Después de tres años prácticamente desaparecidos del mapa, muchos podían pensar que ZZ Top había agotado su recorrido y su capacidad creativa. Sin embargo, Billy Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard regresaron en 1979 con una obra que miraba al futuro sin dar la espalda al polvo del desierto texano. No es todavía la banda de los videoclips desenfadados, los sintetizadores y los coches rojos de “Eliminator”, pero tampoco es exactamente la de “Tres Hombres” o “Rio Grande Mud”. Estamos ante el momento exacto en el que ambos mundos se estrechan la mano.
Y
quizá por eso “Degüello” nunca ha recibido el reconocimiento que merece.
Siempre ha vivido a la sombra de los dos gigantes que lo rodean, cuando en
realidad es el álbum que explica por qué ambos existen. Aquí siguen latiendo el
blues eléctrico, el boogie y ese groove pantanoso tan característico de sus
primeros años, pero también aparecen nuevos ingredientes —arreglos de viento,
sintetizadores, ritmos más cercanos al funk y un sonido más limpio— que
anticipaban el camino que recorrerían durante la década siguiente con enorme
acierto.
El
propio título ya constituye toda una declaración de intenciones.
"Degüello" era el toque de corneta utilizado por el ejército mexicano
durante la batalla de El Álamo para anunciar que no habría cuartel para el
enemigo. Una imagen contundente para un disco que, lejos de sonar agresivo en
términos estrictamente musicales, sí transmite la sensación de una formación
decidida a conquistar un nuevo territorio que muchos daban por perdido.
La
apertura con mi adorada "I Thank You" deja claro que el trío sabía
perfectamente cómo versionar un clásico sin perder personalidad. La composición
popularizada por Sam & Dave, aunque con autoría de Isaac Hayes y David
Porter, abandona parte de su alma soul para convertirse en un ejercicio de
boogie tejano irresistible, donde la guitarra de Billy Gibbons suena gruesa,
relajada y absolutamente reconocible desde el primer compás, mientras la
sección rítmica demuestra por qué ZZ Top siempre fue mucho más que un gran
guitarrista acompañado por dos músicos. Beard marca el ritmo con una precisión
digna del mejor cirujano, mientras el bajo del eterno Dusty golpea desde el
fondo, aportando todavía más cuerpo a este temazo que abriría cada concierto de
la posterior gira promocional del LP.
Sin
tiempo para coger aire llega otro clásico como "She Loves My
Automobile", donde empiezan a asomar algunas de las novedades sonoras del
álbum y de esta nueva etapa de ZZ Top. Los arreglos de saxofón, interpretados
por los propios integrantes del grupo, aportan un aire festivo que encaja de
maravilla con el ADN sureño del trío. Es una canción corta, pegadiza y
tremendamente divertida, de esas que parecen sencillas hasta que uno se detiene
a escuchar cómo cada instrumento ocupa exactamente el lugar que le corresponde.
"I'm
Bad, I'm Nationwide" representa probablemente la mejor síntesis entre el
ZZ Top clásico y el que estaba por venir. El riff desprende una chulería añeja
gracias a su árida distorsión, mientras un seductor Billy Gibbons firma una de
esas interpretaciones vocales que parecen sacadas directamente de un bar de
carretera. Es una de esas composiciones que explican por sí solas por qué la
banda siempre fue mucho más sofisticada de lo que aparentaba.
Y
llegamos a una de las joyas más infravaloradas de toda la discografía del trío.
“A Fool for Your Stockings" baja notablemente la distorsión para
regalarnos una de las interpretaciones más elegantes del álbum. Construida a
partir de una guitarra mucho más limpia de lo habitual, la pieza permite que
aflore el profundo amor del grupo por el blues lento, dando pie a que Gibbons
despliegue uno de sus solos más sentidos sin necesidad de caer en
exhibicionismos. Una canción para escuchar con calma. Lo merece.
Después
llega la extravagancia de "Manic Mechanic", probablemente el corte
más peculiar del disco. Tras un inicio en el que escuchamos el arranque de un
motor, su tono casi humorístico, las voces prácticamente recitadas y ese
ambiente ligeramente marciano hacen que parezca una auténtica rareza dentro del
repertorio de ZZ Top. Sin embargo, precisamente ahí reside parte del encanto de
una banda que siempre entendió que el rock también podía permitirse ser
divertido.
La
segunda cara arranca con otra revisión de un clásico inmortal. En esta ocasión
se trata de la icónica "Dust My Broom" del mismísimo Robert Johnson,
aunque fuera popularizada años más tarde por Elmore James. El trío opta por
rendir homenaje a la tradición con un enorme respeto, dejando que el slide de
Gibbons hable prácticamente por sí solo y acapare casi todo el protagonismo.
"Lowdown
in the Street" devuelve el protagonismo al groove más sucio, mientras que
"Hi Fi Mama" pisa el acelerador gracias a la voz principal de Dusty
Hill (¡qué bueno era!), cuya energía casi descontrolada aporta un contraste muy
refrescante respecto al tono relajado de Gibbons. Los metales vuelven a
aparecer con absoluta naturalidad, reforzando la sensación de que el grupo
estaba ampliando su paleta sonora sin traicionar jamás su esencia. Siempre
defenderé a capa y espada la transición musical que experimentó durante esta
etapa.
Y
entonces aparece "Cheap Sunglasses", la que para muchos es la gran
joya del disco, algo que no resulta en absoluto descabellado. Pocas canciones
resumen tan bien el carácter de ZZ Top. Tenemos un riff inolvidable, un ritmo
hipnótico, un humor marca de la casa y una producción que ya empieza a mirar
claramente hacia los años ochenta. Todo parece sencillo, casi improvisado,
cuando en realidad detrás existe un extraordinario trabajo de arreglos y
texturas. Es una de esas composiciones que nunca envejecen, además de una de
las más celebradas en cada concierto donde sonó.
El
cierre con "Esther Be the One" baja ligeramente las revoluciones,
pero mantiene intacta la elegancia del conjunto. No pretende competir con las
grandes baladas del trío, sino despedir el viaje con absoluta naturalidad,
dejando la sensación de haber escuchado una colección de canciones
tremendamente sólida y equilibrada.
CONCLUSIÓN
Resulta
curioso comprobar cómo muchos sitúan el punto de inflexión comercial de ZZ Top
directamente en “Eliminator”. En realidad, ese cambio empezó mucho antes.
“Degüello” y “El Loco” fueron el laboratorio donde comenzaron a experimentar
con nuevos sonidos, nuevas texturas y una producción más pulida sin abandonar
jamás el blues que los había definido desde sus comienzos. Sin este disco
probablemente nunca habrían existido "Gimme All Your Lovin'",
"Sharp Dressed Man" o "Legs".
Por
eso siempre me ha parecido una de las obras más inteligentes de su carrera. No
intenta repetir fórmulas ni romper con todo lo anterior. Evoluciona con
paciencia, confianza y una personalidad inquebrantable. Mientras otras bandas
de finales de los setenta parecían perdidas buscando su sitio en una escena
cambiante, ZZ Top entendió que el secreto no consistía en dejar de ser uno
mismo, sino en encontrar nuevas maneras de seguir siéndolo.



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