Lo reconozco. Nunca he podido escuchar Tribute como un simple álbum en directo. Cada vez que vuelve a sonar en mi reproductor de CD siento que estoy asistiendo al último gran testimonio de una de las asociaciones más mágicas que ha conocido el heavy metal. Hoy, además, hacerlo y reseñarlo tiene un significado especial. Se cumple un año desde la muerte de Ozzy Osbourne y pocas maneras encuentro más apropiadas de recordarlo que regresando al hombre que transformó para siempre su carrera: Randy Rhoads.
Cuando
Ozzy fue expulsado de Black Sabbath a finales de los setenta, muy pocos daban
un duro por él. Había sido la voz de la banda que prácticamente inventó el
heavy metal, sí, pero también era un músico perdido entre adicciones e
incertidumbres, con la sensación de haber alcanzado demasiado pronto la cima.
Entonces apareció Randy Rhoads. Aquel joven guitarrista, formado en la música
clásica y curtido en Quiet Riot (muy recomendables sus dos álbumes junto al
grupo), no solo devolvió la ilusión a Ozzy, sino que redefinió por completo su
sonido. Juntos dieron forma a Blizzard of Ozz y Diary of a Madman, dos obras
imprescindibles que demostraron que la carrera en solitario del Madman no iba a
vivir de las rentas de Black Sabbath, sino que estaba destinada a escribir su
propia historia.
Lo más
doloroso es que apenas tuvimos tiempo para disfrutar de aquella sociedad. El 19
de marzo de 1982, en plena gira americana, Randy Rhoads falleció con tan solo
25 años en un absurdo accidente de avioneta. Una tragedia que sacudió al mundo
del rock y dejó completamente destrozado a Ozzy. No perdió únicamente a su
guitarrista, sino a un amigo, a un compañero de batallas y a la persona que le
había devuelto las ganas de seguir adelante cuando parecía acabado. Durante
años fue incapaz siquiera de escuchar aquellas grabaciones sin revivir el dolor
de aquella pérdida.
Por eso
Tribute nunca fue concebido como un simple álbum en vivo para cumplir con
diversos contratos discográficos. Estas grabaciones estaban destinadas a
publicarse poco después de la gira de 1981, pero quedaron guardadas en un cajón
tras la muerte de Randy. Solo cinco años más tarde, cuando Ozzy sintió que
emocionalmente podía enfrentarse a ellas, decidió editarlas bajo un título que
lo dice absolutamente todo: Tribute. No era un disco para vender nostalgia,
sino una carta de amor y una reivindicación de un músico irrepetible.
Y,
escuchándolo hoy, cuesta no pensar que ha terminado convirtiéndose también en
un homenaje involuntario al propio Ozzy. Un año después de su fallecimiento,
este álbum ya no solo inmortaliza a Randy Rhoads, sino también al Ozzy más
inspirado, más hambriento y probablemente más importante de toda su carrera. Al
hombre que sobrevivió a todo cuando nadie esperaba que lo hiciera; al icono que
ayudó a definir el heavy metal en dos etapas muy distintas de su vida y cuya
influencia sigue siendo imposible de medir. Si Black Sabbath levantó los
cimientos del género, Ozzy pasó el resto de su vida engrandeciendo ese legado
hasta convertirse en una de las figuras más reconocibles de la historia del
rock.
Con
semejante contexto resulta imposible escuchar este disco con frialdad.
Desde los
primeros compases, con el "O Fortuna" de Carmina Burana, que siempre
sirvió de preámbulo para los conciertos del Madman, y la salvaje irrupción de
"I Don't Know", queda claro que estamos asistiendo a algo especial.
La banda entra como una apisonadora y Randy comienza inmediatamente a
introducir pequeñas variaciones respecto a las versiones de estudio. Algo que
se percibe enseguida es el ligero tratamiento de estudio, especialmente en una
voz de Ozzy que quizá suena algo más pulida de lo que realmente fue aquella
noche, algo muy habitual en los álbumes en directo de la época (si no, que se
lo digan a Black Sabbath y su polémico Live Evil). En cualquier caso, el estado
vocal de Mr. Osbourne por entonces era impresionante. Rhoads suena crudo y
afilado, combinando armonías con esos solos imposibles que, en tan poco tiempo,
lo convirtieron en un mito de las seis cuerdas.
Después
llega "Crazy Train", probablemente la canción más importante de la
carrera en solitario de Ozzy Osbourne, aunque no resulte sencillo quedarse con
una sola. Aquí todo funciona. Ozzy está desatado, Tommy Aldridge convierte la
batería en una locomotora y el bueno de Rudy Sarzo sostiene el conjunto con un
bajo enorme. Pero la verdadera estrella de esta grabación vuelve a ser Rhoads.
Sus arreglos, sus armónicos (innegable la influencia que ejerció sobre Zakk
Wylde) y esas pequeñas modificaciones en los solos convierten un clásico ya
perfecto en una interpretación todavía más emocionante.
Uno de los
aspectos que más me fascinan de Tribute es comprobar cómo Randy nunca
interpretaba una canción exactamente igual dos noches seguidas. Hoy, cuando
muchos conciertos parecen calcados nota por nota del disco y hasta la forma de
moverse por el escenario parece responder a un guion preestablecido, resulta
apasionante escuchar a un músico que utilizaba las tablas como un auténtico
laboratorio de experimentos. Cada solo tiene personalidad propia. Cada fraseo
parece improvisado, aunque detrás esconda una planificación exquisita. Rhoads
era un genio y, como tal, únicamente trajo cosas buenas al bueno de Ozzy. Temas
como "Believer", "Flying High Again" o "Steal Away
(The Night)" muestran probablemente al Randy más explosivo, pero también a
un Ozzy especialmente cómodo sobre las tablas, cantando con una potencia y una
claridad que parecían haberse perdido durante sus últimos años en Black
Sabbath.
Palabras
mayores para la épica interpretación de "Mr. Crowley", otro clásico
eterno del Madman, donde todo suena absolutamente perfecto. La interpretación
vocal de Ozzy me pone los pelos de punta, dramatizando cada verso y cada
estribillo... pero es que el solo de Randy... constituye una nueva
demostración, esta vez en directo, de por qué sigue apareciendo entre los más
admirados de toda la historia del heavy metal. Es imposible escuchar esos
minutos finales sin preguntarse hasta dónde habría llegado si hubiera
disfrutado de una carrera completa. El destino fue terriblemente cruel con
Randy.
Otro
detalle que, a nivel personal, hizo que le cogiera un cariño especial a este LP
fue la maravillosa versión de "Revelation (Mother Earth)", gracias a
la cual pude valorar como merecía esta joya de Blizzard of Ozz. En esta
grabación es como si la composición adquiriera una dimensión completamente
distinta. La introducción conserva la delicadeza de estudio, pero pronto
desemboca en una epopeya sonora repleta de virtuosismo instrumental por parte
de todos los músicos y un lucimiento teatral cortesía del eterno Ozzy, quien
firma aquí el momento más emotivo de toda la velada.
Como todo
directo clásico, también hay espacio para las exhibiciones individuales. Si
bien el solo de batería de Tommy Aldridge seguramente funciona mejor sobre el
escenario que en una escucha doméstica repetida, el larguísimo solo que Randy
firma durante la imprescindible "Suicide Solution" (otro temazo que
Ozzy borda a las mil maravillas) termina convirtiéndose en uno de los grandes
momentos del álbum. Durante un par de minutos, Rhoads logra resumir todo su
vocabulario musical: velocidad, melodía, influencias clásicas, blues,
feeling... Toma asiento y disfruta.
Después
llegan las inevitables visitas al repertorio de Black Sabbath. Siempre he
pensado que interpretar canciones de Tony Iommi era un desafío enorme. No
porque fueran especialmente difíciles, sino porque su personalidad era tan
aplastante que cualquier comparación resultaba inevitable. Sin embargo, Randy
jamás intenta copiarlo. "Iron Man", "Children of the Grave"
y "Paranoid" mantienen intacta su esencia mientras adoptan por
completo el lenguaje de Rhoads. Son versiones que respetan el legado de
Sabbath, pero poseen una identidad propia inconfundible. Rhoads fue un alumno
aventajado de Iommi.
La recta
final del concierto se inicia con "Goodbye To Romance", una de las
primeras grandes baladas de Ozzy y que, de alguna manera, sentaría las bases
sobre las que años después edificaría su legendaria "Mama I'm Coming
Home". Aquí el Madman canta con una belleza incalculable, como si
estuviera en el estudio de grabación, logrando algo realmente complejo:
conmover a cualquiera. "No Bone Movies" es la encargada de echar el
cierre de forma festiva, con su letra picante y un solo final de Rhoads breve,
pero irresistible.
Como todos
sabrán, el álbum concluye con varias tomas de estudio de "Dee", una
sencilla pieza acústica que Randy dedicó a su madre y que fue incluida en
Blizzard of Ozz con una duración de apenas 49 segundos. Aquí podemos disfrutar
del genio de Rhoads dando forma a su obra, buscando la interpretación perfecta
mientras conversa con el equipo de producción entre toma y toma. Cuesta no
tragar saliva.
CONCLUSIÓN
Vale.
Siempre existirán debates sobre los retoques aplicados a la voz y algunos
overdubs posteriores. Es cierto que probablemente escuchamos una versión más
pulida de la que realmente sonó aquella noche. Pero incluso aceptando esa
realidad, cuesta negar que Ozzy atraviesa aquí uno de los mejores momentos
vocales de toda su carrera. Esta obra documenta la resurrección de un genio
que, tras años a la deriva, recuperó el hambre y la conexión con el público.
Obviamente,
el álbum fue concebido como un homenaje póstumo a Randy Rhoads, pero ahora que
también somos huérfanos de Ozzy, Tribute adquiere un significado todavía mayor.
Estamos ante el recuerdo de una amistad, de una etapa irrepetible y de dos
músicos cuya unión cambió para siempre la historia del heavy metal. Uno partió
demasiado pronto. El otro, tras burlar a la muerte en innumerables ocasiones,
vivió lo suficiente para despedirse bajo sus propias condiciones (¿quién no
recuerda el legendario Back To The Beginning?) y convertirse en una leyenda
absoluta antes de reunirse con él en la memoria de millones de aficionados.
Y aunque físicamente ya no se encuentren entre nosotros, mientras exista alguien dispuesto a desgañitarse gritando el "All aboard!" de "Crazy Train" o a emocionarse con el solo de "Mr. Crowley", puedo asegurarles que Randy Rhoads y Ozzy Osbourne seguirán siendo inmortales.


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