La creación de “Vitalogy” estuvo marcada por tensiones
internas, particularmente entre Vedder y el guitarrista Stone Gossard, quien
hasta entonces había sido el principal arquitecto sonoro de la banda. Sin
embargo, estas fricciones –o quizá gracias a ellas– dieron lugar a un disco que
capturó una intensidad cruda y visceral, diferenciándose de sus predecesores.
Vedder asumió un rol casi autocrático en varias decisiones creativas, desde la
estructura de las canciones hasta el diseño único del álbum, cuya portada se
inspira en un antiguo manual médico.
El disco comienza con una atmósfera confusa, una mezcla de
sonidos distantes que anuncian la irrupción de "Last Exit", un tema
de ritmo constante liderado por el batería Dave Abbruzzese. En esta canción,
Eddie Vedder entrega una interpretación sublime con una letra cargada de
imágenes poderosas: “Deja que el sol suba, que queme mi máscara. A los cuatro
días, y no mucho más, despojaré mi piel al fin” y “Deja que el océano disuelva
mi pasado. A los cuatro días, y no mucho más, ni siquiera sabrás que me he
ido”.
El espíritu punk-rock que influyó en Pearl Jam se manifiesta
con fuerza en "Spin The Black Circle", el primer sencillo del álbum.
La letra celebra el placer de escuchar vinilos de punk, y el título, que podría
traducirse como "Gira el círculo negro", hace referencia al
tocadiscos. Esta furiosa composición surgió de una demo de Gossard que Vedder
escuchó por accidente a una velocidad más rápida, descubriendo un potencial
oculto en la pieza. La colaboración entre ambos dio lugar a este número
vertiginoso, uno de los más salvajes de su carrera.
"Not For You" destaca como una de las joyas más
subestimadas de Pearl Jam. Con casi seis minutos de rock monolítico, Vedder
critica ferozmente la industria musical y el precio de la fama, reflejando su
desencanto con una intensidad vocal abrasadora. Musicalmente sencilla pero
impactante, la canción se basa en una secuencia de notas constantes que crean
el marco perfecto para una interpretación sobresaliente.
“Tremor Christ” trae de vuelta el Rock macizo para narrarnos
la historia de un marinero que se ve amenazado en plena travesía por una
tormenta que le hará replantearse su vida. La pieza pretende ser una alegoría
en la que se habla de cómo una mala decisión pasada que nos reconcome por
dentro (“Pequeños secretos o temblores que se convierten en terremotos”)
siempre presenta dos posibles soluciones. La primera es seguir huyendo, que
sería la opción sencilla y que en la historia creada por Vedder es la que el diablo
en persona le propone al marinero, mientras que la segunda consiste en
enfrentar las consecuencias, sean cuales sean (“Gira la proa hacia atrás y pone
su fe y amor en Tremor Christ”). A nivel sonoro, esta pieza, aún sonando fiel a
Pearl Jam y el Grunge de los años noventa, a mí el ritmo de batería y el
trabajo de cuerdas siempre me ha evocado a los Beatles y su “I Am The Walrus”,
algo que tampoco sería de extrañar si tenemos en cuenta el amor de la banda por
los de Liverpool..
Uno de los momentos más memorables del disco es "Nothingman",
una creación melódica de Jeff Ament. Sobre una instrumental bucólica, Vedder
canta con una emotividad desgarradora sobre el arrepentimiento de un hombre que
pierde a su pareja para siempre. Una obra maestra en todos los sentidos.
La energía vuelve con "Whipping” un tema punk de apenas
dos minutos y medio en el que Vedder arremete contra las clases poderosas. El
bajo de Ament retumba con fuerza, mostrando la vitalidad que caracterizaba a la
banda en ese momento.
Tras un breve interludio algo extraño que la banda bautizó
como “Pry, To”, la segunda mitad del álbum arranca de verdad con una joya de su
catálogo como “Corduroy”, pieza que no necesitó salir a la venta como single
para terminar convirtiéndose en una de las grandes canciones de Pearl Jam. La
sucesión de riffs de McCready y Gossard conforman la base rítmica idónea para
que Vedder se desmelene y raje sin piedad contra el negocio de la música,
poniendo especial atención en la mercantilización del arte y el precio de la
fama. El título, que se traduciría como “pana”, hace referencia a una chaqueta
que Vedder solía usar y que, cuando este salió la fama, se revalorizó ese
modelo hasta cifras estratosféricas, algo que nunca contentó al cantante (la
frase “pueden comprar, pero no pueden ponerse mi ropa”).
“Bugs” es una pieza que parecía vaticinar el giro sonoro
hacia terrenos experimentales que imperarían en “No Code”. No hay más que
escuchar ese disonante acordeón interpretado por Vedder y la constante
repetición de unos patrones poco habituales en el estilo de la banda para darse
cuenta de que los de Seattle estaban pasándoselo realmente bien. Me gustaría
destacar la extraña, pero muy acertada, letra. Y es que, aunque líneas como
“bichos en mi habitación/bichos en mi cama/bichos en mis oídos” que “me rodean,
los veo/viéndolos decidir mi destino” puedan resultar en un primer momento como
algo carente de sentido, lo cierto es que Eddie realizaba aquí una metáfora
sobre la pérdida de la privacidad que la banda había comenzado a experimentar
conforme su fama se hacía cada vez mayor.
El sonido de los látigos anuncia la llegada de “Satan’s
Bed”, una pieza compuesta por Stone Gossard que posee un riff de lo más
divertido que la banda nos inyecta en vena, como también sucede con el pegadizo
estribillo que emerge pocos compases más tarde. En la letra Mr. Vedder rescata
una vez al personaje del diablo, quien esta vez es encarnado por la industria
musical y la fama, las cuales ofrecen constantes tentaciones en la vida en la
carretera (excesos, inversiones económicas fraudulentas, …). El conjunto, que
siempre se ha caracterizado por su transparencia y su buen hacer, ya por
aquellos tiempos dejaba claro que jamás caerían en “Nunca estreché la mano a Satanás, mira por
ti mismo”.
Toca ponerse en pie y dejar que las lágrimas fluyan. Es la
hora de “Better Man”, uno de los grandes himnos de la banda y del Rock en
general. Compuesta en la década de los ochenta por Vedder cuando era menor de
edad (hay documentos que dicen que la llegó a interpretar con su banda Bad
Radio a finales de los 80), esta pieza inmortal habla sobre una mujer que está
en una relación abusiva con un hombre que la maltrata, pero de la que ella no
está dispuesta a salir por miedo a no encontrar nada mejor (“ella miente y dice
que todavía lo ama//no puede encontrar un hombre mejor”), demostrando una vez
más la humanidad de un Vedder que nunca tuvo miedo a denunciar situaciones de
abuso que sufrían (y todavía sufren) las mujeres. Las melodías de esta canción son elegantes,
especialmente en su estribillo, pero nada me parece tan cautivadora como la
interpretación vocal de Eddie, quien firma aquí una de las interpretaciones que
más me han conmovido en todas estas décadas.
El segundo interludio, “Aye Davanita”, es un momento
instrumental extraño, con vocalizaciones que carecen de un significado claro,
añadiendo un toque surrealista al álbum que mostraba el enorme cambio de
dirección que la banda estaba tomando en aquellos instantes.
"Immortality" es una balada profunda sobre la
depresión y el suicidio, con un trabajo de guitarras conmovedor y una
interpretación vocal magistral de Vedder. Aunque no está dedicada a Kurt
Cobain, fue interpretada en vivo como homenaje tras su muerte, intensificando su
resonancia emocional.
El cierre llega con "Hey Foxymophandlemama, That’s
Me"(también conocida como "Stupid Mop"), un experimento sonoro
que incluye voces de pacientes psiquiátricos y efectos etéreos. Aunque es un
cierre desconcertante, marca la primera aparición de Jack Irons en la batería.
CONCLUSIÓN
En “Vitalogy”, Pearl Jam apostó por la crudeza y la
introspección, combinando piezas experimentales con composiciones conmovedoras.
Este álbum representa una victoria sobre las presiones comerciales y los
conflictos internos, consolidándose como una obra maestra que aseguró la
inmortalidad de la banda.
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