Iowa puede presumir, seguramente, de muchas cosas, pero en su cumbre se encuentra el hecho de haber consolidado a Slipknot como una de las bandas más populares y renovadoras del milenio en materia de Metal, le pese a quien le pese.
Producido por Ross
Robinson, “Iowa” nació para dar continuidad al éxito obtenido por su trabajo
homónimo de 1999. Su apariencia, sus letras y su sonido llamaron en seguida la
atención de los metaleros hambrientos de productos novedosos y estos ya
aguardaban un nuevo lanzamiento de aquellos nueve extraños personajes. No obstante, ese primer éxito obtenido con el homónimo debut contrastaba con el pésimo estado anímico general de un grupo atrapado en las drogas y en los excesos con el alcohol que terminaron despertando una guerra a dos bandos: el conformado por Paul Gray y Joey Jordison, quienes habían tenido que componer la mayor parte del disco y, por otro lado, el del resto de integrantes que habían vivido ajenos a estas grabaciones por culpa de sus diferentes abusos y problemas. Este tiempo de guerra y el hecho de tener que lidiar ante tantos frentes abiertos permitió que este disco también se convirtiera en una especie de desahogo para ellos y es por ello que este terminaría siendo considerado su trabajo más agresivo y oscuro.
Les invito, a partir de aquí, a escuchar el disco mientras leen esta reseña dedicada a la memoria de Joey Jordison y Paul Gray.
Gritos y arcadas
conforman la introducción instrumental que ha recibido el nombre de “5:15” y
que, aunque no aporte mucho en lo musical, sí que sirve para adentrarnos de
lleno en el oscuro y enfermizo mundo de Slipknot, así como preparar el cuerpo
para “People=Shit”, clásico indiscutible del grupo nacido de una letra contra
todo lo que se mueve, así como de unas guitarras cargadas de distorsión que, en
compañía de la imponente batería de Jordison y los gritos de Corey Taylor, nos
terminan llevando a uno de los estribillos insigne del grupo. Corte a la altura
de lo que los americanos nos han acostumbrado en lo que a abrir con toda la agresividad
posible se refiere.
El terremoto sónico
continúa con otra invitación al desmadre. En este caso se trata de “Disasterpieces”,
canción que se inicia temblorosa de la mano de los efectos empleados por Mick Thompson
a la hora de manipular su guitarra, para pronto terminar sumándose Jordison
tras la batería y un scream de Corey que anuncia el inicio de la velocidad. El
vocalista está tremendo en todo momento llevando cada nota al límite de sus
posibilidades (es posible que sus cuerdas vocales se terminaran resistiendo en
la grabación del disco). Con el paso del tiempo he visto numerosas similitudes
de esta canción con “All Out Life”, aquel monstruoso single que lanzaron hace
pocos años con la nueva formación.
Turno de “My Plague”,
otro clásico del disco que fue elegido como primer single y canción principal
en la BSO de Resident Evil. Aunque con Slipknot es difícil afirmarlo a ciencia
cierta, puede que este sea el estribillo más “accesible” de todo el trabajo.
Corey y Jordison se convierten en amos y señores absolutos de la canción. El
primero por su voz casi gutural en los versos y muy limpia en un estribillo que
parecía anunciar lo que años después haría en sus trabajos a partir de “All
Hope Is Gone” y el segundo por la base que impone y que, por suerte, podemos
escuchar en algunos segundos como solista.
Craig Jones y sus teclados hacen acto de presencia en “Everything Ends”, una canción que vuelve a traernos las mejores versiones de Taylor y Joey y que siento que ha quedado bancada a un segundo plano en comparación con aquellas que gozan del privilegio de considerarse “clásicas”.
La que sí es un clásico, y con todo merecimiento la posterior “The Heretic Anthem”, ese descerebrado canto contra aquellos que trataron de censurar al grupo durante sus inicios por sus letras o su apariencia. De ahí nació ese mítico grito de Corey que en español traduciríamos como “Si tú eres 555 yo soy 666”.
“Si tu eres 555, yo soy 666”
…
Como un muerto golpea al éxito, quiero ser un
pecador, un idolatrado estallido para la industria asesina”
El malogrado Paul Gray,
a quien poco se le solía escuchar en los discos entre tanta saturación, hace
una aportación más que plausible en “Gently”, originalmente incluida en el “Mate
Feel Keed Repeat”, de la mano de una línea de bajo hipnótica y satánica que
serpentea en nuestros oídos lentamente mientras las guitarras y los efectos de
sintetizador comienzan a crear una atmósferas cada vez más catastrófica a la
que terminará uniéndose Corey sobre los dos minutos y 20 segundos. Habrá alguna
subida de intensidad gracias a la batería, especialmente en el último minuto,
pero en general la canción es más
monolítica de lo habitual.
“Left Behind”, como “My
Plague”, fue elegido como single, seguramente, por el hecho de contener un
estribillo más sencillo de memorizar y grabarse en el oyente menos acostumbrado
a escuchar al grupo. Canción donde destaco las guitarras de Jim Root y Mick
Thompson, quienes en el interludio logran sembrar el terror con unos arreglos
sombríos.
También destaco a la
mencionada dupla de guitarras en “The Shape”, enérgico tema con cierto sabor
industrial que añade Craig Jones tras sus teclados y samplers. No es una de mis
canciones preferidas, a veces la siento como un poco de relleno, pero no es ni
mucho menos mala. Mucho mejor entra la mordiente “I Am Hated”, corte con
muchísimo Nu Metal (aquí se acercan más al estilo de Korn) con voces distorsionadas
y dobladas en muchos instantes para terminar de coronarse como un temazo de la
mano de un estribillo cargado de gritos. Jordison, acompañado a las percusiones
por Shawn Crahan y Chris Fehn, nos traen el mismito infierno a nuestros oídos.
“Skin Ticket” también
me suena algo menos sorprendente, además de tener una exagerada duración para
su propuesta menos impactante.
Cierto es que “New
Abortion” y “Metabolic” rompen un poco con la frialdad de la pieza anterior,
pero se quedan algo planas y carentes de un factor sorpresa realmente
interesante si las comparamos con cualquier canción del disco que no sean las
que he dicho que no me han gustado.
Finalmente, tenemos la homónima “Iowa” y sus más de 15 minutos de extensión. Los nueve miembros dan rienda suelta a su locura para terminar materializando esta extraña catarsis de positivo resultado en el que quiero reseñar las múltiples facetas de Corey como cantante (es un genio cuando se trata de meterse en los papeles que encarna o en la rabia que sugiera la canción) y de Joey como batería (era capaz de adaptarse a cada ritmo propuesto por sus compañeros sin tirar de tanto doble pedal, algo que muchos le recriminaron desde sus inicios), quien supo escudarse en las percusiones de Chris y Shawn para crear momentos tan memorables como los que nos ofrece esta canción . Pero también destaco el bajo de Paul Gray, especialmente presente al principio de la pista, así como los arreglos de teclados de Sid Wilson y Craig Jones. No sé si es una leyenda o no pero tengo entendido que algunos gritos y suspiros de Corey que se escuchan durante esta pista son realmente grabaciones de audio que se hicieron en el estudio mientras el cantante se autolesionaba.
Con los años, y tras unos primeros acercamientos desafortunados, me he podido hacer fan de verdad del grupo. No le pondría menos de un 8 (a veces incluso para mí es digno del sobresaliente).

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