CALIFICACIÓN:*****
No hay que ser un erudito de la música para conocer la más que famosa rivalidad que durante años existió entre Metallica y Megadeth, la cual ha día de hoy sigue vigente, de manera bastante lamentable, entre unos fanáticos que parecen ser incapaces de escuchar a su banda favorita sin rajar contra la del vecino cuando, los bandos que un momento estuvieron enfrentados ahora se respetan. Obviamente, la salida de Dave Mustaine de Metallica no fue precisamente agradable y, seguramente, la manera en la que Lars Ulrich y James Hetfield actuaron no fue la adecuada, pero el “colorado” estaba gravemente enganchado a las drogas y estas estuvieron cerca de costarle la vida al grupo en un accidente de tráfico cuando este estaba al volante. Su despido despertó la ira de un temperamental, pero a la vez único, guitarrista que, bajo el deseo de conquistar el mundo del Metal por su cuenta y restregárselo a sus antiguos compañeros, fundó un nuevo grupo llamado Megadeth, que completaron su eterno escudero David “Junior” Ellefson, Chris Poland y el eterno Gar Samuelson. Para el recuerdo queda aquella frase de Dave en la que afirma “Después de ser despedido de Metallica, todo lo que recuerdo es que yo quería sangre. La de ellos. Quería ser más rápido y pesado que ellos.”. Y es que “Killing Is My Business...And Business Is Good” es el disco más ruidoso y rabioso de este conjunto hambriento de éxitos.
Dave, muy a su pesar, decidió tomar las riendas tras el micrófono, cosa que trató de evitar durante seis meses de búsqueda de un vocalista que, como os imagináis, no llegó a buen puerto. Tras una pequeña maqueta titulada “Last Rites”, el sello Combat Records les hizo una oferta para trabajar con ellos que incluiría 8.000 dólares para financiar su primer álbum. Megadeth aceptó el trato y grabó el disco, sin por ello renunciar a pulirse bastante parte del presupuesto en drogas y alcohol.
Vamos a hablar de las canciones.
Un piano diabólico abre el disco tocando la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach, en este álbum titulada “Last Rites”, a la que se van sumando el bajo y la guitarra en su parte trasera hasta que, de la nada, PAM explota en nuestra cabeza “Loved To Death”, el primer golpe de Thrash Metal directo al mentón de Megadeth. Así de eléctrica y salvaje comienza una pieza eterna de un grupo nacido del odio y las ganas de hacer cosas realmente grandes. Mustaine se desgañita tras el micrófono mientras dispara sin piedad su guitarra. Exhibición de Metal ochentero para disfrute de todo amante de las emociones fuertes.
La cosa solo acaba de comenzar. Y es que se nos viene encima, sin un atisbo de pausa, el tema título. Las guitarras puntean con salvajismo mientras el “colorado” ruge sin benevolencia alguna y nos deja muy claro que su negocio es matar, lo cual le mola en cantidad. La canción avanza absolutamente descontrolada hasta llegar a un final épico en el que Dave y sus secuaces rugen una y otra vez el título de la canción.
Vic Rattlehead, la mascota del grupo, aparece por primera vez en una letra del grupo en “The Skull Beneath The Skin”, un tema oscuro, de lírica realmente grandiosa y sobre la que Dave se desenvuelve a la perfección con el micrófono. Aunque la base de bajo y batería es soberbia (lo que hace Ellefson es digno de un músico de su talla), como en todo el disco, una vez más las guitarras de Mustaine y Poland se llevan el gato al agua. Monstruoso tema con el que los americanos terminan de mostrar todo el poderío que poseían y que desarrollarían durante las próximas décadas.

“Rattlehead” dio nombre a la mascota de Megadeth a través de una canción enérgica y que contiene uno de los mejores momentos de Poland como guitarrista de Megadeth. Tema extremadamente técnico con el que la banda terminaba de dejarnos claro que venían para quedarse y plantarle cara a cualquier otro grupo de Thrash que se entrometiera en su camino.
Una de mis favoritas del disco es la breve “Chosen Ones” y su evocación al espíritu macarra y directo de la NWOBHM (hay mucho de Motörhead en esa estructura demoledora y poco cambiante). Las guitarras superan el límite de velocidad mientras Ellefson y Gar construyen una base absolutamente demencial.
El Mustaine más creativo y ambicioso aparece en la inmortal “Looking Down The Cross”, una pieza cargada de cambios de ritmo que crece sobre una atmósfera diabólica que Dave interpreta con grandes dosis de dramatismo antes de incendiar el escenario inyectándonos una dosis extra de adrenalina. No sabes por dónde te vienen los golpes debido a la variedad de riffs que se suceden.
Finalmente, y como compositor original de la canción que Metallica luego transformaría en “The Four Horsemen”, Mustaine termina la obra de manera electrizante gracias a “Mechanix”, un misil sónico con una letra sexual y una posterior sección instrumental para la que faltan adjetivos. Megadeth acababa de mostrar su carta de presentación al mundo.
“Killing Is My Business...And Business Is Good” es una obra de categoría, llena de grandes canciones en las que la agresividad está siempre presente y a la que no le sobra detalle alguno. Obviamente necesitarían algún álbum más para consagrarse, cosa que sucedería poco tiempo después con esa triada gloriosa conformada por “Peace Sells”, “Rust In Peace” y “Countdown To Extinction”, pero esta primera obra es digna de la máxima nota. Un disco a la altura del respeto que el nombre de Megadeth despierta.

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