En 1969,
gracias a su gran debut homónimo, los Stooges se dieron a conocer en la escena
de aquellos tiempos de la mano de un sonido que combinaba el Garage con una
versión primitiva de lo que posteriormente se llamaría Punk (sí, los Stooges
fueron los precursores, no los Sex Pistols). Y es que estos cuatro músicos,
pese a que su importancia parece haber sido olvidada por muchos, nos regalaron
varios de los mejores álbumes de la historia del Rock, como el monumental “Raw
Power” (1973) y, para suerte de todos, “Fun House”, que es el álbum que se
analiza en esta reseña.
“Fun
House”, visto desde una perspectiva global, es el disco más raro y complejo de
la banda. Esto pudo tener su origen, en gran parte, a la profunda adicción a
las drogas alucinógenas que nuestros protagonistas sufrían en aquellos tiempos.
Salvaje, ruidoso, excesivo, violento, provocativo,…son algunos adjetivos que se
me ocurren para describir el trabajo. Conforme avanza la escucha, el Rock va
derivando en una sucesión de ritmos de lo más extraños y apocalípticos. Aviso
que, pese a ser una obra maestra (INDISCUTIBLE), es cierto que a muchas
personas puede no gustarles la extrañeza de algunas composiciones.
¿Qué
caracteriza a los Stooges?
Lo
primero es un sonido fundamentalmente propio del Garage-Rock y, como ya se dijo
anteriormente, del Punk en su versión cavernaria. Pero si hay algo que hace
grande a los Stooges, con permiso de los hermanos Asheton y de Dave Alexander,
ese es Iggy Pop, un icono del Rock que se convirtió en leyenda por su
comportamiento impredecible, su explosividad y polémica en vivo, su vozarrón y
las miles de anécdotas que nos ha dejado.
Este
trabajo fue grabado bajo la supervisión de Don Galucci, quien había tocado el
piano para la banda popular banda
Kingsmen. La portada, como podéis comprobar al inicio de este comentario, es de
lo más vistosa, con un Iggy Pop en primer plano
conteniendo al resto de los miembros en su interior (hay que rotarla
para verlos a todos) bajo tonos rojizos, naranjas y amarillos (la sensación de
violencia está presente desde la portada).
Comencemos
a analizar el disco…
Esto
empieza exageradamente bien. Bajo un riff sencillo, repetitivo y resultón surge
la antológica “Down On The Street”, primer hueso gordo del trabajo. Iggy
demuestra que era algo más que un showman a través de varias alteraciones de su
registro entre los versos y el estribillo. El solo de guitarra, construido a
partir de dos punteos superpuestos, me encanta, así como los instantes
posteriores que parecen propios de una improvisación instrumental sobre la que
el bueno de Iggy recita unos últimos versos para cerrar de forma brillante la
canción.
“Loose”
es la perfecta continuación tras lo vivido con el anterior corte. Un corte
inspiradísimo, también construido sobre una base instrumental sencilla y
consistente, en el que volveremos a ser partícipes de una descomunal descarga
del señor Pop al micrófono y de otro solo antológico del señor Asheton.
Si hay
una canción que adoro de este trabajo esa es “T.V. Eye”, en la que los Stooges,
como hicieron un par de años más tarde en “Search & Destroy”, muestran su faceta
más Punk y se sacan un cañonazo de cuatro minutos en el que Iggy pierde la cordura y muestra su vertiente más
rebelde y alocada (¡esos gritos! ¡esos gritos!).
La
canción más lenta del álbum, y que también es seria candidata a ser la mejor del
mismo, es “Dirt”, un soberbio blues psicodélico de siete minutos de extensión
que rompe con el patrón de canciones incendiarias que “Fun House” parecía
ofrecer en todo su listado de temas. Iggy Pop cuaja una de sus actuaciones más
dramáticas y logradas (algo difícil de designar tratándose de un icono como
este). El bajo es peligrosamente adictivo y me provoca el éxtasis cuando se
inicia el solo de guitarra y este se mueve por debajo con un sonido
extremadamente provocador.

“Fun
House” comienza con otros soplidos de saxofón (le cogieron gustito al saxo,
¿eh?) y, como en “Dirt”, vuelve a respirarse cierto aroma de jam sesión en esta
canción. Siete minutos de extensión en los que la banda ofrece un alto
despliegue de técnica instrumental influenciada por el Blues y hasta un poco de
Jazz, mientras el diablo Iggy hace lo que le da la gana con el micrófono (lo
mismo canta relajado que pierde la cabeza y enloquece hasta gritar como un pavo
real –véase el minuto 5:52-). Temazo que define a la perfección el estado
creativo y alucinógeno en el que se encontraban estos músicos. Genialidad.
Pero si
hay una pista que supera los límites de la locura, esa es “L.A. Blues”, que de
Blues tiene solo el título. Cuatro minutos de caos, de instrumentos
distorsionados, de instrumentos desacompasados, de eso que algunos califican
como “ruido”, de un Iggy completamente desmelenado, limitándose a gritar de vez
en cuando. Una canción que, sinceramente, no sé cómo debo valorar. Dejémoslo en
una genialidad nacida del excesivo consumo de sustancias.
Son
muchas, y muy distintas, las impresiones que este álbum nos ha dejado al
finalizar la escucha completa, pero no dudaría jamás en afirmar que este es un
trabajo de culto del Rock y, como podéis imaginaros, también de los Stooges
(soy un poco más de “Raw Power”, lo reconozco). No puedes morirte sin escuchar
“Fun House”.
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