Cuando Taylor Momsen fue abandonando progresivamente su carrera como actriz (recordemos que interpretó a la niña de la película de El Grinch) para fundar The Pretty Reckless en 2009, pocos podían imaginar que aquel proyecto terminaría convirtiéndose en una de las bandas más importantes del hard rock del siglo XXI.
Sin
embargo, álbum tras álbum, el grupo fue derribando prejuicios. Light Me Up
(2010) presentó una propuesta fresca, descarada y rebosante de actitud. Going
to Hell (2014) disparó su popularidad hasta cotas masivas gracias a himnos como
"Heaven Knows" o "Messed Up World". Mi predilecto, Who You
Selling For (2016), amplió considerablemente su paleta sonora incorporando
influencias de blues, soul y psicodelia, mientras que Death by Rock and Roll
(2021) supuso una obra profundamente marcada por la pérdida, el duelo y la
supervivencia emocional, probablemente su trabajo más maduro hasta la fecha.
Y cuando
parecía que ya habían alcanzado su techo creativo, ocurrió algo que terminó de
consolidar definitivamente su estatus: convertirse en teloneros de AC/DC
durante el aclamado tour promocional de Power Up. Noche tras noche, ante
decenas de miles de personas, The Pretty Reckless demostraron que pertenecían a
los grandes escenarios. Aquella experiencia parece haber dejado una huella
evidente en Dear God, un álbum que desprende confianza, personalidad y una
sensación de plenitud artística pocas veces vista en su trayectoria.
Lejos de
reinventarse, The Pretty Reckless han optado por perfeccionar aquello que mejor
saben hacer: combinar hard rock, vulnerabilidad emocional, oscuridad
existencial y grandes melodías. El resultado es, probablemente, el disco más
cohesionado de toda su carrera.
La
trilogía fragmentada de "Life Evermore" funciona como columna
vertebral conceptual del álbum. Aparece dividida en tres partes y dispersa a lo
largo de la obra, casi como recuerdos fragmentados o escenas de un sueño. Tras
su primera entrega, las hostilidades arrancan con "For I Am Death",
uno de los mejores sencillos que ha publicado la banda en años. Y no me bajo de
ese carro. Los riffs de Ben Phillips golpean con contundencia mientras Taylor
Momsen ofrece una interpretación espectacular, alternando amenaza, dolor y
catarsis en cuestión de segundos. Hay algo casi teatral en su construcción,
especialmente en su puente y estribillo, aunque jamás cae en la exageración
gratuita. Una composición con todos los ingredientes para triunfar: pegadiza,
eléctrica y enormemente efectiva.
"When
I Wake Up" es una descarga de adrenalina en estado puro. Resulta imposible
no pensar en Joan Jett, The Runaways o Girlschool al escuchar ese rock
callejero con matices punk que la banda despliega aquí. Sin embargo, bajo su
aparente tono festivo se esconde una letra mucho más oscura, centrada en los
excesos y la desorientación como consecuencias inevitables de vivir
constantemente al límite.
Las
revoluciones descienden por primera vez para resquebrajarnos el corazón de la
mano de "Love Me", una pieza sentida sobre la depresión y la soledad
que evita refugiarse en metáforas complejas. La interpretación de Momsen
resulta tan devastadora como honesta, coronada por un estribillo que se siente
como una súplica desesperada. Grandísima canción que incluiría sin dudar entre
las más personales firmadas por nuestra querida Taylor.
Reconozco
que me he enamorado profundamente de "Dragonfire", una composición
que rompe con buena parte de los esquemas sonoros habituales de The Pretty
Reckless para entregarnos una inesperada pieza de aroma folk y matices
psicodélicos. Una demostración más de la enorme madurez compositiva alcanzada
por el tándem Momsen-Phillips. Temazo con un omnipresente y tembloroso bajo
cortesía de Mark Damon.
Otro de
los cortes con todas las papeletas para convertirse en uno de los momentos más
significativos del LP es el tema homónimo, "Dear God". Esta pieza,
que supera los seis minutos de duración, presenta un desarrollo pausado tanto
en el plano sonoro como en el lírico. Palabras mayores para la extraordinaria
interpretación de Momsen, quien, cargada de dramatismo, eleva una plegaria
desgarradora a su Dios para que no la deje precipitarse al vacío. Una búsqueda
de respuestas en medio del dolor, la incertidumbre y la fragilidad humana.
Instrumentalmente nos encontramos ante una composición donde la tensión
permanece contenida, especialmente durante los versos, antes de desembocar en
el mejor solo de guitarra de todo el álbum, cortesía del bueno de Ben Phillips.
Tras la
segunda parte de la breve "Life Evermore", el nivel del disco
experimenta un descenso sensible con "About You", una canción que
peca de resultar excesivamente radiofónica y con un deje popero que, al menos a
mí, me ha dejado bastante frío. Tiene un estribillo pegadizo, sí, pero carece
de algo verdaderamente memorable.
Menos mal
que la situación mejora con la entretenida "Spell On You", un tema
que, a nivel conceptual, recuerda bastante a "Witches Burn", ya que
la banda vuelve a introducir referencias a hechizos, magia y obsesión
romántica, aunque sin caer en caricaturas góticas. Si bien recupera parte de
las sensaciones perdidas tras la pista anterior, lo cierto es que tampoco
alcanza el nivel del resto del repertorio. Eso sí, su juguetón riff principal y
el pegadizo estribillo justifican sobradamente la escucha.
Ahora sí,
la banda termina de recuperar el pulso con la curiosa "Rollercoaster of
Life", una de las grandes sorpresas estilísticas del álbum gracias a su
groove relajado y sus guiños al funk californiano. Con una instrumentación rica
en melodías, la letra resume perfectamente la filosofía general de Dear God: la
vida es caótica e imprevisible, pero también hermosa. Estoy convencido de que
terminará convirtiéndose en una de las favoritas de aquellos seguidores que
miren más allá del rock puro.
Me parece
necesario analizar conjuntamente "Eye of the Storm" y "Devil in
Disguise (Michelle's Song)", ya que ambas comparten un tono especialmente
introspectivo. En primer lugar, y apoyándose en un tempo pausado que permite el
lucimiento vocal de Momsen, la banda reflexiona sobre la sensación de
desorientación colectiva que impera en nuestra sociedad actual. Sin embargo, es
la segunda la que me resulta más conmovedora y lacrimógena. Taylor dedica aquí
un sentido homenaje a su amiga Michelle Trachtenberg, con quien trabajó en la
serie Gossip Girl y que falleció en 2025. La sencillez del arreglo permite que
la emoción respire libremente, convirtiéndola en uno de los pasajes más
sinceros de toda la obra.
Antes de
que "Life Evermore" complete el círculo narrativo que ella misma
inició, la banda se saca de la chistera "Dark Days", una composición
cercana a los seis minutos de duración en la que me ha resultado difícil no
pensar en el AOR setentero de formaciones icónicas como Fleetwood Mac.
Apoyándose en atmósferas oscuras y melancólicas, Taylor no duda en exhibir
algunos de sus registros más teatrales para dejarnos un sabor de boca realmente
satisfactorio.
CONCLUSIÓN
Más allá
de un par de canciones, Dear God no supone una revolución dentro de la
discografía de The Pretty Reckless. Tampoco pretende serlo. Lo que consigue es
algo mucho más complicado: perfeccionar una identidad artística que lleva
construyéndose durante más de quince años y que continúa resultando tan
atractiva como en sus primeros pasos.
Hay
momentos dentro del LP que no alcanzan el mismo nivel de solidez (véanse
"About You" o "Spell On You"), pero, en líneas generales,
considero que la banda entrega una obra capaz de codearse sin complejos con sus
mejores trabajos. Y es que el paso de los años se ha traducido en experiencia,
madurez y cohesión para estos neoyorquinos que hace ya bastante tiempo dejaron
atrás el calificativo de "promesas" para consolidarse como una de las
grandes referencias del rock contemporáneo.

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