Los discos homónimos suelen arrastrar una carga simbólica particular. A menudo actúan como un punto de inflexión, una reafirmación de principios o incluso como una declaración de intenciones frente a un contexto cambiante. En el caso del nuevo trabajo de Alter Bridge, ese simbolismo cobra un sentido especialmente claro. Más de veinte años después de su debut y tras una gira masiva por grandes arenas junto a Creed —la “otra” gran identidad compartida por Mark Tremonti, Brian Marshall y Scott Phillips—, Alter Bridge vuelve a unir fuerzas con Myles Kennedy para recordar al mundo quiénes son y por qué continúan siendo una de las bandas más respetadas del Hard-Rock contemporáneo.
Desde sus
primeros pasos, Alter Bridge ha ocupado una posición singular dentro del rock
moderno. Surgidos de las cenizas de Creed, pero con la firme intención de
trascender cualquier etiqueta post-grunge, el grupo encontró en Myles Kennedy
no solo a un vocalista excepcional, sino a un auténtico catalizador emocional
que permitió llevar su música hacia terrenos más ambiciosos, intensos y
profundamente humanos. Álbum tras álbum, la banda ha ido refinando un sonido
propio y reconocible, cimentado en riffs contundentes, estructuras épicas,
letras introspectivas y una química interna que muy pocas formaciones de su
generación pueden igualar.
Este nuevo
álbum homónimo se presenta, por tanto, como una síntesis natural de todo lo que
Alter Bridge ha representado hasta la fecha. No pretende reinventar de forma
radical su lenguaje, sino afianzarlo y pulirlo. Con Michael “Elvis” Baskette
nuevamente al frente de la producción, el cuarteto apuesta por un sonido
sólido, moderno y orgánico, donde cada instrumento respira con libertad y la
emoción vuelve a situarse en el centro. No estamos ante un disco rompedor, ni
ante algo que la banda no haya explorado previamente, pero sí ante una obra que
reúne todos los ingredientes que siempre esperamos de estos americanos. Con sus
aciertos y sus pequeñas sombras, como veremos a continuación, se trata del
trabajo de una banda madura, segura de sí misma y plenamente consciente de su
identidad.
El
riff áspero de “Silent Divide” nos da la bienvenida al álbum de manera
visceral, antes de desplegarse hacia una composición de mayor complejidad. Un
tema de primer nivel para entrar en materia, sustentado en guitarras densas,
una base rítmica de bajo y batería perfectamente engrasada y, cómo no, un
desempeño vocal sobresaliente del incombustible Myles Kennedy.
La escucha
continúa transitando por terrenos duros y afilados con “Rue The Day”, un corte
que podría haber salido perfectamente de “Fortress” por su contundencia, pero
que conserva ese gancho tan característico tanto en el puente como en el
estribillo. Un segundo plato realmente apetecible, rematado por un solo
hipnótico y vertiginoso de Tremonti y un adictivo doble pedal a cargo de Scott
Phillips.
¡Qué
temazo es “Power Down”! Hacía tiempo que la banda no firmaba una canción tan
veloz y musculosa como esta. La dupla rítmica construye un entramado mecánico
sobre el que Tremonti se mueve con absoluta soltura a base de riffs sucios,
mientras Myles vuelve a ofrecer una auténtica exhibición vocal. Un corte que
conecta directamente con el pasado más combativo del grupo. De lo mejor del LP.
Las
revoluciones descienden ligeramente en la más emotiva “Trust In Me”, una pieza
en la que Myles y Tremonti se reparten las labores vocales, alternándose entre
versos y estribillos para ofrecernos esa dualidad que tantas alegrías ha
brindado en el pasado. Un tema que gana enteros con cada nueva escucha y que
merece ser degustado sin prisas.
Se
agradece que la banda no utilizara canciones como “Disregarded” como adelantos
del disco, reservándonos así sorpresas muy gratas para el lanzamiento oficial.
Un corte que vuelve a remitir al pasado más metalero del grupo, con una
instrumentación directa y afilada que encuentra en el maestro Kennedy a su
mejor aliado. Un tema que, en directo, no debería faltar bajo ningún concepto.
La primera
mitad del álbum se cierra con “Tested And Able”, un corte que engancha desde el
primer momento gracias a ese riff muteado y machacón. Aquí la banda logra
equilibrar crudeza y melodía, con Tremonti asumiendo las tareas vocales y
elevando la pieza hacia una dimensión emocional notable.
Por su
parte, “What Lies Within”, otro de los adelantos que pudimos escuchar antes de
la publicación del álbum, opta por activar el piloto automático y, sin
arriesgar en exceso, nos ofrece una composición muy reconocible dentro del
catálogo de estos músicos. Aunque no sorprende en absoluto, cuenta con un
trabajo vocal muy destacado por parte de Kennedy y un solo más que notable
firmado por Tremonti.
La única
balada propiamente dicha del álbum es la solemne “Hang By A Thread”, una pieza
con un ligero aroma Country gracias a la presencia de guitarras acústicas. Es
en este tipo de cortes donde Myles Kennedy se erige como dueño absoluto de la
canción, desplegando esa voz tan personal, elegante y emotiva que la naturaleza
le ha concedido.
Reconozco
que “Scales Are Falling” me conquistó desde su presentación como último
sencillo del disco. Se trata de un tema complejo, expansivo y ambicioso en el
que la banda, sin renunciar a los elementos distintivos de su sonido, introduce
cambios de ritmo sorprendentes que rompen con los patrones habituales. Mr.
Tremonti se marca un solo a mitad de tema de esos que te provocan un calambre
en el alma (¡qué bueno es!). Para mí, uno de los grandes highlights del LP.
“Playing
Aces” necesitó un par de escuchas para terminar de calarme, pero con el tiempo
ha acabado convirtiéndose en una de mis favoritas del grupo. Su instrumentación
es potente y contemporánea, muy cercana a la mostrada en el previo “Pawns And
Kings”, y Myles juega con esos agudos que tanto nos han enamorado a lo largo de
las décadas. Tal vez su estribillo pueda sonar ligeramente a “refrito”, pero
acaba fijándose en la memoria y convenciendo con el paso del tiempo.
En
penúltima posición encontramos “What Are You Waiting For”, un tema con el que
la banda vuelve a conectar con el espíritu de “Fortress” a través de una
propuesta vibrante. Aunque en un primer momento puede parecer un corte con
pocas variaciones, tanto su estribillo como el pequeño giro instrumental de su
segunda mitad terminan por convertirlo en una pieza, como mínimo, convincente.
Si en
“Pawns And Kings” la banda sorprendió a los oyentes con un tema sobresaliente
de más de ocho minutos de duración (si no me equivoco, hasta ese momento solo
su icónica “Blackbird” alcanzaba una extensión similar) titulado “Fable Of The
Silent Son”, en esta ocasión el cuarteto decide ir un paso más allá y cerrar el
álbum con una epopeya de más de nueve minutos bautizada como “Slave To Master”.
Aquí la banda deja fluir su vertiente más progresiva y épica a lo largo de una
composición cambiante, aunque siempre solemne, coronada por un glorioso solo
final de Mark Tremonti que poco o nada tiene que envidiar, precisamente, al de
“Blackbird”. Un cierre a la altura.
CONCLUSIÓN
Parece
que, tras el irregular “Walk The Sky”, la banda ha ido reencontrándose
progresivamente con su mejor versión a través de trabajos como “Pawns And
Kings” o este homónimo “Alter Bridge”, donde, al menos en mi caso, no percibo
la presencia de temas de relleno.
El disco
se siente coherente y con el potencial suficiente como para crecer con el paso
del tiempo. La química entre los cuatro miembros, lejos de diluirse, parece
haberse reforzado. Son pocas las bandas actuales capaces de combinar tradición
y modernidad con una solvencia semejante.
No. No se
trata de una obra rompedora, ni tampoco reinventa de forma radical lo que el
cuarteto ha venido haciendo durante estas décadas. Sin embargo, el conjunto
logra reafirmar su identidad a través de una colección de canciones sólidas y
alejadas de la nostalgia.
Sin duda,
la primera gran alegría de este 2026.

Comentarios
Publicar un comentario