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Crónica del concierto de Rammstein en Barcelona (01/06/2019)

Calificación:

Ver a Rammstein una vez en la vida debería ser una especie de regla divina que todo metalero tendría que cumplir. Esta afirmación tan tajante la hago porque, aunque he de reconocer que los alemanes no son una de mis bandas preferidas (me gustan muchísimo y en casa tengo todos sus discos, eso sí), siento que seguramente su directo, en lo que a puesta en escena se refiere (elementos pirotécnicos, teatrales,…) no tiene rival alguno actualmente. Cierto que ni mucho menos este sexteto creó eso de hacer de los conciertos algo más que una actuación musical (ese honor se lo vamos a dejar a personalidades como Alice Cooper o a los Genesis de Peter Gabriel, por ejemplo, sin olvidarme de Kiss obviamente), pero a día de hoy es posible que  haya banda mejor que Rammstein en este aspecto.

La oportunidad de ver por primera vez a los alemanes en Barcelona en el que sería, según parece, su concierto más grande en nuestro país, y quién sabe si su último, se presentó hace unos meses y, con cierta fortuna, pude hacerme con un par de entradas, así como con unos pasajes de avión (ya sabéis que desde Tenerife  como no sea volando o navegando está la cosa complicada jejeje) para visitar esta preciosa ciudad que me enamoró rápidamente.

Como me alojé a cinco minutos del RCDE Stadium pude ver a los roadies del grupo rondando por el barrio de Cornellá de Llobregat, así como la excesiva cantidad de camiones que la banda necesitaba para transportar toda su parafernalia (¡así era imposible no tener listo el cuerpo para una buena ración de Rammstein!). 

Desde primera hora de la mañana del día del show, toda Barcelona se llenó de camisetas negras con el logo de Rammstein o con las portadas de sus mejores discos. La ciudad condal estaba deseosa de volver a recibir la visita de una de las bandas con mayor peso en las dos últimas décadas. Esa tarde recuerdo hablar con tres aficionados, uno de ellos balear, en la zona de las Ramblas sobre las ganas que cada uno tenía del show, así como uno de ellos me mostró el enorme tatuaje con el logo de la banda que tenía en el hombro derecho. Por cosas así me encanta la comunidad metalera.

El caso es que allí no solo había personas procedentes de diferentes rincones de la península, sino que un importante porcentaje de los asistentes al concierto fueron alemanes que, con la excusa del concierto, habían aprovechado el viaje para conocer Barcelona (gente lista). Con respecto a esto he de contaros que, una vez dentro del estadio, un aficionado alemán que tenía sentado detrás me preguntó en inglés, mientras sonaba “Te Quiero Puta!” por megafonía, por el significado de la palabra “puta” (lo típico que suele pasarte). Hay que reconocer que fue muy divertido intentar que este divertidísimo personaje entendiera la única canción que Rammstein tiene en español.

Centrándome ahora en lo que al concierto se refiere, poco antes de que el reloj marcara las nueve de la noche, saltaron a escena Duo Jatekok. Las pianistas francesas subieron a la pequeña estructura ubicada en plena pista y tocaron a cuatro manos algunas canciones de Rammstein que ellas mismas llegaron a grabar para el álbum “Klavier”. Si bien es cierto que la actuación estuvo muy bien, así como el público, que no dudó en animar a ambas artistas, es cierto que se echó en falta unos teloneros más cañeros, pero no se puede tener todo en esta vida.

El concierto, tal y como estaba programado, dio inicio a las 22:00 con una puntualidad propia, más bien, de los ingleses. De hecho, dos minutos antes del inicio, fue posible ver a los miembros del grupo descendiendo por una de las gradas del RCDE Stadium, acompañados de un par de técnicos con linternas.

Una música propia de la realeza anuncio la llegada de los alemanes. Christoph Schneider apareció en escena tras su batería con los brazos abiertos y, tras unos segundos de espera, golpeó la batería a la vez que una enorme explosión (la primera de muchas), sacudió el estadio entero. Posteriormente, los baquetazos del percusionista, dieron inicio a “Was Ich Liebe”, una de las piezas más suaves de su reciente trabajo. Una trampilla se abrió en el escenario y comenzaron a aparecer los restantes miembros del grupo progresivamente: Primero lo hizo Richard, posteriormente el bueno de Lorenz vistiendo un traje que a más de uno nos recordó al del robot C3PO, Paul Landers fue el tercero y posteriormente Oliver, con una línea de bajo que hizo retumbar las gradas del recinto. Tras unos segundos de calma, la trampilla volvió a abrirse y, ante los ojos expectantes de una audiencia enloquecida, apareció el legendario Till Lindemann con una pose seria (me encanta su oscura personalidad) antes de animar al público a desgañitarse. Esta primera canción fue ganando enteros con el paso de los segundos hasta que Till gritó con mucha furia “BARCELONA!” y las hostilidades comenzaron de la mano de “Links 2 3 4”. Si alguno de los presentes había quedado  frío con la primera canción, esta segunda seguramente habría terminado de ponerle el corazón a mil. La banda desfilaba frente a una audiencia que no paraba de corear el famoso estribillo junto a Till y sus ya famosos golpes en el pecho durante esta canción marcial (entre la pose de este y las imponentes banderas desplegadas en el escenario, aquello parecía más un discurso de un líder totalitario, que un concierto). Barcelona acababa de adentrarse en el incendiario ritual del grupo.   

Como cabía esperar, fueron muchas las  canciones de su nuevo álbum que sonaron aquella noche, las cuales, aunque serán desgranadas lentamente, puedo adelantar que sonaron impecables. “Sex” y “Tattoo” fueron las siguientes elegidas para la velada (ambas a un altísimo nivel), justo antes de que el show volviera a subir de nivel de la mano de la siempre colosal “Sehnsucht” y sus adictivos teclados. A estas alturas de concierto llamaba bastante la atención el excelente estado de forma en el que se encuentra actualmente Till (esperemos que la voz le aguante así durante toda la gira), bordando cada canción, rugiendo como suele acostumbrar y viviendo cada show como si fuera el último (se le notó, además, muy cómodo con el público barcelonés).

A continuación se vino una triada de canciones que no dudaría en afirmar que estuvo entre lo mejor de aquel sobresaliente concierto. La primera de estas fue la nueva “Zeig Dich”. Este tema mantuvo la electricidad del estudio, pero ganó aún más gracias a la utilización, una vez más, de una buena dosis de fuego. Posteriormente fue el turno de “Mein Herz Brennt” (el estadio se vino abajo con esta)  en la cual la banda hizo dos pausas cómicas antes del estribillo para despistar a la audiencia, antes de teñir el RCDE Stadium de rojo. Una vez finalizado este clásico, apareció en el escenario un carrito de bebé gigante portado Till. Era el momento de meternos en el dramático argumento de “Puppe”. El cantante, con una pequeña cámara colocada en uno de sus ojos, interpretó la canción con el mismo sentimiento teatral de la versión de estudio (es un maestro en este tipo de canciones), hasta que explotó el estribillo y comenzó a golpear aquel enorme objeto antes de que comenzara a arder (resulta gracioso pensar la emoción que esta banda es capaz de generar en sus aficionados cuando ven un carrito de bebé arder)

Tras rescatar “Heirate Mich” del baúl de los recuerdos (¡qué temazo de “Herzeleid!) con una buena dosis de pirotecnia, Till, Flake y Oliver interpretaron con mucha solemnidad y maestría la bellísima “Diamant”, una de mis canciones preferidas del nuevo álbum.

De repente apareció Richard ataviado con un abrigo de plumas y unas gafas de sol sobre el escenario para interpretar con una mesa de mezclas el remix que él mismo hizo de “Deutschland”. Este vino acompañado de una pequeña coreografía realizada por cuatro bailarinas que portaban trajes de luces. Poco después, la banda al completo sobre el escenario saltó al escenario e interpretó este mismo tema tal y como lo pudimos disfrutar en el álbum. Un tema directo a la yugular que la gente cantó como si fuera ya un clásico del grupo (creo que ya podría alcanzar esta calificación). Varios alemanes presentes en el estadio levantaron las banderas de su país que habían traído hasta Barcelona para animar a la banda de sus amores. Seguidamente sonó “Radio”,  el segundo adelanto que pudimos disfrutar del álbum homónimo de la banda, que también fue entonado cual himno del grupo. Como habían realizado en las anteriores fechas de la gira, Paul y Richard se marcaron un curioso, y breve instrumental, de teclados mientras empleaban sus voces distorsionadas.

A partir de aquí comenzaron a sucederse muchos de los temas insignes del grupo…

Como dicta la tradición, sobre el escenario apareció Till Lindemann vestido como un macabro cocinero impregnado en sangre y portando un enorme caldero en el que estaba el pobre Flake. Era la hora de “Mein Teil” y Barcelona entera lo sabía. La banda bordó la canción dedicada al caníbal de Rotemburgo  y, como siempre, ofreció a la audiencia el disfrute de ver a Flake arder (cosas que solo ocurren en el Metal). Eso sí, en esta ocasión, Till utilizó tres artilugios diferentes para quemar al teclista, destacando especialmente uno similar a un cañón. De forma cómica, Flake desplegó una bandera blanca a modo de retirada, justo antes de que este lanzara a traición a Till del escenario. Como he dicho en varias ocasiones, esta banda adora las puestas en escena teatrales y sus fans también. Y para puesta en escena la de las posteriores “Du Hast” y “Sonne” (ambas con un fuerte peso de pirotécnica y fuego), dos de los mejores números de todo el concierto (a los vídeos me remito).

Tras la siempre dulce “Ohne Dich”, en la que las luces de los mecheros (¡y no de los móviles!) iluminaron el estadio, la banda se marchó del escenario y, después de unos minutos de espera, los músicos aparecieron caminando por uno de los laterales de la pista hasta la mencionada estructura central en la que Duo Jatekok había llevado a cabo su show. De hecho, fue con el dúo francés con el que el grupo interpretó “Engel” esa noche. Este fue un momentazo que será difícil de olvidar ya que tuve a los seis músicos muy cerquita. Una vez finalizada la canción, varios de ellos volvieron al escenario subidos a una barca hinchable (Oliver casi no lo cuenta), mientras que Till volvió a pie, no sin antes pasar por el bar a pillar una cerveza y, como pudo verse en varios vídeos publicados en Twitter, brindar con algún aficionado.

Muy celebrada, pese a haber sido lanzada hace poco más de dos semanas (además de ser la canción más polémica del último trabajo), fue “Ausländer”. Barcelona entera coreó el plurilingüe estribillo. Si la cosa no podía calentarse más, la banda quiso incluir en el repertorio la provocativa “Pussy” en la que, como ya sucedió en pasadas giras, Till Lindemann acabó subiéndose a un pene gigante que disparaba espuma al respetable (esto es Rammstein amiguetes).

El fin de fiesta llegó de la mano de la ardiente “Rammstein” (Schneider estuvo increíble en todo momento), y su pirotecnia desmedida, y, por supuesto, “Ich Will”. Mientras recibían por parte del público una ovación más que merecida, Till, con emoción, se despedía con un amable “Muchas gracias Barcelona, fantástica noche. Increíble”. Finalmente, la banda fingió su explosión durante el ascenso por la discografía y, minutos después, los que estábamos en grada pudimos verles retirándose por la misma grada por la que dos horas antes habían bajado para comenzar el show.  

Creo que no descubro absolutamente nada con esta crónica. Ya es sabido de sobra que Rammstein tiene un directo apocalíptico con el que son capaces de encender hasta el último rincón de tu cuerpo, subir tu adrenalina a unos niveles insanos y, cómo no, hacerte pasar dos de las horas vidas de tu vida. La banda está en un momento muy dulce y este directo lo ha puesto de manifiesto.

Máxima nota y mi agradecimiento eterno a Till, Richard, Oliver, Flake, Christoph y Paul por una noche que jamás olvidaré.


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