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Deep Purple - Made In Japan (1972)

Calificación:*****

En 1972 cinco músicos con reputación en su Inglaterra natal tras tres álbumes exitosos tomaron un vuelo a Japón con un equipo de grabación paupérrimo y filmaron uno de los álbumes en vivo más queridos de la historia del Rock. “Made In Japan” documenta a la perfección el momento de mayor grandeza de Deep Purple y ha terminado por convertirse en uno de esos selectos LPs que portan la etiqueta de “debe escucharse, al menos, una vez antes de morir”.

 

Tras las publicaciones de los históricos “In Rock” y “Fireball”, fue "Machine Head", la tercera entrega de los Deep Purple tras la incorporación de Ian Gillan, el golpe definitivo sobre la mesa para que el quinteto británico se asentara como uno de los mayores fenómenos musicales del momento (y de la historia). Y es que piezas como “Highway Star”, “Lazy”, “Space Truckin’” o, por supuestísimo, la exitosa “Smoke On The Water” les abrieron las puertas del éxito a escala mundial.

 

El fenómeno púrpura irrumpió con especial fuerza en el grato mercado japonés (un gran aliado en aquel momento para las bandas que comenzaban a dar sus primeros pasos dentro de la industria musical), por lo que el grupo no tardó en cerrar tres fechas en tierras nipona. Aunque en un primer momento tenían todo programado para mayo de 1972, diferentes problemas a la hora de organizar la gira americana tour les llevó a posponerlo hasta agosto, más concretamente para los días 15 y 16 en el Festival Hall de Osaka y el 17 en el histórico Budokan de Tokio. La venta de entradas fue tan positiva que los mandamases de la Warner sugirieron la idea de grabar todos esos conciertos para un futuro lanzamiento en vivo que recopilaría lo mejor de cada espectáculo, una decisión que no fue aprobada en un primer momento ni por Martin Birch, el mítico ingeniero de sonido, quien dudaba de la calidad del posible resultado final (el señor Birch siempre tuvo fama de meticuloso en su trabajo), ni por el propio grupo, quien exigió, primero, el control absoluto de la filmación en el sentido de permitir a su ingeniero trabajar sin presiones de la discográfica y, en segundo lugar, tener la última palabra acerca de si se publicaría o no el LP. Curiosamente, Ian Gillan, Jon Lord y Ritchie Blackmore se ausentaron de las sesiones de mezclas ya que consideraban el LP como un proyecto menor que, según ellos, debía limitarse a ver la luz en el mercado japonés como una especie de bootleg. Afortunadamente para nuestros protagonistas, la publicación vio la luz en todo el mundo y, para su sorpresa, terminó convirtiéndose, como bien sabrá nuestro querido lector, en uno de los álbumes en vivo más grandes de la historia. Si a un rockero con gustos clásicos le preguntas por su directo preferido, probablemente citará “Live After Death” de Iron Maiden, “No Sleep ‘Til Hammersmith” de Motörhead y “Made In Japan” de Deep Purple (para mí la santísima trinidad de los Live Albums). 

Contaba Martin Birch en alguna ocasión que sintió una enorme ansiedad cuando vio por primera vez el equipo de grabación que Warner había enviado a Japón para el evento, ya que era muy pequeño y no permitía controlar el balance del sonido. Al parecer, para quitar hierro al asunto, los propios músicos le pidieron calma debido a que ellos no permitirían que el trabajo viera la luz si la calidad del audio no era la deseable, lo cual, a su vez, liberó de cierta presión al propio grupo. Afortunadamente, el resultado del proceso de grabación fue monumental y permitió que el proyecto pudiera terminar llevándose a cabo. Si bien quedaron convencidos con lo registrado en las tres veladas, se optó por incluir el segundo concierto de Osaka prácticamente en su totalidad (“Smoke On The Water” es la única excepción) ya que sentían que la calidad de ejecución del grupo era mejor. 


Hablemos, pues, del material puramente musical, que es el motivo por el que esta obra ha recibido tantos halagos. 

No había apertura más idónea para esas tres noches históricas como la que podía ofrecer “Highway Star”. Su in crescendo inicial termina explotando rápidamente en sus hirientes versos, donde rápidamente comprobaremos el estado vocal absolutamente demoledor en el que se encontraba Gillan por aquellos tiempos, inyectando agudos por doquier sin poner en riesgo sus cuerdas vocales. El momento solista de Lord (¡cómo ruge el hammond!) da paso a ese histórico solo de guitarra que tanta culpa tuvo de que otros futuros maestros del instrumento fueran a la tienda de música más cercana para intentar imitar al hechicero Ritchie Blackmore. No puedo olvidarme de la potente base que ofrecen Glover (su bajo golpea tus tripas sin piedad) y, por supuesto, un Ian Paice ya en aquellos momentos consagrado como todo un referente de la batería (esa forma de golpear su kit es inconfundible). 

Todo el show pone los pelos de punta a cualquiera, pero lo que logra “Child In Time” es algo difícil de explicar realmente en una reseña (no creo que se haya inventado todavía un adjetivo para ello). Estamos hablando de una canción que, ya en su versión de estudio, había roto los esquemas de todos los rockeros de la época por su extensión y, por encima de todo, por los agudos incendiarios de Ian Gillan. No obstante, es esta grabación en vivo donde siento que la canción alcanza la más absoluta perfección, siendo precisamente el propio Gillan el motivo principal de este hecho. Su interpretación se siente, incluso, más dramática (¿quién no siente escalofríos cuando canta con frialdad ese aquel “Sweet child in time, you´ll see the line…”?) y sus populares rugidos se tornan aún más demoledores (es más que comprensible su ausencia en los últimos años en los sets de Purple…Gillan se nos muere en el escenario si intenta llegar a esas notas). Otro elemento que, para mí, es superior a la grabación de estudio (aunque para gustos los colores) es el solo de Blackmore, cuya duración es mayor y, por ende, incorpora, aún si cabe, más elementos técnicos al mismo. 

Como curiosidad de esta versión de “Child In Time” me gustaría señalar que circula una especie de leyenda negra según la cual uno de los asistentes se voló la tapa de los sesos durante la interpretación de la misma. Se dice que el misterioso sonido que se escucha en el minuto 9:44 coincidiría con el mencionado disparo (lo cierto es que suena como tal). Como nunca se ha desmentido este hecho, tenía ganas de compartirlo con vosotros. 

El archiconocido riff de Blackmore anuncia la inminente llegada de “Smoke On The Water”, la canción que hizo eterno a nuestro querido quinteto. Su interpretación en este material es perfecta, manteniéndose bastante fiel a la versión original y renunciando a alargarla con solos o momentos progresivos. Además del no menos famoso solo de guitarra, nuevamente debo rendirme ante Ian Gillan, quien no duda en volver a hacer alarde de su superdotada voz y de esa personalidad mastodóntica que le distingue.  Curiosamente esta es la única pista del LP que fue tomada de la actuación del día 15 de agosto, debido a que Blackmore quedó más conforme con su forma de tocar la introducción de la canción que en la noche del 17 de agosto. 


La interpretación de “The Mule”, llevada hasta los nueve minutos y medio de extensión, da buena cuenta de la ambición grande que tenía este grupo por convertir sus conciertos en una experiencia auditiva completamente única. Rápidamente la pista se torna en un poderoso solo de batería de máxima calidad de nuestro adorado Ian Paice, al que no le sobra ni un mísero segundo (se puede percibir la fascinación de los asistentes a aquel despliegue de salvajismo, quienes siguen al británico mientras este ataca su kit sin perder en ningún momento el ritmo). Sobre el sexto minuto la velocidad asciende sin piedad hasta alcanzar un ritmo completamente frenético (soy de los que defiende firmemente que Paice jamás tuvo que envidiarle nada a Bonham). 

Turno de otra estelar interpretación. En este caso se trata de la mismísima “Strange Kind Of Woman” (todas las canciones del set son clásicos, no nos engañemos), una pista de Hard-Rock clásico que desde que fue lanzada como sencillo promocional de “Fireball” no tardó en convertirse en una de las preferidas de su legión de seguidores. Aunque Gillan y Blackmore tienen sus momentos solistas para brillar (Ritchie se marca un par de extensos solos para volverse loco), permítanme quedarme con el duelo voz-guitarra que ambos comienzan a desarrollar sobre el quinto minuto. Blackmore lanza un fraseo de su mástil y Gillan lo sigue con su voz ante una multitud que no deja de aplaudir (¡qué momentazo señorías!). Es una pena que la lucha de egos entre ambos nos impidiera disfrutar muchos más años de ellos, aunque siempre nos quedarán estos eternos trabajos (también se nos hubiera privado de disfrutar de Rainbow, así que no voy a quejarme tanto). 

Turno de una de mis predilectas del catálogo de Deep Purple. Siempre he dicho que “Lazy” ejemplifica como pocas la enorme cohesión que existía, musicalmente hablando, entre Jon Lord y Ritchie Blackmore, dos músicos que fueron capaces de firmar algunas de las pistas de hammond y guitarra más complejas que se recuerden. Tras una punzante introducción de teclados con aires jazzísticos (cortesía también de los detalles de Paice tras la batería), irrumpe Blackmore armado con su Fender y comienza a incluir pequeños arreglos antes de aventurarse con uno de esos solos exquisitos que terminaron convirtiéndole en una leyenda de la música. Gillan no tardará en sumarse y, como en la versión de estudio, nos mostrará también sus dotes para tocar la armónica, creándose una extensa sección instrumental que parece más propia de una jam session. 

La edición original del álbum termina con una versión de casi 20 minutos de duración (¡ocupa una cara entera del vinilo!) de “Space Truckin’”, otra de sus canciones más queridas y cañeras que no dudaría en citar siempre como una de las primeras piezas de Heavy Metal de la historia. A la interpretación del tema como tal, donde los rugidos de Ian Gillan dejan a cualquiera sin habla, se le suman más de 10 minutos de experimentación instrumental en la que seremos testigos de la clase de cuatro artistazos: Glover no deja de galopar al bajo, Jon Lord se mueve entre solos llenos de técnica musical y otros donde apuesta por una mayor saturación, Ian Paice cambia constantemente el ritmo tras la batería (el despliegue que hace es uno de los más grandes que he oído en mi vida) y, por supuestísimo, Ritchie Blackmore, quien también se sumará a la jam session con una serie de punteos atmosféricos únicos en su esencia. 

Aunque he querido centrar mi análisis en los siete temas que figuraron en la versión original, no quería dejar de mencionar rápidamente el hecho de que con el paso de los años este trabajo ha sido reeditado y ampliado, además de con las grabaciones de las otras noches, con un par de canciones que, por motivos que desconozco (imagino que por la duración del material) quedaron vetados del LP. Por tanto, os invito también a escuchar las no menos excelentes interpretaciones de “Black Night”, “Speed King” (¡vaya dupla de hits!)  o la versión del “Lucille” de Little Richard que por aquellos tiempos acostumbraban a incluir en sus directos. Cualquiera de estos podía haber formado parte del material original, pero bueno, al menos terminaron figurando la edición ampliada de 2014.

 

CONCLUSIÓN

“Made In Japan” es, seguramente, el álbum en vivo más grande que se ha registrado en la historia del Rock (no descubro la pólvora afirmando esto). Su grandeza no reside únicamente en la calidad de la ejecución de cada una de las canciones aquí interpretadas, sino en la totalidad del espectáculo sonoro, donde la ambición de cinco artistas que se hallaban en su cénit artístico les permitió llegar a un nivel interpretativo único: pocos álbumes de Rock en directo ofrecen tantos momentos de experimentación musical, donde la técnica de cada uno de los músicos se hace presente sin por ello eclipsar a los demás. En el futuro próximo lanzarían otro buen LP como  “Who Do We Think We Are”, pero también comenzarían las interminables guerras entre Blackmore y el resto de miembros del grupo, las cuales se traducirían en un festival de “idas y venidas” (los años con Coverdale, Hughes o Tommy Bolin dejaron también sus buenos LPs), pasando por una inolvidable reunión notable (“Perfect Strangers” siempre me ha parecido un álbum de alto calibre) y por la definitiva marcha de Ritchie para ceder su puesto a Steve Morse, cuya trayectoria con Purple se prolongó hasta hace pocos meses.

Si uno observa el extenso legado discográfico de Deep Purple se dará cuenta de que nunca alcanzó tanta gloria como cuando Ian Paice, , Jon Lord, Roger Glover, Ian Gillan y Ritchie Blackmore trabajaron juntos. “Made Japan” fue, probablemente, la última obra maestra de uno de los grupos más queridos e influyentes de la historia. Les moleste o no a ellos, Deep Purple perdió fuelle sin Blackmore y viceversa.

Cualquier cosa escrita en esta entrada se queda corta a la hora de describir un álbum único en su esencia. Simplemente hazte con unos buenos auriculares y disfruta del álbum en vivo por antonomasia.



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