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Crónica del concierto de Rosendo en Santa Cruz de Tenerife (01/12/2018)

Calificación:

¿Cómo es posible que se retire?

Sigo sin asumir que nuestro querido Rosendo Mercado, el padre, amo y señor del Rock Urbano se esté despidiendo de los escenarios con una gira final en la que celebra sus casi 50 años de trayectoria. Aunque en el comunicado oficial de la gira el veterano artista dejaba la puerta abierta a posibles grabaciones en el estudio, parece que este sí va en serio con lo de no volver a girar por el país nunca más y tomarse así un descanso más que merecido.

Desde que comencé a escuchar al “tito Rosen”, que fue cuando tenía pocos años, siempre deseé verle en vivo cuando viniera a mi isla, Tenerife. El problema es que, aunque Helloween haya grabado sus últimos discos aquí (de hecho Andi Deris tiene una casa en el norte de la isla), Mikkey Dee (Motörhead/Scorpions) pase los inviernos en una casita del sur y Aerosmith diera en el Heliodoro Rodríguez López su supuesto “último” concierto en Europa, no solemos recibir la visita de rockeros de renombre, por lo que tuve que esperar unos añitos hasta que Rosendo confirmó un show dentro de su gira de retirada a dos minutos de mi casa (¡eso sí que es suerte!). Mis pelos se erizaron cuando, a las seis de la tarde (más o menos), comenzó a escucharse en todo el barrio la prueba de sonido del artista. La gloriosa introducción de “Flojos De Pantalón” y los posteriores acordes de los versos y el estribillo retumbaban en las paredes de mi cuarto y yo, como imaginaréis, no podía estar más nervioso.

Una vez dentro del Pabellón Quico Cabrera podía percibirse un ambiente muy especial y familiar (como dirían los Maiden, los rockeros “somos hermanos de sangre”). Tristemente no viví el apogeo del Rock en España cuando Leño, Obús o el Barón, entre otros, llenaban salas y estadios de todo el país, pero imagino que el ambiente que aquella noche hubo en el pabellón de mi barrio fue algo similar (gente concentrada en disfrutar de buena música mientras echan un trago y fuman cigarros, o algo más fuerte, y se dejan de perder el tiempo con el móvil). Camisetas de Leño y de Rosendo eran portadas por una multitud que, en su mayoría, sobrepasaba los cuarenta años de edad. También en la grada y en la pista pude divisar alguna que otra bandera del Atlético de Madrid, equipo del que Rosendo es un reconocido seguidor (y yo también, aunque mi “tenerifito” siempre estará antes).    

Poco antes de las nueve de la noche saltaron a escena Ansiolíticos Rock, banda local que tuvo el placer de abrir para el de Carabanchel aquella noche. Esta banda deleitó a la audiencia con un gran espectáculo de versiones de Rock y Metal clásico de nuestro país que terminó con el Quico Cabrera coreando el imperecedero estribillo de “Vamos Muy Bien” de Obús. Como curiosidad tengo que añadir que, durante la actuación de esta banda, Rafa y Mariano, bajista y batería de Rosendo respectivamente, estuvieron por la pista disfrutando del espectáculo, haciéndose fotos y bebiendo algo antes de su actuación.

Vía Dirty Rock
Minutos después de las nueve y media, las luces se apagaron y, en pocos segundos, el de Carabanchel con su atuendo inconfundible (camiseta y vaqueros) entraba en escena con la guitarra enfundada y con una toalla en la mano. Los baquetazos de Mariano dieron inicio a “Aguanta El Tipo” y, con este, el último concierto en el archipiélago de un mito único e inimitable. Realmente me llamó muchísimo la atención el buen estado de forma que  el maestro mostró a la hora de cantar y, por supuesto, a la hora de volver loca a la audiencia con sus inconfundibles riffs y punteos de escándalo. Junto a este, sus fieles escuderos, Rafa y Mariano, mostraban también su experiencia sobre las tablas, cuajando un gran concierto. La marcha siguió de la mano de dos canciones muy celebradas como “Por Poner Entre Mis Cosas La Nariz” (el público acompañó a Rosendo durante el característico agudo del estribillo) y la grandiosa “Cada Día” de “Lo Malo Es…Ni Darse Cuenta” (2005).  

El siguiente número fue “Muela La Muela” (soberbia letra) de su reciente “Vergüenza Torera”, que tras ese épico verso que dice “y si duele que duela ¡viva la revolución!”, el “tito Rosen” dijo algo así como “¡vosotros lo habéis dicho!” (él siempre tan revolucionario). Tras la festiva “Cosita” y su recordatorio a la “prima Elena”, el recinto explotó con los primeros acordes de una pieza tan grande como “El Ganador” de ese maravilloso disco llamado “Fuera de Lugar”. Los versos, con su lírica hiriente, eran cantados por la mayor parte de los allí presentes. Esta y todas las canciones, siempre contaban, además, con la exhibición a las seis cuerdas del señor Mercado, demostrando una vez más que es el Rory Gallagher español.

Vía Dirty Rock
Creo que fue justo en este momento cuando el artista, en una de sus cariñosas palabras con el público bromeó diciendo “En Madrid bajo cero y aquí hace un calorcito…”. Y es que si en Canarias ya de por si tenemos un invierno más bien cálido, aquel reciento era un horno (fue difícil combatir la sed para no pagar una botella pequeña de agua por tres euros). Seguidamente vino una canción más suave pero que incluiría entre los clásicos del madrileño: “Deja Que Les Diga Que No”.

Seguidamente se nos vino encima una triada rockera sobradamente ganadora: la eléctrica versión del “No Dudaría” del eterno Antonio Flores, “Cuando” de “Vergüenza Torera” y la reciente “Cúrame De Espantos” (la primera de las dos canciones de “De Escalde y Trinchera” que, sorprendentemente, fue coreada por gran parte de la audiencia entre la que me incluyo, demostrando que Tenerife tenía ganas de Rosendo).

Tras anunciar que se venían un par de temas más suaves antes de encarar la acelerada recta final, la banda siguió cumpliendo con otra selección de grandes canciones de la tal de “No Son Gigantes”, la bluesera “Mala Vida” (sonó increíble), un clásico como “Y Dale!” y “Soy” (la segunda y última referencia de “De Escalde Y Trinchera”)…y la hinchada se lo hacía saber entre vítores y aplausos. Posteriormente impactaron en el estadio dos canciones que incluiría en mi Top 5 de mejores canciones de Rosendo en este milenio. La primera de estas fue “Amaina Tempestad” de su álbum “A Veces Cuesta Llegar Al Estribillo” (2010), con ese sonido cañero cargado de un especial dramatismo en su estribillo (esta canción nació para el directo), dando paso a la posterior “Vergüenza Torera” dedicada, como dijo el propio “Rosen” al final de la canción,  a todos los políticos chorizos que no tienen vergüenza torera, con una de las estrofas más críticas y pesimistas, pero también, realistas que se han escrito sobre este país (“Qué pena, qué frustración, qué triste porvenir/serena desilusión…¡Qué mierda de país!”).

Y a partir de este momento…se vino la locura. Con tono humorístico Rosendo anunciaba una canción que cuando fue escrita “muchos no habíais ni nacido”. Fue en ese instante cuando la guitarra del de Carabanchel dibujó las líneas sonoras de “EL TREN”, una de las mejores canciones de Leño y de nuestro Rock. El público se desgañitaba junto a Rosendo durante los versos hasta que el peludo comenzó a clavar el inconfundible solo de guitarra de esta canción y los posteriores riffs tan en la onda de Black Sabbath. Si había una canción que podía mantener el derroche de adrenalina logrado con la pista anterior, esa era “Flojos de Pantalón”, otro himno de nuestro Rock que dejó al público abierto con los agudos que todavía era capaz de soltar el madrileño durante los versos y el estribillo.

Como cabía esperar, antes del encore se sucedieron tres clásicos que no pueden faltar en cada directo: “Masculino Singular”, “Pan de Higo” y la macarra “Navegando” en las que todo el recinto cantó junto al artista cada estrofa, cada verso, cada sílaba…

Tras una falsa despedida, un inconfundible repiqueteo anunciaba el regreso al escenario del trío para cerrar el show por todo lo alto con, primero, la canción, probablemente, más famosa de Rosendo durante su trayectoria como solista, que no es otra que “Agradecido” (¡qué fiestorro se montó en el Quico Cabrera!) y, por supuesto, el himno de Leño, “Maneras de Vivir”, con su riff inmortal, su letra y el extenso solo que puso punto y final a esta velada histórica.

Vía Dirty Rock
Probablemente lo vivido aquella noche fue lo más parecido al infierno. En ningún momento sentí durante el show que Rosendo se estuviera despidiendo de Canarias, ni percibí ningún síntoma de vejez en su voz, ni de pérdida de técnica en sus manos. Es una pena que las giras de este genio se terminen. El Rock en castellano, nuestro ROCK, no sería lo mismo sin Rosendo Mercado.

¡AGRADECIDO ROSENDO!







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