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Lamb Of God - Ashes Of The Wake (2004)

Calificación:*****

Cuando en 2003 salió a la luz “As The Palaces Burn”, el segundo álbum de estudio de los jóvenes Lamb of God, oriundos de Virginia (quienes previamente se habían llamado Burn The Priest y lanzado un álbum homónimo en 1999), el mundo comenzó a notar las enormes facultades de estos músicos. Su sonido bebía tanto del Heavy Metal tradicional, con Black Sabbath como una inspiración crucial, como del Thrash y Groove Metal contemporáneos, añadiendo un toque personal con sus melodías.

Epic Records, uno de los sellos más influyentes de las últimas décadas, no tardó en hacerles una oferta atractiva para incorporarlos a su catálogo y lanzar sus próximos álbumes. Conscientes de la expectativa, el quinteto decidió mantener el sonido que habían desarrollado hasta entonces, pero con mayor atención a los detalles, lo que resultó en un salto de calidad notable respecto a sus anteriores trabajos. Para ello, contaron con Gene “Machine” Freeman, uno de los productores más destacados del subgénero, quien les ayudó a dar forma a una obra que se consagraría como un clásico del Metal Contemporáneo. El trabajo de Gene es digno de elogio, dotando al sonido de una limpieza superior frente a la distorsión excesiva y difusa de su predecesor, “As The Palaces Burn”, producido por Devin Townsend.

Otro aspecto que definió a “Ashes Of The Wake” fue la fuerte influencia de la Guerra de Irak, con letras críticas hacia la clase política y un tono bastante pesimista. La portada del álbum, diseñada por Ken Adams, refleja la indignación del grupo con este conflicto, mostrando una bandada de palomas de la paz esqueléticas que descienden a una Tierra roja, similar al infierno, portando balas en lugar de ramas de olivo. Este dibujo simboliza, según su autor, la mentalidad violenta de la clase americana que destruye Irak como si fuera una Guerra Santa.

“Laid To Rest” abre el álbum con una potencia y agresividad que siempre me fascina. El trabajo de guitarras y percusión es fiel al Groove Metal 100% americano, el mismo que Pantera engrandeció una década antes. Si a esa instrumentación imponente (atención al pequeño breakdown a mitad de canción) le sumamos una interpretación vocal explosiva de Randy Blythe, estamos ante un tema perfecto.

El doble pedal intimidatorio de Chris Adler anuncia la llegada de otro hit compuesto por Willy, donde critican abiertamente la entrada de su país en la Guerra de Irak tras los atentados del 11 de septiembre. El trabajo de guitarras en el interludio y el posterior breakdown, con líneas melódicas imposibles mientras bajo y batería crean una sección rítmica punzante, es de un nivel excepcional.

En la colosal “Now You’ve Got Something To Die For”, Randy Blythe cuestiona a la administración Bush por mandar a inocentes a combatir en el extranjero. A pesar de su respeto por los soldados, la letra revela una fuerte crítica a la guerra. Esta pieza cargada de veneno combina la velocidad endiablada con momentos de riffs densos, siendo un diamante en bruto del quinteto.

“The Faded Line” sigue la línea lírica del álbum y destaca por la maestría de Chris Adler con el doble pedal, mientras Randy Blythe entrega una de sus mejores interpretaciones vocales, combinando growls característicos con agudos desgarradores en algún estribillo. El breakdown seguido por melodías de guitarra con inspiración oriental es un punto alto de la canción.

La legendaria “Omerta” comienza con un ritmo lento (esa introducción narrada de Randy leyendo un texto sobre la ‘ley del silencio’ es sublime) antes de explotar en una sección más intensa e incisiva en su segunda parte. La potencia de los muteados y la interpretación vocal de Blythe impulsan la pieza como una apisonadora imparable.

“Blood Of The Scribe” es un trallazo eléctrico lleno de músculo thrasher y mucha distorsión que, en cuatro minutos, desata el caos absoluto. La exhibición de doble pedal de Chris y la cohesión guitarra-bajo en la segunda mitad del tema son dignas de mención.

“One Gun” hace otra referencia a la Guerra de Irak y nos permite degustar de nuevo la crudeza del Groove-Thrash de Lamb of God, con un ritmo imponente que culmina en un final apoteósico. Aunque no es un clásico del grupo, no tiene nada que envidiar al resto de piezas del LP.

Las percusiones tribales que surgen antes del primer minuto de “Break You” pueden hacernos pensar que estamos escuchando a Sepultura, pero la distorsión de las guitarras, la percusión descontrolada y las voces deathcore de Blythe nos recuerdan que estamos ante Lamb of God. Un temazo.

“What I’ve Become” es un caos thrasher que evoca a los Slayer de los 90, con un ritmo muteado que avanza sin piedad de principio a fin. Es un diamante escondido del álbum, al nivel de los grandes hits del conjunto.

La homónima “Ashes Of The Wake” ofrece casi seis minutos de gloria instrumental donde la dupla de guitarras formada por Willie Adler y Mark Morton despliega solos y riffs demenciales, mientras Chris y John crean una base rítmica perfecta. Una delicia para los amantes del Metal.

El álbum cierra con “Remorse Is For The Dead”, cuyo inicio melódico y depresivo da la falsa impresión de que la agresividad ha quedado atrás. Pero, segundos después, un ritmo abrasador toma el control, permitiendo a Blythe rugir con toda su furia. Un final a la altura de lo que hemos escuchado.

 

CONCLUSIÓN

“Ashes Of The Wake” fue la consagración definitiva de Lamb of God, que llegaron para quedarse como abanderados del Groove Metal en el nuevo milenio. Sus once canciones conforman uno de los grandes registros de este subgénero en las últimas dos décadas, haciendo de este álbum una obra de escucha obligatoria para todo amante del Metal más salvaje. Pronto disfrutaríamos de otras joyas como “Sacrament” (2006) o “Wrath” (2009), pero el primer gran álbum de Lamb of God fue este “Ashes Of The Wake”, una obra FUNDAMENTAL en la historia moderna de nuestro amado Metal.



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