"Bomber fue más que
nada un disco de transición entre Overkill y nuestro siguiente álbum, Ace Of
Spades, y esa era realmente su función".
Así de claro fue Lemmy en su autobiografía a la hora
de explicar lo que supuso "Bomber", trabajo que en esta reseña me
aventuro a analizar, en la carrera de Motörhead. A diferencia de la actualidad,
donde cualquier músico comercial guaperas puede alcanzar la fama, hace un par
de décadas no era tan fácil llegar a la cima del mundo, o al menos no en tan
poco tiempo. Motörhead, tristemente, pese a ser una de las bandas más queridas
e influyentes del Heavy Metal, no tuvo un fácil ascenso hasta el estrellato. De
hecho, es de los pocos conjuntos que han vendido muchas más camisetas que
álbumes. "Overkill" había supuesto un lavado de cara para el Metal de
aquellos tiempos. El Speed Metal había nacido para quedarse. El sonido que
aquel plástico tenía fue la teta de la que muchas futuras leyendas del Thrash
Metal mamaron, como Metallica, Megadeth o Anthrax. Este subgénero terminaría
por consolidarse con la llegada del emblemático "Ace Of Spades", otro
álbum de culto dentro del Heavy que no puede faltar en las vitrinas de todo
melómano. Entre ambos clásicos, como ha pasado en más de una ocasión, se publicó
un trabajo que, si bien es cierto que no obtuvo la misma fama, supone una
evolución del sonido de la banda que sirve como puente entre su predecesor y su
sucesor. Esa es la historia de "Bomber", un disco nacido entre dos
gigantes. Si nunca has escuchado este
increíble álbum, hoy puede ser un gran día para descubrirlo y disfrutarlo.
Tras un extraño suceso en el Punkahaarju Festival de
Finlandia, en el cual la banda terminó realizando un funeral vikingo
con la caravana que el evento les había cedido, y que terminó derivando en el
encarcelamiento de toda la banda y su equipo que se alargó durante 4 días, Motörhead optó por dar inicio a las sesiones
de grabación de lo que sería su tercer álbum de estudio, si no contamos el
"On Parole". Fue de nuevo Jimmy Miller quien se encargó de producir
esta nueva entrega. Jimmy ya había trabajado con aquellos tres melenudos en el
anterior disco, cuajando una grandísima labor. Lo mismo ocurrió con
"Bomber", aunque es cierto que fue duro trabajar en esta segunda
etapa con él ya que se había reenganchado
a todo tipo de drogas, lo que causó episodios en los que se quedaba
completamente dormido mientras hacía su trabajo, o se fugaba a escondidas para
quedar con su camello.
Durante el proceso de grabación, el trío actuó en el
festival de Reading, compartiendo noche junto a The Police y Eurythmics. Según
parece, la banda aprovechó la ocasión para vender pequeños banderines con el
nombre de Motörhead escrito en ellas que inundaron la explanada donde el
festival se desarrolló mientras el conjunto actuaba, lo que fue una grata
sorpresa para todos ellos.
La gira promocional de este disco iba a venir
acompañada de un nuevo "juguete" que había construido la banda para
la ocasión: el mítico bombardero. Si
hay un objeto que haya definido la carrera de Motörhead, además del as de
picas, es el bombardero que sobrevoló los cielos europeos en cada presentación
dada por la banda. Así definió Lemmy en su autobiografía aquel monstruoso
aparato:
"Las luces van
montadas sobre un armazón de doce metros por doce, fabricado por pesados
tubos de aluminio, que imita la forma de
un bombardero alemán de la Segunda Guerra Mundial. Volcaba en cuatro
direcciones: adelante, atrás, hacia la izquierda y hacia la derecha; por
cierto, fue el primer sistema de iluminación que hacía algo semejante. Pesaba
de narices y si alguna vez se hubiera desprendido nos habría aplastado sin
remisión, pero como elemento de atrezo
era impresionante y lo usamos en numerosas giras. Nunca tuvimos la oportunidad
de llevarlo a Estados Unidos porque era demasiado enorme para el tipo de
locales en los que tocábamos allí, así que Norteamérica, por desgracia, nunca
ha recibido nuestro ataque a escala total."
En "Bomber" no te vas a topar con cortes
ultraclásicos que fueron interpretados hasta el final de la carrera de la
banda. Solamente dos o tres canciones de este disco sonaron en los últimos
años, pero esto no quiere decir que el disco sea flojo (¡ni mucho menos!). Si
algo me gusta de "Bomber" es que contiene cortes que, si bien nunca
alcanzaron tanta fama como otros temas, son unas secundarias de lujo. La
primera vez que tuve la suerte de escucharlo, cuando tenía 14 o 15 años, me
sentí rápidamente atraído por aquellos 10 cortes + Over The Top (Bonus Track).
Creo que todo amante de Motörhead y de su inigualable sonido debe escuchar este
grandioso disco.
El sucio inicio de “Dead
Men Tell no Tales” (título muy de Western) nos avisa de cómo va a sonar el
disco. Eddie lo borda con la guitarra, aportando Riffs sólidos y una serie de
solos distorsionados dignos de ovación y de levantar los cuernos al cielo.
Tampoco se queda atrás Lemmy y su manera de escupir cada verso, mientras logra
sacar humo a su Rickenbaker. La letra, muy recomendada su lectura por cierto,
trata sobre lo traicioneras que pueden llegar a ser las drogas y su "falsa
amistad".
Seguimos con paso firme
desfilando por este discazo con "Lawman", una canción machacona,
pesada y sobresaliente. Resalto aquí el puente del corte, con coros y un Riff
completamente diferente al principal. Instrumental
Motörhead en aquellos tiempos eran una caja de sorpresas. Lemmy, quien fue un
letrista de primer nivel, dejó un recadito a todos los jueces del mundo con la
frase “Sé que tu vida es un libro de reglas, pero todo aquel que necesita un
libro es un idiota”. Imposible no quererle y echarle de menos.
Más extraña es “Sweet
Revenge”. Medio tiempo a un ritmo mucho más ralentizado de lo normal tratándose
de Motörhead, los padres del Speed Metal. Te puede gustar (mi caso) o te puede
aburrir, es lo que tiene jugársela e intentar cambiar un poco tu sonido. El uso
de distorsiones en el solo (se combinaron dos punteos diferentes en este) me
encanta. Creo que podría compararse un poco con "Capricorn" del
"Overkill", que tiene un sonido diferente y donde también podemos
disfrutar de distorsiones y aspectos novedosos.
Vuelve la mala leche
con "Sharpshooter", un tema que lleva el ADN de Motörhead por todos
lados. Tres minutos de dinamita, con un puente-estribillo de escucha siempre
agradable.
El nivel sube mucho con
"Poison" y su malísima leche. La crudeza de los Riffs, los baquetazos
de Taylor, el bajo y de la quebrada voz
de Lemmy crean unos versos, estribillos y solos que la convierten en una de las
grandes piezas del disco.
Aunque si hay un tema
que destaca casi sobre la totalidad de los temas del trabajo es “Stone Dead
Forever”. La distorsionada introducción
de Lemmy al bajo (¡ojo que poco después se marca un solo!) combinada con los
Riffs sirven como entradilla para una de las mejores canciones de los
británicos en sus primeros años de vida en la carretera. Imposible no corear el
desmelenado estribillo, así como erizarse con el sencillo solo de bajo que
Lemmy se permitió hacer para que Eddie iniciara, segundos después, un nuevo
solo de guitarra magistral.
Sin tiempo para
respirar se inicia otro bombazo como “All the Aces”. Composición sencilla, sin
grandes variaciones, aunque ese estribillo, uno de mis preferidos de toda la
carrera del trío, merece un monumento. Siempre que pongo el disco en mi casa es
sinónimo de emociones fuertes.
La mayor rareza del
disco llega con "Step Down". Por primera vez podremos disfrutar de la
voz de Eddie "Fast" Clarke como cantante principal, quien fue
obligado por Lemmy a cantar por sus constantes quejas. Parece que Eddie varias
veces durante las semanas de grabación dijo abiertamente que Lemmy se había
convertido en el centro de atención de todas las miradas, lo que terminó
enfadando a "Lem" y derivó en lo que derivó. Así lo contó Lemmy en su
autobiografía:

«Oh,no,
tío», protestó él. «No sé cantar, tío. Tengo una voz de mierda»
«Cantas
perfectamente, tío, ponte delante del puto micro» Y eso hizo, aunque sin dejar
de refunfuñar"
Pese a la negativa a
cantar de Eddie, este Hard Blues es TAN bueno... . La voz brilla más por su
sentimiento que por su calidad, las cosas como son, pero cumplió más que de
sobra con las expectativas de Lemmy. Instrumentalmente es un tema completísimo,
con los mejores solos de guitarra de todo el disco (¡ojo con el de la introducción!)
y unos enormes Phil y Lemmy como acompañantes de primer nivel.
A continuación llega
una de las canciones de Motörhead más odiadas por el propio Lemmy,
"Talking Head", y, sinceramente, nunca he entendido el por qué. Creo
que incluso dentro de este mismo álbum hay canciones más flojas, pero si
"el padrino del Heavy Metal" lo dice tendremos que creerlo y respetar
su opinión. Es una composición rápida y oscura, muy en la onda del Motörhead
más clásico.
Para finalizar de la
mejor manera posible llega “Bomber”, uno de los clásicos inmortales de la banda
que, como tal, fue tocada en vivo hasta el último concierto. Fue con este corte
con el que el famoso bombardero realizaba su aparición entre Riffs y sirenas
apocalípticas, sobrevolando las cabezas de los músicos y provocando la locura
de los allí presentes. El soberbio Riff principal de Eddie es acompañado por el
indomable bajo de Lemmy y su afiladísimo sonido, mientras "Philthy"
nos da una nueva lección de cómo romper los parches sin piedad. He perdido la
cuenta de las veces que he entonado el estribillo del corte, uno de los más
famosos de toda la carrera del conjunto, y de lo loco que me he vuelto con el
solo de guitarra de Clarke. TEMAZO.
El disco, pese a la
secundaria fama que tiene en la actualidad, llegó a alcanzar el puesto número
11 en las listas de ventas, lo que siguió poco a poco haciendo de Motörhead una
banda de renombre. No tendría que pasar mucho tiempo hasta que aquellos tres
melenudos decidieran subirse a lo alto de una colina ataviados con viejos
trajes de pistoleros y con cierto
"As de Picas" (Ace Of Spades) listo para terminar de
conquistar el mundo del Metal.

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