Respeto. Ese término
tan bello pero, a la vez, tan difuso y difícil de obtener. El personaje que
protagoniza esta reseña es, sin lugar a dudas, alguien que a sus casi 70 años
se ha ganado el respeto de gran parte de quienes amamos el Rock. Bruce Springsteen,
aunque también tiene sus detractores (para gustos los colores), es sinónimo de
música con sentimiento, de una poderosa imaginería sonora y, por supuesto, de
unas letras comprometidas con la sociedad de cada época que le ha tocado vivir
y a la que le ha puesto voz. Bruce nos habló de esa cultura tan idealizada como
es la yanqui, del famoso “sueño americano” y de las limitaciones que este
último tiene.
Tras haber estado
entretenido durante muchos meses con un exitoso musical de Broadway y haber
lanzado sus más que recomendables memorias (“Born To Run” es un libro
maravilloso) en las que nos habló, además de sus innumerables éxitos, de sus
miedos, frustraciones y de una enfermedad tan dura como la depresión, “The
Boss” está de vuelta con “Western Stars”, su primera referencia discográfica
desde 2014, así como la primera en
contar sin la E Street Band desde “Devil & Dust” (2005). En esta ocasión,
Bruce nos presenta trece canciones completamente nuevas en las que deja a un
lado su lírica más lapidaria frente a la clase política para dar un mayor peso
a la introspección y a la evocación de
sentimientos e historias pesimistas que inundan casi todas las pistas. El sur
de California, tierra a la que sus padres emigraron, y artistas como Harry
Nilsson o Burt Bacharach, entre otros, han influido enormemente en esta nueva
placa, que hará las delicias de los oyentes más melódicos.
“Western Stars” habla
de sueños que terminan convirtiéndose en pesadillas, de personas que huyen, de desamores, de egoísmo y de la ya mencionada
depresión. Estos males son encarnados por diferentes personajes anónimos que
“El Jefe” crea para cada pista, pero que muchos de nosotros podemos identificar
con algún conocido (o con nosotros mismos). Con este panorama es posible decir
que no estamos ante la obra más reveladora de Springsteen (para eso ya están
sus memorias y su show de Broadway), pero sí ante una obra con mucho peso
lírico.

“Tengo
todo lo que puedo llevar y mi canción”
La orquestación tendrá
más presencia en “The Wayfarer” una canción que me enganchó desde la primera
escucha. Es aquí donde encontramos la primera muestra clara del pesimismo
lírico que “The Boss” pretende crear. Sobre unos arreglos acústicos
impresionantes, el veterano artista nos habla de huir de nuestros propios
sueños. La progresión de acordes y de estructuras la convierten en uno de los
platos fuertes de todo el trabajo, al igual que sucede con “Tucson Train”, otro
temazo en el que se nos presenta la historia de un hombre que, cansado de “las píldoras y la lluvia” de San
Francisco, huye a Arizona en busca de paz y tranquilidad. Comienza a trabajar
como operario de una grúa y, tal y como revela el estribillo, espera con
emoción (y algo de temor por el futuro incierto), la llegada de su amada en un
tren. La canción en sí es dulce, un caramelo que agrada a cualquiera, pero es
en lo lírico donde creo que el americano realmente da un golpe sobre la mesa
con una frase muy marca de la casa:
“Luchamos duro por nada
Luchamos hasta que no quedó nada
He llevado esa nada durante mucho tiempo
Ahora llevo mi licencia de operario
Y paso mis días solo conduciendo esta grúa
Y mi amor viene en el tren de Tucson.”
Para momento sensiblero
el de la homónima “Western Stars”, otro de los mejores momentos de la obra.
Springsteen nos habla de un actor de películas del oeste en decadencia que una
vez estuvo en la cima y ahora está haciendo lo posible por sobrevivir a la
resaca “con dos huevos crudos y un trago de ginebra” mientras espera la hora
para grabar un anuncio de viagra. Ese tópico de “lo que fuiste y lo que eres
ahora” es llevado a su versión más depresiva con el tradicional tratamiento que
esta leyenda de la música suele realizar con este tipo de temas.
Con “Sleepy Joe’s Cafe”
aparece el primer tema medianamente prescindible del trabajo. Un tema bueno,
pero nada más. No hay nada realmente reseñable, salvo la curiosa letra en la
que Bruce nos habla de un utópico oasis que se encuentra tras los límites de
San Bernardino en el que toda la gente trabajadora y humilde puede acudir y
relajarse. Por adelantarme a futuros acontecimientos, menciono aquí “There’s Go
My Miracle”, el otro tema que menos me ha gustado de “Western Stars”. Se sale
un poco de la tónica del disco y tiene un sonido mucho más comercial. Tal vez
Springsteen pudo haber prescindido de ambas piezas.

"Tengo
dos tornillos en mi tobillo y la clavícula rota / Una varilla de acero en mi
pierna, pero esta me lleva a casa".
A título personal me ha
gustado mucho “Chasin’ Wild Horses” no solo por la interpretación de un siempre
imponente “boss”, sino por la dura letra que el artista se saca de la chistera
en la cual nos habla de lo triste que puede llegar a ser vivir una vida sin
aspirar a nada más. Los arreglos de violín crean la base sobre la que luego se
irán incorporando otros instrumentos conformando una pieza soberbia.
Tras “Sundown” y su
canto al desamor, es el turno de la breve, pero magna, “Somewhere North Of
Nashville” en la que Bruce encarna a un compositor que abandona al amor de su
vida para buscar la fama en Music City, donde no tarda en fracasar. Esta
canción, tanto por su letra como por el mayor peso de la guitarra y la íntima
voz de Bruce, me trajo, desde la primera escucha, el recuerdo de aquellos
mastodónticos álbumes de la colección America Recordings que llevó a cabo el
eterno Johnny Cash. Algo similar sucede con la lenta “Stones”, la cual tiene
ciertos matices que me hacen recordar al Bruce Springsteen del álbum “Born To
Run”, aquel joven rebelde que, acompañado de la E Street Band, se ganó la
eternidad.
El primer adelanto que
pudimos escuchar de este álbum fue “Hello Sunshine”, un tema denso en lo que a
contenido se refiere ya que Bruce hace referencia directa al mal de la
depresión que sufrió en el pasado tal y como reveló el propio artista en su autobiografía.
Un canto doloroso, con melodías dulces y varios pasajes que parecen ir en
contradicción con lo que el “Jefe” quiere contarnos.
“Sabes
que siempre amé un pueblo solitario.
Esas
calles vacías, nadie alrededor
Te
enamoras de la soledad, terminas así.”
“Western Stars”
finaliza con "Moonlight Motel", una pequeña balada discreta en la que
habla sobre los encuentros eróticos de la infancia. Bruce nos habla de esas
primeras experiencias sexuales en un hotel de carretera americano que el
protagonista de la canción recuerda y, posteriormente decide volver al lugar
para descubrir que este había sido demolido y termina sacando una botella de
Jack y bebé en aquel lugar por los viejos tiempos.
No es una obra para
gente con corazones duros (no se los aconsejo). Springsteen nos muetra una
faceta completamente nueva en “Western Stars”, un disco suave, completamente
acústico y que habla de algo sobre lo que todos creemos saber pero no es así:
la vida.

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