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Iron Maiden - The X Factor (1995)

Calificación: ***** (9)

Jamás entenderé tanto odio a la etapa de Blaze Bayley con Iron Maiden. Y es que si tuviera que elaborar un listado de discos maltratados injustamente tanto por la crítica como por los seguidores, ese es el “X-Factor” de Iron Maiden. Tal vez no todos estaban preparados para el cambio, pero situaciones extremas requerían medidas extremas. Os pondré en contexto…

 

Seguramente en la década de los 80, cuando Iron Maiden estaba en la cresta de la ola y, cual rey Midas, convertían en oro cada una de las joyas que lanzaban (ahí están como prueba de ello “The Number Of The Beast”, “Powerslave”, “Piece Of Mind”, “Somewhere In Time” y “Seventh Son Of A Seventh Son”) pocos se atreverían a imaginar al grupo con otro cantante que no fuera el mismísimo Bruce Dickinson, su carismático y más célebre cantante por el cual profeso un amor  y una admiración incalculables (para mí la mejor voz del Metal junto a Halford y Dio), pero los tiempos vinieron como vinieron y cuando este abandonó, Maiden tenía dos opciones: seguir o morir.

 

Como muchos sabrán, la salida de Dickinson vino provocada por el malestar del vocalista con el grupo y, por encima de todo, con Steve Harris, por la evolución sonora que habían experimentado y la no inclusión de sus ideas en “Somewhere In Time”. Si a eso le sumamos el bajo éxito comercial de “No Prayer For The Dying” y “Fear Of The Dark”, la bomba terminó por estallar y Bruce, como había hecho Adrian Smith un par de años antes, anunció su salida poco antes de iniciar una gira mundial ya pactada. Dickinson estuvo en dicha gira (la cual no estuvo exenta de polémica por los malos rollos con el resto de miembros) y se marchó, dejando al grupo sin cantante e iniciando su carrera solista. No obstante, hay algo que la mayoría de los seguidores en aquel instante ignoraba: el padre de Iron Maiden no era Bruce, sino Steve Harris y este no quería dejar morir a su creación. Por ello, se propuso iniciar una etapa nueva, con un sonido diferente y, por supuesto, con un nuevo vocalista que tuviera su propio estilo. El elegido sería un hasta aquel momento desconocido Blaze Bayley, quien militaba en Wolfsbane, una decisión que no todo el mundo supo aceptar y que generó críticas mucho antes de que la nueva música de Maiden viera la luz (así de injustos son algunos).

 

Está claro que Blaze suponía un cambio total, pero su aportación en “The X-Factor”, el décimo álbum del trabajo, es encomiable. Este trabajo no se digiere fácil la primera vez que lo escuchas si esperas encontrar algo parecido a los Maiden del pasado, pero con el tiempo terminarás por darte cuenta de que estamos ante un LP tremendamente ambicioso y cargado de grandes momentos instrumentales y vocales, por no hablar de la habitual riqueza lírica que ya les distinguía en aquellos tiempos y que en esta entrega se carga de un tono más oscuro y crítico.

 



Aunque su portada sea fea como pocas (nunca me ha gustado, lo siento), lo que encontraremos en su interior merece un análisis exhaustivo. No voy a entrar en polémicas ni comparaciones odiosas. Me limitaré a hablaros largo y tendido de cada canción del disco que mostró a los Maiden más progresivos que se recuerden.

 

Unos cantos gregorianos la mar de siniestros nos dan la bienvenida al álbum por todo lo alto. Y es que, señorías, nos encontramos desde el principio  con la canción más grande de la era Blaze. Estamos hablando de “SIGN OF THE CROSS”, epopeya de 11 minutos de extensión que nació de la mente privilegiada del Heavy Metal, Sir Steve Harris. Tras unos segundos con los monjes ambientando el tema para su desarrollo posterior, emergen unas guitarras oscuras, un bajo omnipresente y Nicko McBrain con una percusión solemne para, de una manera asombrosa, dar paso a un debutante Blaze al que no le tiembla el pulso para cantar con un tono oscuro y lento eso de “Once hombres santos amortajados, siluetas posadas contra el cielo, uno enfrente con una cruz en alto vienen a lavar mis pecados” antes de que la música rompa y entre el Heavy de verdad. Cañonazo absoluto en los versos y estribillos, con unas líneas de guitarra que cabalgan sobre nosotros y que permiten el lucimiento absoluto de un excelente Bayley tras el micrófono en ese poderoso chorus (¿quién no se ha animado alguna vez a cantar eso de “THE SIGN OF THE CROSS!!! THE NAME OF THE ROOOOSE!!!”?). Es la hora del intermedio, donde los sonidos atmosféricos imperan durante unos instantes, hasta que McBrain decide que es hora de meterle un par de marchas más al corte y empieza un épico instrumental con solos, cambios y todo lo que amamos de Maiden antes de que la estructura vuelva al inicio.

 

La historia de la letra es algo compleja ya que deja algún dato un poco libre de interpretación como por ejemplo esos “once hombres santos” a los que alude al principio (¿se referiría a los apóstoles de Jesús, sin contar a Judas, tras la crucifixión de su maestro?). Todo parece indicar, por el tono usado por el protagonista, que se trata de la agónica situación vivida por un hombre al que la Inquisición ha decidido visitar ("Seis hombres santos envueltos se mueven lentamente por el césped, el séptimo pasea al frente con una cruz en alto en la mano")  para “lavar sus pecados” (“mi fe será puesta a prueba”). El personaje experimenta, según podemos apreciar en algún verso (“¿por qué entonces Dios aún lo protege cuando no lo merece?”), que tiene sus dudas sobre creer o no.  El caso es que al final parece que él mismo tiene asumido su final en la hoguera (“Van a estar rezando cuando llegue el momento” y “Dios envíe su alma a descansar”), al igual que el triste personaje condenado a morir en “Hallowed Be Thy Name”. Obviamente, por el estribillo, hay que citar como una influencia importante en el desarrollo de la letra y de la idea general, a Umberto Eco y su imperdible novela “El Nombre de la Rosa”, de la cual se hizo después una película no menos famosa del año 1986 en la que participaría el ya fallecido Sean Connery.

 

¡OBRA MAESTRA!

 

Un juguetón riff de wah-wah anuncia la llegada de “Lord of the Flies”, otro de los pocos cortes trascendentes y que no cayó en el olvido (o el maltrato) y que lleva la firma de la excelente dupla Gers-Harris. Tras dicha introducción entra un riff más oscuro y ahí está nuevamente Blaze con un registro grave que, aunque a muchos le cueste reconocerlo porque adoran eso de rajar contra alguien, no se puede comparar con las habilidades de Bruce ya que son completamente diferentes. Si nos olvidáramos de los “otros Maiden del pasado” más a menudo apreciaríamos mejor el legado de este noble cantante que se desvivió por la banda durante su corta estancia. Junto a “Man On The Edge”, de la que luego os hablaré, esta canción es la más directa de toda la obra y, por ende, fue elegida como segundo single de la misma. Destaco su resultón estribillo, sus sabrosas guitarras (tal vez les falte un poco de presencia) y una letra que, a título personal, me encanta por sus referencias literarias al Señor de las Moscas de William Golding (sí, la que inspiró dos buenas películas) en la que se alude al mal que reside en la naturaleza humana y su aparición en situaciones que podríamos catalogar como extremas. A esta idea volveré más tarde, cuando hablemos de “The Edge Of Darkness”, aunque su inspiración naciera de otro sitio. 

 

“Man On The Edge” tenía que ser, sí o sí, el primer single de disco. Su sonido veloz y tremendamente accesible recordaba mucho al de “Be Quick Or Be Dead”, una fórmula que difícilmente decepcionaría a sus seguidores. Riffs veloces y malintencionados con ese regusto a Speed que me encanta y una dinámica vocal muy enérgica del bueno de Blaze (¡cómo lanza esos “Falling Down” en el estribillo!). Está claro que es un corte más simple, de este disco el más pegadizo, pero cumple a la perfección y deja en todos un sabor de boca muy placentero.

 

Inspirada en la película “Falling Down” que interpretaron dos actorazos como Michael Douglas y Robert Duvall, la canción nos habla de la podredumbre de las grandes metrópolis mundiales, de las limitaciones del llamado “mundo civilizado”  y de cómo estas despiertan miles de situaciones que llevan a sus ciudadanos a estar entre los límites de la locura y la cordura (“cada paso le acerca a perder la cabeza”). Siento que esta letra podría relacionarse en nuestros días con el preocupante incremento de las personas que han visto afectada su salud mental (depresión, ansiedad,…), un problema que va mano a mano con esta sociedad tan tóxica y que está en constante evolución. 

 

A partir de aquí entramos en los terrenos más densos y oscuros del disco, y probablemente en la carrera de Maiden. Una mezcla de guitarras acústicas y eléctricas abren “Fortunes Of War” a través de arpegios lentos y bellísimos a los que Blaze termina por sumarse casi susurrando, tomando un papel dramático absolutamente desgarrador que va acorde con la triste letra de la que en el siguiente párrafo os hablo con extensión.  Pronto cambia la dinámica de la canción con la entrada de McBrain y del bajo acústico de Harris para construir un corte más denso y sólido, aunque no menos triste, en el que los pasajes se suceden hasta acercarnos a las estrofas y un estribillo memorable (en ambas me quito el sombrero ante Bayley). Después del primer “chorus” el bajo de Steve cabalga y entran las guitarras gemelas marca de la casa  y, junto a estas, los correspondientes solos.

 

La guerra vuelve a cobrar protagonismo en el plano lírico. Si en la colosal “Afraid To Shoot Strangers” se nos hablaba del miedo sufrido por un soldado cuando es enviado a otro país a combatir, en este caso hablamos de las secuelas mentales que experimenta un soldado tras la guerra cada vez que en su mente surgen recuerdos traumáticos y voces de desesperación. El campo de batalla cambia a las personas. Por ello la soledad y otros problemas psicológicos (“A veces despierto y siento que mi espíritu está destrozado me pregunto si tendré la fuerza para continuar”) emergen una vez que vuelven a la vida civil, por no hablar de la incomprensión por parte de aquellos que nunca combatieron (“La gente dice "No te preocupes", dicen que el tiempo es una cura perfecta, que las pesadillas pasarán, pero no puedo escuchar lo que dicen. Vivo en mi propio mundo”). Esta idea fue captada por Harris, quien siempre ha mostrado gran interés por la historia bélica de la humanidad, plasmando, como ya sabrás a estas alturas, algunas de las mejores letras (todas excelentemente documentadas) de la historia del Metal. A fin de cuentas, ese personaje solitario que regresa de librar batallas en el extranjero y que termina viviendo las consecuencias de ello en su ciudad natal años después es otro tópico del cine que, al menos para mí, fue representado como nadie por mi adorado Robert DeNiro cuando dio vida a Travis Bickle en una película de culto como “Taxi Driver”.  

 

Frente al dolor inevitable del corte anterior, la banda nos invita a superar nuestros miedos pasados con una canción no menos introspectiva y lograda en todos los ámbitos. “Look For The Truth” abre acústica también, con un estilo algo gótico que recuerda a lo que vendría años después con el regreso de Bruce y el sonido imperante en “Dance Of Death”. Blaze aparece y canta nuevamente a partir de una teatralidad envidiable, tirando de potencia en algunos momentos, justo antes de que la canción evolucione y entremos en un ritmo más rápido y distorsionado en el que estrofas y estribillos (este último acorde al tono más animoso de la letra) cumplen sobradamente bien. Es una pena que la sección instrumental del intermedio dure más bien poco, porque las guitarras suenan barrocas y bien empastadas, con teclados añadidos y una sucesión de solos abrumadora. Como os he dicho, el tema nos invita a romper con los traumas del pasado que nos persiguen y no nos dejan vivir el presente.

 

Al contrario del resto de canciones previamente reseñadas, y a modo de entender mejor esta canción, voy a hablaros primero de la sentida letra de “The Aftermath”, pieza que siento que merece mayor reconocimiento del que se la ha dado. En 1919 el poeta Siegfried Sasson escribió un poema llamado “Aftermath” donde hablaba sin pudor sobre el dolor de la guerra con estrofas como la siguiente:

 

¿Recuerdas esa hora de estruendo antes del ataque?

Y la ira, la compasión ciega que se apoderó de ti y te sacudió entonces

¿Mientras observaba los rostros demacrados y condenados de sus hombres?

¿Te acuerdas de las camillas dando bandazos con los ojos agonizantes y las cabezas colgando, esas máscaras gris ceniza de los muchachos que alguna vez fueron entusiastas, amables y alegres?

 

Casi ochenta años después, Harris tomaría su lápiz y una hoja y, partiendo de tal escrito, se marcaría una nueva letra relacionada con la guerra. En este caso nos muestra su tono más crítico y antibélico, cuestionándose hasta qué punto son necesarios los conflictos entre países y el derramamiento de sangre. Esto lo hace partiendo de las consecuencias físicas y psicológicas que cualquier guerra conlleva para sus soldados, mencionando algunos artilugios despiadados como el gas mostaza o el alambre de púas (ambos por su uso histórico nos dan pistas de que se trata de la I Guerra Mundial, aunque no se explicita).

 

Entrando de lleno en lo musical, la canción vuelve a abrir de manera acústica, con unos arpegios desoladores sobre los que una guitarra puntea con mayor distorsión, aunque rápidamente la pieza muta a un medio-tiempo más hardrockero sobre el que Blaze clava una interpretación que siempre me ha fascinado. La banda avanza sólida, como una máquina de destrucción, sin acelerar en ningún momento durante los versos, añadiendo un tono casi marcial a la canción. Después del segundo estribillo, Bayley se crece aún más si cabe y lanza unos épicos “After the war / Left feeling no-one has won / After the war / What does a soldier become?” que canta con un sentimiento enorme. Posteriormente se viene un interludio atmosférico curioso en el que poco después desarrollan los solos (atención a la velocidad y al virtuosismo de los mismos) al mismo tiempo que Harris y Nicko crean una punzante base de bajo y batería.

 

"En el lodo y la lluvia

¿Por qué están luchando?

¿Es un mérito el dolor?

¿Es un mérito morir por eso?

¿Quién llevará la culpa?

¿Por qué hicieron una guerra?

Las dudas vendrán otra vez

¿Debemos pelear por nada?"

 

“Judgement of Heaven” imprime un poco más de velocidad al disco con una onda guitarrera más animada, doblada y potente en la que nos encontraremos con un notable estribillo que no podéis perderos. Me gusta el ritmo martilleante de los versos, que Blaze disfruta cantando, al igual que el mencionado estribillo, donde saca sus registros más agudos (atención al pequeño grito que lanza al final).  Líricamente la banda nos habla ahora sobre las dudas existenciales que nos surgen a todos a lo largo de la vida sobre el sentido de la misma, así como sobre qué hay más allá de la muerte. Harris se dirige a Dios y le pide que demuestre que realmente existe contándole qué le deparará su destino. Aquí hay pesimismo a raudales, pero también algunas preguntas interesantes como el hecho de que si cambiaríamos algo de nuestra vida si se nos diera la oportunidad de volver a vivir.

 

"Y si hay un Dios, entonces responde a mi esperanza

Cuéntame de mi destino, cuéntame de mi lugar

Dime si alguna vez voy a descansar en paz"

 

Mucha atención al siguiente número. Steve nos introduce a un nuevo tema con un extenso solo de bajo donde nos demuestra por qué es uno de los mejores con su instrumento. Pronto se unen sus compañeros y, ahora sí, entramos de lleno en la maravillosa “Blood on the World’s Hands”, una canción lírica y musicalmente impactante. Blaze toma el rol de narrador, rugiendo mientras nos habla de un mundo fuera de control. Las guitarras avanzan a medio gas, sin correr, disfrutando de una diabólica travesía a la par que el bajo y la batería. Poco antes de llegar a los tres minutos, emerge una sección instrumental apoyada en teclados muy original, así como un despliegue solista de Gers y Murray a la altura de lo que ambos guitarristas, junto a Adrian Smith, han cosechado en todos estos años. Blaze vuelve para cantarnos el estribillo casi como si de un himno se tratara, mientras las guitarras lo emulan con un punteo que parece invitarnos a que lo coreemos con todas nuestras fuerzas.

 

La letra, como muchos habréis adivinado, habla de la guerra una vez más. En esta ocasión se alude a un conflicto reciente como la Guerra de Bosnia, acontecida entre los años 1992 y 1995, describiendo el horror y la brutalidad que se concentraron en este pequeño lugar. Harris raja contra la masacre indiscriminada de gente, pero también ante el inmovilismo del resto de países del mundo que, en vez de actuar, observa el desastre desde sus acomodados puestos (“Parece que nadie se preocupa, el mundo parece impotente para actuar”) y a ese estilo de vida occidental en el que se confía demasiado en que no volveremos a tropezar con las mismas piedras de totalitarismo y violencia de antaño ("la seguridad de un mundo que lleva un día a otro asesinato, en algún lugar hay alguien que muere de hambre, otra salvaje violación"). Y es que tanto en la Guerra de Bosnia como todos los conflictos sufridos en los Balcanes demostraron que ni siquiera dos sangrientas Guerras Mundiales sirvieron para que aprendiéramos a vivir en paz (cabe recordar que se abrieron campos de concentración, como el de Čelebići, para llevar a cabo limpiezas étnicas y violaciones en masa). Más que una letra, estamos ante un baño de realidad.

 

"Brutalidad y Agresión

Mañana otra lección

Anticipando otro ataque aéreo

Rezando por un cese al fuego

 

Ellos dicen que las cosan van mejorando

No necesitan ser complacientes

Hay caos a lo largo de la frontera

Un día podría pasarnos a nosotros"

 

 

Siempre hemos dicho que Iron Maiden es el mejor profe de historia que puedes encontrar en el Heavy Metal, pero también diría que es el mejor profesor de Historia del Cine  posible, ya que son tantas y tan variadas sus referencias al séptimo arte que es imposible no sentirse convencido tras leer un par de sus letras a ver algunas de las pelis que han inspirado su música. Una de ellas es “Apocalypse Now”, otro film de culto dirigido por Coppola y que inspiró el siguiente número del disco, titulado “The Edge Of Darkness”. Y es que esta canción me gusta tanto como el olor a Napalm por la mañana (si has pillado la referencia somos amigos) con una nueva exhibición de los británicos de tonos oscuros y elegantes. En un inicio escuchamos el sonido de las hélices de varios helicópteros (referencia descarada a la película) que comparten protagonismo con unas preciosas guitarras y un omnipresente bajo de Harris que no tardará en regalarnos una de sus típicas cabalgadas. Sé que lo he mencionado en casi todas las canciones del álbum,  creo que es necesario para no olvidarlo,  pero me parece encomiable el trabajo de Blaze, cantando en un inicio más suave para terminar desgañitándose con valentía y esos dotes actorales que se necesitan para cantar en Iron Maiden. Las guitarras puntean con magia durante toda la canción, rematando su labor en un solo de Twin Guitars que ubicaría entre mis favoritas de esta entrega.

 

La letra nos lleva directamente a Saigón, ciudad sumida en el caos por la terrible Guerra de Vietnam, y al viaje que un soldado emprende hasta un río ubicado en una selva para buscar al descrito en la letra como un “genio loco” que, como se mencionaba también en la letra de “Lord Of The Flies”, se ha dejado llevar por el salvajismo innato de los seres humanos cuando vivimos situaciones de riesgo. Este genio es una referencia clara al general Kurtz, interpretado por ese monstruo de la actuación llamado Marlon Brando.

 

 

El final se acerca. “2.A.M.” también cumple con la estructura repetida durante el disco, con un inicio completamente melódico y una posterior explosión, aunque esta vez quede más bien en un “medio tiempo”. Blaze canta con clase, encarnando a un hombre sumido en una grave depresión que tiene su origen en la frustración que le causa saber que está condenado a una vida rutinaria y sin buenas sensaciones. La base de bajo y batería golpean con maestría durante toda la canción, mientras que el momento de mayor protagonismo de las guitarras vendrá con los solemnes punteos solistas de la zona intermedia del corte. A mí esta canción siempre me ha parecido de notable alto, aunque, como la mayor parte del disco, ha quedado en el olvido.

 

"La vida parece tan patética; desearía dejar todo atrás

Esta silla de lona, esta cama, estas paredes que caen sobre mi mente

Aferrarme a algo mejor que arrastrarme a través de la basura

¿Dejarlo ir o continuar? Y tratar de llevar la herida"

 

 

Terminamos con ocho minutos que parecían anunciar lo que estaba por llegar en el futuro. “The Unbeliever” fue hasta aquella fecha el tema más Progresivo de Iron Maiden (no hay más que escuchar la rápida coordinación de instrumentos que acontece sobre los 20 primeros segundos para pensar que te encuentras ante un tema de Rush). Sin duda, una canción no hecha para todo el mundo por su tono innovador, con secciones excesivamente complejas y, en muchas ocasiones, arrítmicas, aunque también haya hueco para riffs y golpes de bajo-batería marca de la casa. Sobre el minuto 2:15 me encantan los rugidos de Blaze con una serie de versos que siempre se inician con un “All My Life…!”. Imperdible también el in crescendo que surge sobre el 3:30 a partir de unos incendiarios golpes de bajo a los que se va sumando el resto del grupo de manera escalonada. Harris quería iniciar una nueva etapa con el grupo tras la salida de Bruce y este corte lo pone de manifiesto. Como sucedió en “The Final Frontier”, no todo el mundo supo apreciar la innovación propuesta por Maiden.

 

Sobre su letra, aunque es una interpretación que he hecho, siento que la canción habla no solo de alejarse de toda fe, sino de la incapacidad del ser humano por examinar su interior, viviendo, por ello, en una mentira y creándose un concepto erróneo de sí mismo.

 

“Toda mi vida me he escapado

Toda mi vida he tratado de esconderme

 

¿Tienes miedo de mirar dentro de tu mente?

¿Estás preocupado por lo que encontrarás?

¿De verdad quieres afrontar la verdad?

¿Importa ahora, qué tienes que perder?”

 

 



CONCLUSIÓN

No todo el mundo supo aceptar el hecho de que Bruce no estaba y las críticas Maiden por este hecho fueron demasiadas, y la mayoría excesivas para un Blaze que había demostrado un poderío vocal tremendo. Uno de los episodios más desagradables y que mejor documentan este periodo convulso se produjo durante un concierto en Chile del año 1996 cuando, durante la interpretación de “The Trooper” (clásico que exigía a Blaze de unos agudos algo alejados de su estilo…tal vez si la banda hubiera tocado en otra tonalidad…), alguien comenzó a hacer escupir al vocalista desde la primera fila, provocando durante toda la canción el enfado de este y Harris (también alcanzó algún salivazo), quienes optaron por quedarse durante la canción tocando delante del mencionado energúmeno con una mirada desafiante. Una vez finalizada, Blaze no dudó en insultarle y Harris, tras lanzar su bajo, hizo gestos de muerte a dicho seguidor, quien termina siendo expulsado por la seguridad del recinto.

 

Hay que volver con más frecuencia a escuchar las diferentes etapas de Iron Maiden. La era de Blaze, aunque corta e irregular, nos trajo este trabajo de altísimo nivel y de una ambición envidiable. A fin de cuentas, Harris se negaba a matar a su criatura y decidió mantenerla con vida con un vocalista completamente rompedor. Las 11 canciones del “X-Factor” esconden grandes momentos de técnica vocal e instrumental, por no hablar de las siempre excelentes letras, pero puedo entender que no todo el mundo “soporte” la densidad general que impregna cada pieza. Para mí con los años este disco ha crecido hasta llegar a un merecido sobresaliente (9) y me ha confirmado eso de que no se puede concebir la historia de Maiden sin hablar de Blaze. Claro que luego llegaría “Virtal XI”, que sí supondría un bajón cualitativo considerable para lo que esperamos de estos muchachos, y una gira accidentada en la que Bayley demostró sufrir más que en el estudio, teniendo que cancelar numerosas fechas por sus problemas de garganta. Pero estamos hablando aquí del “X-Factor” y no me cabe la menor duda de que es un álbum enorme. Lo voy a decir así de simple: había que tener los cojones bien grandes para tomar el puesto de cantante tras Bruce Dickinson y Blaze lo hizo.

Comentarios

  1. Realmente un buen disco, despues de 25 años lo puedo disfrutar, en su momento por supuesto no me gusto, y...tampoco le di demasiadas oportunidades, hoy, a diferencia de aquel tiempo donde Bayley realmente me parecio un vocalista malo, creo que sin llegar a serlo, nunca estuvo a la altura de la banda ( o mejor dicho, a la altura del estilo, creo humildemente que se desempeñaria mejor en otras ramas dentro del rock). Pero volviendo al disco siento que tiene muy buenos momentos, con canciones que se podrian incluir hoy dia en directo, y en cuanto al audio del disco creo que es alucinante, un sonido seco, pero muy disfrutable, propio de los 90s.

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Black Label Society - Engines Of Demolition (2026)

Calificación: **** * (8,5) Hablar de Black Label Society es, en buena medida, hablar de coherencia, identidad y resistencia dentro del heavy metal contemporáneo. Desde su nacimiento a finales de los noventa, el proyecto liderado por Zakk Wylde ha trazado una trayectoria que, sin grandes virajes estilísticos, se ha mantenido sorprendentemente firme y reconocible. Y eso, en un género donde muchas bandas veteranas acaban diluyéndose entre intentos fallidos de modernización o reiteraciones vacías, posee un valor incalculable. Desde aquel debut crudo y casi místico que fue “Sonic Brew” (1998), pasando por obras esenciales como “Stronger Than Death” (2000), “1919 Eternal” (2002) o “Mafia” (2005), hasta llegar a trabajos más recientes como “Doom Crew Inc.” (2021), Black Label Society ha ido puliendo una fórmula muy definida: riffs pesados de raíz sabbathiana, un groove profundamente enraizado en el blues, solos cargados de emoción y una capacidad poco común para alternar entre la violencia...