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Metallica - Worldwired Tour, WiZink Center, 03-02-2018

Calificación:

Casi seis años habían pasado desde la última visita de Metallica a nuestro país, lo que hace menos extraños que las entradas para los tres conciertos que programaron para este año en Madrid y Barcelona se vendieran en tiempo récord. Una venta de entradas que también despertó numerosas polémicas por tener la peculiaridad de ser nominativas (en la propia entrada figura el nombre de uno de los compradores) a modo de intentar frenar las enfermizas preventas que tanto daño siguen haciendo hoy en día.

Durante las noches del sábado 3 y el lunes 5 de febrero (yo me centraré en la primera), el grupo batió el récord de asistencias al WiZink Center con 17.267 espectadores. Podría decirse que Madrid tenía ganas de Metallica.

En mis años de vida, que no son tampoco demasiados, había tenido el placer de ver a AC/DC dos veces (una de ellas con Axl Rose), una vez a Scorpions y una vez a Aerosmith, pero siempre había tenido la espina clavada de no poder ver a Metallica y a Iron Maiden (espero en un par de años quitarme esta última espinita). El caso es que, con mucha suerte, logré hacerme con una entrada para el primero de los dos shows en la capital de España. El Worldwired Tour servía como presentación de “Hardwired…To Self-Destruct”, el más reciente, y notable, álbum del grupo del que me declaro fan y que creo que superó con creces a los últimos dos/tres lanzamientos de estudio del grupo (para gustos los colores en este caso).

Desde primera hora de la mañana del sábado miles de metaleros y metaleras frecuentaban los alrededores del WiZink Center, en los cuales se abrieron numerosos puestos de comida y bebida que tuvieron un éxito incontestable. El tiempo, afortunadamente, acompañó aquel día (justo al día siguiente la nieve y el frío congelarían la capital) y permitió que en la ciudad se pudieran divisar numerosas camisetas del grupo que me sirvieron para llegar al recinto (si vas a una ciudad que desconoces a ver un concierto y no sabes cómo llegar al lugar donde este se celebra…¡sigue a los “jevis”!). 

Antes de entrar en materia, me gustaría puntualizar que todas las fotos de este artículo han sido extraídas de la web oficial de Metallica.

Tras pasar los correspondientes controles de seguridad, accedimos al interior del pabellón y llegamos puntuales para el inicio de la actuación de Kvelertak, banda noruega que, sabiamente, Metallica eligió para abrir sus conciertos europeos. Nunca antes había escuchado a estos cinco tipos (reconozco que dudaba realmente del acierto de Metallica en un principio), pero su actuación dejó deslumbrado a un WiZink Center que no paró de animar a estas promesas del Metal que, seguramente, en un futuro tengan mucho que decir. Al tratarse de una banda telonera llamó mucho la atención que el grupo tuvo a su disposición prácticamente todos los equipos de sonido de Metallica, algo que no suele ocurrir en los shows de otros grandes del Metal o el Hard-Rock.

Finalizada la actuación de Kvelertak tuvimos que esperar algo más de media hora para el inicio del verdadero espectáculo. En este tiempo sonaron por megafonía numerosas canciones de grandes del Metal de ayer y hoy como Slipknot, Disturbed o….¿¡Megadeth!? Sí señores, el “Sweating Bullets” de Megadeth sonó mientras aguardábamos la llegada de Metallica, algo que llamo la atención de numerosos fans que lo menos que esperaban aquella noche era escuchar la voz de Mustaine en el WiZink Center, después de todos sus enfrentamientos con Metallica (no voy a entrar ahora en un debate de quién tuvo o tiene razón) que a día de hoy siguen existiendo (véase las últimas palabras de Mustaine ante la negativa de Metallica a reunir al Big 4), aunque con menos fuerza que en los ochenta y noventa. También pude visualizar banderas de diferentes Comunidades Autónomas (Comunidad Valenciana, Andalucía, Canarias, ….) y países (Argentina, Países Bajos, Inglaterra, Alemania,…), que se habían desplazado hasta Madrid por este evento.

Poco después de las nueve de la noche, las pulsaciones de las más de 16.000 almas presentes en aquel lugar se aceleraron al escuchar los acordes de “It’s A Long Way To The Top (If You Wanna Rock And Roll)” de AC/DC, cuyo estribillo fue coreado por la mayor parte de los asistentes. Esta ha sido elegida por la banda como la canción que precede justo al inicio del concierto. Una vez que esta finalizó, las luces del recinto se apagaron, descubriendo una oleada de luces procedentes de los móviles de tantos aficionados que deseaban captar aquel momento histórico. Como no podía ser de otra forma, comenzó a sonar “The Ecstasy Of Gold”, la épica composición del maestro Ennio Morricone para “El Bueno, El Feo y El Malo” que siempre ha utilizado la banda para abrir sus shows, cuya melodía fue tarareada por todos los que estábamos allí presentes (algunos, como yo, sin poder contener la emoción). Entre tantos cánticos la banda, acompañada por personal de seguridad y de su gira, se abrió paso hasta los alrededores del escenario, lo que derivó en un delirio total de los presentes.

La aparición en el escenario de Lars, con saludo a los presentes incluidos, dio inicio a las hostilidades con la poderosa “Hardwired”, un tema que se ha ganado por derecho propio ser la que abre cada espectáculo de este nuevo tour. Hetfield, en un estado de forma y vocal envidiable, puso toda la carne en el asador desde el segundo uno. Sin tiempo para presentaciones, la introducción se conectó con otro monstruoso tema de su disco más reciente, “Atlas, Rise!”, que mantuvo el nivel de adrenalina y que, llamativamente, fue cantada por el público (¡hasta el solo cantamos!), algo que se repetiría minutos después con otras canciones de “Hardwired…To Self-Destruct”. No obstante, pese al poder de los primeros dos temas, seguía faltando algo que terminara de cautivar a la audiencia, un tema que realmente pusiera de rodillas a Madrid aquella noche ante la presencia de los “cuatro jinetes”. La respuesta llegó en forma de “SEEK & DESTROY”, el primer clásico de Metallica de la noche que apareció justamente después de que Hetfield se dirigiera al público español con un “Hola! Metallica is finally here, the Metallica family of Madrid is here!!”. La ejecución de este adorado tema del “Kill ‘Em All” se metió a un entregado público en el bolsillo, que acompañó a Metallica en todo momento.  Esta canción ha funcionado siempre como un comodín para el grupo, siendo ubicada en diferentes lugares dentro de su setlist (a mí me hubiera gustado más que fuera la que cerrara la velada, lo admito, pero es preferible que estuviera en el repertorio a que la eliminaran).




Con el público y la banda completamente calibrados, llegó el turno de una dupla clásica que aquella noche se ganó el cariño de todos los presentes. Metallica acertó, a mi modo de ver, al incluir dos temazos de “Master Of Puppets” como “Leper Messiah” y “Welcome Home (Sanitarium)”. La primera fue ejecutada con un salvajismo atronador, especialmente a partir del ascenso de intensidad que experimenta en su fase intermedia, mientras que la segunda, una canción que siempre he adorado (¿a quién voy a engañar?), tuvo como gran protagonista a Kirk “The Ripper” Hammett, quien clavó el solo (se me eriza la piel cada vez que lo recuerdo) y demostró una vez más que sigue siendo un grandísimo guitarrista, pese a que en el estudio haya perdido cierta magia e imaginación.
Tras estos Hetfield tomó el micrófono una vez más para dirigirse a los aficionados, primero, emulando un cántico dedicado a Robert Trujillo que se escuchaba desde las primeras filas. Después hizo mención al largo periodo de tiempo de Metallica sin pisar suelo español y comenzó a sonar “Now That We’re Dead”, otra canción de su nuevo LP que parece  que ha ido ganándose el cariño de los aficionados. En esta canción Metallica volvió a dejar clara su preocupación, además de por su sonido en vivo, por la puesta en escena, teniendo en su parte intermedia un solo de percusión tocado por todos los músicos, quienes golpearon unos enormes cubos iluminados que ascendieron desde el interior del escenario (¡qué momentazo!).


Otro tema de “Hardwired…To Self-Destruct”, probablemente el más flojo de todo el álbum, al menos para mí, sonó justo después. “Confusion” también convenció a la fanaticada, pero probablemente fue el tema más “frío” de la noche. Este creo que hubiera sido el único corte que hubiera quitado del repertorio por otro del mismo álbum como “Dream No More” o “ManUnkind”,  o, puestos a elegir un clásico, por “Fade To Black”.

 Afortunadamente, para solucionar este pequeño bajón, Robert Trujillo, tras saludar a Madrid y proponerle una pequeña competición de gritos, se inició “FOR WHOM THE BELL TOLLS”, otro de los platos fuertes de aquella memorable noche. Uno de los tantos himnos de mi álbum preferido de Metallica, “Ride The Lightning”, volvió a enchufar al público madrileño, que tarareó los riffs y solos, además de cantar de principio a fin la letra de un clásico inspirado, precisamente, en una novela homónima de Ernest Hemingway acerca de la Guerra Civil Española, un dato curioso. Trujillo deslumbró con el bajo, emulando al mismísimo Cliff Burton, en la introducción de la canción. Otro que se salió fue James al micrófono, un maestro de ceremonias por quien no pasan los años a la hora de cantar (no es un superdotado precisamente a la hora de cantar, pero es garantía de cumplir en cada show).


La siguiente referencia a “Hardwired…To Self-Destruct” llegó de la mano de la espectacular “Halo On Fire”, que estaría dentro de mi Top de canciones más épicas del show. De nuevo tengo que felicitar al señor Hetfield por su interpretación. El cantante se marcó una exhibición al micrófono, jugando con diferentes registros (cuando tiene el día es demasiado bueno) y siendo acompañado por una multitud entregada. La sorpresa se produjo después del melódico intermedio que tiene el tema, cuando el público comenzó a corear al unísono el pegadizo punteo de Hammett, que sorprendió al propio Hetfield, quien comenzó, a modo de broma, a dirigir al público con la mano, como si de un director de coro se tratara. También me gustaría destacar a Lars, quien hizo, en líneas generales, un concierto digno de su figura, y del que creo que se han dicho cosas muy injustas a lo largo de los últimos años. Obviamente, como ocurre en el 99.9% de los casos, la técnica y la calidad de estas bandas, tanto en el estudio como en el directo, van descendiendo con el paso de los años (Lars no es ajeno a ello), pero el danés sigue teniendo una fuerza en directo acojonante (y perdón por la palabra).



Y llegó uno de los momentos más extraños que he vivido en mi vida, y seguro que en la vida de muchos de los asistentes. Robert Trujillo, tras llamar “Jaime” a James Hetfield, junto a Kirk Hammett, saludó en español a la hinchada y anunció que iban a tocar ambos “VAMOS MUY BIEN” de OBÚS, lo que volvió completamente loca a la hinchada madrileña. Hay que reconocer que Trujillo, aunque su español deja mucho que desear pese a sus raíces mejicanas, hizo todo lo que pudo al micrófono, intentando seguir la letra y dirigiendo a una hinchada que conocía perfectamente la letra. En el apartado instrumental hay que felicitar a ambos músicos, las cosas como son. Este fue conectado con un pequeño homenaje a Cliff Burton, el eterno bajista de Metallica, a través de “(Anesthesia) Pulling Teeth”, que interpretó a la perfección Trujillo al bajo, un personaje que con los años se ha ganado el reconocimiento como músico en el cuarteto.




Rápidamente sonó “Die Die My Darling”, un cover de The Misfits” que, como venía ocurriendo hasta aquel momento, fue acompañado por una audiencia que vibraba con cada tema que sonaba. Sin embargo, el auténtico desmadre llegó justo después, cuando en un momento de pausa Hetfield gritó eso de “Gimme fuel, gimme fire, gimme that which I desire!!!!!” y comenzaron a marcarse una descomunal interpretación de uno de los temas contemporáneos más queridos del grupo, “Fuel”, que contó, como viene siendo habitual, con un espectáculo de llamaradas de fuego. Madrid entero se desmelenó al ritmo de este trallazo, que tuvo como culmen un inesperado, pero impagable, grito de James Hetfield justo después del solo de Hammett, Sin duda, uno de mis momentos preferidos de la noche.



Entre gritos de júbilos y “oe oe”, la fiesta continuó con “Moth Into Flame”, esta vez con el micrófono de James Hetfield enchufado, no como ocurrió en la gala de los Grammy de 2017, y con un escenario sobre el que volaron drones iluminados que imitaron a las polillas que aparecían en el videoclip del tema. Este es otro de los cortes más queridos del álbum y, como cabía esperar, también tuvo una cogida muy buena entre los más de 16.000 seguidores allí presentes que cantó al completo la letra (si no me creéis busquen vídeos o la grabación oficial del grupo que ya está por Internet para descargar).

Como venían haciendo a lo largo de la gira, James dedicó unos segundos a saludar a todos los aficionados, mejor conocidos como la “Metallica Family”, deteniéndose especialmente en aquellos que, como yo, estábamos presenciando por primera vez un espectáculo de la banda en vivo (dedicó un educado “bienvenidos” en español que sentó de maravilla). Fue en este instante cuando la mirada del líder se fue hacia un niño de 7 años que inmediamente fue invitado a subir al escenario, para ser saludado por todo el pabellón, ser presentado por James como “la siguiente generación de fanáticos de Heavy Metal” y recibió un par de baquetas y unas púas a manos de la banda. Segundos después, volvería el Metal de la mano de un clásico imperecedero como “Sad But True”, uno de los temas más queridos del “Black Album”, que siempre es sinónimo de electricidad y fiesta en vivo.

A partir de aquí, y como era predecible, se inició la parte más épica del concierto. El cuarteto tenía preparadas 5 balas para finalizar aquella noche…¡vaya balas!

Las luces del estadio se apagaron y en las pantallas comenzaron a proyectarse escenas de "Johnny Cogió Su Fusil", mientras la megafonía reproducía el sonido de bombardeos y de otros aspectos relacionados con la temática bélicas. Todo esto sirvió para anunciar la llegada de una de las mejores canciones de la historia y, a nivel personal, mi canción preferida de Metallica. Obviamente estoy hablando de “One”, ese himno que no necesita ninguna presentación. La bella introducción melódica precedió a un sembrado James al micrófono, en todo momento acompañado por las 16.000 gargantas allí reunidas, para que, posteriormente, la batería de un colosal Ulrich comenzara a acelerar el ritmo con el doble pedal, dando paso a la gloriosa, y líricamente agónica, parte final del tema, en la que los solos de guitarra de Hammett y Hetfield rozaron la perfección.



Pero si esto parecía poco, Metallica, sin la necesidad de hacer pausas, inició “Master Of Puppets”, segundo himno seguido que se marcaban y que terminó de enloquecer a la maravillosa hinchada que aquella noche había pagado por ver a los “cuatro jinetes” dar una soberana lección de Metal. Si escuchas la grabación del show hay momentos en los que se escucha más al público cantar que al propio James, y es que algunos nos dejamos la garganta en aquel recinto (necesité varios días para recuperar la voz). Estoy seguro que en la grabación podrás escuchar algunos de mis gallos jejeje. ¿Y qué decir del momento melódico de la canción en el que todo el estadio coreó el solo mientras Kirk y James hacían magia con las seis cuerdas? Escuchar esto en vivo era algo que siempre había soñado. 


Terminado este momento se produjo ese “falso final” que todas las bandas acostumbran a hacer y que precede al encore. Seguramente, si antes del show se hubiera hecho una encuesta a los asistentes del show acerca del tema de “Hardwired…To Self-Destruct” que más les gustaría escuchar, esa sería, creo yo, “Spit Out The Bone”. Pues bien. Tras un minuto de pausa tras fingir el cierre del concierto, la megafonía comenzó a reproducir el inicio pregrabado de este tema, provocando una inmediata explosión de gritos de ilusión por escuchar aquella joya en vivo. “Spit Out The Bone” es puro Thrash Metal, subgénero del que Metallica fue, en gran parte, padre y que tanto nos recuerda a su época dorada. Hetfield y Trujillo se turnaron a las voces, marcándose este último un breve pero espectacular solo de bajo (clavado al del disco) que daría inicio a una titánica parte instrumental que incendió por completo el recinto. En los cubos lumínicos se proyectaron, entre otras cosas, banderas españolas con el logo de Metallica incrustado. Un tema que estoy seguro que en unos años tendrá también la consideración de “clásico”.



Un concierto de Metallica no podía terminar sin sus otros dos grandes himnos…

Primero fue el turno de “Nothing Else Matters”, el momento más emotivo de la noche. El arpegio inicial de Hammett fue interrumpido por el propio músico de manera sorpresiva (creo que no se debió a un error, sino más bien a una broma), que solucionó rápidamente con un nuevo inicio del tema, esta vez, correctamente. Madrid entera se emocionó con la belleza de esta balada atemporal que a tantos nos ha acompañado en la vida a lo largo de la vida (la letra siempre me ha parecido una joya) y que aquella noche fue capaz de sacarnos, nuevamente, otra buena dosis de lágrimas. Al finalizar esta canción, una cámara del espectáculo enfocó en primer plano la mano derecha de Hetfield, aprovechando el músico el momento para enseñar la púa conmemorativa de aquel show que había utilizado a lo largo de la velada.

El cierre de fiesta vino de la mano de “Enter Sandman” (¿tengo que presentarla?) y toda la locura que esta conlleva. Una imponente pirotecnia se disparó en diferentes momentos de la canción, mientras Lars, James, Robert y Kirk se despedían como merecían de un público que les arropó durante toda la noche. Al terminar la canción la banda, de manera individual, dedicó unas palabras de agradecimiento al público, regaló púas y baquetas e inmortalizó aquel día con varias fotos junto a la batería de Lars que pueden encontrarse en la web oficial del grupo. De la misma forma en que llegaron, miembro por miembro comenzaron a abandonar el interior del WiZink corriendo por el pasillo que se abría entre el público para llegar al backstage. 


Probablemente faltaron temas clásicos e himnos como “Fade To Black”, un par de “Kill ‘Em All”, “Blackened”, “Battery” y otros más que podrían mencionarse, pero es una gira promocional, no de grandes clásicos, y la elección de temas, exceptuando tal vez la aparición de “Confusion”, creo que fue de lo más acertada. Ya se sabe que el directo de Metallica no es el que tuvieron a finales de los 80, no es el que apareció en el legendario “Live Shit”, ni la formación es idéntica a la de aquellos tiempos, pero tampoco vamos a pedirle algo así 30 años después. Ya se sabe que esta banda ha pasado por etapas algo oscuras y ha lanzado discos que no hacen honor a su nombre (véase “ReLoad”, “St. Anger” o “Lulu”) y que se han convertido en una máquina de hacer dinero. Ya se sabe que Metallica siempre está en el punto de mira de los críticos más despiadados y, mayoritariamente, injustos que han acuñado eso de “se vendieron”, algo que no comparto (si realmente solamente pensaran en el dinero, no tendrían la necesidad de seguir haciendo giras y sacando discos, porque con la pasta que han ganado…), cuando han sido una banda que revolucionó por completo el devenir del Metal y alcanzaron la fama por sus propios méritos (a veces a Metallica se le juzga negativamente por el simple hecho de ser Metallica). Tras vivir mi primer show de Metallica en vivo puedo decir con total certeza que James, Kirk, Robert y Lars están en plena forma, siguen disfrutando de su legado y tratan de hacer de cada actuación un espectáculo que quede en la memoria de todos aquellos que pagan por verles y cuelgan el cartel de “no hay entradas”. Le pese a quien le pese, hablar de Metallica es hacer referencia a una de las bandas más grandes e influyentes de todos los tiempos, a una especie de religión llena de fieles y detractores que estoy seguro que nunca quedará en el olvido.

Seguramente influya que fue mi primer concierto, seguramente influya mi amor y lealtad por este grupo (que no por ello he sido de los más críticos cuando se han equivocado), pero la histórica velada en el WiZink Center de Madrid se lleva mi máxima nota.

¡Larga vida al Metal!

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