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Crónica del Concierto de Judas Priest/Saxon/Uriah Heep en el Navarra Arena, Pamplona (15/06/2024)

Calificación:*****

El pasado sábado 15 de junio, el renovado Navarra Arena acogió una de las giras más atractivas en materia de Heavy Metal que puede verse actualmente. Y es que no siempre se tiene la fortuna de poder ver en vivo a tres leyendas del Hard-Rock y del Heavy Metal como Judas Priest, Saxon y Uriah Heep, quienes nos han dejado un enorme legado durante décadas y que ha inspirado a ciento de bandas para dedicarse a este complicado, pero inigualable negocio. 

Obviamente, y como el propio nombre “The Invincible Shield Tour” deja caer, Judas Priest fue anunciado como banda principal, mientras que Saxon y Uriah Heep como artistas invitados, algo que, a nivel de márketing puede funcionar (a nivel de popularidad Judas ha sido más trascendente que sus compañeras), pero que al menos desde mi perspectiva difería bastante de una realidad más dulce: era la oportunidad de ver a tres bandas de culto en una gira con sabor a NWOBHM (especialmente por las dos primeras que he citado), pero también a los propios orígenes del Metal (Uriah Heep, como ya os contaré, tiene “mucha culpa” de que otras bandas como, precisamente, Judas o Saxon surgieran). Fue por ello, que desde que se anunciaron cuatro fechas en nuestro país no me lo pensé demasiado y decidí hacer un pequeño esfuerzo económico con todo lo que conlleva moverse desde Canarias (recordemos que este Blog es de Tenerife!) y poder cumplir un deseo que llevaba pendiente desde que tengo uso de razón: ver en vivo a Judas Priest y Saxon, dos de mis bandas preferidas de todos los tiempos.

Tras visitar la preciosa ciudad de Pamplona a lo largo de la mañana (ha sido un flechazo a primera vista) y degustar un buen pintxo de tortilla en el célebre Café Iruña, fue la hora de poner rumbo a la que por una noche se convertiría en la Meca del Heavy Metal mundial: el imponente Navarra Arena, un recinto con pocos años de vida que me terminó resultando una auténtica sorpresa a nivel acústico.

En cuanto las puertas de acceso fueron abiertas, y no sin antes adquirir un par de camisetas conmemorativas (¡pedazo de business se han montado con el tema del merchandising!), llegó la hora de iniciar una experiencia que difícilmente olvidaré…

 

URIAH HEEP

Cumpliendo con el horario programado, en cuanto el reloj marcó las siete de la tarde dio inicio una jornada de música histórica para Pamplona. Sobre las tablas de un Navarra Arena que comenzaba progresivamente a llenarse de seguidores pronto estuvieron unos teloneros de absoluto lujo como Uriah Heep, celebérrima banda británica que, aunque su nombre y trayectoria hayan quedado eclipsados en la historia por Deep Purple o Led Zeppelin, sería muy injusto obviar lo mucho que influyeron en todas las bandas que comenzaron a dar sus primeros pasos en el Rock y el Metal de los años 70. Y es que, aunque el grupo ha experimentado numerosos cambios en su formación a lo largo de sus más de 50 años de trayectoria, sus obras modernas siguen estando a un nivel sonoro digno del legado de este grupo. Gran culpa de ello tendrá el hecho de que Mick Box, único miembro fundador presente, siga en activo, así como dos fieles escuderos como Bernie Shaw (el tipo sigue cantando maravillosamente bien) y un amo de los teclados como Phil Lanzon, quienes le han acompañado en este viaje desde 1986. La banda la completan otro superdotado músico como es Dave Rimmer (también ha forma parte del supergrupo Elegant Weapons junto a Ritchie Faulkner y Ronnie Romero) y RUsell Gilbrook.

Desde las primeras de cambio la banda puso toda la carne en el asador con “Save Me Tonight”, tema perteneciente a su más reciente álbum de estudio, “Chaos And Colour” (2023), cuyo despliegue de guitarra y  teclados, por no hablar del enorme estado de forma en el que todavía se encuentra el bueno de Bernie Shaw, puso de manifiesto el nivelazo que todavía ofrece en vivo este grupo.

Tras otra contemporánea “Grazed By Heaven” (de mis números preferidos de la banda en este nuevo milenio), llegó la hora del primer momento nostálgico de la noche gracias a una exquisita interpretación de ese corte de proto-metal incluido en su obra maestra, “Demons & Wizards”, llamado “Rainbow Demon”, que, como cabía esperar, fue recibida entre vítores por los asistentes. Shaw elevó sus registros al máximo, al igual que Mick nos entregó el primer gran solo de la noche.

Para recuperar algo de aliento, y como segundo y último guiño a “Chaos & Colour”, la banda nos deleitó con la rockera “Hurricanne” y sus teclados “purplelianos”, antes de volver a pisar el acelerador con un inesperado clásico como “Free ‘N’ Easy” de su notable “Innocent Victim”  (1977), que cautivó a los asistentes con su Rock desenfadado.

Mick Box tomó las riendas del micrófono para saludar al público, hacer un pequeño balance de su grandiosa carrera y, para sorpresa del respetable, anunciar que Bernie Shaw estaba cumpliendo años ese mismo día, lo cual derivó en un “happy birthday” colectivo al que Shaw respondió como solamente él sabe: dejando al público boquiabierto con una excelente interpretación vocal de “Gypsy”, primer hit que tuvo la banda y que formó parte de otro LP de culto como es “Very ‘Eavy…Very Humble”. Enorme aquí también la labor de Russell Gilbrook y de Dave Rimmer, tras la batería y el bajo, respectivamente.

Probablemente la mayor ovación de este primer concierto se produjo tras la épica interpretación de una joyita escondida del grupo como es “July Morning”, esa epopeya de más de 10 minutos de extensión que formó parte de “Look At Yourself” (1971) y que cuenta con un despliegue instrumental absolutamente perfecto. Además de un extenso solo de Mick, también pudimos disfrutar de un pequeño momento solista Dave (¡qué gran bajista!), bordando esta compleja canción que roza el Rock Progresivo.

Como no podía ser de otra forma, el show de los Uriah Heep terminaba por todo lo alto con “Easy Livin’” su clásico por excelencia que conquistó la escena rockera cuando fue elegida como single promocional de “Demons & Wizards”. La afición se animó en seguida a cantar su archiconocido estribillo antes de despedir a estas leyendas vivientes con la ovación que merecían.

SAXON

Si algo tenía claro desde que me hice con una entrada para este evento era que Saxon iba a ofrecer un espectáculo letal. Si al hecho de que la banda tiene uno de los mejores directos de Heavy Metal le sumas el nivelazo que han mostrado en su nuevo álbum de estudio, “Hell, Fire And Damnation”, lanzado a principios de año y serio candidato a ser el mejor de 2024, creo que estamos ante uno de los grupos más “en forma” del momento (si es que en algún momento no lo estuvieron).

Antes incluso de la hora programada, el recinto, que ya presentaba la pista prácticamente al máximo de ocupación, quedó completamente a oscuras para dar la bienvenida a estos maestros del Heavy Metal británico. Tras la introducción grabada de “The Prophecy”, la banda saltó a escena y dejó al público extasiado desde las primeras de cambio de la mano de esa reciente joya llamada “Hell, Fire & Damnation”. Tan pronto como las guitarras de Doug Scarratt y Brian Tatler hicieron acto de presencia, el primer grito de Biff Byford sacudió el Navarra Arena, dejando claro a todo el mundo que el “águila había aterrizado”. El primer duelo de solos entre ambos guitarristas precedió a una última repetición ese incendiario estribillo que fue cantado al unísono por un público que había venido a ver también su espectáculo (si alguien pensaba que Judas Priest eran la única atracción de la noche, estaba muy equivocado).

Con el recinto ya cargado de adrenalina, llegó la hora de la veloz “Motorcycle Man”, un clasicazo de carretera que suele siempre ocupar el segundo lugar en sus repertorios (no fue excepción en Pamplona). Por si había alguna duda, Byford bordó aquí cada agudo que la canción exigía, así como no privó a su audiencia de sus ya tradicionales silbidos al final del solo principal del grupo. Para no perder el frenético ritmo que su actuación llevaba hasta el momento, y no sin un afectuoso saludo previo de Biff a los asistentes con un par de palabras en español, la guitarra de Doug anunció la inminente llegada de “Power And The Glory”, tema que dio nombre a otra de sus obras más queridas y que, claramente, fue llevada en volandas por una audiencia que cantó a pleno pulmón su sencillo pero épico estribillo.

Sin tiempo para tomarse un respiro, el bajo del inquieto Nibbs Carter se arrancó con la inconfundible línea principal de “Madame Guillotine”, otro tema de su última obra de estudio que se ha convertido en un hit instantáneo tal y como pudo comprobarse durante la velada. Otro número que sembró el caos fue mi querida “Heavy Metal Thunder”, la pieza que abre su inmortal “Strong Arm Of The Law” con un ritmo frenético que mostró, en poco más de cuatro minutos, la esencia del Heavy Metal Británico que a tantos nos marcó para siempre.

Tal vez el tema más celebrado y coreado de este show fue “Crusader”, ese corte de talante épico que terminaría dando nombre también a su celebérrima obra de 1981. Desde que Doug y Brian comenzaron a tocar las inconfundibles melodías iniciales, el respetable no dudó en acompañarlos, especialmente en ese coral estribillo que, sin duda alguna, se encuentra entre los mejores de toda su discografía.

Tras recoger y engalanarse con un par de chaquetas vaqueras llenas de parches que los seguidores les habían lanzado previamente, llegó la hora de otro clasicazo como “Denim And Leather”, que Biff cantó con su habitual pasión y esa desgarradora voz que tantas alegrías nos ha dado a lo largo de las décadas. Tampoco se quedó atrás la tan querida “Wheels Of Steel” que ofreció nuevamente una descarga decibélica a una legión de seguidores que no dudó en acompañar al quinteto en otro estribillo que se ha convertido en “imprescindible” dentro de la cultura Heavy.

El final de fiesta llegó con un trío de hits que la banda elevó al máximo exponente de grandeza. Primeramente, fue el turno de “And The Band Played On”, con esas twin guitars tan características y esa letra autobiográfica sobre uno de los primeros grandes festivales en los que la banda tocó, concretamente el Monsters Of Rock 1980. En penúltimo lugar, y por sorpresa, volvía al setlist la contundente “747 (Strangers In The Night)”, la gran ausente en su show en Barcelona, cuya reincorporación fue celebrada por todo lo alto por un Navarra Arena extasiado ante lo que estaban viviendo. El broche de oro lo pondría “Princess Of The Night”, veloz hit que lleva décadas cerrando los shows en vivo del grupo (el doble pedal de Nigel hizo retumbar todo el recinto) y que, como siempre, terminó entre gritos de agradecimiento, aplausos y un mar de cuernos que acaban de presenciar una auténtica masterclass de Heavy Metal.

 

Sin duda alguna, un show PERFECTO por parte de una de las bandas más auténticas y fieles a sus principios que nos ha dado nuestro querido género, así como la antesala perfecta para lo que estaba a punto de abalanzarse sobre nosotros… 

JUDAS PRIEST

Tras recibir un aluvión de críticas positivas gracias a su excelente “Invincible Shield”, que vio la luz a principios de marzo de este año, sin duda alguna el listón estaba bastante alto antes del inicio del concierto.

Si bien es cierto que es imposible no pensar en la ausencia de los guitarristas KK Downing (dejó la banda hace más de 10 años) y Glenn Tipton (alejado del grupo debido a su lucha contra el Párkinson), hay que reconocer que el trabajo que llevan haciendo desde hace tiempo Ritchie Faulkner y Andy Sneap es digno de todo reconocimiento (nunca llegarán a la altura de aquellos dos genios, pero mantienen sobradamente bien la esencia de Judas Priest).

Otro punto que podía generar algunas dudas era el estado vocal de Rob Halford, a quien pudimos ver sufrir ligeramente al inicio de esta gira mundial, pero que con el tiempo, al parecer, ha ido recuperando su mejor faceta. En todo caso, a estas alturas y con 73 años a sus espaldas, el hecho de que el “Metal God” siga siendo capaz de ofrecer un show medianamente notable me parece ya suficiente para deshacerme en halagos.

Haciendo gala de una enorme puntualidad, y no sin antes anunciar su entrada con “War Pigs” de Black Sabbath (cómo temblé cuando el Navarra Arena entonó ese inicial “General gathered in their masses”), comenzaba el ritual del “Sacerdote”. 

Tras la introducción orquestal que mostró en escena una enorme lona con el escudo de la portada de “Invincible Shield” en primer plano, los primeros compases de “Panic Attack” desataron la euforia colectiva, la cual creció estratosféricamente en cuanto los miembros de la banda emergieron sobre el escenario. La mejor noticia que podíamos tener se confirmó a los pocos segundos: Halford iniciaba el show sin sufrimiento alguno y desgañitándose como solamente él sabe hacer (muchos quedamos fascinados cuando nos regaló los primeros agudos de una velada que terminaría tornándose como histórica). Apoyándose en la envidiable acústica del Navarra Arena, la banda dio un primer golpe certero, con el tándem de guitarras conformado por Faulkner (¡qué gran solo hizo!) y Sneap intentando mantener viva la esencia sonora de los eternos KK Downing y Glenn Tipton.  

Con Pamplona sometida al poder de Judas Priest, y lejos de apiadarse de nuestras almas, el primer clásico del grupo irrumpió en forma de “You’ve Got Another Thing Comin’”, ese himno festivo que terminaría por hacer que la fanaticada se desmadrara por completo.

Lejos de levantar el pie del acelerador, y no sin antes recibir un cálido “¡buenas noches Pamplona!” por parte de Halford, el inconfundible muteado inicial de “Rapid Fire” entró en escena, convirtiéndose en el primero de los tres temas del icónico “British Steel” que sonarían a lo largo de la velada. Personalmente, esa es una de las canciones de Judas Priest que más he escuchado y disfrutado a lo largo de todos estos años, por lo que, amigo lector, puedes imaginar mi cara de emoción al enterarme de que este temazo había sido recuperado por los Judas para la gira.

Costará sacarme de la memoria la intensidad con la que todos los asistentes vivimos, cantamos y coreamos cada segundo de “Breaking The Law”, una de las canciones insigne del Heavy Metal y, sin duda alguna, una de las que más se celebró durante esta velada.

La tormenta perfecta seguiría fortaleciéndose y causando estragos de la mano de “Riding On The Wind”, otro tema que data de los tiempos de mayor gloria de esta banda, concretamente de esa obra maestra titulada “Screaming For Vengeance”.  Una vez más, y tras dos canciones donde no había tenido que elevar demasiado sus registros, el Halford más hiriente sacaba a pasear sus mejores agudos sin apenas sufrir, haciendo olvidar al respetable el hecho de que ya tiene 73 añazos. El solo de Faulkner pondría la guinda a una interpretación absolutamente asombrosa.

Sin abandonar el álbum citado en el párrafo anterior, la guitarra de Andy anunció la llegada de “Devil’s Child”, una de las grandes sorpresas de esta gira, cuyo legendario puente coral y posterior estribillo fue entonado a los cuatro vientos por Halford y su legión de seguidores. ¡Qué fiesta liaron en un momento!

No sé si todos los que estuvieron allí pensarán lo mismo, pero me parece que la interpretación de “Love Bites” (el enésimo clásico del día) puede estar entre los momentos más sobresalientes de la noche. Además de la maravillosa reacción de todos los seguidores, quienes no dudaron en desgañitarse cantando ese “In the dead of night love bites”, tanto la teatralización del maestro Halford como la interpretación instrumental del resto de la banda fueron magistrales. 

Una de las grandes noticias de esta gira ha sido, sin duda alguna, el regreso al repertorio de “Saints In Hell” y “Sinner” dos greatest hits de aquellos primeros años de la banda cuya interpretación en este concierto estuvo a la altura. En la primera hay que destacar el trabajo vocal de Halford quien, sin ya llegar a la potencia de hace 40 años, algo completamente normal, es capaz de elevar su tono hasta notas inhumanas a sus 73 años de edad (sé que he dado este dato un par de veces, pero es necesario recordarlo). Por su parte, “Sinner” nos permitió disfrutar de una exhibición tras la guitarra de Faulkner, quien estuvo a la altura de una canción tan compleja tal y como nos mostró en su extenso solo. Tampoco aquí Rob se quedó atrás, desgañitándose en ese estribillo tan particular que esta canción posee.

En medio de los clásicos anteriormente citados, la banda incluyó acertadamente “Crown Of Horns”, uno de los singles extraídos de su reciente “Invincible Shield”, y, a decir verdad, funcionó de maravilla pese a que su sonido más radiofónico parecía hacer presagiar que la fanaticada aprovecharía el momento para tomarse un respiro tras el despliegue decibélico al que estaba asistiendo. Esto demuestra que su último disco ha calado mucho en su legión de fans. En todo caso, tampoco es malo reconocer que en este número, y tras el enorme esfuerzo que acababa de hacer en “Saints In Hell”, noté un poco cansado a Halford a la hora de interpretar este número.

A nivel personal, y creo que es un sentimiento compartido por muchos, creo que uno de los momentos por excelencia del show nos lo trajo “Turbo Lover”, con una hinchada entregada por completo al magnetismo de la voz de Halford que alcanzó su cénit en el glorioso estribillo que toda Pamplona cantó al unísono.

Tras un pequeño “discurso” de Halford en el que agradecía al respetable su fidelidad durante tantos años, irrumpió con fuerza el riff principal de “Invincible Shield”, tema que da nombre a su última obra y que se convirtió por derecho propio en uno de los preferidos de sus seguidores. Nuevamente con Halford en plena forma, la canción sonó absolutamente espectacular, especialmente en su pegadizo puente-estribillo (los fans lo cantaron cual hit de sus tiempos de gloria) y la extensa sección instrumental en la que tanto Faulkner como Sneap hicieron las delicias de los amantes de la guitarra.

“Victim Of Changes”, una de las canciones más perfectas que nos ha dado el quinteto a lo largo de su trayectoria, elevó la velada a otro nivel desde que ambas guitarras anunciaron su llegada con ese escalofriante punteo inicial. Como si el tiempo no hubiera pasado por su garganta, sir Rob Halford dejó a la audiencia fascinada con una descomunal interpretación en la que no faltó ese archiconocido scream justo al final de la canción que hizo temblar los cimientos del pabellón y que, obviamente, provocó una de las mayores ovaciones de la noche.  Tampoco hay que pasar por alto el inmejorable esfuerzo instrumental del resto de la banda, con un punzante solo por parte de Faulkner, cuyo manejo del tremolo resulta envidiable. Momentazo de los grandes.

Justo después de que Rob Halford, imitando a su adorado Freddie Mercury, invitara a la gente a repetir las melodías que este iba creando con su voz, emergió la siempre efectiva “The Green Manalishi (With The Two Prong Crown)”, esa popular versión de Fleetwood Mac que la banda hizo suya en cuanto fue incluida en “Killing Machine”. No podía faltar.

Y entonces llegó la hora de que Scott Travis abriera las puertas del infierno con la trascendental introducción de batería de “Painkiller”. Como era de esperar, Navarra entera se desmadró de principio a fin y alucinó con el poderío vocal de un Rob Halford completamente desatado y que fue capaz de alcanzar numerosos agudos que parecían sacados de sus mejores tiempos. Uno de los momentos más emotivos del show se produjo cuando Ritchie Faulkner ejecutó a las mil maravillas el popular solo de guitarra, mientras las pantallas proyectaban vídeos del siempre presente Glenn Tipton.

Después de un “falso final”, la banda volvería a las tablas para un encore de categoría y que dibujó una sonrisa en las caras de sus seguidores más veteranos. Costará olvidar el épico instante en el que sonó por megafonía “The Hellion” mientras el pabellón quedó únicamente iluminado por el celebérrimo tridente que ha terminado convirtiéndose en el logo representativo del grupo. Pocos segundos después la banda estaba sobre el escenario para firmar una monumental “Electric Eye” que todos los asistentes cantamos hasta terminar de perder la poca voz que a algunos nos quedaba.

“Hell Bent For Leather”, con Rob Halford subido a su Harley Davison, y “Living After Midnight” pusieron el broche de oro a una velada que, a buen seguro, quedará grabada a fuego en la mente de quienes tuvimos la inmensa fortuna de ver a estas leyendas vivientes del Heavy Metal.

Por lo que he podido comprobar al leer otras crónicas, creo que todos coincidimos en que el show ofrecido por Rob Halford de principio a fin puede incluirse entre los mejores de toda la gira. Cierto que en el encore se le notó algo más cansado, pero eso en ningún momento le llevó a equivocarse o bajar el alto nivel de interpretación que nos regaló. Si al principio de la gira nadie puede negar que el espectáculo de Judas Priest parecía haber perdido algo de magia (en parte debido a Halford y su dificultad para cantar algunas canciones más exigentes), a día de hoy me atrevería a decir que la banda sigue estando a un nivel tan alto que podemos hablar, como me sucede también con Saxon y Uriah Heep, ante uno de los mejores espectáculos de Metal que podemos ver en la actualidad. 

CONCLUSIÓN

Si alguien pensaba que la gira de estos tres pesos pesados del Heavy Metal iba a ser un simple ejercicio de nostalgia que pusiera de manifiesto el dicho de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, puedo asegurarles que no pueden estar más equivocados. Uriah Heep, Saxon y Judas Priest han demostrado que el Heavy Metal Clásico, aunque más pronto que tarde presenciará la retirada de sus bandas de referencia, dejará un legado imborrable y que permanecerá siempre vigente en el tiempo. Afortunados aquellos que hemos podido asistir a alguno de los diferentes conciertos que estos titanes han ofrecido por nuestro país en estos días.

A título personal, quiero decir que con esta velada no solamente he podido quitarme por fin la espinita de no haber visto a dos de mis bandas preferidas en vivo, sino que también puedo afirmar sin miedo a errar que esta se ha convertido en uno de los mejores shows de Heavy Metal a los que he podido asistir.

Solamente me queda dar las gracias a las tres bandas por habernos hecho viajar a los gloriosos ochenta con tres shows devastadores y que jamás olvidaré. 



 

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