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Análisis de la discografía de Deep Purple

Hablar de Deep Purple es hacerlo de una de las bandas más trascendentales que ha dado la historia del rock. Pioneros en la consolidación del hard rock y piezas fundamentales en el nacimiento del heavy metal, los británicos han dejado una huella imborrable gracias a una discografía extraordinaria, una capacidad inagotable para reinventarse y una nómina de músicos irrepetibles que han elevado el virtuosismo a una de sus principales señas de identidad. Desde la explosión creativa de la inolvidable Mark II hasta las diferentes etapas que han mantenido viva la llama durante casi seis décadas, su legado trasciende himnos inmortales como "Smoke on the Water" para convertirse en una influencia decisiva sobre varias generaciones de artistas.

Este artículo nace, precisamente, desde esa profunda admiración. No pretende ser una verdad absoluta ni una clasificación definitiva de su obra, sino un recorrido personal por toda la carrera de Deep Purple, repasando uno a uno sus discos de estudio, contextualizando cada etapa y analizando las canciones, los cambios de formación y la evolución de un grupo que jamás dejó de mirar hacia delante. Ojalá estas páginas sirvan tanto para quienes llevan toda una vida disfrutando de su música como para quienes deseen descubrir por qué Deep Purple sigue ocupando, con todo merecimiento, un lugar privilegiado entre las leyendas más grandes de la historia del rock. 

Shades of Deep Purple (1968)

Calificación:*****(7)
And The Address – Hush - One More Rainy Day - Prelude: Happiness/I'm So Glad - Mandrake Root – Help - Love Help Me - Hey Joe

Antes de convertirse en uno de los pilares del hard rock, Deep Purple fue una banda profundamente arraigada en la psicodelia y el rock progresivo de finales de los sesenta. Nacidos del proyecto Roundabout y con la formación Mark I (Rod Evans, Ritchie Blackmore, Jon Lord, Nick Simper e Ian Paice), su debut muestra a un grupo todavía en plena búsqueda de identidad, pero con suficientes destellos de genialidad como para anticipar lo que estaba por venir.

“Shades of Deep Purple” es un álbum muy representativo de su época. Conviven versiones de clásicos del momento, como “Help!” (The Beatles), “I’m So Glad” (Cream) o una brillante versión del “Hey Joe” de Jimi Hendrix con composiciones propias donde ya empiezan a asomar las señas de identidad del grupo: el diálogo entre la guitarra de Blackmore y el Hammond de Jon Lord, las influencias de la música clásica y una instrumentación sorprendentemente ambiciosa para una banda debutante. Aunque Blackmore aún acusa la influencia de Hendrix y Cream, su personalidad empieza a despuntar, mientras que Lord se erige desde el primer minuto como el verdadero arquitecto del sonido de la banda.

Curiosamente "Hush", que era una versión de Joe South, fue el primer golpe sobre la mesa del grupo, alcanzando en Estados Unidos el Top 5 en la lista de éxitos, antes incluso de que triunfaran en su Reino Unido natal. Sin embargo, son temas como la instrumental "And the Address", la extensa "Mandrake Root" (pieza habitual durante muchos años en sus repertorios) o la elaborada "Prelude: Happiness/I'm So Glad" los que mejor anticipan la evolución hacia el hard rock y el virtuosismo que culminaría pocos años después con “In Rock”.

Visto con perspectiva, “Shades of Deep Purple” probablemente esté lejos de las obras maestras de la formación clásica con Ian Gillan y Roger Glover. Su producción suena claramente sesentera y algunas canciones todavía dependen demasiado de sus influencias. Pero precisamente ahí reside gran parte de su encanto: es el documento de una banda extraordinaria descubriendo su propio estilo. Más que un clásico del hard rock, es una excelente fotografía del momento en que Deep Purple comenzó a construir uno de los legados más importantes de la historia del rock.

 The Book of Taliesyn (1968)

Calificación:*****(7,5)
Listen, Learn, Read on - Wring That Neck - Kentucky Woman - Exposition/We Can Work It Out – Shield – Anthem - River Deep, Mountain High

“The Book of Taliesyn” supuso un paso adelante respecto al debut de Deep Purple, aunque todavía mostraba a una banda en plena búsqueda de identidad. Grabado apenas unos meses después de “Shades of Deep Purple”, el segundo álbum mantiene la mezcla de psicodelia, blues, rock progresivo embrionario y versiones de otros artistas, pero presenta una propuesta más ambiciosa y cohesionada. Si el primer disco era una carta de presentación, aquí el grupo comienza a perfilar muchas de las señas de identidad que acabarían definiendo su sonido, especialmente gracias al protagonismo de Jon Lord y Ritchie Blackmore, quienes habían dejado de ser jóvenes promesas para comenzar a ser considerados en el Reino Unido como auténticos maestros de los teclados y la guitarra respectivamente.

La influencia de la música clásica adquiere un peso aún mayor, con arreglos más elaborados y una atmósfera más oscura y solemne que la de su predecesor. Lord convierte el órgano Hammond en el eje del álbum, mientras Blackmore empieza a desarrollar un lenguaje propio, alejándose poco a poco de la evidente influencia de Jimi Hendrix que dominaba el debut en favor de un estilo propio. La sólida base rítmica de Ian Paice y Nick Simper aporta una energía constante, mientras Rod Evans ofrece una interpretación elegante y melódica, muy adecuada para esta etapa más psicodélica de la banda.

El repertorio alterna cuatro composiciones originales con tres versiones profundamente reinventadas. "Listen, Learn, Read On" abre el disco con un sonido más pesado y rudo. El instrumental "Wring That Neck" destaca por los extensos diálogos de tintes clásicos entre órgano y guitarra, convirtiéndose en una pieza habitual de sus conciertos. Entre los originales sobresalen la melancólica "Anthem", una de las composiciones más inspiradas de Jon Lord, y "The Shield", donde la banda combina sensibilidad pop con largos desarrollos instrumentales.

Las versiones vuelven a ser fundamentales. "Kentucky Woman" transforma el tema de Neil Diamond en un vibrante rock eléctrico, mientras que "We Can Work It Out" de The Beatles, como ya sucedió en “Help!” en la obra anterior, recibe un tratamiento progresivo con una larga introducción instrumental. En definitiva, estamos ante una banda sin miedo a experimentar, todavía lejos del sonido de “In Rock” o “Machine Head”, pero cada vez más cerca de convertirse en una de las grandes referencias del hard rock de los años setenta.

Deep Purple (1969)

Calificación:***** (7,8)
Chasing Shadows - Blind – Lalena - Fault Line - The Painter - Why Didn't Rosemary - Bird Has Flown - April

El trabajo de título homónimo fue el último álbum de la formación original de la banda y, probablemente, el más logrado de la llamada Mark I. Si los dos discos anteriores mostraban a un grupo dando tumbos entre la psicodelia, el blues y el rock progresivo naciente, aquí esas influencias alcanzan un equilibrio mucho más convincente. El sonido es más oscuro, las composiciones son más ambiciosas y la personalidad de Jon Lord y Ritchie Blackmore comienza a imponerse definitivamente, anticipando el rumbo que convertiría a Deep Purple en uno de los gigantes del hard rock.

A diferencia de sus dos primeros trabajos, el álbum reduce considerablemente el número de versiones y apuesta por un repertorio mayoritariamente original. Desde la apertura con "Chasing Shadows", impulsada por la espectacular interpretación de Ian Paice y sus múltiples capas de percusión, queda claro que la banda ha ganado confianza y cohesión. Temas como "Blind" o la excelente versión de "Lalena" muestran un tono más melancólico y sofisticado, con un órgano Hammond omnipresente y una interpretación especialmente inspirada de Rod Evans.

La gran joya del LP siempre me ha resultado “Painter”, un corte potente y duro que hubiera empastado perfectamente en las obras más grandes del grupo, con esa mezcla de blues y distorsión absolutamente exquisita. "Why Didn't Rosemary" y "Bird Has Flown" también coquetean con el hard rock que desarrollaría plenamente un año después. Blackmore empieza a desprenderse de sus influencias más evidentes y su estilo adquiere una personalidad cada vez más reconocible.

La otra maravilla del disco es, sin duda, "April", una ambiciosa suite de más de doce minutos dividida en tres movimientos que combina pasajes acústicos, arreglos orquestales y una poderosa sección eléctrica. La composición constituye el primer gran manifiesto de Jon Lord en su intento de fusionar música clásica y rock, una idea que cristalizaría poco después en Concerto for Group and Orchestra.

Aunque este sería el último trabajo de Rod Evans y Nick Simper antes de la llegada de Ian Gillan y Roger Glover, Deep Purple representa la culminación artística de la primera etapa del grupo. Un álbum injustamente eclipsado por la legendaria Mark II, pero imprescindible para comprender la evolución de una de las bandas fundamentales de la historia del rock.

Concerto for Group and Orchestra (1969)

Calificación:*****(7,5)

Symphony No. 6, Op. 95 – Hush – Wring That Neck – Child In Time - Concerto for Group and Orchestra (I-II-III)

Como comprobarás a lo largo del artículo, querido lector, he querido incluir algún que otro álbum en vivo que, a mi modo de ver, tiene un peso histórico importante en la historia de Deep Purple.  Y es que este “Concerto for Group and Orchestra” marcó el debut discográfico de la formación Mark II de Deep Purple, con la incorporación de Ian Gillan (voz) y Roger Glover (bajo) en sustitución de Rod Evans y Nick Simper. En lugar de presentarlos con un álbum de hard rock, la banda optó por una apuesta tan ambiciosa como arriesgada: interpretar una obra compuesta por Jon Lord junto a la Royal Philharmonic Orchestra, dirigida por Malcolm Arnold.

El concierto, celebrado en el Royal Albert Hall, incluía además un breve repertorio previo con temas del grupo. Entre ellos destacaba "Child in Time", cuya primera grabación oficial aparece aquí varios meses antes de su versión definitiva en In Rock y se siente menos pulida (luego os hablo en profundidad de esta obra maestra).

La pieza principal se divide en tres movimientos. El primero plantea un diálogo entre la orquesta y la banda, alternando pasajes sinfónicos con irrupciones de un Deep Purple cada vez más cercano al hard rock. El segundo, más pausado y melódico, permite lucirse a Gillan en la única sección con protagonismo vocal, mientras que el tercero culmina la obra fusionando ambos mundos con mayor naturalidad y energía.

El resultado no siempre alcanza un equilibrio perfecto. En algunos momentos la orquesta eclipsa al grupo y ciertos desarrollos se alargan más de lo necesario. Sin embargo, como primer intento serio de integrar una banda de rock dentro de una estructura clásica, el álbum posee un enorme valor histórico y artístico. Recordemos que por aquellos tiempos, el propio Ian Gillan

Más que una rareza dentro de su catálogo, “Concerto for Group and Orchestra” representa el puente entre la etapa psicodélica y progresiva de los primeros Deep Purple y el sonido contundente que explotaría pocos meses después en “In Rock”.

In Rock (1970)

Calificación:*****
Speed King – Bloodsucker - Child in Time - Flight of the Rat - Into the Fire - Living Wreck - Hard Lovin' Man

Tras tres discos en los que Deep Purple todavía buscaba una identidad propia entre el rock psicodélico, las influencias clásicas y el progresivo, la llegada de Ian Gillan y Roger Glover cambió para siempre la historia de la banda. Junto a Ritchie Blackmore, Jon Lord e Ian Paice, dieron forma a la legendaria Mark II, responsable de una de las rachas creativas más impresionantes que ha conocido el Hard Rock. Y todo comenzó aquí. “In Rock” no es solo el primer gran álbum de Deep Purple, sino uno de los discos fundacionales del Hard Rock y una de las obras que terminaron de definir el nacimiento del Heavy Metal.

Desde los primeros segundos de "Speed King" queda claro que el grupo ha dejado atrás definitivamente su pasado. La guitarra incendiaria de Blackmore, el Hammond distorsionado de Jon Lord y una sección rítmica absolutamente demoledora construyen un muro de sonido sobre el que Ian Gillan despliega una de las interpretaciones vocales más espectaculares de la historia del Rock gracias a esos agudos punzantes. A partir de ahí, el álbum apenas concede un respiro. "Bloodsucker" aumenta todavía más la agresividad (una vez más hay que rendirse a Gillan), mientras "Flight of the Rat", "Into the Fire", "Living Wreck" o la explosiva "Hard Lovin' Man" convierten cada minuto en una exhibición de potencia, técnica y creatividad. No hay un solo tema de relleno; todos aportan algo distinto dentro de un conjunto extraordinariamente sólido.

Pero si hay una composición que eleva “In Rock” a la categoría de obra maestra absoluta esa es "Child in Time". Pocas canciones han alcanzado semejante nivel de perfección. La introducción casi litúrgica de Jon Lord desemboca en una interpretación vocal sencillamente irrepetible de Ian Gillan, cuyos agudos siguen siendo, más de cincuenta años después, uno de los momentos más impactantes jamás registrados en un estudio. El monumental solo de Blackmore, construido con una mezcla perfecta de melodía, velocidad y emoción, termina de convertir estos diez minutos en uno de los mayores hitos de la historia del Rock. Cualquier adjetivo se queda corto.

Lo verdaderamente fascinante de “In Rock” es la química entre sus cinco integrantes. Blackmore y Lord suenan más compenetrados que nunca, Ian Paice ofrece una auténtica lección de batería en cada canción, Roger Glover sostiene todo el edificio con una solidez impecable y Gillan se consagraba desde joven como uno de los cantantes que más influirían a lo largo de las décadas.

“In Rock” fue el punto de partida de una tetralogía irrepetible que continuarían “Fireball”, “Machine Head” y “Made in Japan”, pero también un antes y un después para la música pesada. Pocas veces una banda ha reinventado su sonido con semejante autoridad. Más de medio siglo después, este álbum sigue sonando desafiante, moderno y descomunal. Una auténtica obra maestra y uno de los discos imprescindibles de la historia del Hard Rock.

Fireball (1971)

Calificación:*****
Fireball - No No No - Demon's Eye - Anyone's Daughter - The Mule – Fools - No One Came

Tras el impacto sísmico de “In Rock”, Deep Purple tenía un problema tan privilegiado como difícil: demostrar que aquello no había sido un golpe de inspiración aislado. La respuesta llegó solamente un año después, en 1971, con “Fireball”, un álbum que ha vivido injustamente a la sombra de “In Rock” y “Machine Head”, pero que forma junto a ellos una auténtica trilogía irrepetible. Si el primero definía el sonido de la Mark II y el tercero lo perfeccionaba, “Fireball” representa el laboratorio donde la banda llevó su creatividad al límite. Jon Lord lo resumió perfectamente años después afirmando que “sin In Rock no habría existido Fireball, y sin Fireball nunca habría nacido Machine Head”.

Lejos de repetir la fórmula de su predecesor, Deep Purple decidió experimentar sin perder un ápice de intensidad. El resultado es un disco más diverso, atrevido y, en muchos aspectos, más ambicioso. Desde los primeros segundos de la explosiva "Fireball", con Ian Paice revolucionando la batería y Gillan alcanzando registros imposibles, queda claro que la banda seguía empujando los límites del hard rock. La interacción entre Blackmore y Jon Lord vuelve a ser sencillamente magistral, construyendo uno de los mejores comienzos de álbum de toda la década.

Pero la verdadera grandeza de “Fireball” reside en su variedad. "No No No" mezcla hard rock con un groove casi blues, "Demon's Eye" desprende una elegancia irresistible gracias a su ritmo contagioso y "Anyone's Daughter" demuestra que la banda podía permitirse incluso un desvío hacia el country sin perder personalidad. Lo que en otras manos habría parecido una extravagancia, en Deep Purple se convierte en una muestra más de su enorme talento compositivo.

La segunda mitad mantiene el nivel con una colección de canciones memorables. "The Mule" sirve como escaparate del inmenso Ian Paice, cuya técnica convierte cada compás en una lección de batería. Después llega "Fools", probablemente la joya oculta del disco con más de ocho minutos de tensión creciente, contrastes dinámicos y una interpretación vocal de Gillan absolutamente desgarradora, culminada por uno solo atmosférico de Blackmore. El cierre con "No One Came" devuelve la velocidad y confirma que el grupo seguía funcionando como una maquinaria perfectamente engrasada.

Es cierto que “Machine Head” terminaría acumulando los grandes himnos y que In Rock cambió para siempre el rumbo del hard rock. Sin embargo, “Fireball” muestra a una banda en plena libertad creativa, capaz de explorar nuevos caminos sin renunciar a su identidad. No busca ser una colección de éxitos inmediatos, sino una obra rica, imprevisible y enormemente inspirada. Quizá por eso nunca ha recibido el reconocimiento popular de sus hermanos, pero musicalmente no les va a la zaga.

Machine Head (1972)

Calificación:*****
Highway Star - Maybe I'm A Leo - Pictures of Home - Never Before - Smoke on The Water – Lazy - Space Truckin'

Hay discos extraordinarios, discos históricos y, finalmente, discos que cambian para siempre la historia de la música. “Machine Head” pertenece a esta última categoría. Publicado en 1972, el sexto álbum de estudio de Deep Purple no solo supuso la consagración definitiva de la formación Mark II, sino que estableció uno de los modelos sobre los que se construirían el Hard Rock y el Heavy Metal durante las décadas siguientes. Es una de esas escasas obras en las que absolutamente todo encaja: composición, interpretación, producción y una inspiración que parece inagotable. Si “In Rock” abrió el camino y “Fireball” amplió sus posibilidades, “Machine Head” alcanzó la perfección.

Su gestación fue casi un milagro. La banda había viajado a Montreux para grabar el disco en el famoso casino de la ciudad, pero un incendio provocado durante un concierto de Frank Zappa destruyó el edificio apenas un día antes del inicio de las sesiones. Lejos de rendirse, el grupo encontró refugio en el abandonado Grand Hotel, donde instaló el estudio móvil de The Rolling Stones y registró el álbum prácticamente en directo. Aquellas circunstancias, que habrían hundido a cualquier otra banda, terminaron convirtiéndose en parte de la leyenda y dieron lugar a uno de los himnos más famosos de todos los tiempos.

Pero reducir Machine Head a "Smoke on the Water" sería cometer una enorme injusticia. El disco comienza con la imparable "Highway Star", posiblemente una de las mejores canciones de apertura jamás escritas. Ian Gillan ofrece una interpretación vocal descomunal, mientras Ritchie Blackmore y Jon Lord protagonizan uno de los diálogos entre guitarra y órgano más espectaculares que ha dado el rock. La precisión de Ian Paice y el impecable trabajo de Roger Glover convierten cada compás en una auténtica demostración de fuerza y elegancia.

Le siguen joyas como "Maybe I'm a Leo", construida sobre un riff con un groove irresistible, la infravalorada "Pictures of Home", donde todos los músicos alcanzan un nivel superlativo; y "Never Before", probablemente el corte más accesible del álbum sin perder un ápice de calidad. Después llega el inmortal riff de "Smoke on the Water", una composición cuya sencillez es precisamente la clave de su inmortalidad y cuya historia convierte la tragedia del incendio de Montreux en una de las letras más célebres de la música popular. Una canción que ha trascendido las fronteras del rock.

La recta final mantiene un nivel absolutamente insultante. "Lazy" es una clase magistral de Blues-Rock liderada por el órgano Hammond de Jon Lord y enriquecida por la armónica de Gillan, mientras que otro hit inmortal como "Space Truckin'" cierra el álbum con una descarga de energía desbordante que demuestra por qué Deep Purple era una máquina perfectamente engrasada. Y para quienes disfruten de las reediciones, la inclusión de "When a Blind Man Cries", mi balada preferida de Purple, termina de completar una experiencia prácticamente insuperable.

Lo verdaderamente asombroso de “Machine Head” es que no contiene una sola nota fuera de lugar. Cada canción posee personalidad propia y, al mismo tiempo, forma parte de un conjunto cohesionado que fluye con una naturalidad extraordinaria. La compenetración entre Blackmore, Lord, Glover, Paice y Gillan alcanza aquí un nivel difícilmente igualable, convirtiendo al quinteto en una de las formaciones más talentosas que ha conocido el rock.

Pocas veces puede hablarse con total seguridad de una obra maestra. “Machine Head” lo es sin discusión. No solo representa el punto culminante de Deep Purple, sino uno de los grandes monumentos de la música del siglo XX. Un álbum eterno, imprescindible y absolutamente perfecto.


Made In Japan (1972)

Calificación:*****Highway Star - Child In Time - Smoke On The Water - The Mule - Strange Kind Of Woman - Lazy - Space Truckin'

Aunque no se trate de un álbum de estudio, era imposible dejar fuera “Made in Japan” de este especial. No solo captura a Deep Purple en el momento de mayor inspiración y compenetración de toda su carrera, sino que está considerado, con toda justicia, uno de los mejores discos en directo de la historia del rock, una de esas obras imprescindibles que cualquier aficionado debería escuchar al menos una vez en la vida. Si Machine Head representó la culminación del Mark II en estudio, Made in Japan fue la prueba definitiva de que sobre un escenario no tenían rival.

Grabado durante tres conciertos celebrados en Osaka y Tokio en agosto de 1972, el álbum estuvo a punto de quedarse como un lanzamiento exclusivo para Japón. Ni la propia banda ni el ingeniero Martin Birch confiaban demasiado en el modesto equipo de grabación enviado por Warner, pero el resultado desafió todas las expectativas. A partir de aquellas cintas nació un directo legendario que no solo inmortalizó a Deep Purple en su mejor momento, sino que redefinió para siempre lo que debía ser un álbum en vivo.

Desde el estallido inicial de "Highway Star", queda claro que esto no es una simple reproducción de las versiones de estudio. Cada canción se expande con absoluta naturalidad gracias a la extraordinaria química entre los cinco músicos. Ian Gillan ofrece probablemente la mejor interpretación vocal de toda su carrera, alcanzando unos agudos casi inhumanos en "Child in Time", mientras Ritchie Blackmore firma algunos de los mejores solos de su trayectoria. Jon Lord convierte su Hammond en un arma devastadora, Ian Paice demuestra por qué sigue siendo uno de los baterías más infravalorados de la historia del rock y Roger Glover sostiene todo el conjunto con una solidez impecable.

El repertorio es sencillamente perfecto. "Smoke on the Water" adquiere una fuerza todavía mayor que en estudio, "Strange Kind of Woman" alcanza la inmortalidad gracias al inolvidable duelo entre la guitarra de Blackmore y la voz de Gillan, "Lazy" se convierte en una gigantesca jam de inspiración jazzística y blues, mientras que "Space Truckin'" se transforma en casi veinte minutos de improvisación donde la banda demuestra hasta dónde podía llegar cuando se dejaba llevar sobre el escenario. Incluso el largo solo de batería de "The Mule", que podría resultar excesivo en manos de otro músico, mantiene el interés gracias al talento descomunal de Paice.

La grandeza de “Made in Japan” reside precisamente en eso: ninguna improvisación parece gratuita. Todo fluye con una naturalidad asombrosa, mostrando a cinco músicos en la cima absoluta de sus capacidades interpretativas. No es extraño que haya servido de inspiración para generaciones enteras de bandas de hard rock, heavy metal e incluso metal progresivo.

Más de cincuenta años después sigue siendo la referencia con la que se comparan prácticamente todos los grandes discos en directo. No es solo el mejor álbum en vivo de Deep Purple; para muchos, entre los que me incluyo, es el mejor directo de la historia del rock. Una obra maestra absoluta que demuestra que, cuando el Mark II subía a un escenario, muy pocas bandas podían siquiera acercarse a su nivel. 

Who Do We Think We Are (1973)

Calificación:*****(8,5)
Woman from Tokyo - Mary Long - Super Trouper - Smooth Dancer - Rat Bat Blue - Place in Line - Our Lady

Después de encadenar tres obras maestras consecutivas además del monumental Made in Japan, cualquier nuevo lanzamiento estaba condenado a vivir a la sombra de semejantes gigantes. Eso es precisamente lo que ocurrió con “Who Do We Think We Are”, un álbum injustamente infravalorado que durante décadas ha cargado con una fama de "disco menor" que no hace justicia a su verdadero nivel. Está lejos de la inspiración descomunal de sus predecesores, sí, pero no contiene ningún tema de relleno y ofrece una colección de canciones notablemente sólida, demostrando que incluso un Deep Purple al borde de la implosión seguía siendo capaz de escribir grandes composiciones.

La grabación estuvo marcada por un ambiente irrespirable. La relación entre Ian Gillan y Ritchie Blackmore había llegado a un punto crítico y ambos apenas se dirigían la palabra. Algunas partes del disco llegaron incluso a registrarse por separado, reflejando una fractura interna que acabaría provocando la marcha de Gillan y Roger Glover pocos meses después. Sin embargo, y quizá precisamente gracias a esa tensión, el álbum desprende una agresividad y una personalidad muy particulares.

El disco se abre con "Woman from Tokyo", uno de los grandes clásicos del grupo y la prueba de que la inspiración seguía intacta. Su inolvidable riff, la fuerza de Gillan y el trabajo conjunto de Blackmore y Jon Lord convierten la canción en uno de los himnos imprescindibles del catálogo de Deep Purple. A continuación aparece "Mary Long", una composición más ligera y satírica que demuestra la capacidad del grupo para moverse fuera del hard rock más musculoso sin perder identidad.

La cara más pesada del álbum llega con "Super Trouper", una descarga breve pero contundente al más puro estilo “Maybe I’m Leo” y especialmente con "Smooth Dancer", probablemente la pieza más agresiva del disco. Más allá de su enorme riff y del espectacular solo de Hammond de Jon Lord, la canción adquiere un interés especial porque Gillan la escribió como un ataque directo hacia Blackmore, dejando al descubierto el deterioro absoluto de su relación personal.

Otro de los grandes momentos llega con "Rat Bat Blue", impulsada por uno de los mejores trabajos de Jon Lord en toda la década. Su espectacular solo de órgano convierte una excelente canción de hard rock en uno de los puntos culminantes del álbum. La posterior "Place in Line" baja las revoluciones apostando por un marcado enfoque bluesero, mientras que "Our Lady", mucho más atmosférica y melódica, pone un cierre diferente a un disco que busca explorar registros distintos sin abandonar la esencia de la banda.

Es cierto que “Who Do We Think We Are” transmite una sensación menos explosiva que sus tres predecesores. La banda estaba agotada tras años de giras interminables y el desgaste interno era evidente. Sin embargo, reducir este trabajo a un álbum menor resulta profundamente injusto. Quizá no alcance la excelencia del pasado reciente, pero mantiene un nivel compositivo muy alto y muestra a un grupo que todavía conservaba intacto su enorme talento pese a encontrarse al borde del colapso.

Un magnífico canto del cisne para el Mark II original antes de que las tensiones entre Gillan y Blackmore terminaran por hacerlo saltar definitivamente por los aires.

Burn (1974)

Calificación:***** (9)

Burn - Might Just Take Your Life - Lay Down, Stay Down - Sail Away - You Fool No One - What's Going on Here – Mistreated - 'A' 200

Tras la accidentada gira de "Who Do We Think We Are", Deep Purple atravesó la mayor crisis de su historia. Las constantes disputas entre Ian Gillan y Ritchie Blackmore desembocaron en la salida del primero en junio de 1973, mientras que Roger Glover también abandonó el grupo poco después, una decisión impulsada principalmente por Blackmore. Muchos pensaron que aquello supondría el final de la banda, pero el guitarrista, Jon Lord e Ian Paice reaccionaron con una jugada tan arriesgada como brillante. Para sustituir a Gillan eligieron a un desconocido David Coverdale, un joven cantante de marcado carácter blusero que años después lideraría a cierta banda legendaria conocida entre los mortales como Whitesnake, mientras que el puesto de Glover recayó en Glenn Hughes, bajista y vocalista de los reconocidos Trapeze, quien aceptó unirse con la condición de compartir también las labores vocales. La química entre ambos resultó inmediata y permitió a Deep Purple iniciar una nueva etapa sin intentar copiar el pasado.

Grabado nuevamente en Montreux con el estudio móvil de los Rolling Stones, "Burn" vio la luz en febrero de 1974 y disipó cualquier duda desde el primer minuto. La explosiva canción que le da título abre el álbum con uno de los riffs más legendarios de Blackmore, un Ian Paice absolutamente descomunal y el espectacular juego vocal entre Coverdale y Hughes, dejando claro que la Mark III tenía personalidad propia. "Might Just Take Your Life" y "Lay Down, Stay Down" mantienen el nivel combinando el hard rock clásico de la banda con unas primeras pinceladas de funk y soul, mientras "Sail Away" anticipa claramente el sonido que Coverdale desarrollaría años después en Whitesnake.

La segunda cara tampoco concede respiro. "You Fool No One" sirve de escaparate para el inmenso talento instrumental del quinteto, "What's Goin' On Here" aporta un agradable sabor blusero y la archiconocida "Mistreated" emerge como una de las grandes obras maestras de toda la carrera de Deep Purple. La interpretación de Coverdale resulta sencillamente colosal, sostenida por un Blackmore inspiradísimo que convierte cada nota en puro sentimiento. El cierre instrumental con "'A' 200" permite, además, que Jon Lord vuelva a demostrar por qué sigue siendo uno de los teclistas más importantes de la historia del rock.

Aunque "Stormbringer" profundizaría posteriormente en las influencias funk y soul, "Burn" encontró el equilibrio perfecto entre la contundencia del Deep Purple clásico y la frescura aportada por Coverdale y Hughes. Una reinvención modélica y, sin discusión, uno de los grandes discos de la historia del hard rock.

Stormbringer (1974)

Calificación:***** (8,5)
Stormbringer - Love Don't Mean a Thing - Holy Man - Hold On - Lady Double Dealer - You Can't Do It Right (With the One You Love) - High Ball Shooter - The Gypsy - Soldier of Fortune

Tras el brillante “Burn”, los renovados Deep Purple apenas tardaron unos meses en regresar al estudio para grabar “Stormbringer”, un álbum que suele vivir a la sombra de su predecesor y que quizá merezca una mayor reivindicación. Es cierto que está un escalón por debajo de “Burn”: pierde parte de la agresividad y de la electricidad que convirtieron a aquel en un clásico inmediato, pero a cambio ofrece una colección de canciones muy sólidas y una personalidad propia que el tiempo ha tratado con más justicia.

La principal diferencia está en la mayor presencia de las influencias soul, funk y R&B que David Coverdale y, especialmente, Glenn Hughes habían llevado a la banda. Ese cambio de rumbo hizo que el Hammond de Jon Lord y la guitarra de Ritchie Blackmore cedieran protagonismo en varios momentos, algo que nunca terminó de convencer al guitarrista. Paradójicamente, aunque criticó abiertamente la orientación del álbum, Blackmore firma aquí un trabajo elegante y lleno de clase, adaptándose con naturalidad a un sonido que ya no sentía como propio.

El disco arranca con uno de los grandes himnos de la banda, la monumental "Stormbringer", una descarga de hard rock épico que mantiene intacta la intensidad del álbum previo y que sigue siendo una de las mejores aperturas de toda su discografía. En el extremo opuesto aparece "Soldier of Fortune", una balada acústica de enorme carga emocional, con un David Coverdale inmenso en una interpretación que acabaría convirtiéndose en un clásico y que seguiría interpretando años después con Whitesnake.

Entre ambos extremos, el álbum explora terrenos menos habituales para Deep Purple. Temas como "Love Don't Mean a Thing", "Hold On" o "You Can't Do It Right" abrazan sin complejos el funk y el soul, mientras que mi adorada "Lady Double Dealer" y "High Ball Shooter" recuerdan con más claridad al hard rock musculoso que había hecho célebre al grupo. Puede que el conjunto no alcance la inspiración constante de “Burn”, pero tampoco contiene canciones menores: simplemente apuesta por un enfoque más melódico y menos explosivo que, eso sí, dejaba entrever a qué sonarían los primeros Whitesnake.

Precisamente esa evolución fue la que terminó rompiendo definitivamente el equilibrio interno. Blackmore, cada vez más incómodo con la deriva funky de la banda y convencido de que sus mejores ideas ya no tenían cabida en Deep Purple, decidió abandonar el grupo poco después de la publicación del álbum para fundar Rainbow. Su marcha cerró definitivamente la etapa Mark III.

Un trabajo que demuestra que Deep Purple supo evolucionar sin perder su identidad, aunque el precio fuera la salida del que había sido su principal arquitecto musical.

Come Taste the Band (1975)

Calificación:***** (8)
Comin' Home - Lady Luck - Gettin' Tighter - Dealer - I Need Love - Drifter - Love Child - This Time Around/Owed to 'G' - You Keep on Moving

Antes de despedirse temporalmente en 1976, Deep Purple dejó una obra que durante demasiado tiempo fue tratada como la oveja negra de su discografía, aunque en realidad se trate de un gran álbum. La salida de Ritchie Blackmore parecía un golpe definitivo, pero la llegada de Tommy Bolin demostró que la banda todavía tenía mucho que decir. “Come Taste the Band” no intenta copiar el pasado ni sustituir a Blackmore: apuesta por una identidad distinta, más abierta al funk, al soul y al jazz-rock, sin renunciar a la pegada del hard rock. Precisamente esa valentía es la que hoy convierte al álbum en una de las obras más infravaloradas de toda su carrera.

Es cierto que el sonido se aleja por momentos del Purple clásico. La influencia del funk es mucho más evidente que en cualquier otro disco del grupo, especialmente gracias al protagonismo de Glenn Hughes y al estilo fluido de Tommy Bolin. Pero lejos de ser un defecto, esa mezcla dota al álbum de una personalidad única. Temas como "Gettin' Tighter", "Dealer" o "I Need Love" respiran groove, mientras que "Comin' Home", "Drifter" o "Love Child" mantienen intacta la energía del mejor hard rock de la banda.

Tommy Bolin tenía la papeleta imposible de sustituir a uno de los guitarristas más influyentes de la historia del rock. Sin embargo, en lugar de imitar a Blackmore, decidió aportar su propio lenguaje, apostando por un tono imprevisible con claras influencias del jazz y el funk. El resultado es un trabajo guitarrístico brillante que hoy merece mucho más reconocimiento del que recibió en su momento. Ian Paice vuelve a demostrar por qué es uno de los baterías más infravalorados del género, Jon Lord aporta la elegancia habitual desde los teclados y la dupla formada por David Coverdale y Glenn Hughes alcanza probablemente su mayor grado de compenetración.

También fue el último capítulo de la etapa Coverdale-Hughes en Deep Purple antes de la separación de la banda. Poco después, como todos sabrán, David Coverdale iniciaría el camino que terminaría desembocando en Whitesnake, mientras Hughes seguiría una trayectoria mucho más ecléctica. Viéndolo con perspectiva, “Come Taste the Band” representa el cierre de una era y el punto culminante de una formación que nunca recibió el reconocimiento que merecía.

Durante décadas muchos aficionados lo rechazaron simplemente por no contar con Blackmore. Sin embargo, escuchado sin ese prejuicio, resulta evidente que no estamos ante un disco menor, sino ante una evolución lógica de lo que ya habían empezado a explorar en “Stormbringer”. Es un álbum atrevido, elegante y lleno de grandes canciones, que sacrifica parte del sonido clásico de Deep Purple en favor de un enfoque más sofisticado y rítmico.

Puede que no sea el Deep Purple más reconocible, pero sí uno de los más creativos. Y precisamente por eso “Come Taste the Band” merece ser reivindicado como una de las joyas ocultas de la banda.

Perfect Strangers (1984)

Calificación:***** (9)
Knocking at Your Back Door - Under the Gun - Nobody's Home - Mean Streak - Perfect Strangers - A Gypsy's Kiss - Wasted Sunsets - Hungry Daze - Not Responsible - Son of Alerik

Tras casi una década separados, la reunión de la formación Mark II de Deep Purple parecía una apuesta arriesgada. Las tensiones entre Ian Gillan y Ritchie Blackmore seguían presentes, pero “Perfect Strangers” demostró que, cuando estos cinco músicos compartían estudio, la química seguía siendo extraordinaria. Lejos de limitarse a vivir de la nostalgia, el grupo regresó con un disco que supo adaptar su identidad al sonido de los años ochenta sin perder la esencia que había convertido a Deep Purple en una leyenda.

Desde el primer minuto queda claro que la inspiración estaba intacta. "Knocking at Your Back Door" abre el álbum con una introducción cargada de suspense gracias al Hammond de Jon Lord, antes de explotar con uno de esos riffs inconfundibles de Blackmore. Es una declaración de intenciones: la banda suena madura, poderosa y perfectamente compenetrada. "Under the Gun" mantiene la intensidad con un enfoque más agresivo, mientras que "Nobody's Home" aporta un aire más moderno y dinámico sin renunciar al protagonismo del órgano y la guitarra.

La segunda mitad del disco concentra varios de sus momentos más memorables. La monumental "Perfect Strangers" se convirtió con justicia en uno de los grandes clásicos de la banda gracias a su atmósfera hipnótica, su riff de inspiración oriental y una interpretación vocal soberbia de Gillan. "A Gypsy's Kiss" recupera el lado más veloz y neoclásico de Blackmore, mientras que "Wasted Sunsets" ofrece uno de los momentos más emotivos de toda su carrera, con un solo de guitarra sencillamente magistral. El cierre con "Hungry Daze" funciona además como una mirada nostálgica a los años dorados del grupo.

A diferencia de muchos regresos motivados únicamente por la nostalgia y el dinero, “Perfect Strangers” suena como el trabajo de una banda que todavía tenía algo importante que decir. La producción, más pulida que en los setenta, conserva suficiente fuerza para realzar el impresionante nivel instrumental de Lord, Blackmore, Glover y Paice, mientras Gillan ofrece una de sus interpretaciones más maduras.

Quizá no alcance el impacto revolucionario de “In Rock”, “Machine Head” o “Made in Japan”, pero sí pertenece con todo merecimiento al grupo de los grandes discos de Deep Purple. Es, probablemente, uno de los regresos más exitosos y convincentes de la historia del rock: un álbum inspirado, equilibrado y repleto de canciones que siguen sonando tan poderosas hoy como en 1984.

The House of Blue Light (1987)

Calificación:***** (8)

Bad Attitude - The Unwritten Law - Call of the Wild - Mad Dog - Black & White -Hard Lovin' Woman - The Spanish Archer – Strangeways -Mitgi Dupree -  Dead or Alive

Tras el exitoso regreso que supuso “Perfect Strangers”, Deep Purple afrontó la complicada tarea de demostrar que aquella reunión del mítico Mark II no había sido un simple ejercicio de nostalgia. “The House Of Blue Light” mantiene sobradamente viva la química entre Ian Gillan, Ritchie Blackmore, Jon Lord, Roger Glover e Ian Paice, aunque el ambiente interno comenzaba a deteriorarse y las tensiones entre Gillan y Blackmore volverían a hacer acto de presencia durante las sesiones de grabación. Aun así, el grupo consiguió entregar un disco notable que, si bien queda un escalón por debajo de su brillante predecesor, confirma que aquella reunión seguía teniendo mucho que ofrecer.

El álbum abre con la poderosa "Bad Attitude", un tema de esos que te enamora desde la primera escucha, donde el grupo recupera la contundencia clásica mediante un riff sólido de Blackmore y el inconfundible Hammond de Jon Lord. Le sigue "The Unwritten Law", una composición con un aire más contemporáneo, donde la banda incorpora discretos elementos propios de la producción ochentera sin perder su identidad. "Call Of The Wild", elegido como sencillo, apuesta por un enfoque más accesible y melódico, aunque mantiene el sello de la banda gracias al gran trabajo instrumental de Lord y Blackmore.

La primera mitad del disco mantiene un nivel muy consistente con cortes como "Mad Dog", probablemente el tema más cercano al sonido agresivo de los setenta, mientras que "Black & White" y "Hard Lovin' Woman" (guiño al “In Rock” en el título) ofrecen un hard rock directo y efectivo. La segunda cara resulta algo más irregular. "The Spanish Archer" presenta una atmósfera diferente e interesante, aunque nunca termina de explotar todas sus posibilidades, mientras que "Strangeways" destaca por su desarrollo más elaborado y por el excelente trabajo conjunto de toda la banda. "Mitzi Dupree", con su marcado aroma blues, constituye uno de los momentos más particulares del álbum, antes de que "Dead Or Alive" cierre el trabajo con la energía habitual del quinteto.

Es cierto que la producción, mucho más afín de lo deseable a los estándares de finales de los ochenta, resta parte de la crudeza que caracterizaba al grupo en los setenta. Sin embargo, “The House Of Blue Light” sigue siendo un álbum sólido, inspirado y muy disfrutable al que me gusta acudir con frecuencia.

Slaves and Masters (1990)

Calificación:*****(7)
King of Dreams - The Cut Runs Deep - Fire in the Basement - Truth Hurts - Breakfast in Bed - Love Conquers All – Fortuneteller - Too Much Is Not Enough - Wicked Ways

Tras la tormentosa salida de Ian Gillan en 1989, provocada por el deterioro de su relación con Ritchie Blackmore, Deep Purple sorprendió incorporando a Joe Lynn Turner, exvocalista de Rainbow. El resultado fue “Slaves and Masters”, un álbum tan peculiar como controvertido, que muchos consideran más un disco de Rainbow que de Deep Purple. El cambio de cantante, unido a la fuerte influencia de Blackmore, desplazó el sonido clásico del grupo hacia un hard rock melódico y muy orientado al AOR, alejándose del carácter duro y bluesero que siempre había definido a la banda, a excepción de un par de canciones que, paradójicamente, son las mejores que suenan de toda la obra.

La producción es impecable y Turner ofrece una interpretación profesional, pero su timbre y su estilo encajan mejor con el universo de Rainbow que con la personalidad de Deep Purple. Canciones como “King of Dreams”, “Fortuneteller” o la balada “Love Conquers All” destacan por sus melodías accesibles y su evidente vocación comercial, aunque difícilmente satisfarán a quienes esperen la contundencia de sus mejores títulos.

Las excepciones, como decía, llegan con “The Cut Runs Deep” y “Fire in the Basement”, los cortes más cercanos al hard rock clásico de Purple, donde Blackmore, Lord y Paice recuperan parte de la energía que se echa en falta en el resto del álbum. También “Wicked Ways” deja un buen sabor de boca como cierre, pero no basta para elevar un conjunto demasiado uniforme y excesivamente pulido.

Con el paso del tiempo, “Slaves and Masters” ha ganado algunos defensores como álbum de hard rock melódico de calidad. Sin embargo, dentro de la discografía de Deep Purple sigue considerándose una obra menor. Es un buen disco de AOR, quizá incluso un buen disco de Rainbow, pero difícilmente un gran disco de Deep Purple. No es casualidad que, junto a “Abandon”, figure habitualmente entre las obras menos queridas del grupo. La aventura con Joe Lynn Turner duró apenas un álbum antes del regreso de Ian Gillan, dejando este trabajo como una curiosa anomalía dentro de la historia de la banda.

The Battle Rages On... (1993)

Calificación:***** (7,5)
The Battle Rages On - Lick It Up – Anya - Talk About Love - Time to Kill -Ramshackle Man - A Twist in the Tale - Nasty Piece of Work – Solitaire -One Man's Meat

Tras el experimento algo irregular de “Slaves and Masters” con Joe Lynn Turner, la discográfica apostó por reunir una vez más a la formación clásica Mark II. Ian Gillan regresó al grupo para reescribir unas canciones concebidas originalmente para Turner, una decisión que Ritchie Blackmore nunca aceptó de buen grado. La tensión entre ambos era ya insoportable, pero, como tantas veces en la historia de Deep Purple, ese conflicto terminó alimentando un disco mejor de lo que suele reconocerse. “The Battle Rages On…” quizá no alcanza la inspiración de “Perfect Strangers”, pero sí se mueve en una liga similar a “The House of Blue Light”: un álbum sólido, muy disfrutable y claramente infravalorado.

Desde el arranque con la explosiva "The Battle Rages On" queda claro que Purple recupera parte de la agresividad perdida. El riff de Blackmore, el Hammond omnipresente de Jon Lord y una interpretación rabiosa de Gillan convierten el tema en uno de los mejores himnos de la última etapa de la banda. "Anya" representa el gran momento del disco: una composición épica, llena de cambios de dinámica, con una magnífica introducción acústica y uno de los mejores trabajos conjuntos entre Lord y Blackmore desde los años setenta.

El resto del álbum alterna aciertos con composiciones más convencionales. "Lick It Up", “Talk About Love” o "A Twist in the Tale" (la hermana menor de “A Gypsy’s Kiss”) mantienen un nivel notable gracias al excelente trabajo instrumental, mientras que "Time to Kill" y "Ramshackle Man" (se nota que estaba escrita para Lynn Turner) evidencian que el material había nacido en circunstancias complicadas. Aun así, incluso los cortes menores conservan el sello inconfundible de Deep Purple: riffs elegantes, una base rítmica impecable formada por Roger Glover e Ian Paice y un Blackmore que, cuando quería, seguía siendo uno de los guitarristas más inspirados del rock.

Precisamente esa contradicción define el álbum. Musicalmente todavía existía química; personalmente, la convivencia era ya insostenible. Durante la gira promocional, la relación entre Gillan y Blackmore terminó de estallar. El guitarrista actuaba con evidente desgana, abandonaba el escenario durante algunos conciertos y, en el célebre directo “Come Hell or High Water”, llegó incluso a lanzar una botella de agua en dirección a Gillan, una imagen que simboliza mejor que ninguna otra el nivel de enfrentamiento entre ambos. Poco después, Blackmore abandonaría definitivamente Deep Purple, cerrando una de las asociaciones más brillantes y turbulentas de la historia del rock.

“The Battle Rages On…” no pertenece al olimpo de Deep Purple, pero tampoco merece el relativo olvido en el que ha caído. Es un buen disco de hard rock, con varios momentos sobresalientes y el valor añadido de documentar el último capítulo de una relación artística tan genial como autodestructiva. Un cierre digno para la era Blackmore, aunque la batalla, esta vez, ya estaba perdida.

Purpendicular (1996)

Calificación:***** (8)

Vavoom: Ted the Mechanic  - Loosen My Strings - Soon Forgotten - Sometimes I Feel Like Screaming - Cascades: I'm Not Your Lover - The Aviator - Rosa's Cantina - A Castle Full of Rascals - A Touch Away - Hey Cisco - Somebody Stole My Guitar - The Purpendicular Waltz

“Purpendicular” marcó un punto de inflexión en la historia de Deep Purple. Tras la gira promocional de “The Battle Rages On”, la relación de Ritchie Blackmore con el resto de sus compañeros se volvió insostenible hasta el punto de que terminó abandonando la banda por segunda y definitiva vez, poniendo fin a una historia tan brillante como tormentosa. Después de un breve periodo con Joe Satriani completando la gira, el elegido para sustituir al legendario “hombre de negro” fue Steve Morse, procedente de Dixie Dregs y Kansas, cuya llegada insufló una nueva vida al grupo.

Para muchos aficionados este es el último gran álbum de Deep Purple. Personalmente no lo comparto ya que hay obras posteriores más que notables, pero es innegable que estamos ante una obra altamente disfrutable y de un nivel altísimo. En lugar de intentar imitar a Blackmore, Morse aportó su propia personalidad: un estilo más técnico, melódico y moderno, con un fraseo muy distinto que obligó al resto de la banda a explorar nuevos caminos.

Desde el explosivo arranque de "Vavoom: Ted the Mechanic", el mensaje era claro: este era un nuevo Deep Purple. El disco alterna rock potente con momentos más experimentales y atmosféricos, destacando piezas como "Sometimes I Feel Like Screaming", considerada por muchos una de las mejores composiciones de la etapa moderna de la banda. También sobresalen la acústica y evocadora "The Aviator", la melódica "A Touch Away", "Hey Cisco" o la compleja e injustamente valorada "A Castle Full of Rascals", donde la química entre Morse y Jon Lord resulta especialmente inspirada.

Roger Glover firmó además una producción muy limpia que permitió apreciar todos los matices de una banda revitalizada. Ian Gillan ya no poseía la voz de los años setenta, pero compensaba con personalidad y unas letras especialmente imaginativas.

“Purpendicular” no pretendía competir con “Machine Head” o “In Rock”, sino demostrar que Deep Purple podía reinventarse sin perder su identidad. Y lo consiguió. Gracias a Steve Morse, la banda encontró un nuevo lenguaje musical que le permitió iniciar una segunda juventud y mantenerse creativamente viva durante muchos años más.

Abandon (1998)

Calificación:***** (6)
Any Fule Kno That - Almost Human - Don't Make Me Happy - Seventh Heaven  - Watching the Sky - Fingers to the Bone - Jack Ruby - She Was – Watsername - '69 - Evil Louie -Bludsucker

Tras la oleada de buenas críticas recibidas por “Purpendicular”, una obra que tenía todo en contra para convencer debido a la marcha de Blackmore, Deep Purple dio un paso atrás en 1998 con el lanzamiento de “Abandon”, un disco que suele figurar entre los trabajos más flojos de toda su carrera. Cierto es que la banda optó por endurecer su sonido, pero el resultado fue irregular y carente de la inspiración que había marcado el debut de Steve Morse. Aun así, el ambiente interno seguía siendo bueno y la formación parecía haber encontrado una estabilidad desconocida desde los años setenta.

El álbum alterna algunos momentos convincentes con una cantidad excesiva de canciones poco memorables. El inicio con “Any Fule Kno That deja” buenas sensaciones gracias a su pegada, mientras que “Don't Make Me Happy” recupera con acierto el blues-rock clásico del grupo y “Almost Human” destaca por su groove. También sobresalen la contundente “Seventh Heaven” y la delicada “Fingers to the Bone”, una de las composiciones más emotivas del disco, con un marcado aire celta.

Sin embargo, el nivel cae con frecuencia. Temas como “She Was”, “Jack Ruby”, “Whatsername” o “Evil Louie” resultan repetitivos y poco inspirados, dando la sensación de que la banda buscaba sonar más pesada sin encontrar canciones realmente memorables. Ni siquiera la nueva versión de “Bloodsucker”, rebautizada como “Bludsucker”, logra justificar plenamente su inclusión, aunque funciona como un simpático guiño al pasado.

Steve Morse vuelve a demostrar que es un guitarrista extraordinario, aportando solos elegantes y frescos, pero ni Jon Lord ni Ian Gillan alcanzan aquí el brillo de entregas anteriores. La producción, realizada por la propia banda, tampoco ayuda a potenciar unas composiciones que pedían más personalidad.

Con el paso del tiempo, “Abandon” ha quedado como un disco de transición, agradable a ratos pero claramente por debajo del nivel habitual de Deep Purple. Además, tiene un importante valor histórico al ser el último álbum de estudio de Jon Lord con la banda antes de su retirada en 2002, cerrando discretamente la trayectoria del legendario teclista fundador.

Bananas (2003)

Calificación:***** (7)
House of Pain - Sun Goes Down – Haunted -Razzle Dazzle - Silver Tongue - Walk On - Picture of Innocence - I Got Your Number - Never a Word - Bananas - Doing It Tonight - Contact Lost

Tras el irregular y bastante insípido “Abandon”, Deep Purple recuperó el pulso con Bananas, un disco que, sin estar entre los grandes clásicos de su discografía, sí devolvió a la banda parte de la inspiración perdida. Es un álbum sólido, variado y muy disfrutable, aunque lejos de la brillantez contemporánea de “Purpendicular” o de sus obras históricas.

Su mayor novedad fue el relevo en los teclados. Jon Lord, miembro fundador y uno de los arquitectos del sonido Purple, abandonó la banda de forma totalmente amistosa para dedicarse a la composición clásica. Su sustituto fue nada menos que Don Airey, un veterano de lujo que ya había pasado por Rainbow, Ozzy Osbourne, Whitesnake o Judas Priest. Su currículum hablaba por sí solo, incluyendo las inolvidables líneas de teclado en “Mr. Crowley” de Ozzy Osbourne.

La transición fue sorprendentemente natural. Airey respetó la tradición “hammondiana” de Lord, pero aportó una energía renovada y un enfoque más versátil. En temas como "Bananas" demuestra que los duelos entre guitarra y órgano seguían siendo una de las señas de identidad del grupo, ahora con Steve Morse como perfecto compañero de baile.

El álbum combina hard rock clásico, blues y algunas incursiones más melódicas. Destacan la poderosa "House of Pain" (¡qué manera de arrancar!), la oscura "Sun Goes Down", la emotiva balada "Haunted", la sólida "Silver Tongue" o la propia "Bananas", uno de los mejores cortes del disco. No todo funciona igual de bien: canciones como "Razzle Dazzle" o "Doing It Tonight" dividen bastante a los aficionados por su repetición de patronas y una mezcla algo embarrada que tampoco ayuda.

Aun así, el balance es claramente positivo. Gillan ofrece una interpretación muy convincente, Steve Morse continúa demostrando por qué fue un sustituto ideal para Blackmore y Don Airey supera con nota el difícil reto de ocupar el puesto de Jon Lord.

“Bananas” no revolucionó la historia de Deep Purple, pero sí confirmó que la banda todavía tenía mucho que decir en el siglo XXI y que el cambio de teclista, lejos de ser un problema, abría una nueva etapa con garantías.

Rapture of the Deep (2005)

Calificación:***** (7,5)
Money Talks - Girls Like That - Wrong Man - Rapture of the Deep - Clearly Quite Absurd - Don't Let Go - Back To Back - Kiss Tomorrow Goodbye  - MTV - Junkyard Blues -Before Time Began

Tras remontar el vuelo con “Bananas”, Deep Purple afrontó una nueva etapa de estabilidad con una formación que, por fin, parecía haber encontrado el equilibrio definitivo: Ian Gillan, Roger Glover e Ian Paice seguían ejerciendo de columna vertebral mientras Steve Morse y Don Airey, ya plenamente integrados dejaban de ser simples sustitutos para convertirse en piezas fundamentales del engranaje. “Rapture of the Deep”, su decimoctava placa, confirmó que “Bananas” no había sido un golpe de suerte. Sin hacer demasiado ruido, los británicos firmaron uno de los discos más sólidos e inspirados de toda su etapa contemporánea, injustamente eclipsado por el peso de sus clásicos setenteros.

Desde los primeros compases de "Money Talks" queda claro que la banda suena viva. La producción es cálida y orgánica, Gillan canta con una solvencia sorprendente para la época y, sobre todo, Morse y Airey disfrutan constantemente dialogando entre guitarras, Hammond y sintetizadores, recordando por momentos la química que antaño existía entre Blackmore y Lord. Esa sensación se mantiene en piezas tan inspiradas como "Wrong Man", puro hard rock musculoso, o la pegadiza "Girls Like That", más accesible pero igualmente efectiva.

Uno de los grandes aciertos del álbum reside en su variedad. La misteriosa "Rapture of the Deep", impregnada de aromas orientales y una atmósfera casi hipnótica, figura entre las mejores composiciones de la banda en el siglo XXI. En el extremo opuesto aparece "Clearly Quite Absurd", una balada elegante y contenida donde Gillan demuestra que ya no necesita competir con el joven que grabó “Machine Head” para emocionar. Tampoco conviene olvidar joyas como "Junkyard Blues", con un magnífico solo de Morse, el divertido ataque a la industria musical de "MTV" o el cierre reflexivo de "Before Time Began", que pone el broche con enorme clase.

Quizá “Rapture of the Deep” no alcance la inspiración ni posea el impacto histórico de los clásicos de los setenta, pero sí representa uno de los trabajos más consistentes de los Deep Purple modernos. Un disco repleto de canciones infravaloradas, magníficamente interpretado por una banda que, cuatro décadas después de su nacimiento, seguía demostrando que aún era capaz de escribir hard rock de primer nivel. Merece mucha más atención de la que suele recibir.

Now What?! (2013)

Calificación:***** (8)
A Simple Song – Weirdistan - Out of Hand - Hell to Pay – Bodyline - Above and Beyond - blood from a Stone - Uncommon Man - Après Vous - All the Time in the World - Vincent Price - It'll Be Me

Cuando Deep Purple entró en el estudio para grabar “Now What?!” habían transcurrido ocho años desde “Rapture of the Deep”. En ese tiempo el grupo había seguido recorriendo el mundo sin descanso, pero muchos comenzaban a pensar que su etapa creativa había quedado definitivamente atrás. Sin embargo, un acontecimiento marcaría para siempre la gestación del disco: el fallecimiento de Jon Lord en julio de 2012. Aunque el legendario teclista llevaba una década fuera de la banda, su sombra seguía siendo inmensa, motivo por el que el álbum quedó dedicado a su memoria con una emotiva frase en el libreto: "Souls, having touched, are forever entwined" (“Las almas, una vez tocadas, quedan entrelazadas para siempre”).

La llegada del prestigioso productor Bob Ezrin, con quien seguirán trabajando durante el resto de álbumes de su carrera, terminó siendo otro factor decisivo. Lejos de conformarse con registrar a la banda tocando en directo, logró sacar lo mejor de unos músicos que parecían rejuvenecidos. Steve Morse ofrece aquí una de sus interpretaciones más inspiradas desde su incorporación al grupo, Don Airey asume definitivamente el legado de Lord sin limitarse a imitarlo (un tipo de su clase y veteranía no necesitaba imitar a nadie) y el veterano trío formado por Gillan, Glover y Paice demuestra una complicidad envidiable. El resultado es un disco sorprendentemente progresivo, lleno de desarrollos instrumentales, cambios de dinámica y una frescura que pocos esperaban de una banda con más de cuatro décadas de historia.

La magnífica "A Simple Song" abre el álbum con un inicio pausado que desemboca en un poderoso riff, dejando claro desde el primer minuto que Deep Purple ha recuperado el hambre creativa. A continuación, llegan joyas como "Weirdistan", una composición hipnótica y llena de matices orientales, o "Out of Hand", probablemente uno de los mejores temas de toda la etapa Morse gracias a su energía y a los constantes diálogos entre guitarra y Hammond. Tampoco desmerecen la pegadiza "Hell to Pay", la elegante "All the Time in the World" o la divertida "Vincent Price", un delicioso homenaje al maestro del terror a través de una pieza rockera con uno de los estribillos más memorables del álbum y un grito final de Gillan realmente escalofirante..

El componente emocional alcanza su punto álgido en "Uncommon Man" y "Above and Beyond", ambas concebidas como homenaje a Jon Lord. Especialmente la primera, inspirada parcialmente en “Fanfare for the Common Man”, emociona por su atmósfera solemne y su brillante desarrollo instrumental.

“Now What?!” supuso un inesperado renacimiento para Deep Purple. No pretendía competir con su pasado, pero sí demostró que la banda aún era capaz de componer música ambiciosa, elegante y profundamente inspirada.

InFinite (2017)

Calificación:*****(7,5)
Time for Bedlam - Hip Boots - All I Got Is You - One Night in Vegas - Get Me Outta Here - The Surprising - Johnny's Band - On Top of the World - Birds of Prey -Roadhouse Blues

Después del excelente “Now What?!”, muchos pensaban que Deep Purple difícilmente podría mantener ese nivel creativo. Sin embargo, “InFinite”, cuyo título daba a entender que estábamos ante la última obra de estudio del grupo, demuestra que aquella inspiración no fue fruto de la casualidad, sino la confirmación de una segunda juventud artística. Producido nuevamente por Bob Ezrin, el álbum continúa la senda de su predecesor: un hard rock elegante, con mayor peso de las atmósferas y los desarrollos progresivos, aunque en esta ocasión la segunda mitad pierde algo de fuelle respecto a un inicio prácticamente impecable.

El arranque es sencillamente magnífico. "Time for Bedlam" abre con una inquietante voz procesada antes de desembocar en un riff inequívocamente púrpura, donde Steve Morse y Don Airey vuelven a demostrar la enorme química que habían alcanzado. 50 años después, Deep Purple seguía sonando a Deep Purple.  A continuación, "Hip Boots" aporta un aire clásico, cercano al rock setentero e incluso con ecos de Led Zeppelin, mientras que "All I Got Is You" confirma el gran momento compositivo de la banda con una de las mejores canciones de toda su etapa moderna, donde las melodías vocales de Gillan son una auténtica delicia. La clásica "One Night in Vegas" recupera el gusto de Gillan por narrar historias sobre un piano brillante de Airey, y "Get Me Outta Here" sorprende por su intensidad instrumental y un trabajo excepcional de la base rítmica formada por Roger Glover e Ian Paice.

El gran momento del disco llega con "The Surprising", una auténtica obra maestra que combina ambientes orientales, cambios de ritmo y uno de los mejores trabajos de Steve Morse con Deep Purple. Es una composición emocionante, ambiciosa y profundamente melódica, de esas que justifican por sí solas la existencia de un álbum.

A partir de ahí el nivel sigue siendo notable, aunque aparecen algunos temas menos inspirados. "Johnny's Band" resulta simpática pero muy simple, mientras que "On Top of the World" se siente algo repetitiva pese a su potente riff inicial. Por fortuna, "Birds of Prey" devuelve la intensidad con otra gran interpretación colectiva, antes de cerrar con una correcta versión de "Roadhouse Blues", quizá menos necesaria que el resto del repertorio.

Sin alcanzar la inspiración constante de “Now What?!”, “InFinite” vuelve a demostrar que Deep Purple seguía teniendo mucho que decir incluso rozando el medio siglo de carrera. Un disco maduro, lleno de clase y con varias composiciones imprescindibles dentro de su etapa más reciente.

Whoosh! (2020)

Calificación:*****(6,5)

Throw My Bones - Drop the Weapon - We're All the Same in the Dark - Nothing at All - No Need to Shout - Step by Step - What the What - The Long Way Round - The Power of the Moon - Remission Possible - Man Alive - And the Address - Dancing in My Sleep

Tras el notable “Now What?!” y el excelente “InFinite”, Deep Purple regresó en 2020 con “Whoosh!”, su tercer trabajo consecutivo junto a Bob Ezrin. A estas alturas nadie esperaba otro “Machine Head”, pero sí un disco inspirado de una banda que, incluso superando los setenta años de edad, seguía demostrando una enorme clase. El resultado vuelve a ser positivo, aunque, en mi opinión, estamos ante el álbum más irregular de esta última etapa.

El inicio deja buenas sensaciones. La "Throw My Bones" funciona como una apertura correcta, con un sonido muy reconocible y un Don Airey omnipresente tras el Hammond. La cosa mejora claramente con "Drop The Weapon" y “We’re All The Same In The Dark”, dos de los grandes aciertos del disco gracias a sus magníficos riffs de inspiración bluesera, el gran trabajo de Steve Morse y un Ian Gillan que, pese al paso del tiempo, sigue transmitiendo muchísimo con una voz perfectamente adaptada a sus posibilidades actuales. "Nothing At All" convence gracias a sus melodías, aunque se siente algo menos llamativa que las piezas previamente mencionadas.

Sin embargo, conforme avanza el álbum aparecen los problemas. Temas como "Step By Step" o "The Long Way Round" cumplen sin más, mientras que "Man Alive", con sus experimentos vocales y partes narradas, nunca termina de convencerme. Se agradece que la banda intente explorar nuevos caminos, pero en este caso el resultado se siente algo forzado.

La recta final levanta nuevamente el nivel con "The Power Of The Moon", probablemente la composición más ambiciosa del disco. Su atmósfera misteriosa, el excelente trabajo de Roger Glover al bajo y los solos de Morse y Airey la convierten en el momento más inspirado de “Whoosh!”.

En conjunto, el disco mantiene el nivel interpretativo habitual de Deep Purple y vuelve a demostrar que siguen siendo una banda con muchísimo oficio. No obstante, la inspiración resulta menos constante que en “InFinite”, alternando grandes canciones con otras demasiado discretas. Un buen álbum que confirmaba la enorme dignidad artística del grupo, aunque también el más flojo de sus últimos cuatro o cinco trabajos.

Turning To Crime (2021)

Calificación:*****(7)

7 and 7 Is - Rockin' Pneumonia and the Boogie Woogie Flu - Oh Well - Jenny Take a Ride! - Watching the River Flow - Let the Good Times Roll - Dixie Chicken - Shapes of Things - The Battle of New Orleans – Lucifer - White Room - Caught In The Act

Aunque me cuesta considerar “Turning to Crime” como un álbum "oficial" dentro de la discografía de estudio de Deep Purple por tratarse íntegramente de un disco de versiones, creo que era imprescindible incluirlo por lo mucho que aporta a la historia reciente de la banda y, sobre todo, porque resulta un trabajo altamente disfrutable (¿quién soy yo para decirle a Gillan y compañía qué discos son oficiales y cuáles no?). Nacido durante el parón provocado por la pandemia, este proyecto permitió al grupo rendir homenaje a algunas de las canciones y artistas que marcaron su formación musical, demostrando que, incluso interpretando material ajeno, su personalidad sigue siendo inconfundible.

Más que limitarse a reproducir fielmente los originales, Deep Purple los adapta a su propio lenguaje. Desde el arranque con la explosiva "7 and 7 Is", el protagonismo del Hammond de Don Airey y la guitarra de Steve Morse deja claro que estas canciones pasan inmediatamente por el filtro Purple. Temas como "Oh Well" (impresionante Gillan), "Shapes of Things", "Lucifer" o la exquisita reinterpretación de "White Room" conservan la esencia de sus compositores, pero incorporan el sonido robusto y elegante que caracteriza a esta etapa de la banda. Especialmente brillante vuelve a estar Don Airey, cuya interpretación convierte muchos pasajes en auténticos momentos de lucimiento instrumental, mientras que Morse demuestra una vez más la enorme clase que aportó durante sus años en el grupo.

Como suele suceder en estos álbumes, no todas las elecciones funcionan con la misma intensidad. Canciones como "Watching the River Flow", "The Battle of New Orleans" o "Let the Good Times Roll" pueden resultar algo menos inspiradas y, por momentos, transmiten una sensación más cercana al divertimento entre músicos que a reinterpretaciones realmente memorables. Sin embargo, el álbum nunca pierde frescura gracias al entusiasmo con el que la banda afronta cada versión y a la sólida producción de Bob Ezrin.

Precisamente por ser un disco de versiones me cuesta situarlo al mismo nivel que los trabajos de estudio compuestos íntegramente por la banda, pero sería injusto ignorarlo.

=1 (2024)

Calificación:***** (8)
Show Me - A Bit On The Side - Sharp Shooter - Portable Door - Old-Fangled Thing - If I Were You - Pictures Of You - I’m Saying Nothin’ - Lazy Sod - Now You’re Talkin’ - No Money To Burn - I’ll Catch You - Bleeding Obvious

Tras el interesante paréntesis que supuso Turning to Crime, Deep Purple regresó en 2024 con “=1”, un álbum que supone mucho más que un nuevo lanzamiento ya que es la carta de presentación de Simon McBride como guitarrista de estudio de la banda y el inicio de una nueva etapa. Si Steve Morse había aportado durante casi tres décadas un enfoque más melódico, sofisticado y progresivo, McBride devuelve al grupo un sonido mucho más directo, basado en riffs contundentes, mayor agresividad y una energía claramente emparentada con el Deep Purple de los primeros años 70. Este cambio de rumbo no pretende restar mérito al enorme legado de Morse, autor de algunos de los mejores discos modernos del grupo, sino hacer explícito que McBride recupera el protagonismo del hard rock más crudo, devolviendo a la banda una pegada que muchos aficionados echaban de menos.

El resultado es, sencillamente, extraordinario. Desde "Show Me" hasta la delicia progresiva de "Bleeding Obvious", el disco transmite una sensación de frescura difícil de explicar en una banda con más de cincuenta años de historia. Canciones como la potente "Portable Door", "Sharp Shooter", "Old-Fangled Thing", "Lazy Sod" o la espectacular "Now You're Talkin'" están construidas sobre riffs memorables y desprenden una fuerza que recuerda inevitablemente al espíritu de “Machine Head”, “Fireball” o “Perfect Strangers”, aunque sin caer nunca en la autoparodia. McBride no intenta imitar a Blackmore ni a Morse; aporta su propia personalidad, más eléctrica y visceral, integrándose con absoluta naturalidad en el sonido Purple.

Otro de los grandes triunfos de “=1” es el enorme protagonismo de Don Airey. Sus Hammond, pianos y sintetizadores dialogan constantemente con la guitarra, generando algunos de los mejores duelos instrumentales que la banda ha firmado en décadas. A ello se suma una sección rítmica absolutamente impecable, con Roger Glover e Ian Paice demostrando, una vez más, por qué siguen siendo una de las parejas más sólidas de la historia del rock, mientras Ian Gillan ofrece una interpretación sorprendentemente inspirada, adaptando su voz con enorme inteligencia a las exigencias de cada composición.

Para muchos seguidores —entre los que me incluyo—, “=1” puede ser el mejor trabajo de Deep Purple desde “Purpendicular” (quizá “Now What?!” puede estar al nivel). Recupera la contundencia del hard rock clásico, mantiene la elegancia compositiva de su etapa moderna y demuestra que la incorporación de Simon McBride no solo solucionó la salida de Steve Morse, sino que abrió una nueva y apasionante etapa para una banda que sigue negándose a vivir únicamente de su inmenso pasado.

SPLAT! (2026)

Calificación:*****
Arrogant Boy – Diablo - The Rider - The Lunatic - The Only Horse In Town - Sacred Land - The Beating of Wings - Guilt Trippin' - Scriblin' Gib'rish - Jessica's Bra - Third Call - My New Movie - Splat!

Como con cualquier nuevo álbum del grupo, y después casi seis décadas de carrera, veinticuatro discos de estudio y un legado imposible de igualar, me hice la misma pregunta de siempre: ¿queda algo por decir? Muchos pensábamos que “=1” había sido el punto culminante de esta inesperada segunda juventud iniciada con “Now What?!”, pero “SPLAT!” demuestra que todavía hay combustible para seguir escribiendo nuevas páginas en la historia del grupo.

La llegada de Simon McBride ya había insuflado una energía renovada a la banda, pero este nuevo trabajo confirma que su integración es absoluta. Lejos de intentar competir con sus obras maestras Deep Purple apuesta por algo mucho más inteligente: sonar exactamente como debe hacerlo Deep Purple en 2026. Sin artificios, sin intentar parecer una banda joven y, sobre todo, sin vivir exclusivamente de la nostalgia.

Gran parte del mérito vuelve a recaer en Bob Ezrin, convertido desde hace años en el arquitecto de esta brillante etapa moderna. Su producción consigue que cada instrumento respire con naturalidad, permitiendo que la personalidad de los cinco músicos brille constantemente. Ian Gillan continúa emocionando gracias a una interpretación llena de matices; Ian Paice mantiene intacto ese inconfundible swing que lo convirtió en uno de los grandes baterías del rock; Roger Glover sigue sosteniendo cada canción con una elegancia admirable; Don Airey vuelve a demostrar que pertenece a la élite de los teclistas; y Simon McBride confirma definitivamente que no ha llegado para ocupar el lugar de nadie, sino para escribir su propio capítulo dentro de la historia de Deep Purple.

El repertorio mantiene un nivel sobresaliente de principio a fin. "Arrogant Boy" y "Diablo" golpean con la contundencia del mejor hard rock de la banda; "The Lunatic", "Sacred Land" o la progresiva "Guilt Trippin'" exhiben su faceta más ambiciosa; mientras que "The Beating of Wings" recupera ese aroma bluesero que siempre ha formado parte del ADN Purple. Todo ello desemboca en un disco variado, inspirado y tremendamente reconocible.

Quizá “SPLAT!” nunca alcance el estatus legendario de los clásicos de los años setenta. Tampoco lo necesita. Lo realmente extraordinario es comprobar que una banda cuyos miembros rondan —o incluso superan— los ochenta años siga componiendo con semejante inspiración. Deep Purple no vive de su pasado; sigue escribiendo su historia en presente. Y eso, en pleno 2026, es casi tan admirable como cualquiera de sus obras maestras.

 


 






 


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