La nueva placa de Lamb Of God aporta, aún si cabe, más credibilidad a una de las discografías más compactas de la historia del Metal. “Omens” es un golpe certero que, difícilmente, encontrará detractores.
No es ningún disparate afirmar que Lamb Of God es una
de las bandas más contantes del milenio en términos de calidad en cada uno de
sus álbumes. Su estilo inconfundiblemente eléctrico y crudo pocas veces se ha
visto alterado, pudiendo encontrar algunas piezas donde abandonan ligeramente
su zona de confort, especialmente a partir del gran álbum que es “Sturm und
Drang” (2015) (véanse títulos como “Overlord”, “512”, “Torches” o la posterior
“The Duke”).
Para muchos metaleros, una de las pocas buenas
noticias que recibimos en pleno confinamiento domiciliario por culpa de la
pandemia del Covid-19 fue el lanzamiento del homónimo trabajo de estos titanes.
Cortes como “Memento Mori”, “Gears”, “Checkmate” o “Resurrection Man” lograron
que el álbum terminara ocupando “posiciones de honor” en todos los ránkings
musicales sobre lo mejor de 2020 (obviamente en la prensa especializada). Este
trabajo, además de seguir consolidando a estos americanos entre los más grandes
exponentes del nuevo milenio, dio también credibilidad al recién llegado Art
Cruz, quien aceptó el difícil papel de dar continuidad al legado que todo un
Chris Adler había dejado tras la batería (el bueno de Art, sin imitar a su
predecesor, firmó unas interpretaciones de primera categoría).
Dos años después, cuando el 2022 se acerca a su final,
los naturales de Richmond (Virginia) vuelven a traernos música fresca de la
mano de “Omens”. Su título, que en español se traduce como “presagios”,
pretende aludir a la repetición cíclica de una serie de problemas que vive la
humanidad a lo largo de su historia, aunque esta no sea capaz de percibir esta
constancia de los patrones. Entenderemos
mejor todo a partir de estas declaraciones de Randy Blythe:
"Creo que muchos de los problemas que
sufrimos los seres humanos podrían evitarse fácilmente prestando atención a los
patrones que se repiten de forma obvia, tanto en nuestras vidas personales como
en un contexto sociohistórico más amplio. Lo que algunos llaman 'presagios' son
en realidad manifestaciones del hecho de que no hay nada nuevo bajo el Sol. Es
una tontería ignorar esto, pero lamentablemente todos lo hacemos"
Una vez más, las labores de producción del álbum han sido desempeñadas por Josh Wilbur, quien ha producido todas las obras de Lamb Of God desde “Sacrament” (2006), logrando siempre captar con la máxima fidelidad posible la agresividad de estos cinco titanes. Ya os digo que en “Omens” no ha sido excepción.
El LP comienza y, con este, la salvaje agresión sónica
que propone desde el primer segundo la hiriente “Nevermore”, una pieza que se
desplaza lentamente mientras el martillo pilón perfora tu oído. La cambiante estructura
instrumental, conducida fundamentalmente por esas densas guitarras (aunque el
bajo de John Campbell también se hace notar), anticipa la
tormenta gutural que un todavía estelar Randy Blythe es capaz de desatar. Me encanta
esa breve estrofa tras el primer estribillo en el que el cantante abandona sus
registros más endiablados para cantar unas líneas más melódicas que recuerdan a
las de la ya mencionada “Overlord” (os aviso que no será la única vez que
suceda en este trabajo). Un opener de máxima calidad.
Sin dejar descansar al oyente, las guitarras de Morton
y Adler, acompañadas de un Art Cruz soberbio, abren fuego en la más punzante “Vanishing”.
Tenemos aquí una pista enormemente fiel a la filosofía destructiva de un grupo
que, sin romper con sus moldes, sigue dejándome boquiabierto con cada nueva
placa. La intensidad creciente de los versos se hace notar en los rugidos de Randy,
así como en los punteos progresivamente más agudos. El breve interludio con
guitarras menos distorsionadas y unas difuminadas voces femeninas suponen un
leve amago de pausa antes de que el quinteto nos sacuda por última vez con ese
sencillo, pero sobradamente, cumplidor estribillo.
Lamb Of God no pueden no tocar en futuras giras la excelente
“To The Grave”, una de esas canciones llenas de velocidad en sus versos y de
una mayor pesadez en otro estribillo para el recuerdo. Blythe se termina de
desmadrar, logrando combinar sus ya habituales guturales con pequeños momentos
más chulescos y suaves antes de cada chorus. Desde la primera vez que la
escuché pensé en seguida en los primeros álbumes de este conjunto. Un auténtico
cañonazo.
No hay un maldito atisbo de pausa desde la entrada de
otra memorable “Ditch”. La batería de Art maneja a placer la canción golpeándote
las tripas con ritmos infecciosos que las guitarras y el bajo siguen sobradamente
bien con un tornado de muteados. Otra vez me quito el sombrero ante el pequeño
momento rompedor que Randy nos ofrece en el minuto 2:10, cuando, tras volarnos
la cabeza con sus guturales, apuesta por volver a serpentear con su voz. Un número
para el recuerdo.
La primera cara del disco llega a su fin por todo lo
alto de la mano de la ya conocida “Omens”. De los tres singles previos al
lanzamiento, este fue el que más he disfrutado. Un corte rápido y muy violento
que deriva en el estribillo más grande y coreable de la obra, sin por ello dejar
de destacar el breve breakdown, así como la técnica de la dupla
Adler-Morton nuevamente.
El viaje sigue su rumbo con “Gomorrah”, un sombrío
corte en el que el doble pedal de Art y los muteados nos muestran la faceta más
contemporánea del grupo. La voz de Blythe es tan destructiva como inhumana en
el puente-estribillo, alcanzando aquí sus mejores agudos del LP. Las guitarras no
solo cumplen con su habitual función martilleante, sino que además introducen
en varios versos una serie de punteos que empastan a la perfección con la voz
del cantante.
La maquinaria clama destrucción en “III
Designs”, otra pieza que se mueve dentro de los cánones esperables del grupo
donde resalto por encima de todo lo demás el trabajo destructivo de Mr. Cruz
tras los parches, aunque ni Blythe con el micrófono, ni las guitarras, ni el
bajo se quedan atrás.
Tal vez “Grayscale” sea el tema que menos me ha dicho
de todo el trabajo. Está claro que lleva el ADN del grupo implícito, pero se
siente algo ramplona y falta de elementos destacables (si eso el estribillo).
No funcionó demasiado bien como single y tampoco ahora.
Para nuestra fortuna el nivel vuelve a elevarse a su
máximo exponente con “Denial Mechanism”, una aspirante muy seria a convertirse
en la favorita de sus seguidores. En sus menos de tres minutos el grupo nos
deja sin oxígeno con un corte de Hardcore de la vieja escuela, donde meten la
quinta marcha de principio a fin. El caos absoluto se cierne sobre nosotros…¡y
nos encanta!
El telón del disco baja con grandiosidad gracias a la
fascinante “September Song”. A lo largo de sus más de seis minutos de
extensión, los americanos despliegan todo su talento en una rompedora
estructura de sabor más experimental (vuelven temporalmente las fórmulas
ganadoras del “Sturm Und Drang”) que alcanza su máximo esplendor en la lenta
introducción (obviamente interrumpida por la entrada de los gritos de Blythe y
las guitarras más distorsionadas) y en esos teclados que emergen con cada
estribillo. Palabras mayores ese minuto final en el que un riff con sabor a breakdown
emerge de la nada antes de que Randy y unos coros épicos nos lleven en volandas
hasta el silencio definitivo.
El mejor titular que puedo daros tras las correspondientes escuchas es que en “Omens” sigo encontrando todos los elementos que me gustan de Lamb Of God. Y es que, a lo largo de sus diez canciones, el grupo vuelve a sacudirnos con ese Metal escandaloso y magnánimo que les ha acompañado a lo largo de sus más de veinte años de trayectoria. No creo que los seguidores más acérrimos del conjunto se sientan decepcionados. De hecho, desde que finalicé la primera audición he sentido el LP como una continuación más que brillante de su homónimo predecesor. Ya veréis que con el paso de las escuchas y los años hablaremos de este como un trabajo muy acertado de estos colosos.
Por todo lo escuchado en “Omens” no es de extrañar que se les refiera como los padres, amos y señores de la New Wave Of American Heavy Metal.


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