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Ozzy Osbourne - Patient Number 9 (2022)

Calificación:*****

Con una constelación de estrellas del Rock y el Metal a su espalda, el “Madman” vuelve a acertar con un álbum más eléctrico que “Ordinary Man” y que garantiza el entretenimiento de la mayor parte de sus seguidores. Uno de los platos fuertes de 2022. 

 

De entre las muchas cosas que puede presumir el gran Ozzy Osbourne, os puedo asegurar que una de las que más ilusión le hará es la de ser una de las figuras del Rock y el Metal que más popularidad ha obtenido en el último lustro fuera de las propias fronteras de nuestro género. Ya sea por su famoso reality, por su imagen o por la cantidad de anécdotas que tiene (conozco a gente que no ha escuchado un tema del “madman” en su vida y, sin embargo, saben con pelos y señales su incidente con la paloma o el murciélago) la figura de Osbourne ha terminado por convertirse en la de un icono cultural y popular con todas las de la ley.

Quienes hemos seguido su carrera de cerca, ya sea con Black Sabbath o en solitario, y conocemos el estilo de vida que ha llevado desde su juventud (cualquier deporte de riesgo es, al lado de las experiencias vividas por Ozzy, un juego de niños) seguimos sin entender cómo es posible que siga vivo. Lo cierto es que, aunque muchas veces bromeamos con su aparente “inmortalidad”, los últimos años nos han demostrado que el legendario vocalista originario de Birmingham no está en un buen momento de salud. Hace ya un par de años supimos que le había sido diagnosticada la terrible enfermedad del Párkinson y que su sistema nervioso había comenzado a causarle algunos estragos tales como una peligrosa caída que sufrió a principios de este mismo año en el baño de su casa y que, por consiguiente, terminó requiriendo de una complicada cirugía y de un largo proceso de rehabilitación, durante el cual, además, necesitó volver a quirófano para seguir tratándose sus problemas de salud.

 

En medio de este caos, el “Madman” también ha estado gestionando su regreso definitivo al Reino Unido para vivir allí los últimos años de su vida en una mansión que ha acondicionado para lidiar de la mejor forma posible con su enfermedad. No obstante, parece que, si el cuerpo se lo permite, Ozzy quiere girar el próximo año y cumplir con las fechas pactadas de una gira que, primero por la pandemia y luego por sus ya mencionados problemas personales, ha tenido que posponer durante varios años consecutivos. 

Ahora bien. Tras una carrera excepcional e ignorando el merecido descanso que todos consideramos que merece tomarse, resulta increíble que nuestro querido icono esté de vuelta con un nuevo álbum de estudio, el cual le ha tomado un tiempo grabarlo, algo que era de esperar tras tener que plantar cara a tantos frentes abiertos en su vida privada, pero que demuestra una vez más que, aunque obviamente es un personaje que ha sabido comercializar su imagen, sigue en el negocio musical por puro amor (a estas alturas tiene dinero para mantener a varias generaciones venideras de Osbournes).

 

“Patient Number 9” se convierte, por tanto, en la decimotercera placa del británico, cuya producción ha vuelto a llevar la firma de Andrew Watt, quien estuvo a los mandos del notable “Ordinary Man”, la más reciente placa de Ozz. No obstante, si por algo puede ser recordado este trabajo es por el extenso número de colaboraciones estelares aquí concentradas. Y es que nombres propios de la guitarra como Tony Iommi, Eric Clapton, Jeff Beck, Mike McGready, Josh Homme y, por supuesto, el gran Zakk Wylde, su inseparable escudero (este último además se ha encargado de grabar todas las secciones rítmicas del trabajo), pero también del bajo como Robert Trujillo, Duff McKagan (presente en “Ordinary Man”) y Chris Chaney y de la batería con las apariciones de Chad Smith y, ¡atención!, una de las últimas grabaciones con vida del eterno Taylor Hawkins (en las dedicatorias del álbum, Ozzy le dedica un fraternal agradecimiento a este último). Con semejante constelación de estrellas, lo normal es sentir curiosidad por adentrarnos en la música de este nuevo esfuerzo discográfico.

 

Antes de hablar de cada canción del trabajo, podemos señalar algún dato adicional como es que Ozzy Osbourne se inspiró, tal y como reveló en la Revolver Magazine, en los problemas de salud mental que sufrió su mujer, Sharon Osbourne, hace un par de años y que casi le llevan a quitarse la vida (de hecho, esta acabo siendo internada en una institución mental).

 

Como apertura nos toparemos con el convincente tema-título que fue lanzado como primer sencillo de la obra. Tras unos primeros segundos arpegiados en los que se intercalan diálogos de Ozzy consigo mismo simulando las voces que resuenan en la mente de una persona que está internada en un manicomio, la guitarra de Wylde entra en acción y firma un riff pegadizo y simple que, con gran ayuda del bajo, nos va enganchando de lleno a la propuesta. La voz de Ozzy, aunque con obvios arreglos de estudio, suena bien, muy similar a la de “Ordinary Man”, llevándonos a un estribillo más melódico y pegajoso de esos que él acostumbra a bordar. Como punto fuerte de la pista, si de por si ya era más que convincente, tenemos un monumental solo firmado por el mismísimo Jeff Beck, quien nos atrapa con sus veloces movimientos a lo largo del mástil y su contundente distorsión.

 

“Inmortal”, el segundo número, apuesta por un golpe más certero al mentón de la mano de un ritmo más veloz y eléctrico en los versos, para terminar en un estribillo marca de la casa. El bajo de Duff McKagan posee una gran presencia a lo largo de todo el corte, así como la guitarra de todo un Mike McCready, el legendario hacha de Pearl Jam, quien firma un solo con cierto sabor a “Vitalogy”. Número alegre y eléctrico ubicado en buen lugar dentro del disco.

La cosa se pone seria con el demoledor riff principal que Zakk Wylde firma en “Parasite”, un número con mucho sabor a la Black Label Society en los versos (que la banda de Mr. Wylde nació inspirada en Ozzy es una realidad innegable), pero que gana melodías y gancho en un estribillo donde el “madman” lanza notables agudos (se nota, por supuesto, que su voz ha sido tratada en el estudio, pero no por ello el resultado deja de parecerme acertado). Excelente aquí el papel de Taylor Hawkins tras la batería, golpeando los parches con ese estilo tan personal que nos dejó en vida.

Tras las suficientes escuchas es posible considerar “No Escape From Now” como uno de los platos fuertes de este año a nivel musical. Aunque pudimos escuchar como single del álbum el tema “Degradation Rules”, para mí la mejor de las dos colaboraciones de Ozzy con Mr. Tony Iommi se encuentra en este cuarto número del LP. Y es que en sus más de seis minutos, Ozzy y Iommi (¡y por supuesto Wylde!) parecen hacer un repaso por los sonidos más característicos de Black Sabbath, empezando por esas voces distorsionadas del inicio a lo “Planet Caravan” y pasando por una primera mitad marcada por el Doom más denso y cavernario, antes de llegar a un incendiario riff (minuto 4:06) en su intermedio con el que la banda entera mete la quinta marcha (me recuerda un poco a “Damaged Soul” del álbum “13”). El solo de Tony es de una clase incalculable, punteando con ese estilo tan inconfundible.

El Ozzy Osbourne más crítico con la religión irrumpe en otro punto álgido del LP que responde al nombre de “One Of Those Days”. Aquí seremos partícipes de un número más lento, melódico y bluesero, en el que sobre los arpegios de Zakk y justo detrás de la voz de nuestro protagonista, escuchamos desde muy temprano unos fraseos de guitarra con pequeños efectos de wah creados por el mismísimo ERIC CLAPTON, quien terminará por emerger del todo con un solo a la altura de su leyenda en su parte central. Como anécdota hay que añadir el pequeño desencuentro que, según Ozzy, él mismo tuvo con Clapton cuando ya que este último, de ideología cristiana, se mostró algo reticente a participar en una canción en la que constantemente repite la frase “No creo en Jesús”.

La guitarra distorsionada de Jeff Beck vuelve a hacer acto de presencia en la elegante y lenta “A Thousand Shades”, una pieza melódica accesible que convence con el paso de las escuchas y que cuenta, como en el tema-título, con un nuevo solo de alto calibre de su invitado especial en este corte.

El nivel volverá a subir considerablemente con la entrada de “Mr. Darkness” (apunten esta canción), un corte con numerosos cambios rítmicos en el que, además de un pletórico Ozzy Osbourne tras su micrófono (muy divertida la frase que suelta al final de la canción, por cierto), brillan con luz propia el eterno Taylor Hawkins y, con especial fuerza, Mr. Zakk Wylde, quien pasa en cuestión de segundos de entregarnos arreglos melódicos en los versos a volarnos la tapa de los sesos con un par de riffs llenos de distorsión y velocidad. Esa estructura en constante alteración recuerda un poco al tema “Goodbye” de su álbum previo.  

Con “Nothing Feels Right” Zakk Wylde vuelve a imponerse no solo en las tareas rítmicas, sino también en las solistas, sacándose de la maga uno de los temas más trabajados de todo el LP por su evolución progresiva de un inicio más melódico hasta unos compases creados a partir de riffs densos y llenos de distorsión que evitan caer en la monotonía. Wylde no desperdicia su oportunidad y firma aquí un solo demencial y fiel a lo que lleva haciendo desde hace ya muchas décadas, en el que inyecta un plus de velocidad al número moviéndose sin piedad a lo largo del mástil. Por cosas así Zakk tiene una reputación tan alta dentro del Metal. El solo de Wylde, nacido sobre un riff denso creado por él mismo, cuenta con esos inconfundibles punteos a la velocidad de la luz que han convertido al rubio en uno de los mejores guitarristas de la historia. Numerazo.

“Evil Shuffle” es un tema denso, fiel a los cánones del Doom y del Dark-Blues, en cuyos versos la voz de Ozzy acapara todo el protagonismo, cantando mientras Wylde dibuja, en ocasiones, algunos fraseos que tratan de emular las líneas vocales. En su letra parece que Ozzy alude a su propia condición de “Madman”, con frases como “El hombre demente vive en mi interior, no me dejará marchar”. Por si fuera poco, en la sección instrumental disfrutaremos de la contundente batería de Chad Smith (tanto en este álbum como en “Ordinary Man” ha hecho un trabajo magistral), la cual también goza de gran presencia, especialmente en la parte final. Un breve, pero estelar, solo de Zakk nos lleva en volandas hasta el siguiente corte del álbum.

La segunda, y última, intervención del maestro Iommi llega de la mano de “Degradation Rules”, un tema que suena a Black Sabbath en todo momento, con esos riffs de inconfundible creador y una armónica que nos hace recordar a la legendaria “The Wizard” del homónimo debut de los de Birmingham. Su directo y chulesco estribillo, así como el sólido desarrollo de los versos y el MAGNÁNIMO solo firmado por Iommi (¡breve pero estelar!), lo convierten en un tema que garantiza la alegría de los seguidores más añejos del “Madman” y de Sabbath y, por supuesto, en uno de los puntos más álgidos del material.

La distorsión y la agresividad ceden considerablemente su terreno a las melodías y las estructuras más digeribles en la pegadiza y cumplidora “Dead And Gone”, otra canción que con las sucesivas escuchas convence más y más. Esa mayor comercialidad, en la que no hay alteraciones notables dentro de la estructura, ni un solo de guitarra como tal, la acercan más al tipo de canciones que predominaron en el “Ordinary Man”. El breve y luminoso interludio musical (2:25) es simple pero me resulta adictivo. Sin estar entre lo mejor del LP, convence sobradamente.

Llama la atención que dentro del elenco de artistas citados, no se haya hecho más hincapié en la aparición de Josh Homme, quien ha aportado su granito de arena en la experimental y lenta “God Only Knows”, grabando algunas pistas de guitarra. Esta pieza, como la anterior, apuesta por abarcar la faceta más accesible de Ozzy pero, en este caso concreto, despertando ciertos recuerdos lejanos de aquella mítica “Shot In The Dark” presente en su “Ultimate Sin”.  El solo cuenta con varias capas de distorsión y se mueve con tal lentitud que es imposible no sentirse atrapado por su mística belleza.

El final resulta de lo más anecdótico. “Darkside Blues” consiste en una pequeña y casera grabación de Ozzy Osbourne interpretando una pequeña pieza de Blues, empleando adicionalmente su armónica y con el propio productor Andrew Watt tocando la guitarra. Lo que poca gente sabe es que, realmente, esta canción fue incluida como Bonus Track en la edición japonesa de “Ordinary Man”. Un final extraño y poco destacable que, para nuestra suerte, no va a repercutir sobre el resultado final de una escucha que ya llega a su fin.

CONCLUSIÓN.  

Si bien soy de los que he defendido “Ordinary Man” como un disco notable de Ozzy, para mí este “Patient Number 9” está probablemente un par de escalones por encima del mismo. En estas 13 canciones nuevas se respira más oscuridad y fiereza sonora que en su predecesor, algo que creo que la mayoría de los seguidores acérrimos del “Madman” celebramos enormemente.

Ya sea por el elenco de colaboradores icónicos que han dejado su sello a lo largo de la obra, o por el más que aceptable estado de voz de Ozzy, lo cierto es que estamos ante un LP bastante completo y que, sin problemas, puede codearse entre los más destacables de este 2022.

Como en su día escribí en la reseña de “Ordinary Man” (casi todos consideramos aquel disco como una más que posible despedida del cantante), si este nuevo lanzamiento se convierte, a su vez, en la última grabación que nos deja en vida el “Príncipe de las Tinieblas”, podemos sentirnos más que satisfechos. Un broche de oro digno para uno de los tipos más grandes de la historia de la música contemporánea.

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