, así como firma un posterior solo de
guitarra de antología. Tempest está incontestable, sacando su vena más macarra
y sucia, cantando hasta alcanzar, en algunos instantes, unos agudos realmente
buenos. No había mejor manera de cerrar este álbum.
Si tuviera que hacer un
Top con los mejores álbumes de los años 80, no dudaría en poner en los puestos
privilegiados esta obra de Tempest y compañía. Como he dicho en varias
ocasiones (perdonen la insistencia), esta puede ser, sin problema alguno, el
mejor trabajo que estos genios editaron durante su etapa dorada. Pronto
vendrían esas piezas tan queridas y enormes como “Carrie”, “Rock The Night” o
la antológica “The Final Countdown” que catapultarían al grupo a la fama
mundial, pero, para un servidor, lo mejor de Europe vio la luz a principios de
1984.

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