Para
los que hemos crecido escuchado Saxon, el privilegio de poder verlos en vivo
una vez más me parece incalculable. Fue en 2024 cuando pude escucharlos como
teloneros de Judas Priest en Pamplona y, desde entonces, había estado esperando
a que se diera la oportunidad de volver a disfrutar de su monumental directo.
Bilbao
fue una de las tres ciudades escogidas por los británicos para celebrar los 45
añazos de “Wheels Of Steel”, una de las obras más queridas y trascendentales que
el grupo lanzó durante su periodo de mayor apogeo. Si embargo, estos debían a
principios de septiembre del año pasado, pero el inesperado cáncer que le
diagnosticaron a su legendario cantante, Biff Byford, obligó al grupo a posponer
su paso por la península.
Ya
con el veterano Byford al 100% (no hay más que escuchar cómo sigue cantando),
la banda retomó la gira en Reino Unido en noviembre y, para no cancelar su
compromiso con el público español, reprogramó las fechas canceladas para finales
de abril de 2026.
Había
expectación este pasado sábado en Bilbao por comprobar en qué estado se
encontraba una banda que está cerca de cumplir medio siglo de existencia, así
como si la enfermedad había causado estragos en la voz de Byford. Esta fecha
fue la primera de las tres en nuestro país en colgar el cartel de “no quedan
entradas”.
La
respuesta llegó desde el primer minuto: con autoridad, con una pegada
descomunal y con la naturalidad de quien lleva décadas dominando el oficio e
imponiendo un respeto ganado a base de esfuerzo y amor por la música, los
británicos regalaron una auténtica lección de heavy metal clásico entendido
desde la vigencia, no desde la nostalgia. Porque si algo quedó claro durante la
noche es que Saxon no sale de gira para recordar tiempos mejores, sino para
demostrar que aún pertenece a la élite del género. Una de las bandas más
atemporales que ha dado el Rock, le pese a quien le pese.
El
arranque del espectáculo fue sencillamente incontestable. “Hell, Fire and
Damnation” inició las hostilidades con un despliegue de poder que ha terminado
por convertirlo en un tema esencial dentro de su catálogo clásico. Lo primero
que pudimos comprobar en este primer golpe del grupo fue el inhumano estado
vocal que mantiene a sus 75 añazos el bueno de Biff Byford, cuyos agudos y
vocalizaciones más rotas siguen sonando igual de rudas que en el pasado.
También hay que destacar lo bien que ha empastado el icónico Brian Tatler, el
fundador y líder de Diamond Head (celebró esa noche su 76 cumpleaños), con Dou
Scarratt, conformando una dupla de guitarras tan técnica como compacta y, por
supuesto, la solidez rítmica que varias décadas después siguen manteniendo
Nibbs Carter y Nigel Glockler.
La
reacción del público, como cabía esperar, fue salvaje de principio a fin de la
velada, cantando cada estribillo con la fuerza y la actitud que estos merecen.
Ya
con el público en el bolsillo, y sin dar respiro, el quinteto enlazó con “Power
And the Glory”, uno de los clásicos imperecederos que, 40 años después, sigue
levantando puños de forma automática, y la inesperada “Solid Ball Of Rock” (¡qué
alegría me dio escucharla!) donde el bajo de Nibbs Carter hizo que nuestras
tripas retumbaran.
Lejos de relajarse
o darse un respiro, la descarga siguió aumentando en intensidad con la
contemporánea “Sacrifice”, pieza que dio nombre a su LP de 2013 y que también
ha ido convirtiéndose en una habitual en los repertorios de Saxon. La hinchada
no dudó en unirse a cantar su incendiario estribillo, al igual que tampoco
decepcionó cuando el bajo de Nibbs anunció la llegada de “Madame Guillotine”,
segundo y último guiño a “Hell, Fire & Damnation”.
El
ambiente ya estaba completamente encendido cuando, tras unas palabras cálidas y
cercanas de un hiperactivo Biff Byford, la banda bordó dos clasicazos
indiscutibles como “Heavy Metal Thunder” (pocas canciones resumen mejor lo que
representa esta banda) y la siempre celebrada “Dallas 1PM”.
Y entonces
llegó la hora del gran eje conceptual del concierto: la interpretación íntegra
de “Wheels of Steel”. Ahí el show entró en otra dimensión. No se trataba solo
de tocar un disco histórico de principio a fin, donde muchas canciones llevaban
décadas sin sonar en vivo, sino de reivindicar su fuerza intacta después de
tantos años.
La
secuencia comenzó con un hit como “Motorcycle Man”, explosiva, acelerada y con
los tradicionales silbidos de Byford al final del solo, seguida por “Stand Up
and Be Counted”, que mantuvo el pulso combativo de la noche y que incluiría
entre mis preferidas de la noche. Cuando llegó la celebérrima “747 (Strangers
in the Night)”, el recinto vivió uno de esos instantes de comunión absoluta
entre banda y público: coreada de principio a fin, sigue siendo una de las
grandes joyas melódicas de la NWOBHM.
La canción
titular, “Wheels of Steel”, sonó tan orgullosa y poderosa como siempre,
convertida en otro de los picos emocionales del concierto donde, como viene siendo
habitual en las últimas giras del grupo, Biff aprovechó para grabar con su
móvil al público cantando su histórico estribillo.
Después afrontamos la segunda parte de “Wheels”
con una sucesión de canciones quizá no tan conocidas, pero vibrantes como pocas.
Primero llegó “Freeway Mad”, pura velocidad de carretera, para después dejarnos
llevar por “See the Light Shining” y ese encanto más clásico y directo que
evoca. La callejera y áspera “Street Fighting Gang” (¡cómo sonaron esas
guitarras!) sirvió de antesala para la elegante “Suzie Hold On” y una
demoledora “Machine Gun”, que cerró el bloque del álbum entre ovaciones
atronadoras. Necesito poner en valor aquí el hecho de que la banda tocó el
álbum de principio a fin sin hacer una sola pausa. Un ejemplo más del estado de
forma tan salvaje en el que se encuentran.
A esas
alturas, Biff Byford ya tenía al público en el bolsillo. Cercano, carismático y
con la voz sorprendentemente firme, lideró cada momento con esa mezcla de
veteranía y autenticidad imposible de impostar. A su lado, una banda compacta,
precisa y demoledora confirmó que el engranaje de Saxon funciona con una
naturalidad admirable.
El bis fue
otro regalo para los fieles. Los baquetazos de Glockler anunciaron la llegada de una siempre perfecta “Denim
and Leather” que convirtió el recinto en un coro masivo y emocionado,
reivindicando con su letra la hermandad eterna del metal. “And the Bands Played
On” mantuvo el tono festivo, antes de que la épica “Crusader” desplegara toda
su solemnidad épica. Y cuando parecía imposible rematar mejor la noche,
apareció mi adorada “Princess of the Night” para poner todo patas arriba con
uno de los cierres más infalibles que existen dentro del género y despedirse de
Bilbao entre vítores y reverencias de una hinchada sobresaliente.
Lo vivido
en Bilbao fue, en definitiva, una nueva demostración de por qué Saxon continúa
ocupando un lugar privilegiado en la historia del género… y también en su
presente. Algunos grupos sobreviven al paso del tiempo; otros, como ellos, lo
desafían cada noche sobre un escenario.
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