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Sepultura - Roots (1996)

Calificación:*****(9)

En 1996, cuando el thrash clásico ya había perdido protagonismo y el metal buscaba nuevas direcciones, Sepultura decidió no resistirse al cambio… sino convertirse en uno de sus principales impulsores. “Roots” no fue simplemente su sexto álbum de estudio: supuso una afirmación de identidad, una ruptura estética y el punto de no retorno en la trayectoria del grupo brasileño.

Ya en “Chaos A.D.” (1993), la formación integrada por Max Cavalera, Andreas Kisser, Paulo Jr. e Igor Cavalera comenzó a incorporar percusiones tribales brasileñas, grooves primitivos y una producción contundente a cargo de Ross Robinson, figura clave en el sonido que más tarde se asociaría al nu metal. Aquel primer paso evolutivo respecto al thrash más ortodoxo de “Beneath the Remains” o “Arise” terminaría cristalizando en “Roots”, un trabajo divisivo, influyente y absolutamente inconfundible.

“Roots” suena orgánico, áspero y visceral. Las guitarras descienden en afinación, la batería adopta un pulso más tribal y los riffs dejan atrás la velocidad vertiginosa para abrazar un groove pesado y reiterativo. Es menos técnico que sus predecesores, pero mucho más físico y primario.

Uno de los riffs más reconocibles de los 90 nos recibe en forma de estampida. Y es que “Roots Bloody Roots”, además de erigirse como himno indiscutible de la banda, es un clásico del metal contemporáneo por derecho propio. Su ritmo resulta monolítico e hipnótico, con una producción sucia que intensifica la crudeza de Igor Cavalera tras los parches, aportando un matiz aún más primitivo al conjunto. Max ruge como si invocara un ritual ancestral, evidenciando, una vez más, el profundo amor que siempre ha profesado por sus raíces.

La intensidad continúa con “Attitude”, un corte con ADN hardcore que no pierde el trasfondo tribal presente a lo largo de toda la obra. El desempeño de Paulo Jr. al bajo es fundamental, reforzando el groove mediante una línea agresiva y compacta sobre la que el resto de instrumentos desata el caos (especialmente un Igor desatado tras su batería).

Menos de tres minutos bastan para que Sepultura canalice toda su furia en “Cut-Throat”, pieza minimalista y áspera construida sobre una base rítmica densa, casi industrial, que la producción de Robinson se encarga de subrayar. Un tema sin artificios, concebido para arrasar.

¿Y qué decir de “Ratamahatta”? Clásico imperecedero del repertorio del grupo y uno de los ejercicios de experimentación más logrados de su carrera. La inclusión de percusión tribal auténtica, la sorprendente colaboración de Carlinhos Brown y su estructura caótica dan forma a una composición compleja y carente de esquemas convencionales que acaba convirtiéndose en una experiencia sonora cercana a lo místico.

Andreas Kisser aparca los desarrollos más intrincados para desplegar su faceta más densa y efectiva en “Breed Apart”, un corte sucio, de tintes industriales, que por momentos resulta opresivo. La teatralidad agónica de Max Cavalera y el breve guiño a la música brasileña a mitad del tema constituyen sus puntos culminantes.

La rabia que desprende “Straighthate” se siente casi tangible. Estamos ante uno de los momentos más explosivos e intensos del álbum, donde el cuarteto maneja con acierto la alternancia entre pasajes susurrados y estallidos de furia. Sobresaliente el trabajo de Igor, responsable de una base seca y demoledora.

“Spit” presenta un ritmo machacón y una estructura casi mecánica que apenas varía a lo largo de sus dos minutos de duración. La batería traza un patrón híbrido entre lo tribal y lo industrial que, unido al contundente riff de Kisser, se adentra de lleno en el nu metal, género que poco después se convertiría en tendencia.

Precisamente en la posterior “Lookaway” participa el mismísimo Jonathan Davis, vocalista de Korn, una de las formaciones que abanderaron dicho subgénero. Como era de esperar, el corte respira ese aire Nu, aunque con un plus de paranoia logrado gracias al contraste entre ambas voces.

“Dusted” apuesta por un minimalismo extremo y casi claustrofóbico, apoyándose en un riff tan pesado como insistente que, a fuerza de repetición, genera un efecto hipnótico en quien escucha. Un ejemplo evidente de cómo Sepultura dejó atrás la velocidad para centrarse en la densidad.

Mucho más directa y pensada para incendiar el directo es “Born Stubborn”, composición de corte más tradicional, con una estructura más reconocible y una buena dosis de riffs macizos acompañados de un groove que invita al headbanging constante.

Tras el interludio acústico de sabor brasileño titulado “Jasco” nos adentramos en la vertiente más conceptual de “Roots”. Y es que “Itsári”, más que un tema al uso, funciona como documento cultural. Sepultura invitó a participar en la grabación a miembros de la tribu Xavante, residente en el estado de Mato Grosso, muy cerca del Amazonas. Durante cuatro minutos, la banda ofrece una breve pieza en la que destacan la percusión y los cantos tradicionales.

Después de este respiro, “Ambush” nos devuelve al metal más afilado, aunque con un enfoque ligeramente más clásico que el mostrado en otros cortes. Podríamos hablar de ciertos guiños al thrash añejo, pero revestidos con un groove y una producción más contemporáneos.

Más melancólica e introspectiva, aunque sin renunciar a los guturales ni a la agresividad, se presenta “Endangered Species”, composición que reduce las revoluciones para apostar decididamente por la densidad antes de que “Dictatorshit” ponga el punto final con hardcore puro, escupiendo mala hostia y una crítica feroz hacia la clase política.

No quiero dejar de mencionar “Canyon Jam”, pieza de más de nueve minutos incluida únicamente en algunas ediciones del disco y consistente en una jam session grabada en vivo con una estructura primitiva.

CONCLUSIÓN

“Roots” sacrificó parte del virtuosismo técnico que había definido a Sepultura en favor de algo más visceral, una decisión arriesgada y cuestionada por un sector de sus seguidores, pero también adelantada a su tiempo. El álbum contribuyó a abrir camino a toda una generación de bandas que adoptarían afinaciones graves, grooves repetitivos y producciones crudas.

Para mí no es la obra cumbre de estos brasileños, pues considero que “Chaos A.D.” y mi adorado “Beneath The Remains” se sitúan un par de escalones por encima; aun así, me parece un lanzamiento fundamental dentro de la década de los 90 e imprescindible para cualquier seguidor del grupo. Un LP que, treinta años después, continúa sonando sorprendentemente vigente.



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