Una
vez más vuelvo a hablar por estos lares
de mis queridos suecos Avatar, una banda actual que con su buen hacer se ha ido
haciendo un pequeño hueco en la escena actual. Y es que desde su “Black Waltz”
hasta su reciente “Avatar Country”, todo ha comenzado a sonreír a estos grandes
músicos nórdicos. Su presencia en los festivales más prestigiosos del planeta
es cada vez más habitual, así como sus ventas de álbumes y merchandising. También
el hecho de haber teloneado a bandas actuales de gran peso como Avenged
Sevenfold, les ha permitido darse a conocer rápidamente en el mundillo del
Metal.
Si
hay algo que me cuesta especialmente a la hora de reseñar a esta banda es el hecho
de etiquetarla en un género musical. De buenas a primeras si se aprecia una
orientación clara hacia el Death Metal melódico, con claros tintes modernos,
pero también tienen un sonido muchas veces similar al del Metal Industrial, el Nu
o el gótico. Esta extraña mezcla se da cita en “Hail The Apocalypse”, un disco que
a mí me gusta mucho y que muestra a una banda en desarrollo, con mucha ambición
y con un potencial enorme.
Entrando
en ese tipo de datos que siempre está bien añadir, aunque sea por
contextualizar el trabajo un poco más, cabe decir que el disco fue grabado en
Tailandia (lugar típico para grabar un disco de Metal), en los Karma Sound
Studios, y en la producción estuvieron presentes dos experimentados sujetos
como Jay Ruston (Stone Sour, Anthrax, Steel Panther) y Pablo Lugus (Volbeat,
Clutch, Killswitch Engage).
A
golpe de palancazo guitarrero comenzamos nuestro viaje por el apocalipsis
metalero. Y es que, para aquellos que nunca han escuchado a esta banda (¡nunca
es tarde para ello!), “Hail The Apocalypse”, canción que da nombre al LP, es
uno de sus mayores clásicos. El inicial riff, con ese arrastre de palanca tan
hipnótico, da paso a una base rítmica cargada de potencia sobre la que se erige
el enorme Johannes Eckerström, una de mis voces predilectas actuales, y
comienza a desgañitarse al micrófono. Esta pieza de Death Metal melódico
contemporáneo es, sencillamente, una gozada de principio a fin.
En
el buen sentido de la palabra, “What I Don’t Know” nos presenta más de lo
mismo. Tras un inicio suave y estremecedor estalla un ritmo cargado de garra
metalera y con ciertos aires circenses, un elemento muy empleado por esta
banda, como comprobaréis tanto en este álbum como en anteriores publicaciones. Es
muy interesante como a la voz rasgada y destructora de Johannes, la banda
añadió otras voces más melódicas, cuya presencia toma especial protagonismo en
el sencillo estribillo.
Mucha
atención a la bestialidad instrumental de “Death Of Sound”, que suena más fiel
a los cánones del Death. Y es que desde los primeros compases, con ese bajo
descontrolado, es lógico llegar a pensar que esta canción no nos va a dar un
respiro. He oído y leído de todo sobre el estribillo de esta pista. Para mí el
hecho de que lo hayan hecho a través de voces limpias le da un punto a favor,
aunque puedo entender a quienes piensen lo contrario (cuestión de gustos).
“Vultures
Fly” se orienta hacia terrenos más industriales (¿soy el único que al
escucharlo piensa en los Rammstein de aquellos “Herzeleid” o “Sehnsucht”?),
resultando una canción más moderna agradable de escuchar, pese a no contar con
grandes adornos instrumentales ni un estribillo sobrado de nivel.
Afortunadamente, el pequeño bajón que acabamos de experimentar parece caer en
el olvido gracias a ese bestial tema, y también clásico del grupo, que lleva
por título “Bloody Angel”. Esta pieza de seis minutos de extensión mezcla un
inicio más dramático, para dar paso rápidamente a instantes de mayor salvajismo
musical, siempre bajo una atmósfera oscura y depresiva. El estribillo es
sencillo pero me resulta descomunal, con Johannes fuera de sí, rugiendo cada
maldita vocal, para llegar después a un post-estribillo más melódico y teatral
en el que demuestra su amplio arsenal de registros.

Yo
que vosotros saldría corriendo ante la inminente explosión de la salvaje “Tsar Bomba”,
con la que el quinteto vuelve a elevar el disco a un nivel de adrenalina
peligrosamente adictivo. Sin saltos a pasajes melódicos ni estribillos
adornados…simplemente una buena dosis de bestialidad para, como dice el álbum,
aclamar al apocalipsis.
“Get
In The Line”, exceptuando los versos, muestra innegables similitudes con el
estilo de cierta banda popular de Iowa que lleva por nombre Slipknot. No está
nada mal esta canción, aunque está un peldaño por debajo de varias de las
canciones citadas anteriormente.
Nada
mal está la extraña, anecdótica y original versión que Avatar se marca de la
famosa “Something In The Way” de Nirvana. Lejos de ceñirse al sonido de la
banda de Kurt Cobain, los suecos se sacaron de la chistera una versión más
oscura y depresiva de esta canción de los de Seattle. Si hay alguien al que
tengo que volver a alabar, ese es el bueno de Johannes y esa facilidad para
contar con tanto sentimiento.
Tengo
que reconocer que el final del disco no termina de convencerme. “Hail The Apocalypse”
tenía que haber finalizado por todo lo alto, con más Metal acelerado y sin
ningún tipo de compasión. No obstante, estos cinco grandes artistas optaron por
usar “Tower” como cierre, un extenso outro de 6 minutos un tanto extraño, en el
que los teclados tienen el protagonismo casi absoluto, mientras Johannes cumple
de sobra con su tarea gargantil. Un cierre algo decepcionante para un discazo.
“Hail
The Apocalypse” mostraba a una banda mucho más madura que en anteriores
entregas y tal vez más decidida a introducir más melodías a sus composiciones.
Es un trabajo que, exceptuando el cutre final, engancha y se deja escuchar sin
ninguna dificultad, con un buen puñado de canciones de un altísimo nivel y
otras que, sin ser temazos, también dejan un agradable sabor de boca. Johannes Eckerström
es capaz de dejarme boquiabierto siempre que pincho este disco, aunque es algo
que me ocurre siempre que escucho Avatar. Aprovecho para recomendaros la
escucha de su reciente “Avatar Country”, que también tuve la suerte de reseñar
anteriormente, y que estoy seguro que no os decepcionará. Para mí este trabajo
es digno de un 9.
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