De muchas cosas
seguramente pueda presumir Berriozar, pero, sin duda, el hecho de ser la tierra
que vio nacer a uno de los mayores exponentes del Rock de este milenio sea su
mayor logro. Y es que Marea, amiguetes, es una banda muy grande que ha tomado
el relevo de artistas muy queridos y grandes de nuestro Rock como Leño, el
“tito” Rosendo, Obús Barricada, o los más contemporáneos Extremoduro. De hecho,
conocí a Marea a través de una colaboración que mi adorado Rosendo (el más
grande) hizo para su disco “28.000 puñaladas” (“Al Culo De Una Lombriz”).
Lejos de venderse como
una banda creadora de un sonido propio, estos músicos del norte no dudan en
reconocer la influencia de Leño en su sonido. De hecho en una entrevista que
Kutxi Romero ofreció a la revista This Is Rock hace pocas semanas, el vocalista
afirmó que para él el Rock se inició como tal con el debut homónimo de esta
banda madrileña tan querida por todos. Posteriormente podréis comprobar que en
el disco el grupo realizará un guiño a su ídolo.
Obviamente, como todo
grupo, no están libres de críticos (para gustos los colores) y hay quienes se
muestran disconformes por las similitudes sonoras de sus composiciones (tienen
un estilo muy reconocible) o por la dificultad de sus letras (que para mí no es
algo negativo, sino todo lo contrario), llegando a emplear términos como
“poetas de la calle del montón” con cierto tono peyorativo (no lo comparto). A
estos, aunque les agradezco siempre las visitas, no les aconsejo que sigan
leyendo porque este disco sigue sonando a Marea.
Ocho años hemos tenido que esperar para
disfrutar de una nueva entrega de los Marea. En este tiempo, los miembros de la
banda han estado ocupados en diferentes asuntos que van desde lo familiar (la
familia de Marea tiene nuevos canteran@s), hasta lo meramente musical, como el
álbum solista de Kutxi, “No Soy De Nadie”, que vio la luz en 2017.

Entrando en materia
musical, este nuevo álbum, “El Azogue” fue grabado en los Estudios Sonido R-5
de Orikain (Navarra) en rigurosísimo directo por Jesús Martín “Txutxín” durante
los días 20, 21 y 22 de junio de 2018. Fue en diciembre cuando Kutxi grabó su
voz con las letras definitivas del álbum y Kolibrí añadió las pistas
adicionales, lo mezcló y lo masterizó entre los meses de enero y febrero de
este año. La portada se mueve muy en la onda de los anteriores álbumes y ha sido
creada por Fernando Lezaun (buena, aunque para mí sigue siendo insuperable la
del trabajo anterior).
Sobre el título,
basándome en lo que Kutxi Romero explicó en una entrevista promocional del
álbum, el término “azogue” tiene tres acepciones (mercurio, inquieto y
mercadeo). De una forma cómica el cantante afirmó que es una mezcla de todos
los significados: “Si vamos a ir a la
carretera se va a poner todo el mundo muy nervioso, va a empezar el mercadeo y
va a subir la temperatura”.
¡Sin más preámbulos es
el turno de hablar del contenido sonoro!

“Seré la desvergüenza de un tal Judas
Que treinta veces te niegue y luego más
Que se metió una vela tan cruda
Que no la puede tragar
Buscaba en las alturas, pala y pico
Buscaba la ballena de Jonás
Me fui a desenterrar a Federico
Para nunca regresar”
Una batería acelerada y
un buen juego de riffs prosiguen la fiesta con “Un Hierro Sin Domar”, una pieza
con el ADN de los Marea intacto. Canción rápida, sin grandes adornos, pero
volviendo a darle mucho peso a las letras de Kutxi (“Qué
más quisiera que vinieras a mi funeral , pero de perro es ser un hierro sin
domar”) y que nos recuerda bastante a grandes piezas de su “En Mi Hambre
Mando Yo”. Tengo que destacar nuevamente a Kolibrí en la guitarra, quien se
encargará de rematar el tema con una guitarra distorsionada y un efecto de Talk
Box soberbio.
Más cambiante es “Muchas Lanzas” en cuanto a la
estructura, ya que se inicia muy pausada, pero no tarda en poner la quinta
marcha hasta que en su fase intermedia
levanta notablemente el pie del acelerador (¡me encanta esa
parte!). Las letras siguen en su nivel
de epicidad (“En mi pecho se han partido
muchas lanzas y sus trozos fabricaron mi esperanza tan sedienta porque, al
fondo de mi alma hay un pozo, pero la soga no alcanza” o “se caen los anillos en el nacedero que
sigue penando por mí, que anhela encontrar el calor, que un día me dio por si
echaba de menos el sitio de donde partí y a mi calavera esperó”) y la
instrumentación tampoco desmerece.
Llegó el turno de una de mis canciones preferidas de
todo el álbum y a la que voy a aventurarme a etiquetar como un futuro clásico
del grupo. “Jindama” abre hostil, con guitarras arpegiadas y distorsionadas,
hasta que la voz de Kutxi entra y suelta una de las estrofas más contundentes de
todo el LP (“Cinco esquinitas tendrá
siempre mi cama, cuatro macarras, de barrio me la guardan y la custodian a
punta de bardeo”). Según ha confesado la banda, este tema es un homenaje a
todos los músicos de la escena española y, por encima de todos, a sus adorados
Rosendo Mercado y Robe Iniesta (“La
ciencia llegó de Plasencia y de Carabanchel”), quienes influyeron en su
sonido como pocos más han hecho.
“He
florecido con tanto ruido que el trueno me habita la piel
La
ciencia llegó de Plasencia y de Carabanchel.
Hijo
del hambre, enfebrecido, jamás dejaré de perder,
Si
quieres perderte conmigo.”
Y hablando de contenido lírico apetitoso, aquellos
que no son tan seguidores de la poesía urbana (y musical) no podrán disfrutar
tanto de “La Noche De Viernes Santo”, un tema exquisito en cuanto a lo lírico
(hay que hacerle justicia a Kutxi). En lo instrumental la canción incluye
teclados que aportan mayor emotividad a un estribillo pegadizo y atractivo en
todos sus aspectos (“Enséñame esa noche
que tendrá una senda que labrar, que me cubra con su manto. Que no me despedace
al recordar que no pude remendar tu dolor de viernes santo.”)
Tras darle un par de escuchas, “Ocho Mares” también
ocupa un puesto importante entre lo más destacable del álbum. Esta pieza vuelve
a transportarme directamente a su álbum de 2011 (concretamente al tema
“Pedimento”) por su sonido. Una pieza cruda, líricamente espectacular (¡nada
raro!) e instrumentalmente sobresaliente
gracias, especialmente, al solo de guitarra que firma Kolibrí, extendiéndolo
casi hasta el minuto de duración (un guitarrista, a mi parecer, bastante
infravalorado) entre punteos y adornos
varios.
“No
me enteré del desembarco
Y
solito me quedé
Con
una pluma en cada flanco
Roneando
en un papel
Soy
la sombra que guarece;
El
ombligo desmedido
Que
siempre es lo que parece
Soy
medio corazón
Y
asesino de otro medio
Que
murió por hijoputa;
Porque
no tengo remedio
Soy...
casi nada soy”
“Copla El Precipicio” tiene un sonido que en algunos
instantes me recuerda a Rosendo (si cambias a Kutxi por el de Carabanchel
podría encajar perfectamente). De esta canción destacaría, aunque no es la
mejor del álbum, la aparición de teclados, los numerosos cambios
instrumentales, el notable estribillo y, por supuesto, la letra (“Hermoso como el nombre de una puta será ese
destello en que ya no me quiera y yo resucite. Herido de humo y de gente, de
paños ardientes, de antigua simiente que la vida me dé y la vida me quite”).

“De
la retirada, no fuimos hijos:
Fuimos
la palabra y entresijos dorados;
La
levantera y el calambre
Nos
queda la certeza de sabernos vivos
Nunca
vencedores ni vencidos; regados
Por
lo que queda del estambre”
Marea dedica el penúltimo número a numerosos personajes
nacionales caídos en los últimos años relacionados, en su mayoría, con el mundo
de la música flamenca (Paco de Lucía, Lola Flores, Juanito Valderrama, El
Torta, Panero, Bambino o Enrique Morente, entre otros), pero también con otros
ámbitos como es el caso de Pasos Largos. Además, esta composición y el álbum en
su totalidad han sido dedicados, como pueden comprobarse tanto en el libreto
como en varias entrevistas dadas por la banda, a Ventura Ángel Díaz, apodado
“el mariachi”, el que fuera padre de Kolibrí y uno de los mayores fans del
grupo, quien falleció en 2017. Esta es la canción más suave y emotiva de todo
el conjunto de piezas (muy acorde con la letra), con una actuación vocal de
Kutxi muy buena, quien canta con suavidad sobre una base instrumental sentida y
trabajada.
“No
seremos los huesos
Comidos
a besos
Que
el tiempo guardó:
Seremos
pellejo
Ni
tampoco aspaviento
Ahuyentando
a ese viento
Que
nos devoró:
Seremos
pájaros viejos”
No es una tradición que se respete en cada
lanzamiento del conjunto, pero tampoco era de extrañar que “El Piñas” tuviera
su momento de gloria en este álbum. En esta ocasión es en la final “Pecadores”
donde el bajista presta su quebrada voz y ofrece, como siempre, una actuación
sobresaliente tras el micrófono (en mi opinión tiene más voz que Kutxi). Tema
breve, que va al grano, acelerado y con otra letra devastadora y, en este caso
concreto, crítica con la fe (“¡A mí,
pecadores, pisando las flores! Maldigo a ese cáliz que nunca existió. Pecadores
en las camas, pecadores entre llamas, pecadores contra el tiempo y el reloj.
Pecadores de ceniza, pecadores hechos trizas, pecadores maldiciendo al
creador”). Un rugido del Piñas cierra por todo lo alto un álbum que los
fans de Marea, seguramente, tardarán bastante en olvidar.
“Te
pusieron pecadora
Por
besar al trovador
Que
ahora nunca llora a solas, no
Y
reniega de este sol.
Pecador
seré a tu lado
Y
también mi corazón
Por
poner sangre en mis manos
De
tanto matar a dios”
Aunque ya sabe que cada persona es un mundo, suele
existir cierto acuerdo a la hora de calificar “Besos de Perro”, “Las Aceras Están
Llenas de Piojos” y “28.000 Puñaladas” como los mejores trabajos de Marea. Pues
una vez escuchado “El Azogue” en numerosas ocasiones puedo arriesgarme a decir
que esta es una obra que, sin problema alguno, puede colarse en el Top de la
banda, a la altura de las obras ya citadas. Y es que Kutxi, Piñas, Kolibrí,
César y Alen han vuelto a lo grande, apostando por seguir en su línea, cuidando
las letras (mis respetos para Kutxi) y su siempre eficaz estilo compositivo.
Parafraseando al “tito Rosendo”, “El Azogue” es un
regalo de disco “y si duele que duela”.
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