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Deep Purple - Whoosh! (2020)

Como rockero con especial amor por la música desarrollada durante los gloriosos años 70, el hecho de que los mitiquísimos DEEP PURPLE, a quienes ya podemos catalogar cariñosamente de “dinosaurios” de nuestro querido género, saquen en 2020 un nuevo álbum de estudio es un motivo enorme de alegría. No, no hay que esperar a estas alturas que los británicos se vayan a marcar un disco perfecto y que iguale a “Machine Head”, “In Rock” o “Fireball” (mis tres predilectos si me permiten la apreciación), ni van a publicar canciones que pasen a la historia como sí lo lograron “Smoke On The Water”, “Highway Star”, “Speed King”, “Burn” y tantos himnos generacionales. El simple hecho de que estos músicos sigan en activo es un motivo de celebración absoluta.  

Cierto es que esta nueva formación sin el fallecido Lord y el legendario Ritchie Blackmore no es aceptada por muchos seguidores melancólicos de los años dorados del grupo pese a la continuidad del trío Gillan-Paice-Glover, cosa más que respetable, por cierto, pero creo que esta MK. VIII que completan Steve Morse y Don Airey nos ha regalado una buena serie de grandes canciones, así como un disco que, a mí, particularmente, me fascina como es el “InFinite”.  

Con su última obra, la cual acabo de citar, Gillan y compañía parecían decirnos “adiós amigos y hasta siempre”, pero el amor por la música y lo realmente difícil que es para un músico poner punto y final a una carrera tan grande, decidieron reunirse en el estudio con Bob Ezrin para dar luz a un nuevo álbum que en esta ocasión lleva por título “Whoosh!” y que, todo sea dicho, tiene una portada algo descafeinada, cosa que me ha pasado últimamente con los trabajos más recientes de este grupo.  

Antes de pasar a analizar cada canción con la misma ilusión que un niño cuando abre sus regalos el día de Navidad, me gustaría confesar que los singles previos al álbum me dejaron algo frío (especialmente “Man Alive”) y me hacen temer que esta obra no les haya quedado tan notable como “InFinite”. Pasemos, pues, a comprobarlo. 

El disco empieza bastante correcto con “Throw My Bones”, primer adelanto que pudimos catar de esta obra y que reconozco que con el paso de las escuchas me ha terminado de convencer. Canción dentro de los parámetros esperados en los británicos de estos años, con una estructura sencilla, un estribillo en el que la voz de Gillan es doblada y un solo de guitarra siempre cumplidor.   

La cosa mejorará con “Drop The Weapons” y su adictivo riff principal que se fortalece con un omnipresente teclado de calidad y un desatado Ian Gillan a quien noto muy fresco en cuanto a voz, escupiendo los versos con un tono rebelde que me encanta. Puente muy propio de la versión contemporánea del grupo para terminar cayendo en un estribillo simple pero que me ha encantado. La sección solista la comparten en esta ocasión Morse, quien se saca de la chistera un punteo muy molón, y Mr. Airey, que sorprende una vez más con el Hammond. Esta canción me convence más que los tres sencillos. También he disfrutado del feeling que destila la banda en “We’re All The Same In The Dark”, medio tiempo propio de la factoría Purple que permite a Ian hacer de las suyas tras el micrófono, con algún que otro falsete y una actitud envidiable para su edad. Estribillo nuevamente simple, pero de los que molan mucho, como el del corte anterior o, yéndome una vez más al “InFinite”, a temas como “Hip Boots” o “One Night In Vegas”. Morse cierra este tema marcándose un señor solo de guitarra que me recuerda mucho a los del provocador Billy Gibbons.  


“Nothing At All” es una canción peculiar y que la primera vez me costó digerir un poco, lo admito, pero con las escuchas e intentando alejarme un poco de la idea de “esto no suena demasiado a Deep Purple”, siento que la pieza no está nada mal, aunque bien es cierto que para mí le sobra más de un minuto.  

Una nota mantenida al teclado que recuerda a la introducción de “Perfect Strangers” da paso a “No Need To Shout”, un medio tiempo bueno y que desde la primera escucha convence, pero siento que algo más predecible que “Drop The Weapons” o “We’re All The Same In The Dark”. Eso sí, me gustaría volver a destacar a Don Airey ya que siento que con cada álbum su presencia es mayor y eso es algo de agradecer.  

Me pillaron por sorpresa los teclados también al inicio de “Step By Step”, uno de los varios cortes de este disco donde percibo cierto intento del grupo por ampliar un poco más su abanico sonoro. La canción avanza lenta, con unas voces suaves y dobladas que con las escuchas va convenciendo algo más, aunque no me termina de decir gran cosa, siendo sincero.   

Con un tono similar a “First Sing Of Madnnes” del “Now What?!” entra la animada y rockera “What The What” que, sin salirse de lo esperado, termina gustando bastante por ese tono más clásico que nos transporta a otros tiempos. Gillan está genial, aunque una vez más es Don Airey quien me cautiva tras los teclados, tocando como el maestro que es. Es increíble ver a estos veteranos facturando canciones tan atemporales y buenas a estas alturas de la película. Justo después se viene otra canción con un sonido esperable titulada “The Long Way Round”, pero no por ello menos disfrutable. Tal vez se le puede achacar la falta de un cambio en la estructura o un mejor estribillo, aunque nuevamente destaco el solo de Don con su instrumento.  


La cosa se pone seria con "The Power Of The Moon", una de las mejores composiciones que podemos encontrar en esta obra y que, con bastante notoriedad, se aleja del estilo escuchado hasta este momento en "Whoosh!" (algo que es de agradecer). Sin llegar al nivelazo de "The Surprising", el corte más ambicioso de "InFinite" y que solo recibió elogios por parte de los seguidores, es una canción que me ha resultado bastante buena y con un tono místico en su base instrumental que me flipa. La línea de bajo de Roger Glover es digna de mención y aplausos (¡otro viejo rockero que nunca muere!). Tras esta se viene una pequeña pieza completamente instrumental que lleva el título de “Remission Possible” y que muestra lo bien compenetrados que están los cuatro músicos, destacando especialmente el duelo que se marcan Morse y Airey con la guitarra y los teclados respectivamente.  


Una canción que por mucho que intente escucharla me termina echando para detrás es "Man Alive", un corte experimental y con diversas partes vocales que van desde lo cantado hasta lo narrado. Sí me gusta la instrumentación del corte, pero no termino de encontrarle el lado positivo a las partes de voz distorsionadas de Gillan, quien está mejor cuando saca su registro normal. Flojito, flojito. Ojalá la cosa cambie con las escuchas. 

Parece que la banda ha querido ponerse un poco más experimental en esta última parte del disco ya que la penúltima “And The Adress” es una regrabación de la pieza completamente instrumental que apareció en "Shades Of Deep Purple". Una vez más, nos permite disfrutar de los cuatro músicos que acompañan a Gillan en esta nueva etapa. Paice y Glover crean una base sólida como el metal para que la guitarra y el teclado hagan sus labores de solistas con más sencillez. Ya puedo imaginarme esta canción sonando en los futuros directos del grupo.  


El disco termina también en clave experimental con “Dancing In My Sleep”, un tema marcado por unos teclados iniciales que rozan lo robótico para mutar en una sección más clásica, la voz doblada de Gillan, un soberbio Morse tras la guitarra (ojo a los detalles que añade durante toda la canción porque son detalles que le reivindican como guitarrista) y el siempre impresionante Paice tras la batería, golpeando con especial rabia su kit en la parte intermedia del corte. Un cierre bueno, pero sin grandes sobresaltos.  


Tras sus correspondientes escuchas “Whoosh!” me parece un disco bueno de Deep Purple que, tal vez, supere en líneas generales al “Now What?!” pero que queda un par de peldaños por debajo de “InFinite”. La frialdad de los singles se ha visto compensada con un par de composiciones más logradas y que terminan salvando la situación. Algo que me ha gustado de este nuevo LP es el hecho de que hayan permitido a Don Airey tener una mayor presencia en cada canción, así como la instrumentación tan pulida que podemos escuchar en las mismas. Gillan, aunque no es ajeno al paso del tiempo, sigue a un buen nivel de voz en el que la experiencia le permite adaptar su registro a las diferentes exigencias que posee cada canción. De resto, solo podría añadir que este es otro buen disco (tampoco es una joya) de una de las mejores bandas de la historia de nuestro Rock para la que uno solo puede profesar gran admiración. 

¡Siempre grandes!


CALIFICACIÓN: ****

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