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Helloween - Master Of The Rings (1994)

Calificación:***** (9)

Ya habían pasado unos años desde que Helloween había conquistado la escena del Metal europeo con “Walls Of Jericho” y, por supuesto, con sus dos partes de “Keeper Of The Seven Keys” (palabras mayores). Lo difícil de llegar a la cima es mantenerse después…y las luces de emergencia comenzaron a encenderse tras la marcha de Kai Hansen, uno de los principales compositores del grupo, quien no estaba a favor de la evolución sonora que la banda había comenzado a experimentar y tenía ganas de seguir explotando los sonidos más duros con Gamma Ray. “Pink Bubbles Go Ape” (1991) tenía varias canciones más que aceptables (mención especial para Grapow en su primer álbum junto a las calabazas), no obstante, ya comenzaba a presentar síntomas de falta de creatividad en un núcleo del grupo cada vez más tenso debido a la guerra de egos entre Kiske y Weikath. Ya en 1993 las alarmas terminaron de activarse con la publicación del retorcido “Chamaleon”, un álbum muy flojo que terminó por costarle el puesto a Kiske como cantante y al  batería Ingo Schwichtenberg por su adicción a las drogas y su creciente esquizofrenia (en 1995 este músico tendría un final trágico) que habían mermado su forma de tocar hasta el punto de empeorar notablemente las presentaciones en vivo del grupo. Además, por si este panorama no fuera ya de por si lamentable, la banda llevaba un par de años en un proceso judicial bastante serio contra Noise Records que terminó costándole la prohibición de la venta de discos y merchandising fuera de Europa, así como también la celebración de conciertos fuera del “viejo continente”. Un par de años después Noise les levantó dicha prohibición.

Ante una situación límite como aquella, “Weiki” y Marku tuvieron que sentarse a decidir si la banda podía tener continuidad o no. La única condición que podía darse para que Helloween sobreviviera, aunque fuera, un par de años más fue una: que Andi Deris, vocalista de Pink Cream 69 que estaba finalizando los trámites para dejar el grupo, se uniera a los alemanes. Poco tardó el rubio en unirse al conjunto y comenzar a componer junto a sus compañeros un álbum que definiría el futuro del conjunto. Podían volver a la cima del éxito o estrellarse definitivamente. Afortunadamente, lo que el quinteto se traía entre manos iba a ser algo más que un notable álbum. Cabe señalar que la banda cubrió el puesto de Ingo reclutando al batería de Gamma Ray, Uli Kusch.

Ni una escena metalera clásica sometida al ascenso del Grunge y de algunos subgéneros como el Death o el Black, ni el hecho de presentar una formación renovada notablemente, parecían dibujar un futuro esperanzador para los teutones.

Antes de iniciar la reseña me gustaría aclarar que en ningún momento voy a comparar a Andi Deris y a Michael Kiske como cantantes. Entiendo que cada oyente tendrá una preferencia personal, pero no es mi intención en esta reseña abrir fuego contra alguno de los mejores cantantes que ha dado el Power. Adoro Helloween y todas sus formaciones.
Dicho esto, comencemos a analizar los temas de “Master Of The Ring”:

Una bella introducción orquestal titulada “Irritation”, obra del siempre enorme Weikath, sube poco a poco la intensidad del álbum justo antes de derivar en la impresionante “Sole Survivor”, una canción que no dudaría en colocar entre las más grandes de la historia de las calabazas (realmente esto me sucede con esta y con las siguientes dos piezas) y todo un himno del Power Metal. Los alemanes volvían a recuperar la garra que parecían haber perdido. Sobre una percusión explosiva y unos riffeos de escándalo, nos topamos por primera vez con la inconfundible voz del gran Andi Deris, cuyo registro, aunque diste un poco del que suelen poseer los cantantes de Power, encaja a la perfección. Cabe señalar que esta es su primera aportación como compositor (junto a Weiki) en la banda. Bienvenidos a “Master Of The Rings”.

Cuando pensabas que ese inicio era inigualable, en tu cabeza estalla otro cañonazo del grupo como “Where The Rain Grows”. Aquí hay Power con mucha riqueza en el apartado melódico. Las guitarras son sencillamente magistrales, ganando especial protagonismo en el técnico solo que disfrutaremos en la fase intermedia (Weiki y Grapow nos dejaron auténticas maravillas durante aquellos tiempos) y en los detalles acústicos que introducen en un antológico estribillo que Andi borda con su adictivo timbre.

Si quedaban dudas de que Helloween había vuelto por la senda del éxito, “Why?” termina de confirmarlo. Aquí hay mucho Hard-Rock, con un sabor más cercano a Pink Cream 69. De hecho, esta canción había sido compuesta por Deris cuando este aún militaba con dicho grupo, pero había sido rechazada. Para nuestra suerte, este tema tan crítico con aquellos que toman el nombre de Dios para hacer lo que se les antoja vio la luz en este álbum y se convirtió en otro clásico instantáneo del grupo que no faltó en los repertorios del grupo durante muchas de las posteriores giras.

Grapow toma ahora el timón compositivo y se saca de la manga un medio tiempo con mucho trasfondo polémico como “Mr. Ego (Take Me Down)”. Digo polémico porque, como muchos saben, la letra se inspiró en la actitud que Michael Kiske había adoptado durante sus últimos tiempos en Helloween. Afortunadamente, dos décadas después todas estas tensiones parecieron desaparecer y la banda se reunió al completo en el ya histórico Pumpkins United Tour, en el que también estuvo presente Kai Hansen. La canción carece de grandes cambios, aunque tampoco los necesita para ponernos los pelos de punta, ya que esto es compensado con una sobresaliente actuación de Deris al micrófono (hay algunos agudos que rozan lo inhumano).

¿Qué tal si hablamos de otro clásico? Es el turno de la archiconocida “Perfect Gentleman” (¿quién no ha tarareado el silbido inicial alguna vez en su vida?), un auténtico hit del grupo extremadamente pegadizo en el que Andi encarna a un apuesto, y algo creído, caballero que se pavonea ante nosotros mientras escupe versos y estribillos con una actitud tan chulesca como atractiva.

“The Game Is On" resucita la faceta vacilona del grupo que ya pudimos escuchar en clásicos pasados como “Rise Or Fall” o “Dr. Stein” con una canción que recrea algunas melodías propias de los videojuegos del pasado para hablarnos de la adicción que un hombre sufre, el cual termina siendo incapaz de distinguir la realidad del mundo virtual. De hecho, este eje temático ya había sido tratado en el pasado por el grupo en el épico “Gorgar” del “Walls Of Jericho”.


La banda vuelve a morder con fuerza a partir “Secret Alibi”, obra de ese dios melenudo llamado Michael Weikath, por el cual profeso una profunda admiración. En mi opinión esta canción tuvo la mala fortuna de coincidir con tantos clásicos en el mismo disco, lo que creo que la terminó resignando a un injusto lugar secundario. No puedo evitar disfrutar de los llamativos agudos de Deris en cada estribillo. La misma desgracia creo que tuvo la apoteósica “Take me home”, la cual mezcla el Power Metal con influencias más que perceptibles de Rock ‘n’ Roll de la vieja escuela. Esta composición de Grapow, tiene como principales protagonistas a las guitarras (¡cómo me encanta el riff principal del tema y los solos) y al bajo de un superhéroe como Markus. El estribillo no dudo en incluirlo entre los mejores del disco, con un feeling muy cercano al de los primeros Mötley Crüe.

Encaramos la recta final con la dulce “In The Middle Of a Heartbeat”, una preciosa balada de primerísima categoría compuesta por una dupla de dioses muy especial (Deris / Weikath) que podría haber sido facturada por cualquier banda con especial habilidad para este tipo de piezas (me remito, por ejemplo, a sus compatriotas de los Scorpions). La canción suena emotiva, sentida por Deris y con un poder melódico en la sección instrumental exquisita.

Nuestro viaje llega a su final con la espídica “Still We Go”, que podría pasar como la mejor composición firmada por Grapow en sus años junto a la calabaza. Un cierre de auténtico Power Metal con una letra autobiográfica en la que la banda  mandaba un mensaje de resurrección a su hinchada y de repudia a todos aquellos sujetos que habían intentado hundir la carrera de los alemanes en aquellos difíciles años.

Volvieron como solo una banda de sus dimensiones podía hacerlo. Tras haber perdido a un auténtico monstruo del micrófono como Michael Kiske, las calabazas supieron jugar sus cartas y apostaron por un experimentado Andi Deris para firmar un trabajo que no dudaría en incluir entre los más perfectos de su carrera, así como un auténtico éxito comercial (1 millón de copias vendidas en un año). Era un “todo o nada” y al final, como es sabido por todos, la banda terminó ganando. A modo personal reconozco que me quedo con las dos partes de “Keeper Of The Seven Keys” (creo que son las mejores obras que se han hecho de Power Metal), aunque no por ello voy a dejar de ponerle a “Master Of The Rings” la máxima calificación (otra obra de culto de Power), ni voy a dejar de recomendarlo ni de presentarlo como una de las mejores obras que Helloween ha grabado en su vida.


¡Qué grandes sois!



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