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Sabaton - The War To End All Wars (2022)

Calificación: ***** (8)

Conocedores de su riqueza lírica cuando se trata de hablar de la historia bélica del mundo, los suecos Sabaton siguen profundizando en la I Guerra Mundial al mismo tiempo que se sacan del bolsillo un no menos interesante conjunto de piezas que aspiran a quedarse por mucho tiempo en los oídos de sus fans.

 

En esta ocasión me aventuro a hablar de una banda que he escuchado (imposible no hacerlo cuando goza de mucha presencia en los medios nacionales e internacionales), aunque no con demasiada frecuencia. Sabaton, si bien en lo lírico siempre me han parecido excepcionales por el hecho de tratar siempre letras relacionadas con la historia de la humanidad (y bien fundamentadas, cosa que en la actualidad, y en especial en el mundo del periodismo, no es fácil de encontrar), en lo musical no siempre he logrado digerir sus fórmulas más o menos similares, algo que no critico ni mucho menos. De hecho, si me habéis leído en anteriores ocasiones sabréis que soy defensor de este tipo de bandas que deciden mantenerse fieles a un estilo que les resulta “cómodo” (véanse AC/DC, Motörhead,…), aunque al mismo tiempo soy de los que siempre aplaudirá un poco de innovación y el riesgo que esta conlleva. En breves palabras puedo decirlo: me gusta la fórmula de Sabaton, pero a veces me ha costado un poco más seguirles.

 

En pleno confinamiento, el grupo sueco supo jugar sus cartas y, aprovechando la gran acogida que tuvo el disco “The Great War”, un recomendadísimo LP con la I Guerra Mundial como hilo conductor, decidió dar continuidad lírica a este evento histórico con “The War To End All Wars” (Y sí, para quienes os lo estabais sospechando, en el mencionado “The Great War” hay una canción con el título de este nuevo disco), esta nueva placa que aquí nos congrega. Por tanto, Sabaton nos sigue invitando a viajar mentalmente a ese tormentoso periodo comprendido entre 1914 y 1918, lo cual no nos costará en absoluto desde que pongamos el ojo en la realista y dramática portada elegida para la ocasión.

 

Para quienes nos gusta la historia, este trabajo nos vuelve a presentar un trabajo lírico impresionante que empieza, como era de esperar, en ese título que alude al concepto idealista que en aquel momento se tuvo para definir a la IGM (¿realmente tenían la esperanza de que tras la “Gran Guerra” no habría que lamentar más conflictos?). Más de 100 años después no hemos dado cuenta de que hemos fracasado como raza y aquella “Guerra Para Terminar Todas Las Guerras” , podríamos haberla llamado realmente “La Guerra Para Que Nazcan Otras Tantas Guerras”.

 

Con “Sarajevo” comenzamos con el propio origen de la batalla: el atentado contra Francisco Fernando, heredero del imperio austrohúngaro, a manos de Gavrilo Princip que terminó por desequilibrar la situación europea del momento y provocar el inicio de la Gran Guerra, la más grande vista hasta la fecha. Musicalmente estamos ante un tema solemne y sombrío en el que intercalan narraciones que nos sitúan con bastante fidelidad y dureza en aquel fatídico evento.  Buena canción que cumple como opener.

 

 

A mí el tono cañero y veloz de “Stormtroopers” me ha recordado a los primeros álbumes del grupo (especialmente a “Primo Victoria”), con esas reminiscencias al Metal teutón más contemporáneo de Accept o Helloween. Un numero con pegada, con buenísima base rítmica, un rabioso y efectivo Joakim, un interludio coral…en definitiva,  mala hostia por los cuatro costados. A nivel musical una de mis pistas favoritas de todo el LP. La letra no habla de los soldaditos de Star Wars, sino de los llamados Sturmtruppen o Sturmmann, que eran un conjunto de soldados especializados en tareas de infiltración en campo enemigo.

 

Por momentos, y aun sin renunciar a su estilo al 100%, parece que Sabaton hace el esfuerzo de romper un poco con la linealidad que les ha caracterizado durante estas décadas con canciones como “Dreadnought”, en la cual el bajo gana algo más presencia aportando al conjunto una densidad más considerable (buenas guitarras, por cierto). Joakin canta también con más rudeza y calma, mostrando una mayor amplitud de registros que la que muchos le han presupuesto a lo largo de estos años. El estribillo es un “marca de la casa” y termina por grabarse a fuego. Tanto el título como la letra hacen referencia al salvaje modelo de acorazados que predominó durante esta guerra y que tantas muertes produjo en el océano. Por tanto, los suecos vuelven a hablar de un buque de guerra, tras la popular “Bismarck”. 

 

Con “The Unkillable Soldier” la banda nos atrapa en su habitual e infalible fórmula vencedora, con grandes coros que introducen el estribillo desde las primeras de cambio, guitarras muteadas y un desarrollo estructural esperable pero sobradamente convincente. La letra habla de uno de esos personajes peculiares que cada guerra trae consigo. En este caso el protagonista es el valiente, o tal vez “demente” o “masoquista”, Adrian Canton de Wiart, quien fue herido un total de nueve veces en diferentes partes del cuerpo (ojo, cabeza, estómago, tobillo, cadera y oreja) en las dos Guerras Mundiales, en Somalia y en Boers, así como sobrevivió a dos accidentes aéreos, escapó de un campo de prisioneros cavando un túnel con sus manos y se arrancó a bocados sus propios dedos porque se negaba a que su médico se los amputara…lo que se dice un auténtico superviviente y, al mismo tiempo, un tipo poco escrupuloso. Por si fuera poco, y lejos de ser una broma, años después de volver a su hogar tras la guerra se atrevió a afirmar, “francamente, he disfrutado de la guerra” (sencillamente surrealista). ¿Se acuerdan del Caballero Negro de “Los Caballeros De La Mesa Cuadrada” de los Monty Python que se negaba a rendirse aunque le hubieran cortado ambas manos y piernas? Pues lo mismo. Que Adrian Carton se merece un disco entero para él solo es un hecho.

 

“Soldier of Heaven” goza de unos teclados martilleantes que unidos a una batería con ciertos arreglos tecnológicos terminan dando cuerpo a una canción accesible y, aparentemente, llena de buena energía. Remarco lo de “aparentemente” porque en realidad nos habla de algo tan crudo como la muerte de cientos de soldados austriacos e italianos que en el llamado Viernes Blancode  1916 debido a diversas avalanchas acontecidas en el Col Di Lana, mejor conocido como “Blood Mountain” o “Montaña de Sangre” en español.

 

Volveremos a viajar al pasado del grupo de la mano de la incisiva “Hellfighters”, un número que te machaca desde el primer golpe de púa hasta el último baquetazo, con un auténtico despliegue de técnica y mala baba en el que tanto la voz principal como los coros suenan algo más graves de lo común. La letra supone un homenaje al 369º Regimiento de Infantería de las fuerzas armadas de los EE.UU., mejor conocido como los Harlem Hellfighters, que fue uno de los primeros en contar con un número predominante de afroamericanos, así como de un número también considerable de afro-puertorriqueños. Estos, por su condición racial nunca fueron reconocidos por el ejército norteamericano viéndose obligados a operar bajo el mando francés (terminaron recibiedo la Croix de Guerre por sus aportaciones). Cabe señalar que se les suele citar como principales responsables de que el Jazz llegara a Europa.


 

La canción más olvidable de la obra, al menos para mí, es “Race To The Sea”, la cual da la sensación de quedarse a medio gas y sin mostrar algo reseñable sin contar la letra. Líricamente se nos narra de manera sencilla la estratégica e ingeniosa inundación del río Ypres que el ejército belga provocó en su llanura durante la Primera Batalla de Ypres para, de esta forma,  detener el avance de la superior ofensiva alemana que soñaba con imponerse en la llamada “Carrera Hacia el Mar” (precisamente este es el título de la canción) y hacerse con el control de los muelles de Bélgica. Este es uno de los grandes ejemplos históricos para hablar sobre la importancia del reconocimiento del campo de batalla como un arma más contra el enemigo.

 

El nivel vuelve a subir con una más convincente “Lady of the Dark” que se abre paso con riffs punzantes, estructuras predecibles pero pegadizas y un buen número de secciones corales que tampoco sería raro que terminaran sonando en futuros directos del grupo. La canción recupera la figura de Flora Sandes, una famosa guerrera británica que, cual Mulán, se hizo pasar por su hermano para luchar junto al ejército serbio, llegando a alcanzar el rango de capitana (capitán para sus compañeros). Ella ha sido considerada por los historiadores como la primera mujer soldado.

 

“The Valley Of Death” emerge con un tono más alegre que en el resto de números del disco (un poco como “Fields Of Verdun” en el anterior plástico), para hablarnos entre riffs y sintetizadores escandalosamente épicos de las Batallas de Doirán, tres enfrentamientos (cuatro si contamos el que se había producido un año antes de la IGM) entre La Triple Entente conformada por las tropas británicas, francesas y griegas contra los ejércitos alemán y búlgaro.  Canción fuerte y con otro estribillo para la colección.

 

Para mí uno de los grandes aciertos del disco ha sido, sin duda, la dulce y tierna “Christmas Truce”, una composición que nos ha llegado en forma de balada (o Power Ballad mejor dicho)para recordar uno de los momentos más humanos en la historia de las guerras. Sobre un elegante piano y orquestaciones varias, la banda conmueve al oyente con un número pegadizo y que, con semejante estribillo, en directo funcionará a las mil maravillas. Me gusta la violencia que tiene Joakim al cantar (sé que es algo característico del sonido del grupo, pero en esta canción se nota especialmente su importancia en este aspecto). Volviendo al contenido lírico, esta pieza nos habla de la famosa tregua que establecieron las tropas alemanas y británicas con motivo de la Navidad, intercambiando entre ambos bandos regalos y momentos de celebración como un partido de fútbol. Un claro ejemplo de que todos somos iguales, salvo para los ojos de los que mandan a luchar al resto, así como un hecho que deberíamos rescatar en estos tiempos de tanto odio y extremismo.

 

El disco echa el cierre de manera elegante con “Versailles”, una pequeña pieza con claros tintes progresivos que mezcla fragmentos narrados con estribillos corales, en los que, en definitiva, se narra la firma del tratado de Versalles con el que el conflicto llegaría a su fin…al menos de momento. Como en la propia letra se comenta, el desencanto de uno de los bandos (el más afectado) con el mencionado tratado terminaría provocando el ascenso al poder de uno de los mayores asesinos que ha habido en la historia de la humanidad y, como muchos sabrán, el inicio de la II Guerra Mundial, aunque esto ya lo comentaremos, seguramente, con más detalles en futuros lanzamientos de Sabaton. El tema termina con los coros preguntándose si realmente con Versalles se terminaría todo conflicto bélico...nuestra realidad actual nos deja clara la respuesta.

 

Con su nuevo disco Sabaton sigue apostando firmemente por mantenerse fieles a su esencia, sin por ello renunciar a incluir en ocasiones elementos novedosos o menos habituales en algunas de sus piezas. “The War To End All Wars” no solo da continuidad a “The Great War”, sino que en ocasiones da la sensación de llegar a estar un peldaño por encima (es pronto para atreverse a pronunciarlo con total certeza).Lo que sí tengo claro es que discos como este invitan a los oyentes más curiosos a interesarse por la historia e ir más allá de cada letra y eso es algo a su favor. Muy buen disco de los suecos. 




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