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Megadeth - Megadeth (2026)

Calificación:*****

Hay discos cuya escucha resulta difícil por el peso emocional que arrastran. Y es que el álbum homónimo de Megadeth no es un lanzamiento más dentro de una discografía legendaria, sino el auténtico punto final de una de las trayectorias más influyentes, combativas y extensas del Thrash Metal. Con este trabajo se clausura una era iniciada hace más de cuatro décadas, cuando Dave Mustaine supo transformar su expulsión de Metallica, junto a la ira y la ambición que le siguieron, en un proyecto llamado a redefinir el género. Este último esfuerzo actúa, de forma consciente o no, como una revisión de todo el legado de la banda: técnica afilada, velocidad como herramienta ofensiva, crítica social y política, y ese carácter agrio e inconfundible que siempre diferenció a Megadeth de sus contemporáneos. No hay intención alguna de reinventar nada, sino de recordar por qué fue precisamente Megadeth quien ayudó a forjar los cimientos del Thrash.

El final, sin embargo, no responde a un agotamiento creativo, sino a la inevitable fragilidad del cuerpo humano. La conocida como “contractura de Dupuytren” que padece Dave Mustaine ha precipitado una retirada prematura del estudio y ha convertido cada aparición en directo en un auténtico ejercicio de resistencia y determinación. Megadeth afronta su última gira bajo la filosofía del “hasta que el cuerpo aguante”, con un líder que se niega a desaparecer en silencio y que ha optado por despedirse de su público desde el escenario, guitarra en mano, aun cuando las limitaciones físicas ya no permiten encarar el futuro con la misma certeza que el pasado. Hay algo profundamente humano —y trágico— en este último acto de voluntad.

Lejos de sonar agotados o fuera de lugar, los trabajos más recientes de Megadeth, “Dystopia” y “The Sick, The Dying…And The Dead!”, han evidenciado un nivel artístico notable, impropio de una banda tan cercana a su despedida definitiva. Por suerte, y como veremos más adelante, este álbum no rompe esa dinámica. Todo lo contrario: consolida una racha creativa sólida, con composiciones bien construidas, riffs fácilmente reconocibles y una ejecución impecable. Además, supone el debut de Teemu Mäntysaari en el estudio, cuya aportación añade frescura y músculo técnico sin traicionar la identidad clásica del grupo, logrando que no echemos tanto de menos a Kiko Loureiro como inicialmente temíamos. La química es evidente y el resultado transmite la sensación de una banda que, incluso al borde del adiós, sigue sonando peligrosa.

El propio tracklist refuerza esta idea de cierre mediante una decisión tan simbólica como valiente. Y es que Mustaine opta por culminar su historia enterrando definitivamente el hacha de guerra al versionar “Ride the Lightning” de Metallica, un tema en cuya composición el propio “colorado” participó activamente. No se trata únicamente de un guiño histórico, sino de un gesto cargado de significado: Mustaine reinterpretando una de las obras clave del grupo que marcó tanto su origen como su ruptura. El círculo se cierra ahí, en esa reconciliación tardía pero poderosa, donde el pasado deja de ser herida para transformarse en epitafio.

La portada, sencilla pero eficaz, acompaña este espíritu de despedida con un elegante Vic Rattlehead envuelto en llamas, mostrándose sereno ante un final inevitable que llega tras haber vivido una historia difícilmente mejorable.

Este último capítulo en la trayectoria de Mustaine y compañía arranca por todo lo alto gracias a la ya conocida “Tipping Point”, un título que no podría ser más explícito: estamos ante un punto de no retorno. En lo musical funciona como una auténtica declaración de intenciones, con un riff cortante y thrasher, una instrumentación furiosa durante buena parte del tema (glorioso Dirk Verbeuren tras la batería), un exquisito duelo de solos y, por supuesto, un Mustaine incombustible al micrófono. Al igual que en su “sinfonía de la destrucción”, la banda nos introduce en un mundo caótico, al borde del colapso, que marca el tono lírico del álbum. No está destinada a la eternidad ni tiene hechuras de hit, pero es un trallazo de puro ADN Megadeth, y eso solo puede jugar a su favor.

La vertiente más punkarra del grupo reaparece con fuerza en “I Don’t Care”, un corte en el que Mustaine escupe cada verso con la actitud desafiante que lo ha definido a lo largo de las décadas. A pesar de su estructura sencilla, el tema sirve de vehículo para el lucimiento absoluto de Mustaine y Teemu a las guitarras, quienes no dudan en intercalar varios solos breves pero excelsos en técnica, aportando una dosis extra de clase al conjunto.

“Hey, God?!” es la primera de las muchas ocasiones en las que Megadeth parece querer recuperar las melodías a medio tiempo de “Youthanasia” o de sus primeras obras del nuevo milenio (menos “Risk”, afortunadamente). Apoyándose en unas guitarras sólidas y un trabajo sobresaliente de batería por parte de Dirk (el belga sorprende aquí con varios momentos donde goza de un protagonismo casi solista), Mustaine reflexiona sobre Dios desde una perspectiva cristiana (recordemos que el “colorado” se reconcilió con la religión hace ya un par de décadas), aunque también deja entrever cierta frustración al no sentir que sus súplicas sean escuchadas.

El título no engaña a nadie. “Let There Be Shred” es una celebración explícita y sin complejos del virtuosismo llevado al extremo y, por ende, un auténtico regalo para los seguidores del Metal más técnico. No obstante, lejos de quedarse en un mero ejercicio de lucimiento, Mustaine recuerda aquí que Megadeth siempre fue, ante todo, una banda dominada por las guitarras. Honor a Teemu Mäntysaari, quien brilla con luz propia mientras se adapta con naturalidad al lenguaje sonoro del grupo. Un tema veloz y difícilmente cuestionable.

Tal vez “Puppet Parade” sea, al menos en el plano musical, el menos llamativo de los cuatro adelantos que Megadeth presentó antes del lanzamiento del álbum. Y no es que estemos ante un mal corte, ya que sus guitarras y su ritmo marcial constante parecen extraídos de la era de “Countdown To Extinction” o “Youthanasia”, pero su estructura resulta algo más reiterativa de lo deseable. En cambio, destaca especialmente en lo lírico, retomando un tema recurrente en el universo Mustaine como es la manipulación de las masas por parte del poder.

 

Sin aspirar a ser la octava maravilla del mundo, “Another Bad Day” supera la prueba con buena nota pese a su simpleza y a la repetición algo excesiva de un estribillo facilón. Las guitarras brillan en varios pasajes más allá de los solos, regalándonos riffs melódicos y distorsionados que funcionan de maravilla. Cabe destacar una curiosidad lírica en el verso “”, ya que Mustaine lo escribió tras perder dos dientes por culpa de su tratamiento contra el cáncer que lo alejó de la carretera hace ya un par de años. Una pieza que, insisto, no descubre la pólvora, pero gana con cada nueva escucha.

Llegamos ahora a dos de mis canciones favoritas del álbum. En primer lugar, la banda se saca de la chistera un número corrosivo y encabronado titulado “Made to Kill”, que nos recuerda una vez más por qué Dave Mustaine es uno de los padres del Thrash Metal. Tras un inicio algo más contenido, la pieza crece progresivamente hasta desembocar en un ataque 100% thrasher, rematado por un estribillo más contemporáneo y muy disfrutable. Metal con muchos galones.

Palabras mayores también para “Obey the Call”, una de las grandes sorpresas sonoras del disco. Aunque en sus primeros compases se muestra contenida, la banda va tejiendo un tema ácido y desafiante, con una tensión creciente y una lírica exquisita que siempre desemboca en un estribillo que se graba a fuego desde la primera escucha. Y cuando parece que la canción ya ha dado todo de sí, el grupo pisa el acelerador y nos regala un tramo final estelar con un acojonante duelo de solos entre Teemu y Mustaine que sitúo, sin dudarlo, entre los momentos más destacados de toda la obra.

Aunque con las escuchas ha ido ganando enteros, quizá “I Am War” haya terminado quedando relegada a un segundo plano dentro del LP. Nos encontramos ante otro medio tiempo con el ADN de los Megadeth de principios del nuevo milenio muy presente, pero que resulta algo menos impactante que otros cortes de estructura similar incluidos en el disco.

El cierre oficial del álbum, antes de encontrarnos con el tan mediático bonus track, corre a cargo de “The Last Note”, una pieza mayúscula donde, de forma solemne y sin caer en dramatismos innecesarios, Dave Mustaine se despide con la tranquilidad de quien sabe que ha construido un legado eterno, regalándonos una letra a la altura de semejante momento. Tampoco quiero olvidar la sorprendente y muy gratificante irrupción de un breve solo de guitarra acústica en mitad del tema. Y justo cuando parece que la pieza ha concluido, unos arpegios dramáticos y la voz quebrada de Mustaine dejan claro que “vino, gobernó y ahora desaparece”.

Y como colofón final… Dave Mustaine se marca un cover de lo más plausible de Metallica. Más que un bonus track, este tema funciona como un auténtico epílogo histórico. La versión de “Ride the Lightning” no pretende competir con el original (quien las compare, que se lo haga mirar), sino reinterpretarlo desde la distancia del tiempo y con un respeto absoluto hacia Metallica. La urgencia juvenil da paso aquí a la solemnidad y la veteranía de un Mustaine que se reencuentra con su pasado no desde la herida, sino desde la aceptación, cerrando definitivamente el círculo abierto hace más de cuarenta años.

CONCLUSIÓN

En conjunto, este último álbum de Megadeth no solo cumple con dignidad, sino que se erige como una despedida sólida, honesta y coherente con la historia del grupo. No es un disco revolucionario, ni perfecto: es la confirmación de que Megadeth se marcha en buena forma, fiel a sí misma y dejando tras de sí un legado incuestionable. Y si este ha de ser el adiós definitivo, no se me ocurre una manera más justa de hacerlo. Estamos ante uno de los álbumes que mejor sabor de boca van a dejar en este 2026.

Porque Dave Mustaine no solo fue un superviviente, un luchador incansable o un guitarrista irrepetible: fue, y seguirá siendo, una de las mentes más influyentes y combativas que ha dado el Heavy Metal. Que su nombre quede grabado para siempre junto a los grandes y sus riffs resuenen eternamente en las almas de los millones de metaleros que hemos crecido escuchando Megadeth.


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