
En esta ocasión rescato su siguiente obra, “Snakes
& Arrows” (2007), un disco que, como puede comprobarse en los diferentes
portales de internet, generó tantos elogios como críticas por parte de la
prensa musical. El caso es que Alex Lifeson, Geddy Lee y Neil Peart volvían a
la carga con nuevas canciones que, a mi modo de ver, cumplirían con las
expectativas de gran parte de los fans y que terminaría superando a la obra
previa.
Peart, batería y letrista del grupo a partes iguales, escribió
una serie de letras basadas en experiencias personales vividas durante aquellos
años y que incluyó en su libro “Roadshow, Landscape with drums, A Concert Tour
By Motorcycle”. A diferencia de “Vapor Trails”, ahora no encontramos al Peart herido
pero no muerto que nos hablaba de superación ante los golpes de la vida, sino a
un músico que se hace preguntas sobre la fe.
Una vez que la banda entró en el estudio, cada tema
fue escrito y pregrabado usando guitarras acústicas, sobre las que
posteriormente se superpusieron las eléctricas. Es curioso el hecho de que el
mismísimo David Gilmour (Pink Floyd) es citado en los créditos del álbum ya que
fue una inspiración muy grande para Alex Lifeson a la hora de componer sus
canciones en la guitarra acústica.
La portada, fiel al título, representa un tablero del
famoso juego de Serpientes y Escaleras (“Ladders and snakes…ladders give…ssssssnakes
take” decía Bon Scott en “Sin City” jeje), aunque el título vendría a
traducirse como “serpientes y flechas”.
Antes de entrar en materia plenamente musical cabría
decir que “Snakes & Arrows” parece abarcar todas las épocas pasadas del
conjunto, tomando elementos distintivos de cada una para amoldarlas en una
serie de nuevas composiciones que, ahora sí, voy a tratar de desgranar lo mejor
posible.
El álbum comienza muy
bien de la mano de “Far Cry” y su rollete duro pero a la vez comercial. El bajo
de Geddy Lee, la contundente batería de Neil y los riffs de Lifeson empiezan a
hacer sus primeras virguerías, mientras la canción avanza y los canadienses,
como posteriormente repetirían en “Clockwork Angels” con el tema “Caravan”, dan
su primer golpe con fuerza para meternos de lleno en la obra. Este gran inicio
es completado con la musicalmente atractiva “Armor And Sword”, una canción que
parece traer de vuelta a la banda en su versión de finales de los 70 y
principios de los 80. Este, durando 6 minutos y 36 segundos, es
sorprendentemente (teniendo en cuenta el extenso currículo del trío) el tema
más largo de toda la obra.
“Workin’ Them
Angels” nos traslada, incluso, más atrás
en el tiempo que la anterior pista. Tema pegadizo, contundente, con estelares
mezclas de distorsión y limpieza melódica que me hacen siempre recordar con
melancolía y cariño aquellos impresionantes “Caress Of Steel” y “Fly By Night”.
“The Larger Bowl” baja un poco el nivel, excediéndose tal vez un poco más de la
cuenta en lo comercial, justo antes de que se presente ante nosotros
“Spindrift” como un ciclón y, ahora sí,
la banda nos regale un auténtico highlight del disco. Los 70’s están de vuelta
con esa estructura cambiante, distorsionada y que muestra la calidad innata y
única que cada miembro de Rush posee.
Pero para hablar de la
calidad instrumental que nuestros protagonistas poseen voy a utilizar como
ejemplo “The Main Monkey Business”, el primero de los tres temas completamente
instrumentales que posee la obra. La banda saca su vena más oscura, pudiendo
disfrutar de excelentes pasajes de guitarra (acústica y eléctrica), líneas de
bajo a la altura de lo que Geddy nos ha acostumbrado en su carretera y los
baquetazos inconfundibles de Peart. Temazo y punto.

Proseguimos la marcha con
“Faithless”, un medio tiempo con momentos que alternan entre la velocidad y la
pausa más reflexiva. Tema notable al igual que “Bravest Face”, aunque esta
última presente un deje “popero” que puede desilusionar a más de uno (se puede
entender) y “Good News First”.
El tema número 12 merece
una mención muy especial. “Malignant Narcissism” solo necesita dos minutos para
convertirse en una de las mejores muestras de talento que nos ha dejado Geddy
Lee al bajo. Esta es la tercera, y última, composición instrumental del álbum.
Lifeson y Neil suenan portentosos, pero es el señor Lee quien se lleva el gato
al agua con esa técnica tan personal que este siempre tuvo a las cuatro
cuerdas. No es “YYZ”, pero tampoco lo necesita.
Para terminar, la banda
reservó una canción titulada “We Hold On” que gana con las escuchas y que tiene
como puntos fuertes los riffs y punteos
de Alex, así como la estructura pegadiza y alegre (especialmente en el
estribillo) de la misma.
Me cuesta ser objetivo cuando
hablo de Rush, ya que mi admiración por estos tres músicos es indescriptible,
pero a mí esta obra, intentando dejar mi cariño a un lado, es muy bueno y
supera el “Vapor Trails”, aunque, obviamente, no le haga frente a sus obras más
grandes. Hay canciones progresivas que nos hacen viajar al pasado, otras algo
más comerciales y ese elemento que siempre es esperable en un álbum cuando en
su portada aparece el nombre de Rush grabado: una ejecución instrumental
impecable.
Para mí “Snakes &
Arrows”, al igual que me pasa con “Clockwork Angels”, un disco notable, de no
sencilla escucha (recomiendo darle varias oportunidades para disfrutarlo como
es debido) con grandísimos momentos y que me dibuja una sonrisa siempre que lo
escucho. Rush fueron, son y serán uno de los máximos exponentes de nuestro
querido género.

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