Toda historia, por muy bella que pueda llegar a ser, está destinada a llegar a su final antes o después. Nunca es sencillo escribir sobre un adiós y, menos aún, cuando se trata de unos músicos que has adorado con los que has crecido pero, en el presente escrito, se pretende rendir tributo al legendario “Let It Be” de los eternos Beatles.
“Let It Be” fue el disco póstumo de los big 4 de Liverpool, pero, no fue el último que grabaron ya que este data realmente de enero de 1969, pero fue lanzado en mayo de 1970, mientras que justo después de la mencionada grabación la banda dio a luz al no menos aclamado “Abbey Road” que fue lanzado en septiembre de 1969.
Si algo había quedado claro durante las sesiones de grabación del álbum homónimo, también conocido como el “White Album”, es que la banda estaba cerca de colapsar debido a la guerra interna de egos que los cuatro (o más bien tres porque George Harrison siempre tuvo fama de evitar el conflicto) miembros habían comenzado a llevar a cabo y que, como muchos sabrán, terminó por provocar la ausencia durante un par de semanas de Ringo durante la mencionada estancia en el estudio. El éxito del “álbum blanco” y el no menos destacado “Yellow Submarine” que la banda se vio forzada a grabar entre los años 1966 y 1968 por asuntos puramente contractuales solamente sirvieron para crear más diferencias en un conflicto que nunca tendría solución.
Ante una situación tan pesimista, la leyenda cuenta que Paul McCartney trató de convencer al grupo para volver a intentar ser los chavales que pocos años antes habían conquistado el mundo mediante la grabación de un nuevo álbum como en los viejos tiempos, llenos de energía rockera y sin tanta experimentación. Además, si la cosa fluía, tal vez podrían volver a realizar alguna que otra gira y/o un concierto especial. El hecho de que sus compañeros aceptaran la propuesta nunca fue sinónimo de que estuvieran dispuestos a limar asperezas ya que, de hecho, por aquel tiempo, el malestar con Macca era enorme por parte del resto de integrantes ya que lo tenían por una persona perfeccionista y, en ocasiones, con excesiva ambición. Esta desagradable situación es palpable en el documental “Let It Be”, que el propio Paul quiso grabar y que salió a la vez que el disco (este fue uno de los motivos por el cual el lanzamiento del LP tardó más de lo debido. Creo que este film de 80 minutos muestra perfectamente cómo de deteriorados estaban los lazos entre los británicos.
Aunque en la película mencionada no se ve, uno de los momentos más intensos y graves de la grabación, se produjo cuando George Harrison, harto del ambiente enrarecido, decidió marcharse de los estudios con la intención de no volver jamás. Afortunadamente, Harrison volvió y trajo de su mano a uno de los músicos que ha podido presumir de recibir el título de “quinto Beatle”: hablo, claro está, del respetado teclista Billy Preston, quien, en gran parte, dio un salto extra de calidad al álbum.
La ausencia de George Martin en el disco trajo otro gran conflicto. Y es que Lennon decidió contratar al afamado y polémico Phil Spector para la producción del disco. Este, con su arsenal de medios de orquestación fue clave en el sonido final del trabajo, el cual distaba mucho del primitivo estilo rockero que McCartney pretendía recobrar en esta obra. Habría que esperar hasta 2003 para que Paul, a través de las cintas originales de la grabación, publicara “Let it Be… Naked”, en el cual se puede escuchar el disco tal y como Paul hubiera deseado.
He querido describir el disco bajo el adjetivo de póstumo porque este vio la luz un mes después de la ruptura definitiva del grupo anunciada por el propio Paul McCartney. Esta noticia, como todos sabréis, conmocionó al mundo no solo musical.
No quiero seguir con preámbulos ya que son muchas las cosas que podrían decirse sobre lo que aconteció antes, durante y después de la grabación de “Let It Be” (más aún si lo vemos desde las diferentes perspectivas de cada músico), por lo que, con vuestro permiso, el aquí presente va a pasar a hablar de cada canción de este disco inmortal.
El disco abre con la preciosa “Two Of Us” en la que la banda opta por cautivar al oyente con una composición country a la que no puedo resistirme. La leyenda dice que, aunque la mayoría de las personas piensan que Paul dedicó a su querida Linda, realmente se refería a la amistad que durante tantos años había mantenido con John Lennon, la cual sentía que se destruía a paso agigantado. Sea como fuere, estamos ante una canción 10 que pone de manifiesto una vez más la versatilidad de estos músicos.
“Dig A Pony” es una canción muy Lennon. Medio tiempo con tintes melosos y algunos arreglos de carácter más progresivo en su trasfondo cuya letra es difícil de interpretar más aun sabiendo que se la dedicó a Yoko (ellos eran tipos demasiado abstractos jeejeje). Cabe decir que el estribillo es MUY parecido al de “With A Little Help Of My Friends” (siempre que la escucho termino pensando lo mismo). Me encanta esta canción.
Una de las grandes joyas de “Let It Be” es “Across The Universe”. La balda es, dentro del extenso catálogo que los de Liverpool pueden ofrecerte, una de las que más me llegan. El tema en sí y la gran cantidad de distorsión crean un aire cósmico a la vez que cautivador que te invita a ver la vida con un enfoque más interior (impresionante Lennon). Aprovecho aquí para recomendar la versión que bastantes décadas más tarde grabaron los Scorpions (otros expertos en el apartado baladístico) y que les quedó realmente preciosa.
Harrison, ese gran genio silencioso, optó por hablar indirectamente de la lucha de egos que sus compañeros mantenían en aquel momento a través de la canción “I Me Mine”, cuyo título hace referencia a una vieja expresión hindú que se usa para hablar de ese excesivo amor propio. La voz de George es fina como el papel dando la sensación de que no estaba encajando realmente bien todo aquello. Durante sus versos la canción, en gran parte gracias al gran trabajo de Ringo, parece un vals hasta que posteriormente entra la distorsión y la pieza cobra galones alcanzando una tónica más rockera con elementos psicodélicos.
Tras la extraña y breve “Dig It” de la que poco se puede añadir, salvo que la canción es un guiño lírico y sonoro a los Stones, se nos viene encima el tema título del álbum y, por ende, una de las mejores canciones de los Beatles. McCartney toma el piano y el micrófono y nos habla desde el corazón de una experiencia espiritual en la que su difunta madre se le apareció en sueños y le dijo “déjalo estar”, una expresión que podría tener sentido debido a las tensiones que se vivían en el grupo. Los versos, el estribillo con influencias góspel,… todo es absolutamente perfecto. Podrían escribirse ensayos solo sobre esta canción, pero no soy capaz de decir nada frente a tanta grandeza...si eso le doy las gracias a Macca por semejante obra de arte. Viva la música.
“Maggie Mae” no es más que un corte popular de 40 segundos que, eso sí, suena tremendamente sincero y cercano del grupo, sin apoyarse en ningún tipo de arreglos. Mucho más compacta es “I’ve Got A Feeling”, con la que los muchachos se desmadran un poco y dejan fluir su sangre más cañera y con ciertas influencias de la música negra. Me encanta la forma en la que Paul interpreta cada segundo de la canción, jugando con instantes más melódicos, donde entra también la voz de Lennon (¿no os da la sensación de que ambos estaban de buen rollo viendo las intervenciones que hace Paul cuando está John al micro?), y otros de auténtica locura que recuerdan a su memorable “Helter Skelter”, aunque sin llegar a aquellos parámetros.
Al principio de esta reseña os decía que Paul quería resucitar el espíritu juvenil del primer disco del trabajo, cosa que Lennon y, por encima de todo, Spector, lograron petardear. Sin embargo “One After 909” es un último guiño al pasado por parte de la dupla Paul-John, ya que es una canción que compusieron en 1957, cuando todavía eran dos desconocidos y que hubiera quedado de maravilla en “Please Please Me”. Boogie-boogie simplista, alegre y colorido, ¿para qué más si la cosa funciona?
Y cuando se te ha quedado el cuerpo con una alegría inmensa, se nos viene encima “The Long And Widing Road” y nuestros sentimientos van del subidón a la tristeza y melancólía de la mano de este absoluto baladón (¿podría gustarme más que el tema título? No lo descarto) que el maestro McCartney creó durante una estancia en Escocia tratando de expresar los sentimientos oscuros que la separación del grupo le estaban produciendo. La banda es acompañada de una orquesta que Paul despreció (en el mencionado “Let It Be...Naked” puede escucharse la grabación sin orquesta... y me gusta más incluso) ya que fue un capricho del dictatorial Spector. Con o sin orquesta, lo que está claro es que el resultado es angelical (me hubiera encantado que Sinatra la hubiera interpretado). Además de ser el último single en llegar al número uno de los Beatles, también cabe decir que la versión que figura en el disco (la de la famosa orquesta) fue uno de los motivos que McCartney argumentó para explicar los motivos por los que quería dejar el grupo (Spector nunca fue de su gusto como puede comprobarse, cosa que es más que comprensible)
“Es una canción triste. Me gusta escribir canciones tristes, es una buena bolsa en donde meterte porque puedes reconocer algunos de tus sentimientos más profundos y ponerlos dentro. Es una buena forma, te ahorra tener que ir al psiquiatra.” Sir Paul McCartney
Nos acercamos al gran final de la historia, pero antes Harrison nos regala una bluesera composición con reminiscencias al inicio del grupo que lleva el título de “For You Blue” y que me parece que está a un nivel exultante (aunque la letra sea un poco-demasiado pastelosa). Los arreglos acústicos y la incorporación de slide marcan la diferencia.
La cosa se termina por todo lo alto. McCartney no lograría llevar a la práctica el regreso de aquellos cuatro viejos amigos a la carretera. Ya era tarde para ello. Pero antes de que el telón bajara para siempre, el bajista nos dejó este sencillo tema de Rock titulado “Get Back” (clásico absoluto del grupo) que, como ya habrás deducido, es una última evocación de Paul del pasado glorioso del grupo. La historia terminaba igualito que empezó: con grandeza.
Se ha escrito mucho sobre el declive de las relaciones de estos cuatro colegas y el hundimiento de los Beatles, así como todo lo que vendría más tarde. Yo me limitaré, con vuestro permiso, a decir que “Let It Be” es el último clásico del grupo porque todo lo que hicieron era y es clásico. Agradecido eternamente a los Beatles por haber cambiado para siempre la música y la cultura.
“Let It Be” fue el disco póstumo de los big 4 de Liverpool, pero, no fue el último que grabaron ya que este data realmente de enero de 1969, pero fue lanzado en mayo de 1970, mientras que justo después de la mencionada grabación la banda dio a luz al no menos aclamado “Abbey Road” que fue lanzado en septiembre de 1969.
Si algo había quedado claro durante las sesiones de grabación del álbum homónimo, también conocido como el “White Album”, es que la banda estaba cerca de colapsar debido a la guerra interna de egos que los cuatro (o más bien tres porque George Harrison siempre tuvo fama de evitar el conflicto) miembros habían comenzado a llevar a cabo y que, como muchos sabrán, terminó por provocar la ausencia durante un par de semanas de Ringo durante la mencionada estancia en el estudio. El éxito del “álbum blanco” y el no menos destacado “Yellow Submarine” que la banda se vio forzada a grabar entre los años 1966 y 1968 por asuntos puramente contractuales solamente sirvieron para crear más diferencias en un conflicto que nunca tendría solución.
Ante una situación tan pesimista, la leyenda cuenta que Paul McCartney trató de convencer al grupo para volver a intentar ser los chavales que pocos años antes habían conquistado el mundo mediante la grabación de un nuevo álbum como en los viejos tiempos, llenos de energía rockera y sin tanta experimentación. Además, si la cosa fluía, tal vez podrían volver a realizar alguna que otra gira y/o un concierto especial. El hecho de que sus compañeros aceptaran la propuesta nunca fue sinónimo de que estuvieran dispuestos a limar asperezas ya que, de hecho, por aquel tiempo, el malestar con Macca era enorme por parte del resto de integrantes ya que lo tenían por una persona perfeccionista y, en ocasiones, con excesiva ambición. Esta desagradable situación es palpable en el documental “Let It Be”, que el propio Paul quiso grabar y que salió a la vez que el disco (este fue uno de los motivos por el cual el lanzamiento del LP tardó más de lo debido. Creo que este film de 80 minutos muestra perfectamente cómo de deteriorados estaban los lazos entre los británicos.

La ausencia de George Martin en el disco trajo otro gran conflicto. Y es que Lennon decidió contratar al afamado y polémico Phil Spector para la producción del disco. Este, con su arsenal de medios de orquestación fue clave en el sonido final del trabajo, el cual distaba mucho del primitivo estilo rockero que McCartney pretendía recobrar en esta obra. Habría que esperar hasta 2003 para que Paul, a través de las cintas originales de la grabación, publicara “Let it Be… Naked”, en el cual se puede escuchar el disco tal y como Paul hubiera deseado.
He querido describir el disco bajo el adjetivo de póstumo porque este vio la luz un mes después de la ruptura definitiva del grupo anunciada por el propio Paul McCartney. Esta noticia, como todos sabréis, conmocionó al mundo no solo musical.
No quiero seguir con preámbulos ya que son muchas las cosas que podrían decirse sobre lo que aconteció antes, durante y después de la grabación de “Let It Be” (más aún si lo vemos desde las diferentes perspectivas de cada músico), por lo que, con vuestro permiso, el aquí presente va a pasar a hablar de cada canción de este disco inmortal.

“Dig A Pony” es una canción muy Lennon. Medio tiempo con tintes melosos y algunos arreglos de carácter más progresivo en su trasfondo cuya letra es difícil de interpretar más aun sabiendo que se la dedicó a Yoko (ellos eran tipos demasiado abstractos jeejeje). Cabe decir que el estribillo es MUY parecido al de “With A Little Help Of My Friends” (siempre que la escucho termino pensando lo mismo). Me encanta esta canción.
Una de las grandes joyas de “Let It Be” es “Across The Universe”. La balda es, dentro del extenso catálogo que los de Liverpool pueden ofrecerte, una de las que más me llegan. El tema en sí y la gran cantidad de distorsión crean un aire cósmico a la vez que cautivador que te invita a ver la vida con un enfoque más interior (impresionante Lennon). Aprovecho aquí para recomendar la versión que bastantes décadas más tarde grabaron los Scorpions (otros expertos en el apartado baladístico) y que les quedó realmente preciosa.
Harrison, ese gran genio silencioso, optó por hablar indirectamente de la lucha de egos que sus compañeros mantenían en aquel momento a través de la canción “I Me Mine”, cuyo título hace referencia a una vieja expresión hindú que se usa para hablar de ese excesivo amor propio. La voz de George es fina como el papel dando la sensación de que no estaba encajando realmente bien todo aquello. Durante sus versos la canción, en gran parte gracias al gran trabajo de Ringo, parece un vals hasta que posteriormente entra la distorsión y la pieza cobra galones alcanzando una tónica más rockera con elementos psicodélicos.
Tras la extraña y breve “Dig It” de la que poco se puede añadir, salvo que la canción es un guiño lírico y sonoro a los Stones, se nos viene encima el tema título del álbum y, por ende, una de las mejores canciones de los Beatles. McCartney toma el piano y el micrófono y nos habla desde el corazón de una experiencia espiritual en la que su difunta madre se le apareció en sueños y le dijo “déjalo estar”, una expresión que podría tener sentido debido a las tensiones que se vivían en el grupo. Los versos, el estribillo con influencias góspel,… todo es absolutamente perfecto. Podrían escribirse ensayos solo sobre esta canción, pero no soy capaz de decir nada frente a tanta grandeza...si eso le doy las gracias a Macca por semejante obra de arte. Viva la música.
“Maggie Mae” no es más que un corte popular de 40 segundos que, eso sí, suena tremendamente sincero y cercano del grupo, sin apoyarse en ningún tipo de arreglos. Mucho más compacta es “I’ve Got A Feeling”, con la que los muchachos se desmadran un poco y dejan fluir su sangre más cañera y con ciertas influencias de la música negra. Me encanta la forma en la que Paul interpreta cada segundo de la canción, jugando con instantes más melódicos, donde entra también la voz de Lennon (¿no os da la sensación de que ambos estaban de buen rollo viendo las intervenciones que hace Paul cuando está John al micro?), y otros de auténtica locura que recuerdan a su memorable “Helter Skelter”, aunque sin llegar a aquellos parámetros.
Al principio de esta reseña os decía que Paul quería resucitar el espíritu juvenil del primer disco del trabajo, cosa que Lennon y, por encima de todo, Spector, lograron petardear. Sin embargo “One After 909” es un último guiño al pasado por parte de la dupla Paul-John, ya que es una canción que compusieron en 1957, cuando todavía eran dos desconocidos y que hubiera quedado de maravilla en “Please Please Me”. Boogie-boogie simplista, alegre y colorido, ¿para qué más si la cosa funciona?
Y cuando se te ha quedado el cuerpo con una alegría inmensa, se nos viene encima “The Long And Widing Road” y nuestros sentimientos van del subidón a la tristeza y melancólía de la mano de este absoluto baladón (¿podría gustarme más que el tema título? No lo descarto) que el maestro McCartney creó durante una estancia en Escocia tratando de expresar los sentimientos oscuros que la separación del grupo le estaban produciendo. La banda es acompañada de una orquesta que Paul despreció (en el mencionado “Let It Be...Naked” puede escucharse la grabación sin orquesta... y me gusta más incluso) ya que fue un capricho del dictatorial Spector. Con o sin orquesta, lo que está claro es que el resultado es angelical (me hubiera encantado que Sinatra la hubiera interpretado). Además de ser el último single en llegar al número uno de los Beatles, también cabe decir que la versión que figura en el disco (la de la famosa orquesta) fue uno de los motivos que McCartney argumentó para explicar los motivos por los que quería dejar el grupo (Spector nunca fue de su gusto como puede comprobarse, cosa que es más que comprensible)
“Es una canción triste. Me gusta escribir canciones tristes, es una buena bolsa en donde meterte porque puedes reconocer algunos de tus sentimientos más profundos y ponerlos dentro. Es una buena forma, te ahorra tener que ir al psiquiatra.” Sir Paul McCartney
Nos acercamos al gran final de la historia, pero antes Harrison nos regala una bluesera composición con reminiscencias al inicio del grupo que lleva el título de “For You Blue” y que me parece que está a un nivel exultante (aunque la letra sea un poco-demasiado pastelosa). Los arreglos acústicos y la incorporación de slide marcan la diferencia.
La cosa se termina por todo lo alto. McCartney no lograría llevar a la práctica el regreso de aquellos cuatro viejos amigos a la carretera. Ya era tarde para ello. Pero antes de que el telón bajara para siempre, el bajista nos dejó este sencillo tema de Rock titulado “Get Back” (clásico absoluto del grupo) que, como ya habrás deducido, es una última evocación de Paul del pasado glorioso del grupo. La historia terminaba igualito que empezó: con grandeza.
Se ha escrito mucho sobre el declive de las relaciones de estos cuatro colegas y el hundimiento de los Beatles, así como todo lo que vendría más tarde. Yo me limitaré, con vuestro permiso, a decir que “Let It Be” es el último clásico del grupo porque todo lo que hicieron era y es clásico. Agradecido eternamente a los Beatles por haber cambiado para siempre la música y la cultura.
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