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Crónica del concierto de Iron Maiden en el Estadio Lluís Companys, Barcelona (29/07/2022)

"¿Quién para a la bestia? Iron Maiden conquista Barcelona con un concierto memorable de principio a fin que demuestra que estas leyendas siguen muy vivas"

Si hay un objetivo musical que tenía pendiente en mi vida ese era poder ver a Iron Maiden en directo. Sinceramente, “la doncella”, en cuestión de Heavy Metal, siempre ha sido mi banda favorita y desde que con nueve añitos llegó a mis manos por casualidades del destino el álbum “The Number Of The Beast” nunca he dejado de degustar su extensa discografía. De hecho, con sus luces y también con sus sombras, para mí los Maiden podrían ser la banda más grande de la historia del género, aunque esto ya es una cuestión subjetiva.

 

Tras dos años marcados por el COVID y todo lo que este ha conllevado, el pasado 29 de julio el histórico Estadio Lluís Companys albergó, por fin, el concierto más grande de la historia de Iron Maiden en territorio catalán (no llegó a superar la desmesurada cifra del Wanda Metropolitano) con más de 47.000 asistentes. Este, que originalmente estaba programado para junio de 2020, pero que la pandemia obligó a desplazarlo en el tiempo hasta en dos ocasiones más, forma parte del Legacy Of The Beast World Tour, a través del cual han llevado a cabo un pequeño repaso de los temas más clásicos de su discografía, así como ha permitido estrenar en directo algunas canciones de su último LP, “Senjutsu”.

 

La noche previa al concierto, Steve Harris, su incombustible bajista, se encargó de iniciar los festejos con un espectacular concierto junto a su otro proyecto, British Lion, celebrado en la Sala Salamandra y al que asistió, tal y como pudimos ver en el palco, el mismísimo Nicko McBrain. Un evento íntimo y que demostró que el bajista y líder del grupo sigue disfrutando de la música como en antaño y se encuentra en un estado de forma envidiable para su edad (pocos artistas a su edad son capaces de ofrecer dos conciertos tan exigentes como estos de manera consecutiva).

 

AIRBOURNE Y WITHIN TEMPTATION: DOS TELONEROS A LA ALTURA.

Ni siquiera la lluvia intensa pudo impedir que Airbourne (los principales afectados por este fenómeno meteorológico) y Within Temptation, dos teloneros de reconocimiento internacional, nos dejaran con un excelente sabor de boca y con el cuerpo preparado para disfrutar del show de “la doncella”. La buena calidad de sonido (no todos los gigantes del Rock permiten a sus teloneros usar equipos de tanta calidad) nos permitió disfrutar de un inicio de fiesta marvailloso.

 

Airbourne se bastó de 30 minutos para desplegar un repertorio en el que, aunque interpretaron un par de números de sus más recientes trabajos (destaco especialmente la efectividad de “Burnout The Nitro”), fueron más los temas “clásicos” elegidos para la ocasión (véanse “Ready To Rock”, “Live It Up”, con su correspondiente alarma de bombardeo previa, o la final “Running Wild”). Probablemente el momento más memorable de este pequeño concierto fue el solo que Joel O’Keeffe, su líder, vocalista y guitarrista principal, se marcó mientras era llevado a hombros entre el público presente en la pista (tampoco se olvidó de romper una lata de cerveza con su cabeza).

 

Personalmente siento que estos australianos no supieron aprovechar el éxito de sus dos primeros LPs y esa repetición de unos mismos patrones (los cuales están claramente influenciados por AC/DC) no ha terminado de convencer a toda la parroquia rockera. No obstante, su show en Barcelona estuvo a la altura.

 

Los neerlandeses Within Tempation tampoco se quedó atrás y cuajó una actuación sobresaliente sobre las tablas de un estadio que progresivamente comenzaba a albergar a más personas. La figura clave de este show fue, sin duda alguna, Sharon den Adel, una cantante soberbia tanto en el estudio como en directo, quien nos regaló, junto a sus compañeros, un repertorio lleno de clásicos (“Faster” y “Ice Queen” sonaron estelares).

 

LA BESTIA CONQUISTA BARCELONA

Fieles a la puntualidad por la que también son conocidos, a eso de las 20:50 el volumen de los excelentes equipos de sonido (Maiden es garantía en este ámbito también) aumentó considerablemente y sembró la euforia entre los asistentes cuando las primeras notas del “Doctor, Doctor” de U.F.O. comenzaron a resonar en el estadio, indicando, como viene siendo habitual, el inicio del concierto.

 

La luz del día todavía se hacía notar (seguramente la mayoría compartirá la sensación de que podrían haber empezado algo más tarde, cuando la noche hiciera acto de presencia, pero Maiden es una banda cuadriculada en este aspecto) cuando Nicko McBrain emergía tras su siempre enorme kit de batería y golpeaba los bombos mientras el resto de sus compañeros comenzaban a dejarse ver tras las paredes de amplificadores. Pocos segundos después, los primeros coletazos de las guitarras anunciaban la llegada de “Senjutsu”, una pieza que si bien cuando fue incluida por primera vez en el repertorio en directo del grupo tras la pandemia generó ciertas críticas entre aquellos seguidores que preferirían algo más rápido como primer plato (véanse “Aces High” o “The Wicker Man”, ha terminado convenciendo a la mayor parte de estos (nadie, ni el más “hater” pudo evitar celebrar la entrada en escena del Eddie Samurai en medio de la canción). Y si hay algo que todos los asistentes pudieron comprobar desde este primer número es el EXCELENTE nivel de ese dios del Metal conocido entre los mortales como BRUCE DICKINSON (¿cómo es posible que esté cerca de cumplir 64 añazos?), por quien ni los años ni un maldito cáncer de lengua ya superado parecen haber causado estragos en su aún eléctrica e inquebrantable voz. Aunque realmente, si vamos a entrar en el tema del “paso del tiempo”, da la sensación de que los seis miembros del grupo vendieron su alma al diablo para poder seguir siendo capaces de ofrecer un concierto a la altura de Iron Maiden (Harris y Gers no pararon de correr durante toda la actuación y el legendario Nicko, a sus setenta años, sigue demostrando ser único tras los parches).

 

A continuación, vendrían los otros dos números de su último LP seleccionados para este tour, “Stratego” y “The Writing On The Wall”, las cuales ya sea por haber sido en su momento los sencillos del álbum o por lo pegadizos que son, han terminado funcionando a las mil maravillas. El bajo de Harris sonó inmenso en el primero de estos, mientras que en TWOTW serían Dickinson, quien logró que toda Barcelona cantara al unísono su tan logrado estribillo, y Adrian Smith quien ejecutó el primer gran solo de la velada quienes se llevarían el gato al agua  (¡seguro que muchos detractores de este single, la mayor parte de ellos son de esos que, a día de hoy, les siguen exigiendo “Powerslaves” y “Numbers Of The Beast”, han terminado rindiéndose a su encanto).

 

Terminado el primer bloque dedicado a demostrar a los oyentes lo bien que están funcionando sus nuevas canciones (objetivo más que conseguido), fue el momento de comenzar con el festín de grandes clásicos. Tras un par de minutos con el escenario apagado y el sonido grabado de varios motores retumbando por todo el estadio, las luces se encendieron revelando grandes vidrieras con las diferentes encarnaciones de Eddie “The Head” dibujadas en las mismas y cuatro candelabros encendidos. Esta bella escenografía vino acompañada de la interpretación de dos números como “Revelations” y “Blood Brothers” que para mí son algo así como “dos clásicos que no han llegado a obtener el reconocimiento de otros hits”. Gracias a estos, la fanaticada terminó de conectar con el espectáculo, acompañando a Dickinson cuando siempre que les reclamaba algún grito o en el bello estribillo de la segunda, que desde que apareció en “Brave New World” ha terminado por convertirse en un “himno de estadios” que nunca falla.

 

Y si alguno todavía pensaba que al concierto le estaba faltando algo, seguro que sus dudas o quejas terminaron de desaparecer con la inmensa interpretación de “The Sign Of The Cross”, Dickinson, ataviado con una túnica de monje y portando una cruz que no tardaría en deslumbrar al estadio con sus juegos de luces, realizó una interpretación  dramática y exquisita (nos regaló varios agudos escandalosos en un estribillo donde no faltaron las lenguas de fuego tras la pared de amplificadores) de una de las mejores piezas de la maltratada era de Blaze Bayley como vocalista (sinceramente, honra mucho a Bruce y a sus compañeros que hayan rescatado dos canciones de esta etapa para su repertorio, algo que no todos los grupos estarían dispuestos a realizar). A la ya mencionada gloriosa interpretación del cantante, se le sumó un despliegue instrumental especialmente épico en el interludio atmosférico y el posterior duelo de solos (algunos de estos acompañados de varias intervenciones pirotécnicas que emergían coordinándose con algunos golpes de guitarra).

 

Con una inmensa ovación fue recibida la posterior “Flight Of Icarus”, en la que Bruce Dickinson, portando un enorme lanzallamas que fácilmente podría pertenecer a Rammstein, no dudó en abrir fuego contra la enorme figura de Ícaro instalada delante del telón, así como de regalar otro par de cañonazos apuntando a un público entregadísimo durante el estribillo. El trabajo vocal de Dickinson volvió a ser digno de todos los honores, demostrando que sigue siendo capaz de helarnos el alma con esos agudos que dejan sin aliento a cualquier otro mortal.

 

Probablemente el momento de la noche, aunque esto obviamente es algo relativo, llegó con “Fear Of The Dark”, uno de los mayores clásicos que podemos hallar dentro del amplio “Legado de la Bestia”. Vestido ahora como un médico de la peste y valiéndose de un candelabro, Dickinson emergió sobre los amplificadores, cantando junto a las 47.000 almas allí presentes las primeras estrofas de una canción cuya explosión sonora, cortesía del veloz riff tocado al unísono por las tres guitarras, trajo el desmadre absoluto tanto en la pista como en las gradas. Muchos (aquí me incluyo) terminamos perdiendo la voz al tararear el archiconocido solo (nada que envidiar a la versión que inmortalizaron en su álbum “Rock In Rio”), terminado de consolidar la conexión banda-público que, a la hora de la verdad, termina por diferenciar un “buen concierto” de un “concierto para recordar hasta el final de nuestros días”.

 

En segundo lugar, entre momentos del show, creo que ubicaría “Hallowed Be Thy Name”, una obra maestra de los británicos que Dickinson interpretó encerrado en una jaula, poniéndose en la piel del preso que aguarda su muerte en la horca, tal y como la letra nos cuenta. La guinda del pastel fue puesta por el extenso y precioso momento instrumental, en el que se solapan duelos de solos con una preciosa sección de guitarras gemelas (Adrian, Janick y Dave…¡gracias por existir!).  

 

La inconfundible narración de Barry Clayton (coreada de principio a fin por muchos de los presentes) indicaba la inminente entrada de otro clásico de clásicos como es “The Number Of The Beast”, una pieza en la que no faltó el característico grito de Bruce Dickinson (aun dosificándose para mantener la voz al 100% hasta el final del espectáculo fue capaz de ponernos las piel de gallina) así como un nuevo espectáculo instrumental.  Visualmente, este es otro número al que desde hace años han querido dotar de un monumental espectáculo pirotécnico. De locos. 

 

Antes del primer “falso final” la banda nos entregó una enérgica interpretación de su adorada “Iron Maiden” cuyo estribillo también fue gritado a los cuatro vientos por los allí presentes. Al final de los solos, y manteniendo la tradición que llevan manteniendo desde hace casi dos décadas, tras los amplificadores emergió un globo gigante mostrando a Eddie en su versión “bestia” despertando al par de segundos una marea de móviles que querían inmortalizar semejante estampa.  

 

Tras un par de minutos de vítores las luces se encendieron al mismo tiempo que las guitarras disparaban el siempre imponente riff de “The Trooper”, emergiendo en el fondo la famosa ilustración del single y, pocos segundos después, a un animadísmo Bruce Dickinson portando la bandera del Reino Unido, como lleva haciendo desde hace casi cuarenta años. La hinchada, que no dudó en cantar y saltar, terminaría de enloquecer cuando un nuevo Eddie entraba en escena para medirse en un duelo de espadas con el propio Dickinson (¡cómo le gusta el espectáculo!) antes de terminar sufriendo un disparo del vocalista.

 

El bajo de Harris anunció la interpretación de “The Clansman”, la segunda y última referencia a la etapa de Blaze. El trabajo de guitarras, los constantes cambios de ritmo comandados por Nicko y Harris, así como un nuevo despliegue de energía de Bruce Dickinson en el que logró que todo el público saltara mientras coreaban “Freedom” o “No,no we can't let them take anymore”, lo convirtieron en otro de los puntos álgidos de una velada que se acercaba a su inevitable final.

 

La batería de McBrain no dio un respiro e introdujo con su reconocidísimo ritmo “Run To The Hills”, la cual siempre es garantía en lo que a sembrar el caos se refiere. El público gritó junto a Dickinson y al bueno de Adrian en los coros un estribillo que ha sobrepasado los límites del Heavy Metal, terminando con una enorme explosión detonada por el propio cantante y un nuevo amago de despedida.

 

Nadie se movía de su sitio esperando escuchar el famoso discurso de Wiston Churchill que siempre ha servido como preludio para “Aces High”, canción curiosamente ubicada en este brazo de la gira como “cierre”, cuando siempre ha sido empleada como apertura de cada concierto. La introducción pregrabada fue cortada bruscamente por los baquetazos de Nicko y, junto a la sección de guitarras, el famoso avión Spitfire empleado en esta gira hizo su aparición y sobrevoló el escenario durante la sobresaliente interpretación del conjunto. Dickinson, aunque obviamente mostraba algunos signos de cansancio, fue capaz de regalarnos una última exhibición (¡cómo coreamos los seguidores ese “Live to fly, fly to live!”) junto a sus compañeros.  Una de las canciones más exigentes a la hora de interpretar en directo que tiene Maiden en su discografía sigue sin ponerles en aprieto a estas alturas de su carrera. 

 

El show terminó y, tras un breve agradecimiento a todos los allí presentes el grupo se despidió de Barcelona tras una noche histórica. Por megafonía sonó el habitual “Always Look On The Bright Side Of Life” de los Monty Python recordándonos que tras dos años de conciertos suspendidos y en este constante bombardeo de malas noticias, veladas como la vivida el 29 de julio en el Lluis Companys nos permitió centrarnos en el lado bueno de las cosas.

 

VEREDICTO FINAL

He tenido la suerte inmensa de poder ver en directo a auténticos mastodontes del Rock y el Metal como AC/DC (dos veces), Scorpions (dos veces), Metallica, Europe o Aerosmith y pondría la mano en el fuego a que este ha sido el show que más he disfrutado en mi vida. Una experiencia que, sinceramente, ya sueño con poder repetir.

 

Cualquiera que conozca la historia del grupo podría decir que los mejores directos del grupos fueron los que nos entregaron en la década de los 80, teniendo como prueba un par de filmaciones históricas como “Live After Death”, “Maiden England” o “Beast Over Hammersmith”, pero eso no quita para no ser capaz de encontrar adjetivos suficientes para describir la calidad del directo que están ofreciendo a día de hoy estos seis titanes.

 

Sobre el setlist, siempre va a haber gente con ganas de criticar (¡como si fueran miembros de Iron Maiden!), pero creo que la banda ha sabido armar un repertorio sobradamente eléctrico (está hecho por y para dejarnos sin palabras) y que les permite “salir airosos” de cada concierto (por muy bien que siga cantando Bruce, su garganta dudo mucho que esté preparada para llegar a ciertas notas). Por supuesto que faltaron algunos clásicos como “The Evil That Men Do”, “Where Eagles Dare” o “The Wicker Man”, que sí estuvieron presentes en la primera parte de la gira (celebrada antes del Covid y del lanzamiento de “Senjutsu”), pero también hay que entender que los temas nuevos deben tener su espacio (no solamente para aportar cositas nuevas al setlist, sino también por una cuestión de promoción comercial). Pero vamos, que en el caso de Maiden siempre van a ser criticados: cuando incluyen música nueva se les acusa de dejarse “hits” en el tintero y cuando no la incluyen se les acusa de “tocar siempre lo mismo”.

 

En resumen. No somos conscientes de la grandeza de Iron Maiden, ni de lo difícil que es sobrevivir al paso del tiempo. Además del espectáculo y la parafernalia tan espectacular que han incluido en sus más recientes giras (¡una auténtica maravilla!), los británicos sobreviven sobradamente el paso del tiempo, siendo capaces de seguir ofreciendo shows a un nivel musical que esta reservado únicamente para las leyendas del Heavy Metal. La triada de guitarras sigue sonando tan engrasada como siempre (honor también a los técnicos de sonido que nos permitieron escuchar esas secciones de twin guitars tan características), Harris, como ya había demostrado la noche previa como British Lion, sigue siendo capaz de volarnos la cabeza con sus galopadas al bajo al mismo tiempo que no para de correr y corear las canciones junto a los seguidores, Nicko McBrain, a sus setenta años y con una sabida lesión en sus muñecas sigue siendo uno de los baterías más grandes de la historia (¿cómo es posible tocar tan rápido sin emplear más de un pedal?) y Bruce…en fin…sir Bruce Dickinson no ha dejado de crecer durante la gira hasta volver a alcanzar el altísimo nivel que poseía antes de que le fuera diagnosticado el cáncer.

 

¡Ah! Y que no se nos olvide lo difícil que es en este país que una banda de Metal pueda tocar y llenar (o casi llenar) un estadio.

 

Gracias a Bruce, Steve, Dave, Janick, Adrian y Nicko por haberme regalado una de las noches más especiales de mi vida.

 

UP THE IRONS!!!!!







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