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Dream Theater - Distance Over Time (2019)

Calificación:*****(7)
Dream Theater no necesita presentación alguna y el que niegue su trascendencia en el Metal durante los últimos 25 años (especialmente en la década de los noventa) ha vivido debajo de una roca. Su gusto por los instrumentales enrevesados y por las composiciones extensas y cargadas de detalles estilísticos propios de auténticos genios  ha marcado su carrera. Así que, como podréis imaginaros, el lanzamiento de un nuevo álbum siempre suele ser sinónimo de gran expectación, aunque ciertamente sus últimos lanzamientos no hayan estado tan logrados como otras obras del pasado.
  
En esta ocasión toca detenerse a analizar “Distance Over Time”, un nuevo esfuerzo discográfico que, cronológicamente hablando, sucede al polémico “The Ashtonishing”. Digo polémico más que nada por la enorme división de opiniones que este generó. Desde luego, fue un álbum muy elaborado, con su hilo conceptual bien tratado, pero creo que no era accesible para todo tipo de oyentes, llegando a generar los clásicos argumentos de “es que desde el año X no hacen nada bueno” o “desde que se fue Portnoy nada es igual” (que puedo estar más o menos a favor del segundo argumento, porque realmente soy muy admirador de Mike y me gusta más que Mangini, pero creo que no es argumento suficiente para dejar de disfrutar de una banda). Tal vez esa acumulación de críticas acerca de su “mayor refinamiento sonoro”, fue la que llevó a la banda a retirarse a vivir juntos en los estudios Yonderbarn (Nueva York) durante cuatro meses para crear un nuevo disco con la premisa de atraer a los seguidores más nostálgicos, así como ser más accesible para todos los públicos, tratando de afilar un poco más su sonido (algo que siempre agradecemos los metaleros de toda la vida) y de ir más al grano que en otras obras. Cabe señalar este disco es el primero desde “Images And Words” que no llega a la hora de duración.

Con “Distance Over Time” la banda cumple con su objetivo y supera, seguramente, las expectativas de la mayor parte de los seguidores de la banda. Sin duda, es un disco que no dudaría en recomendar a cualquier persona que quiera iniciarse en Dream Theater y, por supuesto, a todos los fans de la banda, porque es un disco realmente bueno. No obstante, hay que reconocer que muchos seguidores de DT son un tanto variopintos (una vez hice una encuesta para saber si preferían a Portnoy o a Mangini y poco faltó para que me cortaran la cabeza) y han sido tantos los cambios de sonido del grupo que es normal que no todo el mundo esté contento con el resultado final de este álbum.

Sin mucho más que decir, es el momento de hablar de las canciones.  

Unos oscuros arpegios inician “Untethered Angel” y, con este, el nuevo álbum de los americanos. Pronto entrará un riff con la esencia de Petrucci impresa que recuerda en ciertos aspectos a una mezcla del “A Dramatic Turn Of Events” con “Six Degrees Of Inner Turbulence”. La base instrumental es, fundamentalmente, edificada sobre la poderosa guitarra, teniendo los teclados, en este caso, un papel algo más secundario. La voz de James suena muy distorsionada debido al exceso de reverb, aspecto que ha generado ciertas críticas entre aquellas personas que afirman que el cantante no está precisamente en su mejor momento como cantante. La sección instrumental suena realmente inspirada, con los clásicos cambios de estructura y con una breve sección de guitarras gemelas buenísimo.

Menos reseñable me ha parecido “Paralized”, que fue el tercer adelanto que la banda lanzó durante la larga espera hasta que el LP viera la luz. El riff principal, aunque básico, suena convincente (punto a favor de Petrucci). Es un tema melódico y accesible en lo que a estructura se refiere, por lo que no dudaría recomendársela a cualquier rocker@ que no esté muy iniciado en la banda, aunque, como he dicho, es una canción más dentro del trabajo.

Afortunadamente, “Fall Into The Light” trae de vuelta a los Dream Theater más enrevesados y se antoja como una de las piezas más destacadas de este disco. La pieza es, desde su inicio, muy agresiva, con un riff principal que me recordó al instante a “Sword Of Damocles” de Judas Priest, antes de presentar unos versos más propios de la casa. Posteriormente se inicia una sección instrumental logradísima y cambiante en la que cada músico se luce (increíble lo que hace Jordan Rudess a los teclados), para desembocar en un apoteósico final.

Con “Barstool Warrior” encontraremos a los Dream Theater en su versión más progresiva (¡me encanta esta canción!), cuidando cada segundo de la pieza en todas sus secciones y añadiendo pinceladas sinfónicas durante las diferentes secciones que componen la canción. LaBrie cuaja una gran intervención al micrófono (¿seguro que estaba en baja forma?) cargada de sentimiento.  La parte central, además, presenta una preciosa conexión entre el piano, la guitarra distorsionada de Petrucci (con un posterior solo cargado de emotividad incluido) y una línea de bajo destacable. Sobre la letra Petrucci afirmó para This Is Rock:
…cuando empezamos a componer este tema para mí tenía un toque de Genesis, y uno de los aspectos que siempre me ha gustado de Peter Gabriel era su capacidad para contar historias, para llevarte a otro lugar (…) así que para esa canción decidí ponerme en lugar de narrador y me inventé esta historia de dos personajes, personas que consideran que no han tenido una oportunidad en la vida, atrapados en un pueblo pequeño. El hombre es un alcohólico y la mujer ha pasado por algún tipo de abuso, se preguntan qué han hecho para llegar a ese punto, pero al final de la canción llega un poco de esperanza. Es un mensaje, en cierta forma, de filosofía budista: cómo pensamos y cómo imaginamos nuestras vidas puede afectar a cómo podrían ser en el futuro”.

Otra grata sorpresa de este álbum es “Room 137”, primera composición de Mike Mangini. Esta es una canción que en algunos instantes me recordó a “The Beautiful People” de Marilyn Manson (ya le gustaría tener a MM la técnica de Dream Theater) pero siempre tratando de mantener la esencia de la banda intacta. Y es que esta es una de las canciones más duras de todo el plástico. Cada segundo de esta me parece increíble, teniendo que destacar especialmente el solo de Petrucci y la pista de bajo-batería, así como los efectos de distorsión que LaBrie añade a su voz durante algunas secciones. La letra habla sobre la historia del Nobel de Física Wolfgang Pauli, quien se obsesionó con el número 137, número primo presente en todas las partes del universo, hasta tal punto que acabó enloqueciendo. Curiosamente, el pobre Pauli acabó falleciendo en la habitación 137 (¡ya es mala suerte!).

Desde el inicio de “S2N” sabía que esta canción me iba a encantar. Myung corta el bacalao con una línea de bajo pegajosa y con ciertas reminiscencias “funkies”  que engancan desde el primer siendo una de las mejores piezas lanzadas por la banda en los últimos tiempos. La mezcla de ritmos  rápidos y atractivos con secciones melódicas son para quitarse el sombrero. Además, los desarrollos instrumentales que llevan a cabo Jordan y Petrucci aportan la guinda a este delicioso pastel. Hay un detalle divertido en el minuto cuatro, cuando se produce una pausa en la canción y se escucha un “wow” de fondo  que no tiene ningún sentido, pero que tampoco sobra (es algo extraño).

La maquinaria sigue funcionando perfectamente tal y como se aprecia en “At Wit’s End”, una canción 100% Dream Theater. La composición se extiende hasta los nueve minutos a través de pasajes bien construidos y muy diferenciados (me quedo con el extenso instrumental que capitanea Petrucci punteando a la velocidad de la luz). La letra, escrita por James LaBrie, muestra empatía con aquellas mujeres de nuestra sociedad que han sufrido violaciones y han quedado marcadas de por vida por ello. El cantante declaró para This Is Rock lo siguiente:
“La base de ‘At Wist End’ es un artículo que leí sobre las agresiones sexuales. Se centraba en que la sociedad no suele darse cuenta de que las mujeres que sufren una violación no vuelven a ser las mimas después de pasar por ese trauma. Ni sus compañeros sentimentales o sus maridos pueden verlas de la misma forma después de pasar por eso, la sociedad les hace sentir manchadas y en la canción quería transmitir el sentimiento de una pareja que consigue sobre ponerse a todo eso”

La balada del disco lleva el título de “Out Of Reach” y, como no podía ser de otra manera, convence desde la primera escucha. El piano y los adornos guitarreros crean una atmósfera idílica sobre la que LaBrie se desenvuelve como el maestro que siempre ha sido y que todavía es, adaptando su voz al paso del tiempo. Una pieza hecha con buen gusto en la que se alude a la tristeza sufrida por una persona.

El final del álbum (sin contar el Bonus Track) es la MAYÚSUCLA “Pale Blue Dot”, canción que se inspira en un libro de Carl Sagan con el mismo título y que reflexiona sobre la forma de actuar de los humanos según la forma en la que estos tratan al resto.  Esta es la canción más Heavy y progresiva de toda la obra. Una vez más la banda vuelve a dejar clara su intención de dar un mayor peso a la guitarra de Petrucci (el barbudo se saca de la chistera algunos riffs inhumanos) frente a unos teclados que quedan relegados a un segundo plano. Palabras mayores son las que uno necesita para describir el posterior desarrollo instrumental, que cumple con la complejidad que tanto distingue a estos genios indiscutibles (Mangini hace auténticas virguerías).

Antes de terminar la banda nos regala un bonus track titulado “Viper King” inspirado, según LaBrie, en el Dodge Viper, uno de sus modelos de coche preferidos. Además, sobre la letra el músico confesó que tomó como referencia clásicos como “Highway Star” (Deep Purple) y “Red Barchetta” (Rush). De hecho el uso de hammond nos acerca aún más al espíritu setentero que el quinteto quería evocar con esta canción.  La banda se despide con Metal directo, sin grandes adornos (no los necesita) pero con una contundencia instrumental elevada que termina de elevar la nota del álbum a algo más que un notable. 

“Lo primero que pensé fue en el Dodger Viper, uno de mis coches favoritos, de ahí el nombre, así que me imaginé conduciendo por la carretera libre de preocupaciones y apreciando los buenos momentos que nos da la vida”  declaraciones de James LaBrie para This Is Rock.

Se acabó lo que se daba. Dream Theater cumplió al lanzar “Distance Over Time” con su misión de tratar de acercarse a sus raíces lo más posible para tratar de recuperar al público más nostálgico. De hecho, me atrevería a decir que este es su mejor trabajo en varios años (tampoco era difícil), sonando, como ya comenté anteriormente, más accesible y tirando por una vertiente más metalera que sus obras predecesoras. No puedo olvidarme de elogiar a Petrucci por la nítida producción que muestra este disco, logrando una mayor naturalidad en el sonido de cada instrumento.    Obviamente, ni mucho menos estamos ante un “Images And Words” o un “Awake” (si os fijáis no los había citado hasta ahora), pero la banda ha hecho las cosas con buena letra y eso se nota en el resultado final. Aunque se sabe que esta banda tiene actualmente tantos seguidores como detractores y la opinión sobre este disco puede ser de todo tipo, para mí es un LP merecedor de un notable, ni más ni menos.

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