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Jethro Tull - Rökflöte (2023)

Calificación:***** (7,5)

Quería aprovechar el puente del Día del Trabajador para ponerme al día con algunos discos que tenía pendientes y que han visto la luz recientemente. Uno de ellos es este “Rökflöte” de los icónicos Jethro Tull, obra que llevaba tiempo queriendo escuchar tras los buenos momentos que me hizo pasar su más reciente “The Zealot Gene”.

Obviamente, a estas alturas de su carrera uno sabe que Ian Anderson difícilmente se sacará de la flauta (eso ha sonado un poco mal)  una obra que pueda compararse con sus aclamados “Aqualung” o “Thick As A Brick”, pero creo que cada nuevo lanzamiento de los británicos siempre contiene canciones realmente interesantes y a las que me gusta acudir con cierta frecuencia cuando mi oído me pide algo de Folk-Rock.

En esta nueva entrega discográfica, Anderson renuncia a por completo a las letras sencillas y sin contenido para escarbar en numerosos relatos de la tradición nórdica. Así pues, el contenido lírico en su totalidad está inspirado por la mitología, algo que tal vez me permita etiquetar el LP de “Conceptual”. De hecho, el propio título de la obra está escrito en noruego, traduciéndose “Rock con Flauta” (¿existe definición más precisa para describir lo que Jethro Tull ofrece a sus seguidores?).

Todo comienza con “Voluspo”, una pieza de introducción misteriosa en el que la actriz y cantante Unnur Birna Björnsdóttir se dirige a la audiencia en islandés sobre una base etérea y algo angustiosa. No tardará en irrumpir la inconfundible flauta de Anderson y, con esta, la sonoridad clásica de la banda. Llama la atención el hecho de que el líder aquí, al igual que hizo Unnur, opta por lanzar un soliloquio en vez de por cantar, recitando sobre una lograda instrumentación donde la guitarra eléctrica y la flauta captan la mayor parte del protagonismo. Volupso, por cierto, es el nombre del poema por antonomasia de la llamada Edda Poética, esa colección de mitos y leyendas tanto de las tradiciones germánica como escandinava que todos los amantes de la mitología deberían leer).

Seguimos con la ya conocida “Ginnungapap” que la banda adelantó como primer sencillo. El magnetismo sonoro de la banda logra captar nuestra atención durante sus casi cuatro minutos de duración (podían haberla alargado un poco más y no pasaría nada). Sí, la flauta de Anderson está en primer plano, pero el trabajo rítmico del resto de los músicos me parece encomiable. Se respira mucho Rock y eso es algo que celebro, ya que tal vez “The Zealot Gene” pecó de ser algo suave. Honor también a Anderson en sus tareas vocales ya que, sin ser un cantante de primera categoría y tener un registro cada vez más limitado por el paso del tiempo, sigue imponiendo respeto a través de su faceta de narrador que tanto admiro (tiene un inglés precioso, por cierto).

“Allfather” confirma que la intensidad de las primeras dos piezas no ha sido fruto de la casualidad. Estamos ante un tema intensificado por los arreglos jazzísticos de la batería y el martilleo vocal-sonoro que surge cada vez que nombran el título del estribillo. Pero, para mí, el momento más grande de esta canción reside en el extenso solo de flauta que nos entrega Mr. Anderson, quien se explaya sin límite alguno mientras demuestra su legendaria habilidad tras este instrumento.

Con “The Feathered Consort” da la sensación de que, sin abandonar del todo el Rock (hay todavía varios punteos y riffs bien distorsionados), las vibraciones se rebajan ligeramente en favor de un mayor poder melódico (los teclados juegan un papel fundamental aquí). Con cada nueva escucha quedo más prendado de su elegancia.

La voz narrativa de Anderson abre la solemne y teatral “Hammer On Hammer”, canción que se va ganando intensidad con el paso de los segundos y que te atrapa en su telaraña progresiva (excelente trabajo instrumental de todo el conjunto). El solo de guitarra merece toda la atención, así como el acompañamiento rítmico, que para mí roza lo sinfónico. Como me sucedió con la segunda pista, tres minutos se quedan, quizá, algo cortos para una canción ambiciosa como esta.        

Turno de “Wolf Unchained”, la canción más larga de toda la obra con sus cinco minutos de extensión. Simplemente puedo invitar aquí a nuestros oyentes a dejarse llevar por una propuesta enérgica (el Rock sigue muy presente, ¿eh?) y de desarrollo sublime donde cada pequeño detalle ha sido tratado con el más absoluto cuidado. Trabajo instrumental de primer nivel (la flauta y los punteos de guitarra se llevan el gato al agua), voz cumplidora y una letra cargada de poder narrativo. Así da gusto.

Los Jethro Tull más pastoriles emergen, por primera vez, en los primeros compases de “The Perfect One”, aunque ciertamente luego introduzca otro buen número de arreglos rockeros (no especialmente dinámicos, pero de distorsión considerable). Siempre me ha gustado la manera en que esta banda ha sido capaz de hilar en una misma canción ambos estilos saliendo, casi siempre, bien parados.

El ritmo bailable con el que abre “Trickster (And The Mistletoe)” es un guiño dulce a la tradición celta (¿soy el único que pensó en la famosa “0’m Shipping Out To Boston?). Aunque en los versos la banda amaga con bajar considerablemente las revoluciones, serán varios los instantes donde la música, con la flauta a la cabeza, se aventure de nuevo con esa especie de giga irlandesa que no puedo quitarme de la mente.

Pese a que en sus últimos pasajes encontremos algo más de ritmo, “Cornucopia”, oda a la prosperidad, nos introduce nuevamente en la musicalidad más suave y tierna. Una vez más me siento obligado a tener que alabar el excelente trabajo musical desarrollado por todo el grupo a lo largo de sus cuatro minutos (todo ha sido tratado con la mayor minuciosidad).

Desde que fue presentada como avance del disco, “The Navigators” me llamó bastante la atención por su actitud rockera y ese estilo más cercano a su etapa setentera o, al menos, a aquella notable resurrección que experimentaron con el infravalorado “Return To Branches” (1995) con el que, precisamente, revisitaron el Folk-Rock de sus orígenes. Número intenso y con ciertos arreglos exóticos (especialmente los noto en las líneas de flauta y los teclados).

Nuestra escucha termina con dos temas musicalmente conectados como “Guardian’s Watch” (el tema más folclórico de todo el LP, pese a sus pequeñas dosis de distorsión) y la final “Ithavoll” que pone el broche a la obra volviendo al tono espiritual con el que abría “Voluspo” (de hecho repite colaboración la actriz Unnur Birna). Cabe señalar que Ithavoll (en la mitología nórdica es conocido como Iðavöllr) es el punto de encuentro de las deidades.



CONCLUSIÓN

Las sucesivas escuchas a “Rökflöte” confirman el notable estado de forma de Ian Anderson a sus 75 años de edad. Personalmente, he disfrutado tanto de este lanzamiento como del más reciente “The Zealot Gene”, pese a ser obras más diferentes (aquel era más suave que el aquí analizado).

No necesitan sacarse de la chistera un “Aqualung” para hacernos disfrutar. Buen LP.

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