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Crónica del concierto de Scorpions en el pabellón Gran Canaria Arena (04/07/2018)

Calificación:

Cuando vives en una isla y se presenta la oportunidad de volver a reencontrarte con una de tus bandas preferidas de siempre en directo sería un error imperdonable no hacer todo lo posible por estar allí.

En el archipiélago canario no estamos tan acostumbrados a recibir a gigantes del Rock como otros puntos de España, aunque no por ello hay que olvidarse de recordar que músicos como Bruce Springsteen, Aerosmith, Michael Jackson, Elton John o Tom Jones  han ofrecido memorables actuaciones en estas tierras. Por ello, el hecho de que Scorpions anunciara a finales de 2017 la celebración de un concierto en la isla de Gran Canaria fue motivo de celebración para la comunidad rockera canaria.

Este concierto estuvo incluido dentro del extenso Crazy World Tour con el que los alemanes están celebrando más de 50 años de carrera y, de paso, incluyendo algunas canciones de su reciente “Return To Forever” (2015).

En 2014 tuve la suerte de asistir al supuesto “último show” de Scorpions en nuestro país, celebrado en el Palacio Vistalegre de Madrid. Quedé tan sorprendido con el concierto que siempre me quedé con ganas de repetir la experiencia, por lo que podéis imaginaros la felicidad inmensa que suponía esta nueva oportunidad para un servidor. Por si fuera poco los iba a ver en mi archipiélago, en la “isla vecina” (cariñosamente hablando) con la que los tinerfeños o chicharreros mantenemos un pique sano (quien no lo vea así y piense que es algo más serio está muy equivocado).

Y aunque parezca mentira, desde 2014 hasta aquí han pasado cosas en la banda. Han sacado nuevo álbum, el mencionado “Return To Forever”, han publicado un documental, “Forever And A Day” y, lo más importante, han incorporado a sus filas, tras la salida de James Kottak, a uno de mis mayores ídolos a la batería: Mikkey Dee, quien es mejor conocido por haber sido el “rompeparches” de Motörhead hasta 2015. Este personaje será mencionado varias veces a lo largo de la crónica, porque en Gran Canaria nos dejó una actuación mayúscula.

Al llegar al recinto, el Gran Canaria Arena (no sin antes darme un paseo por la preciosa Playa de las Canteras y visitar un par de lugares cálidos como Vegueta y Triana), me percaté de que éramos muchos quienes habíamos viajado desde otras islas del archipiélago canario para ver a Scorpions, así como también se percibía un interesante número de turistas alemanes entre el público (¿he dicho ya que el turismo es nuestra principal fuente de ingresos?). Canarias tenía ganas de Rock, eso era innegable.

Poco tiempo después de llegar a mi asiento saltaron a escena los Hackers (¡grata sorpresa!), banda local encargada de telonear aquella noche a nuestros protagonistas. Aunque, obviamente, la reseña va dirigida a narrar el concierto de Scorpions, quería recomendaros esta banda tan interesante que con su Hard-Rock es capaz de transportar al oyente a la añorada década de los 80s.

Finalizada su actuación, los presentes tuvimos que esperar por la banda una hora (salieron con un retraso de media hora aproximadamente) entre canciones de AC/DC, Aerosmith, Nickelback o Metallica de fondo. A las 21:30 las luces se apagaron y la lona que cubría el escenario cayó, dejando a la vista un escenario oscuro sobre el que tres pantallas proyectaban un pequeño vídeo previo. Segundos después apareció la silueta de Mikkey Dee caminando sobre la pared de amplificadores hacia su batería, causando el delirio general y, en pocos segundos, el inicio del show de la mano de “Going Out With A Bang”, primer aguijonazo de los escorpiones con el que nos dimos cuenta de que la edad es solo un número para estos cinco músicos. Si bien es cierto que la canción en sí, como apertura, me parece que es algo inferior a otros temas que han cumplido esta función de obertura como  “Coming Home” o la reciente “Sting In The Tail”, me dio la sensación de que provocó sensaciones positivas en un impaciente público que deseaba ver a aquellos gigantes del Rock de cerca. Las guitarras de Rudolf y Matthias sonaban especialmente bien, el bajo de Maciwoda tenía gran presencia (algo que me sorprendió tras la experiencia en el Vistalegre), Mikkey Dee no paraba de mover sus gruesos brazos sobre la batería y el señor Klaus Meine comenzaba a calibrar su prodigiosa voz, la cual tomaría mayor fuerza y elegancia conforme avanzaría el concierto. Más aplaudida aún fue “Make It Real”, que es el eterno segundo plato en los conciertos de la banda y que fue interpretada a las mil maravillas sobre una escenografía en la que fue proyectada una bandera española de grandes dimensiones.

Tras un cálido saludo en español de Klaus a todos los presentes, la batería de Mikkey  anunciaba la llegada de ese fabuloso híbrido entre reggae y ska que lleva por título “Is There Anybody There” (el sueco estuvo especialmente sembrado con las baquetas en esta canción) de su magistral álbum “Lovedrive”, que precedería a una de las grandes joyas de la noche: “The Zoo”. Esta canción, como clásica que es, es garantía de triunfar en vivo, y así lo hizo. Los riffs de Schenker y Matthias (este último estuvo, además, acertadísimo con el talk-box), el bajo de Pawel y los baquetazos de Dee construían una sólida base instrumental sobre la que mi respetadísimo Klaus se desenvolvió a la perfección.



Entre vítores, y sin tiempo para un pequeño descanso, Schenker empuñó su Flying V y comenzó a tocar los primeros acordes de la apoteósica “Coast To Coast”, un instrumental clásico de los alemanes que, como cabía esperar, sonó de perlas y nos regaló la aparición sobre las tablas de Klaus con una guitarra (siempre he pensado que está desconectada jeje) acompañando a Rudolf y a Matthias en su ardua labor. 


Después sería el turno de recordar por todo lo alto los orígenes de la banda con un colorido medley compuesto por cuatro clásicos de la banda durante  los años 70s (¡en los tiempos de Uli Jon Roth a la guitarra solista!) como “Top Of The Bill”,”Steamrock Fever”, “Speedy’s Coming” y “Catch Your Train”, todas bien conectadas e interpretadas. Gran parte de la audiencia parecía desconocer estas canciones (ya se sabe que a estos conciertos acude mucha gente que conoce solamente los 4 hits del grupo), pero no dejaron de aplaudir a la banda antes, durante y después de este pequeño viaje al pasado de nuestros queridísimos escorpiones.

Una vez más, la banda interpretó dos canciones más recientes. En primer lugar la melódica y bella “We Built This House”, cuyo estribillo fue coreado por los allí presentes, respaldando una actuación, nuevamente, acertada de todos los músicos. Matthias Jabs, posteriormente, se convertiría en el protagonista absoluto del espectáculo gracias a la instrumental “Delicate Dance”, canción que apareció por primera vez en el Unplugged de la banda (100% recomendable), en la que este se desenvolvió a las mil maravillas con las seis cuerdas, aportándole a la canción esa sensibilidad y limpieza sonora que tanto le ha caracterizado como guitarrista durante estos años (¿he dicho ya que es uno de mis guitarristas preferidos de todos los tiempos?). Cabe señalar que para su interpretación, la banda conto con la participación del joven guitarrista argentino Damián Salazar, quien ha sido invitado por Scorpions a interpretar esta canción con ellos durante toda la gira americana. Como muchos sabrán, los alemanes apuestan por los jóvenes talentos y suelen hacer este tipo de cosas.





Tras ocho canciones, dio inicio el festival de baladas de Scorpions, quienes son auténticos expertos en este tipo de composiciones. Para ello, y muy acertadamente, el quinteto nos regaló un medley inicial de tres bellas piezas como las recientes “Follow Your Heart”, “Eye Of The Storm” y todo un clásico de la banda como “Send Me Angel”, logrando esta última hacer que toda gran Canaria acompañara a Klaus con ese emotivo “Here I Am!!!!!”. Lejos de finalizar la emotividad, el mítico silbido de Klaus Meine anunció la llegada de la mundialmente conocida “Wind Of Change”, causando una nueva oleada de gritos, lágrimas de emoción y alegría. No faltó, aprovechando la ocasión, el guiño del bueno de Klaus a España durante uno de los estribillos, cantándolo en nuestro idioma, recordando aquella versión que estos músicos grabaron en nuestra lengua hace un par de décadas, y que llevó el título de “Vientos de Cambio”. Todo este set de baladas, viéndolo desde una perspectiva global, sonó perfecto  y tuvo como centro de atención a ese tierno cantante llamado Klaus Meine, cuya voz siempre ha sido y será una de las más bellas del Hard-Rock.




El rock electrizante volvió a hacer acto de presencia de la mano de la imprescindible “Tease Me Please Me” y su provocadora letra. A estas alturas del show la maquinaria germano-sueco-polaca funcionaba de las mil maravillas pero, como ellos mismos cantaban hace un par de años… “lo mejor estaba por llegar”.

Klaus Meine se dirigió a la audiencia y dedicó unas bellas palabras para el mismísimo e inigualable “Godfather Of Heavy Metal”, nuestro querido y eterno Lemmy Kilmister, quien nos dejó a finales de 2015, suponiendo el final de Motörhead, lo que a su vez hizo posible la llegada de Mikkey Dee a la banda. Tras esto, el cantante anunció la interpretación de un tema de Motörhead que no fue otro que… “OVERKILL” y, amiguetes míos, esta fue una de las canciones de la noche, pese a no ser de los propios Scorpions. Si hay una pista de batería que he venerado durante toda mi vida esa es la de esta canción y si hay un batería a quien yo respete, y a quien tuve la suerte de conocer en persona hace un tiempo, aunque esa es otra historia, ese es mi respetado Mikkey Dee. Los baquetazos del rubio retumbaron sobre un Gran Canaria Arena rendido y emocionado al ver fotografías de Lemmy proyectadas en las tres pantallas del escenario (confieso que no pude contener las lágrimas en aquel momento), mientras la banda se marcaba una versión de “Overkill” memorable y muy digna, especialmente (obviamente sin contar a Mikkey) por parte de Klaus, quien pese a tener un registro completamente diferente al de Lem, lo bordó al micrófono. Este pequeño, pero extremadamente emotivo, homenaje a un héroe caído, dio paso al que podría ser el momento más comentado de la noche (y no es para menos), que fue el descomunal, épico, ensordecedor e inhumano solo de batería de Mikkey. Más de 6 minutos de pura exhibición tras los pedales, reventando los parches a partir de salvajes y coordinados baquetazos que terminaron poniendo en pie a la mayoría de las personas que estaban sentadas en las gradas para ovacionar el despliegue de fuerza y calidad que el sueco ofreció. Como fan de Motörhead y de este rompeparches, sabía perfectamente lo que este tío era capaz de hacer (para mí, al igual que para Lemmy, el mejor batería que ha dado el Metal), pero aquel espectáculo fue, hablando claro y muy mal, una puñetera pasada.



De esta forma, entrábamos en la recta final que, como mandan los cánones, estuvo conformada por himnos de la banda. El primero de ellos fue “Blackout”, con su agresividad metalera característica envuelta bajo el humo de la guitarra tuneada de Rudolf Schenker, para después dar paso a los épicos riffs de otro hit como “Big City Nights”, cuyo estribillo fue coreado por todo un Gran Canaria Arena que acompañó la brillante ejecución que aquellos cinco músicos realizaron.

Tras un falso adiós, pasaron un par de minutos hasta que la banda volvió a aparecer en el escenario para regalarnos un esperable pero asombroso encore que pondría punto y final a la velada. “Still Loving You” sonó de 10, con Klaus Meine completamente sembrado regalando al respetable una interpretación perfecta (¡cómo canta el bueno de Klaus!) y un solo bordado por parte de Schenker, mientras que “Rock You Like A Hurricane”, como himno de la banda que es, se encargó de cerrar el show a lo grande, con ese derroche de Hard-Rock tan propio de estos gigantes del género que terminó de someter a Gran Canaria al poder de los escorpiones. Muchos nos dejamos el poco aliento que nos quedaba gritando el famoso estribillo de la canción. Finalizada la canción, la banda se despidió del público (con grito de Rudolf incluido) y regaló púas, baquetas y hasta la toalla sudada de Mikkey Dee.


Han pasado muchas horas desde que el concierto finalizó, he visto vídeos, he hablado con varias personas que estuvieron, como yo, allí presentes, y todos coincidimos en que fue un espectáculo colosal. Pese a que los años suelen pasar factura, estos cinco músicos (especialmente Klaus, Rudolf y Schenker, que superaron los 60 años hace tiempo) siguen demostrando en cada actuación su amor por el Rock, ese género por el que tanto han hecho. Un show sin peros.  

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