viernes, 30 de agosto de 2019

Rush - Snakes & Arrows (2007)

Calificación:

Cinco años habían pasado desde la publicación de aquel celebrado “Vapor Trails” (2002) con el que nuestros canadienses favoritos volvían a la carretera después de un parón forzado tras las muertes de la mujer y la hija de Neil Peart. Aquel álbum, del cual ya os hablé en otra ocasión, si bien es más que cumplidor y poseía grandes temas como “One Little Victory”, creó cierto malestar en su primera versión por tener una producción horripilante. Por ello fue reeditado un tiempo después con un sonido más nítido que permitió a los fans de Rush valorar con más firmeza aquella obra.

En esta ocasión rescato su siguiente obra, “Snakes & Arrows” (2007), un disco que, como puede comprobarse en los diferentes portales de internet, generó tantos elogios como críticas por parte de la prensa musical. El caso es que Alex Lifeson, Geddy Lee y Neil Peart volvían a la carga con nuevas canciones que, a mi modo de ver, cumplirían con las expectativas de gran parte de los fans y que terminaría superando a la obra previa.

Peart, batería y letrista del grupo a partes iguales, escribió una serie de letras basadas en experiencias personales vividas durante aquellos años y que incluyó en su libro “Roadshow, Landscape with drums, A Concert Tour By Motorcycle”. A diferencia de “Vapor Trails”, ahora no encontramos al Peart herido pero no muerto que nos hablaba de superación ante los golpes de la vida, sino a un músico que se hace preguntas sobre la fe.

Una vez que la banda entró en el estudio, cada tema fue escrito y pregrabado usando guitarras acústicas, sobre las que posteriormente se superpusieron las eléctricas. Es curioso el hecho de que el mismísimo David Gilmour (Pink Floyd) es citado en los créditos del álbum ya que fue una inspiración muy grande para Alex Lifeson a la hora de componer sus canciones en la guitarra acústica.

La portada, fiel al título, representa un tablero del famoso juego de Serpientes y Escaleras (“Ladders and snakes…ladders give…ssssssnakes take” decía Bon Scott en “Sin City” jeje), aunque el título vendría a traducirse como “serpientes y flechas”.

Antes de entrar en materia plenamente musical cabría decir que “Snakes & Arrows” parece abarcar todas las épocas pasadas del conjunto, tomando elementos distintivos de cada una para amoldarlas en una serie de nuevas composiciones que, ahora sí, voy a tratar de desgranar lo mejor posible.

El álbum comienza muy bien de la mano de “Far Cry” y su rollete duro pero a la vez comercial. El bajo de Geddy Lee, la contundente batería de Neil y los riffs de Lifeson empiezan a hacer sus primeras virguerías, mientras la canción avanza y los canadienses, como posteriormente repetirían en “Clockwork Angels” con el tema “Caravan”, dan su primer golpe con fuerza para meternos de lleno en la obra. Este gran inicio es completado con la musicalmente atractiva “Armor And Sword”, una canción que parece traer de vuelta a la banda en su versión de finales de los 70 y principios de los 80. Este, durando 6 minutos y 36 segundos, es sorprendentemente (teniendo en cuenta el extenso currículo del trío) el tema más largo de toda la obra.

“Workin’ Them Angels”  nos traslada, incluso, más atrás en el tiempo que la anterior pista. Tema pegadizo, contundente, con estelares mezclas de distorsión y limpieza melódica que me hacen siempre recordar con melancolía y cariño aquellos impresionantes “Caress Of Steel” y “Fly By Night”. “The Larger Bowl” baja un poco el nivel, excediéndose tal vez un poco más de la cuenta en lo comercial, justo antes de que se presente ante nosotros “Spindrift”  como un ciclón y, ahora sí, la banda nos regale un auténtico highlight del disco. Los 70’s están de vuelta con esa estructura cambiante, distorsionada y que muestra la calidad innata y única que cada miembro de Rush posee.

Pero para hablar de la calidad instrumental que nuestros protagonistas poseen voy a utilizar como ejemplo “The Main Monkey Business”, el primero de los tres temas completamente instrumentales que posee la obra. La banda saca su vena más oscura, pudiendo disfrutar de excelentes pasajes de guitarra (acústica y eléctrica), líneas de bajo a la altura de lo que Geddy nos ha acostumbrado en su carretera y los baquetazos inconfundibles de Peart. Temazo y punto.

El segundo tema más o menos flojo de este gran trabajo es “The Way The Wind Blows”, algo excesivo en su duración para lo que su propuesta termina siendo. Tal vez, como en “The Larger Bowl”, el trío suene algo más comercial que de costumbre, lo que es una auténtica pena ya que tiene un inicio bluesero realmente impactante gracias a los punteos de Lifeson, así como el riff que el rubio se saca de la chistera en el 2:28 que introduce un cambio positivo a la canción. No me disgusta ni mucho menos, pero no la destaco entre tantas piezas. Después de esta vendrá la bella “Hope” (segunda canción instrumental), en la que Lifeson nos invita a soñar a través de su dulce guitarra y su ambientación oriental. Aprovecho este momento para reivindicar una vez la figura de este músico tan infravalorado por muchos, pese a tener una técnica única (también admiro sus dotes para dar discursos en breves palabras, como sucedió en la ceremonia de inducción en el Salón de la Fama del Rock jejeje).

Proseguimos la marcha con “Faithless”, un medio tiempo con momentos que alternan entre la velocidad y la pausa más reflexiva. Tema notable al igual que “Bravest Face”, aunque esta última presente un deje “popero” que puede desilusionar a más de uno (se puede entender) y “Good News First”. 

El tema número 12 merece una mención muy especial. “Malignant Narcissism” solo necesita dos minutos para convertirse en una de las mejores muestras de talento que nos ha dejado Geddy Lee al bajo. Esta es la tercera, y última, composición instrumental del álbum. Lifeson y Neil suenan portentosos, pero es el señor Lee quien se lleva el gato al agua con esa técnica tan personal que este siempre tuvo a las cuatro cuerdas. No es “YYZ”, pero tampoco lo necesita.

Para terminar, la banda reservó una canción titulada “We Hold On” que gana con las escuchas y que tiene como puntos fuertes los riffs  y punteos de Alex, así como la estructura pegadiza y alegre (especialmente en el estribillo) de la misma.

Me cuesta ser objetivo cuando hablo de Rush, ya que mi admiración por estos tres músicos es indescriptible, pero a mí esta obra, intentando dejar mi cariño a un lado, es muy bueno y supera el “Vapor Trails”, aunque, obviamente, no le haga frente a sus obras más grandes. Hay canciones progresivas que nos hacen viajar al pasado, otras algo más comerciales y ese elemento que siempre es esperable en un álbum cuando en su portada aparece el nombre de Rush grabado: una ejecución instrumental impecable.
Para mí “Snakes & Arrows”, al igual que me pasa con “Clockwork Angels”, un disco notable, de no sencilla escucha (recomiendo darle varias oportunidades para disfrutarlo como es debido) con grandísimos momentos y que me dibuja una sonrisa siempre que lo escucho. Rush fueron, son y serán uno de los máximos exponentes de nuestro querido género.


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