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Def Leppard - Hysteria (1987)

Calificación:*****

Def Leppard es uno de los mejores ejemplos del término “adaptación a los tiempos” que han existido en el Rock. Si la electricidad de sus primeros dos álbumes les permitió extrañamente, formar parte del pequeño grupo de “fundadores” de la llamada NWOBHM (New Wave Of British Heavy Metal) junto a bandas realmente heavies como Iron Maiden, Judas Priest o Saxon (el hecho de ser británicos y tener canciones distorsionadas les llevó a entrar en este grupo), su posterior apertura a los sonidos “para todos los públicos”, dando más presencia a los arreglos tecnológicos, especialmente en las bases de percusión, y tomando influencias musicales de todo tipo también les permitió concentrar grandes éxitos, pese a que no toda fanaticada supo encajar este cambio. En la presente reseña nos vamos a centrar en la consolidación de ese cambio, hablando concretamente del álbum que cambió para siempre a Def Leppard y, para alegría o desgracia de sus seguidores, el más exitoso en ventas de su vida.  

 

Ya con el controvertido “Pyromania” (1983) el grupo había dado un golpe sobre la mesa, presentando varias canciones que distaban bastante de lo mostrado en sus dos primeras placas. Gran parte de la “culpa” recayó en la llegada del afamado productor Robert “Mutt” Lange (“Back In Black” de AC/DC lleva su firma, así que imaginaos el nivel de este icono), quien dotó al grupo de la tecnología más adelantada en aquel momento, ayudándoles a crear un sonido muy personal en aquel momento. Pese al desencanto de algunos fans, este trabajo fue un auténtico éxito de ventas en la época (actualmente se estima que han vendido más de 25 millones de copias en el mundo), lo cual terminó convenciendo al quinteto y a su productor para seguir explotando esta versión más sofisticada de Def Leppard. Fue así como surgió “Hysteria”.



Lamentablemente, lo que parecía que sería una grabación tranquila y en la que las ideas fluirían rápidamente, se convirtió en un auténtico infierno por la sucesión de complicaciones que fueron surgiendo, como por ejemplo unas paperas que dejaron a Joe Elliot fuera de juego durante seis semanas (le fueron diagnosticadas justo cuando tenía que grabar su voz) o un accidente grave de coche de “Mutt” Lange que casi le cuesta la vida y que retrasó la grabación otros tres meses. No obstante, ninguno de estos lamentables episodios se compara con la tragedia que sufriría el bueno de Rick Allen, batería del grupo, en la nochevieja de 1984…

 

…el músico iba conduciendo en un pueblo cerca de Sheffield, Inglaterra, cuando tomó mal una curva, perdiendo completamente el control y estrellándose contra un gran muro de piedra. El coche siguió volcando, y Rick, quien no llevaba abrochado el cinturón de seguridad, salió despedido por la ventana, perdiendo el brazo en ese instante. Pudo haber perdido también la vida, pero tuvo la suerte de vivir para contarlo. Nada pudo hacer el médico que fue a socorrerlo rápidamente. Intentó conservar en hielo el brazo de Rick hasta llegar al hospital, pero este terminó infectándose y, por tanto, quedó inutilizable.

 

Lo normal hubiera sido que Rick se hubiera marchado de la banda para siempre. Era casi imposible que pudiera tocar la batería con un solo brazo. Pero Rick siempre fue un tipo duro y gracias a su fuerza de voluntad y al apoyo de sus compañeros que prometieron esperarle hasta que se recupera, inició un proceso de recuperación y de práctica de más de 20 meses que le permitió volver a tocar la batería como en el pasado, empleando un kit electro-acústico adaptado y que le permitiera obtener con los pedales los sonidos que previamente lograba crear con su brazo izquierdo. También aquí “Mutt” Lange tuvo mucho mérito, ya que trabajó duramente con Allen para sacarle un sonido idóneo a la batería en el álbum. Toda una historia de superación y de voluntad.

 

El disco llegaría a las tiendas en agosto de 1987 convirtiéndose en poco tiempo en el LP más famoso del grupo con más de 30 millones de copias vendidas alrededor del globo terráqueo y con varios de sus singles ocupando las posiciones de honor en diversas listas de éxitos internacionales. Este éxito les llevó a realizar una gira con más de 220 fechas…¡una auténtica barbaridad!

 

Comenzamos nuestra escucha con “Women”, una canción cuya excelente producción y arreglos dejaban entrever la innovación sonora que comenzaba a experimentar el conjunto británico. El Hard-Rock de sus primeros álbumes daba paso ahora a ritmos más lentos y melódicos, así como a unas capas de voces (no solo la de Elliot sino de unos coros cada vez más presentes) cada vez más tecnificadas. También sobre los cuatro minutos hay un buen parón creado para reclamar la participación del público en los directos que creo que terminó sirviendo de base para tantas canciones que estaban por llegar. Tanto el estribillo como el breve, pero soberbio, solo de guitarra son dignos de todos los honores en este primer plato de un disco tan importante como este.

 

Mi preferida del LP es “Rocket”, una pieza de Hard-Rock melódico obtenida a partir de un trabajo de guitarras sensacional (la compenetración aquí de ambas hachas es fundamental) y de una batería sólida y, por momentos, hasta tribal. Elliot lo borda en esta canción, pasando de un registro roto en los versos a un agudo punzante en el estribillo, justo antes de brindarnos junto a un coro brillante uno de los mejores estribillos de la historia del conjunto. Son tantos los arreglos que uno encuentra en este número (y en el disco en general también) si lo escucha atentamente, que puede resultar injusto emplear en algún momento de esta reseña el término “simple” para referirse a cualquier canción de este trabajo (con estructuras más o menos esperables, hay detrás mucho mimo por parte de cada componente).

 

“Animal” es otro tema en el que se aprecia el excelente y ambicioso trabajo de Def Leppard en el estudio. Aquí las revoluciones bajan y nos firman un corte más meloso, en el que Elliot canta con un registro más grave y que, junto a sus compañeros, nos brinda un estribillo que no olvidarás jamás. Destacan aquí los arreglos de guitarras acústicas que resuenan en la base del corte, así como el breve interludio lleno de efectos vocales y con un solo breve pero cumplidor de Steve Clark. Llevamos tres temazos seguidos.

 

Toca hablar ahora de “Love Bites”, tema querido y odiado a partes iguales por la revolución que supuso, así como el único que ha llevado a Def Leppard a la primera posición en la lista Billboard de éxitos en Estados Unidos. Si de por si “Hysteria” rompía considerablemente con todo lo anterior, esta balada hipnótica generó todo tipo de opiniones desde su lanzamiento como single debido a la incorporación algo descarada de arreglos tecnológicos, especialmente en su base. A mí me parece un hit como una catedral, romántica y pegajosa como tantas otras power ballads de la época, pero con ese toque personal de estos británicos que no todo el mundo supo apreciar. Elliot canta realmente bien, sobre unas líneas melódicas idóneas para la ocasión y unos coros adictivos, sabiendo elevar su registro al mismo tiempo que la intensidad instrumental crece progresivamente. Mi momento preferido del tema, no obstante, es el interesantísimo interludio instrumental en el que un constante punteo de guitarra de Collen sirve de base para que Steve se saque de la manga un pequeño solo con una distorsión baja, pero con diversos efectos, que particularmente siempre me deja sin palabras.

 

Y llegamos al clásico por antonomasia de Def Leppard. No se puede entender la música de los ochenta sin el “Pour Some Sugar On Me” de estos británicos, una de las canciones más pegadizas que se han escrito, con un estribillo para el recuerdo y unas estrofas de lo más seductoras (honor para un Elliot inspiradísimo y para el riff central de la canción). Pasarán las décadas y las nuevas generaciones la seguirán disfrutando con la misma intensidad que en 1987. Con semejante pieza el quinteto se aseguraba la inmortalidad en el templo de los dioses del Rock.

 

Y como buen álbum memorable, no paran de sucederse los éxitos. “Armageddon It” convenció rápidamente a los seguidores con su tono más vivo nacido de unas guitarras más macarras y con ciertas melodías sureñas en los veros que, particularmente, me recuerdan a los ZZ Top ochenteros. La rebeldía da paso a un estribillo algo más edulcorado suave que convence sobradamente. La dupla Clark-Collen no para de introducir detalles (punteos, un pequeño solo, licks, efectos, momentos rítmicos) que enriquecen más y más el producto final. ¡TEMAZO!

 


“Gods Of War”, el tema más largo del álbum (solamente supera por un segundo a “Rocket”), se inicia con un breve preludio de sonidos militares, antes de que la batería de Allen inicie las hostilidades y las guitarras, a partir de unos licks marca de la casa, creen una base oscura que se desarrollará durante los versos y que solamente se alterará en el excelente puente coral y en el más previsible estribillo. Tal vez le sobren uno o dos minutos (o de lo contrario le falte algún motivo para alargarlo tanto), pero no por ello deja de resultarme una canción realmente entretenida.


Con un inicio coral similar al de otros cortes de este disco, la banda nos entrega una rockera y efectiva “Don’t Shoot Shotgun” marcada por su Hard-Rock festivo en los versos que nos permite recordar por momentos la garra de sus primeros discos, hasta que las melodías se imponen en el puente y volvemos a toparnos con los Def Leppard de 1987. El estribillo es bueno, sin lujos tampoco, así como el discreto solo. Sin estará la altura de otras canciones del álbum, estamos ante una pieza siempre agradable de reproducir.

 

Adoro “Run Riot” por su camaleónica estructura. Si el mordedor riff inicial y las posteriores estrofas parecen traer de vuelta a los británicos del “High ‘N’ Dry”, el puente melódico y el colorido y memorable estribillo nos acercan de nuevo a la realidad sonora del momento (es como una síntesis de lo mejor de ambas etapas). Tremendos los coros del ya alabado estribillo, un recurso que se ha convertido en elemento básico para distinguir a este conjunto de otros. Enorme derroche de energía.

 

El tema título viene a resumir un poco lo que hemos venido escuchando hasta ahora en el álbum, centrándose especialmente en aquellos de un carácter más lento y romántico. Corte sofisticado y cargado de pequeños detalles que terminan elevando considerablemente el nivel de calidad. La sección intermedia gana en intensidad y esconde casi al final un estribillo absolutamente ganador. Sobran los motivos para considerarlo un clásico.

Pese a su menor reconocimiento, creo que “Excitable” merece ser piropeado en esta reseña. Su buen rollo, con unas guitarras más funkies que de costumbre y un feeling más que similar a los Aerosmith de los noventa, en el que las guitarras ganan presencia, así como el vacilón estribillo y los omnipresentes coros. De hecho, en las últimas giras ha sido sorprendentemente recuperada y hay que reconocer que, pese al paso de los años, el resultado ha sido más que corriente, logrando una más que notable interacción con el público (como prueba tenemos la versión oficial incluida en su directo “HitsVegas”).

Para el final tenemos la correcta “Love And Affection”, muy similar a los temas melódicos del álbum y que, sin ser de lo más llamativa, nos deja un buen sabor de boca tras 68 brillantes minutos de audición.

Cuando parecía que el conjunto británico tenía todas las papeletas para caer en el abismo, se sacaron de la manga una carta maestra llamada “Hysteria”. Empezando por Rick Allen, cuya pérdida del brazo no fue impedimento, contra todo pronóstico, para que continuara siendo capaz de crear unas bases rítmicas escandalosamente buenas y siguiendo con Joe Elliot y sus graves paperas (buen trabajo al micrófono).

 

Está claro que no todo el mundo pudo tolerar un álbum rompedor como este en su momento (habían pasado de ser una banda incluida, tal vez erróneamente, en la NWOBHM, a convertirse en un conjunto con temas radiofónicos), pero el tiempo le ha dado la razón y, por encima de un par de canciones sueltas como “Pour Some Sugar On Me” o “Love Bites”, estamos globalmente hablando de un LP sobresaliente (¿el último de los británicos? Para muchos sí) y que influyó enormemente en el devenir de los grupos de su tiempo. Además, la producción tiene gran culpa de todos los elogios que se han realizado aquí, por lo que honor también para el señor Lange.

 

ROCKET! YEAH! SATELLITE OF LOVE!



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