Cuatro años después de
empezar con este Blog creo que va siendo el momento, no sé cómo no lo había
hecho antes, de homenajear desde el cariño absoluto a uno de los mayores genios
que ha conocido la música: Peter Gabriel.
Y es que no estamos
hablando de un tipo carismático simplemente, sino de un absoluto genio (sí, ya
he usado ese adjetivo antes y seguro que volverá a suceder) que, al igual que
unos pocos elegidos como Alice Cooper o David Bowie, cambiaron por completo el
concepto de “concierto en directo” hasta convertirlo en algo similar a una
representación dramática. Peter, durante sus gloriosos años en Genesis (pronto
prometo traer algún disco de aquella etapa), se convirtió en un personaje de lo
más extravagante cada vez que subía a las tablas de algún escenario, portando
disfraces de todo tipo que habían sido previamente elegidos con mucho cuidado
para cada canción.
Tras el éxito de “Selling
England By the Pound” (¡qué discazo!) y la sobresaliente continuación que tuvo
gracias a “The Lamb Lies Down On Broadway”, aquella primera formación de
Genesis se derrumbó por completo debido a la guerra de egos que Peter y sus
compañeros mantuvieron con tanta constancia que el resultado no fue otro que la
salida del primero. Hay quienes defienden a un bando y otros que se decantan
por la versión del otro (ambas respetables, por cierto). El caso es que este
panorama planteó un gran número de dificultades a sendas partes ya que el
futuro era realmente incierto. Afortunadamente, tanto Genesis como Peter
supieron jugar sus cartas con agudeza y terminaron alcanzando la gloria en sus
respectivas carreras.
Si algo tenía claro Peter
es que, aunque cambiara por completo de músicos, eso no afectaría a su
propuesta sonora ya que las ideas y el esquema a seguir no habían sido
alteradas en ningún momento. Fue por ello que, con mucha inteligencia, Gabriel
no tardó en descolgar su teléfono y ponerse en contacto con dos mastodontes del
Rock Progresivo como Robert Fripp y Tony Levin (ambos conocidos por lo que pronto
harían en King Crimson), así como con un productor único en su esencia como es
el gran Bob Ezrin (curiosamente famoso por ayudar al mencionado Alice Cooper en
la creación de su terrorífico personaje) para preparar el que sería el primer
disco del británico en solitario.
Tras un tiempo
considerable de grabación, producción y mezclas, salió a la venta este primer
disco, cuyo título parece ser homónimo aunque popularmente todos lo conozcamos
como “Car” ya que, tal y como se aprecia en la maravillosa portada que acompaña
al plástico, podemos ver a nuestro protagonista subido en el asiento del
copiloto de un Lancia Flavia. Por su expresión parece que Peter está cansado
por lo sucedido con Genesis y, de estar el coche en marcha, podría
interpretarse incluso (y esto figura en muchas reseñas del mismo trabajo) que
la imagen en sí podría representar la huída del cantante hacia tierras más
secas (de ahí que el cristal aparezca completamente mojado) que le permitan dar
rienda suelta a sus ideas y locuras.
Con los primeros compases
de “Moribund The Burgermeister” se disipa cualquier duda sobre la posibilidad
de que Peter cambiara por completo su forma de crear música. Teclados y
percusión abren una pista que no tardará en comandar nuestro querido
protagonista, quien no dudará en hacer gala de su amplitud de registros vocales
(realmente sensacional), los cuales adornará en algunos momentos con efectos de
megáfono. Los constantes cambios de ritmo y arreglos de sintetizador (¿no
parecen de un videojuego?), así como la mencionada actuación de PG la
convierten en una gran maniobra de arranque de este “coche”.
Como segundo plato
tenemos la clásica “Solsbury Hill”, una canción conocida por todo fan de
Peter. Tema melódico, más pegadizo y
repetitivo de lo habitual si consideramos de quien estamos hablando y en cuya
letra se alude indirectamente a la salida de Genesis ya que, la moraleja que
intenta transmitirnos su autor es que todo ser humano debe estar preparado o al
menos asumir que para alcanzar tus metas a veces tienes que perder lo que
tienes en ese momento. Genial, por supuesto.
El gusto del Rock
Británico de los Who es recreado (no sabría si decir que fue algo consciente o
no) en un tema épico y rockero que Peter borda a la voz. El señor Levin está
implacable al bajo, regalándonos una línea a las cuatro cuerdas para enmarcar.
El lado más experimental del disco podremos
encontrarlo en su parte intermedia. Primero con “Excuse Me”, un curiosísimo
tema introducido a cuatro voces que termina convirtiéndose en un tema más
propio de cabaret que funciona sorprendentemente bien (recuerda mucho a “Lazy
On A Saturday Afternoon” de Queen), aunque cuando es Peter Gabriel, todo un
maestro del dramatismo, quien está al mando lo normal es que el invento salga
bien. Luego vendrá “Hundrum”, un tema inicialmente algo más “normal” (preciosos
primeros compases en tono baladístico) antes de que la venada progresiva salga
a la luz y seamos sorprendidos por una especie de pasodoble progresivo de alto
nivel de calidad cuyo tono melódico parece tener continuidad con “Slowburn”.
Desde la primera vez que
escuché “Waiting For The Big One” quedé realmente maravillado ya que no es
precisamente habitual escuchar a Peter en una tesitura tan bluesera (no
entiendo cómo puede haber detractores). Eso sí, por mucho que Gabriel respete
el Blues, no deja de jugar con su propia voz e introduce algunos detalles
personales de interpretación teatral que encajan sencillamente perfecto con el
concepto de la canción.

La división de caminos
entre Genesis y Peter Gabriel ayudó a ambos bandos a seguir creciendo y poder
facturar grandes álbumes como este primer proyecto solita de PG. No siempre la
unión hace la fuerza. Grande Peter.
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