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The Black Crowes - Happiness Bastards (2024)

Calificación:***** (8)

Podríamos decir sin posibilidad alguna de errar que los últimos 15 años han sido de todo menos productivos para The Black Crowes. Y es que, desde el lanzamiento del recomendado, y bastante infravalorado, “Before The Frost…Until The Freeze” (2009) el grupo americano vivió un tiempo bastante oscuro y de nula producción sonora debido a las constantes disputas públicas entre los hermanos Chris y Rich Robinson, amos y señores del grupo, quienes estuvieron durante muchos años sin hablarse debido a diferencias de todo tipo.

Afortunadamente, parece que las aguas han vuelto a su cauce y nuestros queridos hermanos han terminado optando por dejar a lado sus diferencias y, de alguna manera, tratar de recuperar el tiempo perdido para una banda que, durante su apogeo, fue señalada como una de las pocas fieles a las raíces clásicas del Rock que habían nacido durante la oscura década de las 90 y, por ende, como una de las llamadas a abanderar las próximas décadas del Rock. Si a alguien le parece exagerado lo que estoy diciendo, solamente puedo invitarle a escuchar sus dos obras más prestigiosas, “Shake Your Money Maker” (1990) y “The Southern Harmony And Musical Companion” (1992).

Así pues, desde que en 2019 los Robinson hicieron pública su reconciliación y el regreso de los “Cuervos Negros” a la carretera, el grupo no ha dejado de moverse y de dar de qué hablar. Por un lado, tenemos la gira conmemorativa por los 30 años de “Shake Your Money Maker” programada para 2020, pero que fue pospuesta a 2021 debido a la pandemia del Covid-19. Aquí hay que señalar la polémica decisión de los hermanos de no contar con ningún miembro del grupo original o de aquella época (ni siquiera Steve Gorman, miembro co-fundador del grupo) y, por ende, la reconstrucción casi total de la banda que les ha acompañado, donde el único rostro conocido es el del ya conocido Sven Pipien, bajista desde 1997. Las nuevas incorporaciones son el guitarrista Nico Bereciartua y el baterista Brian Griffin, con coros de Vicki Hampton, Joanna Cotton y Robert Kearns. 

Una vez realizada la exitosa gira, fueron llamados por los mismísimos Aerosmith para actuar como teloneros de su gira mundial, un plan que terminó desmoronándose debido a los problemas vocales de Steven Tyler que provocaron la cancelación de este prometedor plan. En medio de este, concretamente en 2022, el grupo, en colaboración con Amazon Music, editó un EP de versiones titulado “1978” en el que rindieron tributo a algunas de las canciones de Rock y Pop que triunfaron en dicho año. 

Pero sin duda, parece que el colofón de esta reunión es “Happiness Bastards”, su primer álbum de estudio en más de 15 años que el grupo lanza y que contiene un total de 10 canciones completamente nuevas que los Robinson han grabado junto a su nueva banda y que ve la luz en 2024, año en el que se está conmemorando su 40 aniversario como banda, cuando el grupo nació bajo el nombre original de Mr. Crowe's Garden.

He leído por ahí que la portada que da color al LP, bastante sencilla por cierto, es obra de Camille Robinson, la mujer de Chris, quien pintó sobre una versión descolorida de la portada de "The Southern Harmony and Musical Companion" ese sencillo fondo de color blancuzco sobre el que reposa el título del álbum escrito en grande.

Desde que las primeras notas de “Beside Manners” nos dan la bienvenida al álbum lo cierto es que cuesta creer que hayan pasado tantos años sin escuchar nada nuevo por parte de estos hermanos. Tres lustros después, el grupo sigue sonando fiel a su estilo. Y es que este cálido medio-tiempo te atrapa desde las primeras de cambio con un Rock desenfadado y animoso, de versos dinámicos y un verso más coral que se graba a fuego. De hecho, ese riff principal de Rich me evoca por momentos al de la celebérrima “Sting Me”. Me encanta ese ascenso de intensidad progresivo que el grupo lleva a cabo en la parte final del número. Una apertura exquisita y que, por supuesto, justifica toda espera.

Para nuestra fortuna esto no ha hecho nada más que comenzar. Me declaro enganchado a la callejera “Rats And Clowns”, a sus guitarras distorsionadas, a ese bajo serpenteante y a una actuación bastante ruda de Chris Robinson, quien canta con chulería unos versos llenos de gancho que, como cabía esperar, derivan en un estribillo de Hard-Rock con gran peso de coros. No son pocos los críticos musicales que en su momento compararon a esta banda con Aerosmith, lo cual al escuchar esta canción parece quedar más que corroborado. De lo mejorcito del álbum sin duda.

No creo que sea el único seguidor del grupo que al escuchar “Cross Your Finger” pensó en el curioso “Amorica” (1994), uno de los álbumes más peculiares del grupo. Corte que se balancea entre secciones más lentas con otras más densas y distorsionadas, sin pasar por alto algunos arreglos electrónicos que se esconden tras la percusión durante ese pegadizo estribillo. Es una de esas canciones que crecen conforme más las escuchas.

“Wanting And Waiting” fue elegida como primer single del disco, algo que es sencillo de entender desde la primera escucha. Estamos ante un corte cálido en el que encontramos el Rock travieso y pegajoso de sus primeros años como banda (el trabajo de guitarras es asombroso) combinado con una producción más masiva y pulida que podría evocar a “By Your Side”. Como en algunos de sus temas más representativos, el estribillo presenta esas capas corales tan representativas y que aportan un poco más de color a una pieza que enamora fácilmente. Tampoco puedo imaginar esta canción sin esos destellos de hammond que emergen en partes señaladas de la pista y que, como no podía ser de otra manera, aportan más feeling sureño al resultado final.

Nos mantenemos en sintonía con la versión más clásica de los “cuervos negros” de la mano de una recomendadísima balada desértica titulada “Wilted Rose” que engancha a cualquiera gracias a sus pasajes luminosos y a esos coros a dúo con Lainey Wilson, uno de los mayores talentos emergentes en el mundo del Country más contemporáneo. No es necesario que la banda se complique la vida para facturar canciones soberbias. Aquí tienes un ejemplo.

Encaramos la segunda mitad del álbum de la mejor manera posible de la mano de un excelso ejemplar de Rock Sureño que responde al título de “Dirty Cold Sun”, una canción que no descubre la pólvora pero que vuelve a transportarnos a los tiempos de mayor gloria del grupo de la mano de esa sección rítmica tan compacta (honor a las guitarras), a un incendiario Chris al micrófono y a esos coros “marca de la casa” que tanta magia aportan en cada estribillo.

Sorpresón grande el que el grupo nos ofrece de la mano de “Bleed It Dry”, un blues de la vieja escuela y de soberbia factura que contiene todos esos elementos que uno puede esperar de una canción de este género: estructura rítmica fiel a las raíces del Delta del Mississippi, arreglos de piano, una voz distorsionada que ruge cual rayo y un solemne solo de armónica en su sección intermedia. Todo eso en menos de tres minutos. Bravísimo

El ritmo vuelve a intensificarse con una pegajosa y alegre “Flesh Wound”, canción cimentada sobre una intensa pista de batería sobre la que van creciendo diferentes capas de guitarras bastante luminosas. Tal vez necesite un par de escuchas para cumplir con su misión de convencer a sus oyentes, pero creo que se deja oír.

Más acuerdo existirá sobre “Follow The Moon”, una canción desenfadada y altamente eléctrica donde la magia sureña vuelve a emerger por todo lo alto gracias a un hipnótico riff de Rich y a una suculenta interpretación de Chris y su legión coral. Rock festivo e indudablemente sureño que, una vez más, me retrotrae a “Amorica” o “By Your Side”, algo que, al menos a mí, me resulta de agradecer.

Todo llega a su irremediable final de la mano de “Kindred Friend”, una canción Folk con matices psicodélicos que podría tratarse, por su esencia sonora, de un descarte de dos álbumes algo maltratados por sus seguidores como “Three Snakes And One Charm” y “Lions”. Agradable manera de echar el cierre a un disco más que aceptable.

CONCLUSIÓN

Lo primero que puedo decir de “Happiness Bastards” es que ha superado notablemente mis expectativas. Y no es que yo fuera pesimista respecto al regreso discográfico de los Black Crowes (todo lo contrario), pero ante un nuevo disco de una banda de dilatada trayectoria y álbumes monumentales, creo que uno siempre tiende a caer en la errónea idea de “ya he oído lo mejor de estos músicos”.

“Happiness Bastards” garantiza una escucha fresca y dinámica que agradará a sus seguidores y que, en sus 10 canciones, no dejará de evocar las distintas etapas sonoras por las que el grupo ha pasado a lo largo de sus más de 40 años de trayectoria. Estamos ante una obra compacta y sin algún tipo de relleno que, en líneas generales, creo que dejará a todo el mundo más que satisfecho.

¡Por supuesto que mereció la pena esperar tanto tiempo! ¡Gran disco!

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