Uno de los discos más esperados de 2014 fue “.5: The Gray Chapter” de
Slipknot, ya que suponía el regreso a la carretera de una de las bandas más
aclamadas del Nu metal tras haber sufrido varios contratiempos como la muerte
de Paul Gray en 2010 o el despido de Joey Jordison, batería de la banda y pieza
fundamental en el sonido de este grupo, así como tras haber recibido un mayor
número de críticas negativas por su disco “All Hope Is Gone” en el que la
banda, aunque presentaba temas que quedarían marcados en la mente de los
maggots (así se llaman los fans de la banda) como “Dead Memories” o “Psychosocial”,
parecía perder fuelle y potencia sonora para dar paso a composiciones con mayor
melodía. Por tanto, este nuevo disco generaba incertidumbre.
Como todo lanzamiento de este conjunto, se presentaron nuevas máscaras
para cada integrante. Algo novedoso en este álbum es que supone el debut de
Alessandro Venturella (ex Krokodil y Cry For Silence) al bajo y de Jay Weinberg
(hijo del mítico Max Weinberg de la E. Street Band) a la batería,
convirtiéndose en los reemplazos de Paul
y de Joey respectivamente.
Cuatro años después de perder a Paul, la banda decidió lanzar un nuevo
trabajo cuyo título y estética, así como también la temática de muchas de
sus letras, iban a hablar indirectamente de este músico caído a modo de
homenaje. Si bien Gray, como queda claro, fue un gran amigo de cada miembro del
conjunto, hay que ser sinceros y reconocer que como músico no era nada del otro
mundo, por lo que su puesto, eliminando el componente sentimental obvio que
algo así supone, era fácilmente sustituible (como comprobaréis, Venturella hizo
un trabajo más que bueno al bajo, aunque tampoco en Slipknot este instrumento
tenga tanto peso).
Para el bien de los “maggots”, Slipknot dio síntomas de recuperación
con este trabajo y, en muchas ocasiones, fue capaz de recuperar la garra del
pasado que muchos creímos extinta.

El espíritu machacón del “Iowa” (2001) parecía haber resucitado con la
anterior pieza. “AOV” se encargaría de demostrar que estos músicos no habían
dejado de lado su faceta más rabiosa. Doble bombo acojonante, muchísima
velocidad, una soberbia interpretación de Corey al micrófono, tirando de scream
y poniendo en serios aprietos a sus exigidas cuerdas vocales, además de un
estribillo melódico un tanto más cercano al “All Hope Is Gone” (no me termina
de convencer del todo y me parece que le quita un poco de fuelle al conjunto
del tema)
Una de las canciones más destacadas por los fans a la hora de analizar
este trabajo es “The Devil In I”, el segundo single que salió para promocionar
este esperado plástico. Su estructura es la típica compuesta por una sección
suave (maravilloso Corey nuevamente) y otra más contundente en la que la banda
saca todo su arsenal eléctrico, finalizando en un estribillo directo y
pegadizo.

“Skeptic” muestra más de lo mismo en lo que al sonido de Slipknot se
refiere, entendiendo “más de lo mismo” como sinónimo de algo positivo. No
obstante, es una pieza a tener en cuenta ya que en su letra la banda recuerda
al fallecido Paul Gray. Mención especial para los coros que la banda entrelaza
en algunos instantes con la voz de Corey Taylor, así como el poderosísimo
estribillo de esta pista (de los mejores de todo el álbum). “Lech” se mueve
también en el mismo terreno, descendiendo un poco la velocidad y apostando más
por la contundencia instrumental.
Una pieza, a mi parecer, infravalorada es la desgarradora “Goodbye”, otra
pieza con la que la banda recuerda a su bajista, y amigo, fallecido un par de
años atrás. Los primeros minutos son lentos, decadentes, envuelto en una
atmósfera de melancolía y mucha densidad sobre la que Corey canta una letra
que, en ocasiones se antoja optimista (“Maybe we can finally agree on the same
point of view”), pero es más bien todo lo contrario (“No one can know what
we’re feeling”). Pasados los dos minutos, la batería toma el timón y la canción
gana en intensidad sin tampoco llegar a las cotas de salvajismo de otras
piezas.
“Nomadic” vuelve a sufrir el mismo problema que “AOV”. En un principio
sorprende volviendo a resucitar el espíritu de “Iowa”, hasta que llegamos al
melódico estribillo y sentimos que nos falta algo y podemos llegar a sentir que
nos encontramos escuchando más un disco de Stone Sour que de Slipknot (que
Stone Sour mola, pero cada oveja con su pareja). Los mismos sentimientos surgen
con “The One That Kills The Least”, una pieza que defino como un “quiero y no
puedo”, porque tienes cosas realmente interesantes, pero esa mezcla de balada y
la ira de Slipknot, si bien me resulta novedosa, me deja algo frío.
Afortunadamente la cosa cambia con “Custer”, la pieza más contundente de todo
el plástico. Si antes de que este trabajo viera la luz pensabas que Slipknot
había perdido su esencia, escucha esta canción que los de Des Moines te han
querido dedicar. Secciones lentas y oscuras se empastan con momentos frenéticos
que alcanzan su culmen en ese sumblime estribillo “Cut, cut cut me up and fuck
fuck fuck me up!”. Aunque Corey cuaja una actuación encomiable, es el señor
Weinberg quien hace honor a su apellido y se saca una línea de batería
descomunal que es digna de un maestro de los parches capaz de hacer que el
añoro por Jordison desapareciera.
La breve pieza atmosférica “Be Prepared For Hell” (tan oscura como
prescindible) se convierte en la antesala para “The Negative One”, la primera
canción que pudimos escuchar de esta nueva etapa de los americanos y otra de
las más destacables de todo el LP. Esta vez nos reencontramos fielmente con el
espíritu de “Iowa” y del primer disco, sin experimentos melódicos de por medio
ni nada que nos impida disfrutar de semejante despliegue de furia. Si el caos
tiene BSO, esta canción seguramente está incluida en ella. Un temazo sin
concesiones. La edición estándar finaliza con “If Rain Is What You Want”, una
pieza cambiante, pasando de secciones más melódicas (me recuerda en algunos
instantes a “Dead Memories”) a otras marcadas por un sonido más intenso,
especialmente en la segunda mitad de la pistad.
En la edición deluxe se incluyeron dos buenas canciones tituladas
“Override” y “The Burden” que, en mi opinión, podían haber sido incluidas sin
problema en el trabajo en lugar de otras pistas que, como ya he dicho, no
convencen tanto.
No lo tenían nada fácil los americanos. Tras perder trágicamente a su
bajista y a su batería, siendo este
último una pieza fundamental en su sonido, así como tras recibir críticas de
todo tipo tras cambiar un poco su sonido con “All Hope Is Gone”, este “.5:The
Gray Chapter” supuso un regreso por todo lo alto de esta gran banda moderna. No
es un disco perfecto, o al menos a mí no me lo parece, ya que cuenta con
algunas canciones que no terminan de cuajar, pero tiene también un importante
número de composiciones asombrosas dentro del estilo tan marcado de una banda
que daba síntomas de querer volver a rescatar lo mejor de su pasado, siendo
capaz, además, de sustituir a la perfección a los dos miembros ausentes con dos
músicos de mayor nivel (especialmente el gran Weinberg). Cuatro estrellas para la
quinta entrega de Slipknot.
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