No puedo ocultar que Saxon, la popular banda originaria de Barnsley (Reino Unido), ha marcado mi vida desde mi adolescencia convirtiéndose en una de mis agrupaciones predilectas. A lo largo de casi 50 años de trayectoria, los británicos han engrandecido y definido el Heavy Metal con obras inmortales, así como también han coqueteado con otros estilos y tendencias saliendo, en muchas ocasiones, bien parados.
Este artículo analiza brevemente sus 23 álbumes de estudio desde el cariño y el respeto que este conjunto merece.
SAXON (1979)
Antes de convertirse en uno de los grandes nombres de la NWOBHM, Saxon fue una banda en construcción. Bajo el provocador nombre de Son Of A Bitch, el grupo comenzó a forjarse en el triángulo industrial de Barnsley, Sheffield y Doncaster hasta consolidar en 1977 la formación clásica con Biff Byford, Graham Oliver, Paul Quinn, Steve Dawson y Pete Gill. Con el cambio de nombre llegó también una nueva ambición: dejar de ser una promesa local para aspirar a cotas mayores.
Tras años de carretera, conciertos constantes y una férrea
ética obrera, el quinteto logró finalmente firmar y publicar en 1979 su debut
homónimo. Aunque su sonido todavía no respondía por completo a las señas de
identidad que harían célebre a la banda, la obra seminal de Saxon nos permite
disfrutar de una banda más influenciada que nunca por el hard rock británico de
los setenta (Thin Lizzy, Uriah Heep, UFO,…). Esa diversidad se aprecia
especialmente en la dupla inicial “Rainbow Theme” / “Frozen Rainbow”, piezas de
atmósfera melancólica y ambición épica que muestran a un Saxon más
introspectivo de lo habitual.
Cuando el grupo endurece el pulso es donde comenzamos a
vislumbrar el futuro de cuero y distorsión del grupo. “Stallions of the
Highway” anticipa su posterior imaginería motera con gran autoridad, mientras
“Backs to the Wall”, “Big Teaser” y “Still Fit to Boogie” desprenden crudeza
callejera y una energía juvenil directa que, aunque en algunos momentos se
sienta irregular, ya dejaba entrever lo que este grupo era capaz de hacer
cuando endurecía su música.
Una obra a la que me gusta volver con frecuencia.
WHEELS OF STEEL (1980)
Tras un debut valiente y certero, la banda tuvo las agallas de lanzar su segundo álbum de estudio el mismo año que otras obras determinantes dentro de la historia del Heavy Metal, como fueron “British Steel”, el debut homónimo de Iron Maiden o “Ace of Spades”. Sin embargo, Saxon logró firmar una obra de enorme personalidad y peso específico dentro del género.
El álbum se abre con “Motorcycle Man”, una descarga
inmediata de energía, riffs afilados y una interpretación vocal arrolladora de
Biff Byford. “Stand Up and Be Counted” mantiene la intensidad con un pulso
combativo y un estribillo de gran pegada. Después llegan dos composiciones
históricas: “747 (Strangers in the Night)” y la propia “Wheels of Steel”.
La primera destaca por su atmósfera envolvente, su narrativa
cargada de tensión y uno de los mejores estribillos del repertorio de la banda.
La segunda, construida sobre una aparente sencillez, resume a la perfección la
esencia del Heavy Metal clásico: contundencia, actitud y eficacia melódica.
Lejos de agotarse en sus himnos más conocidos, el disco
conserva un nivel notable en cortes como “Suzie Hold On”, “Freeway Mad”, “See
the Light Shining”, “Street Fighting Gang” y la acelerada “Machine Gun”, cierre
impecable del conjunto.
Wheels of Steel no solo consolidó a Saxon en las
listas británicas, sino que confirmó su condición de referente generacional. El
primer golpe sobre la mesa estaba dado.
STRONG ARM OF THE LAW (1980)
Musicalmente, el disco mantiene la base hard rockera de su
predecesor, aunque con una orientación más dura, directa y marcadamente
metálica. Desde la portada hasta su sonido compacto, todo transmite la
sensación de una banda consciente de su identidad y decidida a explotarla al
máximo.
La apertura con “Heavy Metal Thunder” no deja lugar a dudas:
riffs afilados, ritmo implacable y una declaración de intenciones convertida en
clásico inmediato. “To Hell and Back Again” añade velocidad y crudeza con
evidentes conexiones con Motörhead, mientras la canción titular ofrece uno de
los grandes himnos de Saxon: un corte irresistible, de estructura sencilla pero
demoledoramente eficaz.
El nivel no decae en la segunda mitad. “Taking Your Chances”
y “Hungry Years” equilibran melodía y pegada, mientras “20,000 Ft” acelera
hasta rozar territorios que anticipaban el speed metal. También hay espacio
para la ironía juvenil en “Sixth Form Girls”, antes de llegar al gran cierre
del álbum.
“Dallas 1 PM” merece mención aparte. Inspirada en el
asesinato de John F. Kennedy, la canción combina solemnidad narrativa, tensión
creciente y una de las interpretaciones vocales más memorables de Biff Byford.
Es una pieza ambiciosa, emotiva y distinta dentro del repertorio clásico de la
banda.
Más de cuatro décadas después, "Strong Arm of the Law" permanece como una de las obras esenciales de la primera edad dorada del Heavy
Metal británico. Un disco sin fisuras, poderoso y representativo de una banda
que supo convertir la constancia en legado.
DENIM AND
LEATHER (1981)
“Denim and Leather” llegó tras el año más explosivo de Saxon, que en 1980 había encadenado dos clásicos esenciales como “Wheels of Steel” y “Strong Arm of the Law”. En lugar de repetir fórmula sin más, la banda supo aprovechar el auge de la New Wave of British Heavy Metal, movimiento del cual se habían convertido en abanderados junto a otros nombres propios como Iron Maiden o Judas Priest o Diamond Head, para firmar un disco que, además de mantener el nivel musical, retrataba como pocos el espíritu de aquella escena emergente.
Saxon ya
era una referencia en Europa, giraba sin descanso y compartía cartel con los
grandes nombres del momento. Ese contexto se siente en todo el álbum: energía
juvenil, orgullo obrero, pasión por el directo y sentimiento de comunidad
metalera. También sería el último trabajo con Pete Gill a la batería (Lemmy no
tardaría en contratarlo para grabar “Orgasmatron”) antes de la entrada
definitiva de Nigel Glockler.
El
arranque con la celebérrima “Princess of the Night” es legendario.
Probablemente una de las mejores canciones de su carrera, con un riff inmortal
y un estribillo hecho para estadios. “Never Surrender” continúa con fuerza y
actitud, mientras que cortes como “Out of Control” y “Rough and Ready” muestran
la solidez general del repertorio pese a no haber obtenido tanto reconocimiento
como otros cortes del LP.
Uno de los
grandes momentos llega con “And the Bands Played On”, homenaje a su paso por el
Monsters of Rock de Donington y al crecimiento imparable del heavy metal. “Fire
in the Sky” pisa el acelerador con ecos de Motörhead, y el cierre con otro hit
inmortal como “Denim and Leather” se convirtió en un himno eterno a la estética
y forma de vida metalera.
Puede que
no siempre reciba el mismo foco que sus dos predecesores, pero “Denim and
Leather” es otra fundamental dentro del catálogo de Saxon y posee algo único:
capturó el alma del heavy metal en su edad dorada. Un clásico indispensable.
POWER & THE GLORY (1983)
“Power & The Glory” suele quedar algo eclipsado por la trilogía formada por Wheels of Steel, Strong Arm of the Law y Denim and Leather, pero sigue siendo una pieza fundamental en la historia de Saxon. Lejos de ser un paso menor, el disco muestra a la banda endureciendo su sonido, refinando la producción y entrando en una etapa más ambiciosa sin perder identidad.
Este fue
además el primer álbum con Nigel Glockler a la batería, quien se convertiría en
una pieza clave en el sonido de Saxon a partir de ese momento: Nigel trajo pegada,
precisión y una energía renovada que impulsa al resto de sus compañeros.
También hay una producción más robusta y pulida, orientada en parte al mercado
americano, pero sin sacrificar músculo metálico.
El
arranque con “Power and the Glory” es sencillamente monumental. Uno de
los grandes himnos de Saxon: riff marcial, ritmo demoledor y una interpretación
enorme de Biff Byford. Sigue siendo una de las mejores canciones de toda su
carrera y una indiscutible en sus repertorios actuales. “Redline” aporta
velocidad y aroma motero, mientras “Warrior” descarga heavy metal
directo y combativo, con las guitarras de Paul Quinn y Graham Oliver en gran
forma.
El disco
también muestra variedad. “Nightmare” mezcla melodía y tensión con un
enfoque más atmosférico, y “Watching the Sky” introduce un toque más
accesible sin perder fuerza. “This Town Rocks” funciona como himno de
directo inmediato, puro espíritu ochentero, mientras “Midas Touch” es
una joya algo infravalorada, con cambios de dinámica muy logrados.
Para el
final el quinteto tenía preparada una auténtica joya sonora como “The Eagle
Has Landed”. Composición épica, solemne y envolvente, distinta al resto del
álbum y convertida con los años en clásico absoluto. Los solos de guitarra y la
interpretación solemne de Byford la erigen como un diamante en grupo de los
sajones.
Quizá no tenga la espontaneidad callejera de los primeros discos, pero “Power & The Glory” compensa con solidez, madurez y varios temas esenciales. Muchos lo ven como el último capítulo de la gran primera era de Saxon, y no les falta razón. Un álbum poderoso, inspirado y mucho mejor de lo que a veces se recuerda.
CRUSADER
(1984)
“Crusader” representa uno de los momentos culminantes en la carrera de Saxon y, para muchos, el cierre perfecto de su etapa clásica. Tras una secuencia casi irrepetible formada por “Wheels of Steel”, “Strong Arm of the Law”, “Denim and Leather” y “Power & the Glory”, los británicos llegaban convertidos en una institución de la NWOBHM. Ya no eran promesas o una banda potencial, sino referentes absolutos del heavy metal europeo.
La portada
del álbum, probablemente una de las mejores de toda su discografía, ya deja
clara la intención épica del trabajo. Y esa ambición se confirma desde el
arranque con “The Crusader Prelude” y la homónima “Crusader”, una composición
majestuosa que se convirtió de la noche a la mañana en un clásico para la
eternidad donde el conjunto mezcla momentos atmosférica, con riffs solemnes y
densos hasta desembocar uno de los estribillos más memorables de la banda. Biff
Byford ofrece aquí una actuación formidable, guiando una canción que se
convirtió en himno inmediato.
Lejos de
quedarse en un único gran tema, el disco mantiene un nivel altísimo. “A Little
Bit of What You Fancy” descarga hard rock musculoso y actitud callejera,
mientras “Rock City” funciona como celebración pura del espíritu rockero con un
estribillo irresistible. “Bad Boys (Like to Rock ’n’ Roll)” añade un aire
macarra cercano a AC/DC, y “Run for Your Lives” cierra con contundencia y
gancho.
En el lado
más veloz aparece “Set Me Free”, brillante versión del clásico de Sweet pasada
por el filtro metálico de Saxon, con una batería demoledora del gran Nigel
Glockler. También hay espacio para sonidos más accesibles en “Sailing to
America” y “Do It All for You”, dos piezas donde la banda comienza a acercarse
progresivamente al mercado estadounidense, algo que se haría más notorio en los
discos que vendrían justo después de este.
Las
guitarras de Paul Quinn y Graham Oliver brillan constantemente: riffs afilados,
solos efectivos y ese equilibrio perfecto entre crudeza y melodía que definió a
la banda en sus mejores años.
Puede que “Crusader” marcara también el inicio de cierta orientación más comercial que se acentuaría después, pero aquí todo funciona. Sigue habiendo hambre, energía y grandes canciones. No siempre recibe el mismo reconocimiento que otros títulos de su catálogo, pero estamos ante otro clásico mayúsculo: un álbum poderoso, variado y esencial para entender la grandeza de Saxon.
INNOCENCE IS NO EXCUSE (1985)
"Innocence Is No Excuse" es, probablemente, uno de los discos más valientes y discutidos de toda la carrera de Saxon. Tras varios años instalados en la élite de la NWOBHM, la banda decidió en 1985 cambiar parte de su piel y acercarse a un sonido más pulido, melódico y claramente orientado al mercado internacional. El resultado fue un álbum transgresor dentro de su trayectoria: irregular, sí, pero también injustamente menospreciado.
Lejos de
repetir la fórmula de “Wheels of Steel” o “Strong Arm of the Law”, Saxon apostó
aquí por mezclar hard rock ochentero, estribillos accesibles y una producción
brillante que, de alguna forma, ya podíamos apreciar de alguna forma en “Crusader”.
Era una jugada arriesgada en un momento donde el metal caminaba hacia terrenos
más duros con la Bay Arena norteamericana en plena explosión o Maiden y Judas
dominando en Inglaterra. Mientras muchos endurecían su propuesta, Saxon optó
por abrir ventanas y probar otra vía.
El disco
arranca con “Rockin’ Again”, una declaración de intenciones pegadiza y
energética. “Call of the Wild” mantiene cierto nervio metálico, mientras “Back
on the Streets” y “Rock ’n’ Roll Gypsy” abrazan sin complejos un enfoque más
comercial, pero con oficio y grandes melodías (como si llevaran toda la vida
grabando canciones así). Son canciones quizá alejadas del Saxon clásico, aunque
funcionan muy bien dentro del contexto del álbum.
La gran
joya del LP es la imprescindible “Broken Heroes”, uno de los temas más emotivos
jamás grabados por la banda. Su homenaje a los veteranos de guerra combina
sensibilidad, épica y una interpretación desgarradora de Biff Byford. Es, sin
duda, el punto más alto del disco y una prueba de que Saxon también sabía
emocionar sin recurrir únicamente a la potencia.
Tristemente,
la innovación también trajo consigo momentos menos inspirados. Algunas
composiciones resultan más genéricas y el tono general no siempre mantiene la
chispa necesaria. Esa irregularidad es lo que impide considerarlo un clásico
absoluto. Aun así, incluso en sus pasajes más discutibles, se percibe una banda
intentando evolucionar y no conformarse con vivir del pasado.
“Innocence Is No Excuse” es una obra arriesgada, distinta y mucho más interesante de lo que su reputación indica. Quizá irregular, quizá desconcertante para algunos fans, pero también una muestra de que Saxon tuvo lo que había que tener para desafiar sus propias reglas cuando más fácil habría sido repetir fórmulas.
ROCK THE
NATIONS (1986)
Probablemente el mayor paso en falso de Saxon a lo largo de toda su trayectoria fue el infame “Rock The Nations”, una obra en la que los británicos mostraron indicios de una crisis creativa seria. Si “Innocence Is No Excuse” se sentía como una obra valiente y de identidad propia, aquí la banda se siente desorientada, atrapada entre recuperar dureza y seguir persiguiendo fórmulas comerciales. El resultado es un álbum flojo, irregular y bastante falto de inspiración.
Eso no significa que sea un desastre absoluto. De hecho,
arranca sorprendentemente bien: “Rock The Nations” es un buen opener, musculoso
y directo, mientras que “Battle Cry” probablemente sea lo mejor del disco, con
ese aire épico y metálico que recuerda al Saxon clásico. También “We Came Here
To Rock” funciona como himno sencillo y efectivo, y la efectiva “Waiting For
The Night” (un acertado single) tiene gancho, aunque tire claramente hacia el
AOR de la época.
El gran problema es que el LP se desinfla en seguida. Mucho
relleno, ideas poco desarrolladas y una sensación constante de que la banda no
sabe qué quiere ser exactamente. Temas como “Running Hot” o “You Ain’t No
Angel” pasan sin dejar huella, mientras que experimentos como “Party Til You
Puke” o la blandísima balada “Northern Lady”, ambas con el mismísimo Elton John
al piano, resultan realmente extraños y fuera de lugar teniendo en cuenta que
estamos hablando de una de las bandas que poco tiempo antes había abanderado la
NWOBHM.
En resumen: un disco muy flojo, con tres o cuatro canciones rescatables y poco más. Saxon aún conservaba talento y oficio, pero en 1986 estaba lejos de su mejor versión.
DESTINY (1988)
“Destiny” fue el último intento de Saxon por conquistar el mercado americano y, contra lo que suele decirse, no es un desastre ni mucho menos. Tras el tropiezo casi mortal de “Rock The Nations”, la banda volvió a acertar parcialmente, abrazando un rock ochentero accesible, melódico y mejor construido que en sus dos discos anteriores. El problema no es tanto la calidad, sino que muchos fans jamás aceptaron ver a Saxon tan lejos de su identidad clásica.
Desde el inicio dejan claras sus intenciones con una
sorprendente versión de “Ride Like The Wind”, original de Christopher Cross. Y
la verdad: funciona de maravilla. Los británicos la transformaron en un himno
hard rock elegante, pegadizo y con mucha personalidad. Junto a ella, “Where The
Lightning Strikes” y “For Whom The Bell Tolls” son de lo mejor del álbum,
combinando gancho comercial con riffs más reconocibles dentro del universo
Saxon.
También hay temas muy logrados dentro del enfoque AOR como
“I Can’t Wait Anymore”, “We Are Strong” o “S.O.S.”, donde la banda demuestra
que sabía escribir canciones melódicas con oficio. Eso sí, otros números como
“Song For Emma”, “Jericho Siren” o “Calm Before The Storm” se quedan en
correctas sin terminar de despegar, y la producción recargada de teclados y
coros puede sonar excesiva en muchos momentos.
“Destiny” fue probablemente el mejor de los tres álbumes que
Saxon lanzó en esta etapa más comercial. Para mí es, sin duda, mejor que “Rock
The Nations”, más sólido que “Innocence Is No Excuse” y mucho más disfrutable
de lo que dicta su fama. No es el Saxon de “Denim and Leather” ni pretende
serlo, pero como álbum de hard rock melódico ochentero está bastante bien
parido.
Es más. El verdadero problema de “Destiny” fue llamarse
Saxon. Si lo hubiera firmado una banda americana de segunda línea, hoy muchos
lo reivindicarían sin complejos.
SOLID BALL OF ROCK (1991)
Después de una etapa de sonidos atípicos y una reacción algo fría por parte de sus seguidores, Saxon reaccionó con “Solid Ball of Rock”, un trabajo que recupera buena parte de su identidad metálica. No es un retorno completo al esplendor clásico, pero sí una corrección de rumbo clara: más riffs, más pegada, menos experimentos AOR y una banda sonando otra vez con hambre.
La gran novedad, y creo que una causa de esta evolución en
positivo, fue la llegada de Nibbs Carter, cuya entrada aportó músculo, energía
y protagonismo al bajo, además de peso compositivo. Se nota en un sonido más
robusto y en canciones con mayor empuje. También Biff Byford recupera
agresividad y presencia vocal, alejándose del tono domesticado de la etapa
anterior.
El disco arranca fuerte con “Solid Ball of Rock”, un himno
rocoso y pegadizo, seguido por piezas más metálicas como “Altar of the Gods”
(un tema que hubiera encajado perfectamente en los primeros álbumes del grupo),
“Lights in the Sky” o “Baptism of Fire”, donde reaparece el Saxon galopante y
combativo que tantos echaban de menos. También destacan “Crash Dive”, con gran
trabajo de bajo, y momentos de hard rock directo y eficaz como “I Just Can’t
Get Enough”.
No todo mantiene el mismo nivel. “Requiem (We Will
Remember)” suena algo blandita y pensada como single, mientras que algunas
composiciones intermedias cumplen sin dejar huella. Se percibe que el grupo
todavía está reconstruyéndose y buscando la fórmula definitiva para los 90.
Aun así, “Solid Ball of Rock” es un disco importante: no por
ser perfecto, sino por devolver a Saxon la dignidad, la contundencia y el
camino correcto. Fue el primer paso serio hacia la gran segunda juventud que
llegaría después.
FOREVER FREE (1992)
Tras recuperar fuerza y clase con Solid Ball of Rock (1990), Saxon publicó Forever Free, un trabajo que buscó afianzar aquella resurrección, aunque con resultados más irregulares. El disco acercaba parcialmente su sonido al metal contemporáneo de comienzos de los noventa, con guitarras más densas, una producción más seca y un enfoque más robusto, pero sin alcanzar la inspiración ni la frescura de su predecesor o de las obras que pronto llegarían.
La
apertura con “Forever Free” sigue siendo su gran carta de presentación: un
himno motero efectivo, melódico y con ese espíritu de carretera tan ligado a la
identidad de la banda. También destacan los temas más veloces como “One Step
Away” y “Nighthunter”, donde el grupo muestra nervio, buenas guitarras y una
base rítmica sólida muy acorde a los estándares de la NWOBHM. En cortes como
“Can’t Stop Rockin’” o “Hole in the Sky” aparece ese Saxon musculoso y directo
que todavía sabía golpear con autoridad.
El momento
más especial llega con “Iron Wheels”, una pieza acústica y sentida dedicada al
padre de Biff Byford que, alejada del tono festivo general, aporta profundidad
emocional y demuestra que la banda aún podía ofrecer algo distinto sin perder
personalidad. Es, junto al tema título, lo más disfrutable del álbum.
Sin
embargo, gran parte del repertorio se mueve en terrenos menos memorables.
Algunas canciones parecen bocetos bien ejecutados más que composiciones
redondas, y la producción, modesta y algo embarrada por momentos, resta impacto
a varios pasajes. Donde Solid Ball of Rock sonaba inspirado y
consistente, Forever Free transmite cierta sensación de transición.
No estamos
ante un mal disco, ni mucho menos, pero sí ante una obra claramente inferior a Solid
Ball of Rock que, sintiéndolo mucho, incluiría entre las más flojas que han
editado los británicos a lo largo de su carrera. Aún así, mantiene dignidad,
pegada y suficientes buenos momentos como para resultar disfrutable dentro del
catálogo noventero de Saxon. Un paso menor, pero todavía honesto, en su proceso
de recuperación.
DOGS OF
WAR (1995)
Tras el irregular Forever Free, Saxon reaccionó con acierto en Dogs of War, un disco claramente superior que devolvió a la banda parte del filo perdido y la encaminó hacia una etapa mucho más sólida. Sin ser todavía una obra redonda, sí supuso una auténtica resurrección creativa y el inicio de la transición hacia el sonido más duro y consistente que desarrollarían después.
Desde el
arranque con la monumental “Dogs of War” queda claro el cambio de rumbo. Riffs
pesados, aire marcial y una interpretación poderosa de Biff Byford convierten
el tema título en uno de los grandes himnos noventeros del grupo junto a la
posterior “Burning Wheels”, corte duro y directo a la sesera de resucita el
espíritu motero del grupo.
En
“Demolition Alley” o “The Great White Buffalo” aparece un Saxon más áspero,
oscuro y musculoso, adaptado a los nuevos tiempos sin perder identidad,
mientras que “Big Twin Rolling (Coming Home)” vuelve a apostar por el rock
sucio que tanto nos gusta.
Uno de los
mayores méritos del álbum es precisamente ese equilibrio entre raíces y
modernización. La producción suena más robusta que en Forever Free, las
guitarras recuperan pegada y el grupo experimenta con nuevos matices sin caer
en la impostura.
En todo caso, no todo funciona igual de bien. Temas como “Walking Through Tokyo” o algunos cortes finales rebajan el nivel y evidencian que la banda aún no había alcanzado la regularidad que mostraría poco después. Se percibe que todavía quedaba margen de mejora tanto en composición como en contundencia global.
UNLEASH
THE BEAST (1997)
Con “Unleash the Beast”, Saxon firmó uno de los grandes puntos de inflexión de su carrera. Tras la notable mejoría mostrada en “Dogs of War”, aquí la banda dio un paso definitivo hacia un sonido más duro, moderno y afilado, iniciando la etapa que consolidaría su prestigio en las décadas siguientes. No es exagerado decir que el Saxon contemporáneo nace en este disco.
También
fue un álbum clave por los cambios internos: salía el histórico guitarrista
Graham Oliver y entraba Doug Scarratt, cuya llegada aportó frescura, técnica y
una nueva energía a las guitarras. Su incorporación resultó fundamental para
endurecer el sonido y abrir nuevas posibilidades compositivas junto a Paul
Quinn.
Desde la
explosiva canción título se percibe la transformación: “Unleash the Beast” es
uno de los mejores temas de su etapa moderna, veloz, poderoso y con un
estribillo imponente. A su lado brillan cortes como “Terminal Velocity”,
directo y adrenalínico; “Circle of Light”, tremendamente pegadizo o “All Hell’s
Breaking Loose”, cierre musculoso y vibrante. En piezas como “The Preacher” o
“Cut Out the Disease” aparece una faceta más oscura y pesada, mientras que “The
Thin Red Line” añade épica y ambición temática.
Uno de los
grandes aciertos del álbum es que combina contundencia con variedad, lo cual
evita la sensación de relleno que percibíamos en otras obras de la banda. Hay
riffs más cercanos al power metal europeo, bases rítmicas enérgicas y un Biff
Byford en gran forma, dominando tanto registros melódicos como momentos más
agresivos.
Si “Dogs
of War” fue el puente, “Unleash the Beast” fue la llegada a destino. Más
inspirado, más coherente y claramente superior a sus inmediatos predecesores,
supuso la mejor obra de Saxon en muchos años y el comienzo de una larga segunda
juventud creativa. Un álbum imprescindible para entender por qué la banda sigue
siendo una institución del heavy metal.
METALHEAD
(1999)
“Metalhead” es otra obra que forma parte del “renacer de Saxon” en los noventa, aunque para mí queda un escalón por debajo de “Unleash The Beast”. Si aquel disco combinaba frescura, gancho y una nueva energía creativa, aquí la banda apuesta por endurecer todavía más su sonido, adentrándose en terrenos más oscuros, densos y contemporáneos. El resultado es sólido y convincente, aunque menos inmediato y algo más irregular.
Desde el
inicio queda claro el enfoque imperante a lo largo de todo el LP: grandes dosis
de riffs pesados, una producción robusta y el predominio de una atmósfera
sombría que aleja al grupo del espíritu más callejero y festivo de sus primeros
años. La canción titular “Metalhead” funciona como declaración de intenciones,
con pegada moderna y actitud desafiante. También destacan temas como “Are We
Travellers in Time”, de aire inquietante y gran trabajo rítmico, o
“Conquistador”, probablemente una de las mejores piezas del álbum, donde Saxon
mezcla melodía, fuerza y un cierto sabor épico muy logrado que, por motivos que
desconozco, ha caído en el olvido.
Otro
aspecto importante es la consolidación de Doug Scarratt en la guitarra, cada
vez más integrado en la maquinaria compositiva del grupo. Su presencia aporta
un punto más técnico y agresivo, mientras que Biff Byford mantiene el nivel
vocal con una interpretación poderosa y llena de carácter.
El
problema principal del disco es que, pese a su consistencia, no siempre alcanza
la inspiración de su predecesor. Algunas canciones cumplen sin dejar demasiada
huella, y en ciertos momentos el tono uniforme juega en su contra. Donde “Unleash
The Beast” brillaba por variedad y chispa, Metalhead apuesta más por la
contundencia continuada. Aun así, cortes como “Sea of Life” o “All Guns
Blazing” elevan claramente el nivel y recuerdan la enorme clase de la banda.
En conjunto, Metalhead es un buen disco, quizá inferior a “Unleash The Beast”, pero muy valioso dentro de la evolución del grupo. Supone una transición firme hacia una versión más dura, seria y moderna de Saxon, preparando el camino para los álbumes del nuevo milenio. No será un clásico absoluto, pero sí una muestra clara de una banda veterana que seguía mirando hacia adelante sin perder identidad.
KILLING GROUND (2001)
“Killing Ground” es una obra sólida y que confirmó que Saxon había vuelto de lleno a su vertiente más heavy. Aunque no es una obra perfecta, ni la incluiría entre mis preferidas del nuevo milenio, creo que es un LP sólido y altamente convincente.
De hecho,
el inicio no puede ser mejor de la mano del tema-título, un corte bélico que
retrotrae al espíritu de “Crusader”, pero con tintes modernos, y de la
sorprendente versión de “Court of the Crimson King” de King Crimson que
el grupo se marca con enorme naturalidad lográndola llevarla a su terreno sin
perder la esencia original.
El resto
del álbum mantiene un nivel aceptable, aunque resulte inferior que los dos
primeros temas. “Coming Home” ofrece un hard rock melódico y pegadizo,
mientras “Till Hell Freezes Over” apuesta por el heavy directo y
coreable. “Dragon’s Lair” destaca por su velocidad y energía casi power
metal, y “You Don’t Know What You’ve Got” aporta groove y solidez
rítmica.
De este
segundo grupo de canciones, debo mencionar de forma especial “Shadows on the
Wall”, una pieza oscura y dinámica que alterna pasajes suaves con
explosiones pesadas, mostrando a unos Saxon abiertos a sonidos más
contemporáneos sin perder personalidad.
Puede que no alcance la inspiración total de otros clásicos modernos del grupo, pero “Killing Ground” es un disco muy sólido, variado y honesto. Sobre todo, dejó claro algo fundamental: entrados en el nuevo milenio, Saxon volvía a sonar duro.
LIONHEART (2004)
“Lionheart” llegó en un momento dulce para Saxon tras haber recuperado crédito entre los seguidores más tradicionales con discos sólidos como los ya reseñados “Unleash the Beast” (1997), “Metalhead” (1999) y “Killing Ground” (2001). Es por ello que, lejos de dar un giro de 180 grados, la banda decidió dar continuidad a su buen hacer y firmó una obra altamente disfrutable, aunque con el paso de los años haya quedado relegada a un segundo plano en su propia discografía.
Cabe
señalar que la batería corrió a cargo de Jörg Michael, reconocido por su
trabajo en Stratovarius y una figura muy respetada dentro del power metal
europeo. Su presencia aportó precisión, pegada y una energía distinta al sonido
del grupo, aunque sin perder la identidad clásica de los británicos.
Desde la
inicial “Witchfinder General”, un corte agresivo y de doble bombo, queda claro
que no estamos ante un ejercicio nostálgico, sino ante una obra cruda y
valiente. “Man and Machine” mantiene el impulso con un enfoque más melódico,
mientras que “Lionheart”, el tema que da título al álbum, combina épica
medieval, cambios de ritmo y un estribillo para la eternidad.
Aunque
insisto en que la obra nunca suele ubicarse entre las más destacables del
quinteto, creo que esta combina como pocas la contundencia moderna con ADN
clásico. “Beyond the Grave”, “Justice” o “To Live by the Sword” conectan
directamente con el espíritu guerrero del grupo, mientras que “English Man O’
War” recupera con orgullo la tradición británica y la narrativa histórica tan
ligada a Biff Byford.
En perspectiva, “Lionheart” logró dar continuidad a la buena racha de LPs que venía firmando Saxon hasta ese momento y dejaba entrever lo que pronto podríamos escuchar (y disfrutar) en su próximo álbum.
INNER SANCTUM (2007)
Lanzado en marzo de 2007, “The Inner Sanctum” vino a confirmar la “segunda edad dorada” de Saxon. A lo largo de 10 canciones el grupo lograba dar continuidad al proceso de reencuentro con su faceta más dura que venían experimentando desde “Unleash the Beast”, y que se había ido reforzando con “Killing Ground” y “Lionheart”. Además, esta obra supone el regreso del bueno de Nigel Glocker, ya recuperado de los problemas de cuello que forzaron su retiro en 1998.
“The Inner Sanctum” no es un intento de mostrar que el grupo
seguía vivo, sino que da fe de que este grupo era capaz de seguir siendo muy
relevante en pleno Siglo XXI.
Quizá la mayor diferencia con el previo “Lionheart” es que
aquí, sin renunciar al músculo que estaba renaciendo en su sonido, apostaron
por una mayor variedad compositiva, mejores melodías y una producción muy
equilibrada. No es casual que muchos fans lo sitúen entre lo mejor de su etapa
reciente.
Desde la apertura con “State of Grace”, precedida por una
introducción solemne y casi litúrgica, el disco deja claro que busca sonar
grande. El tema combina contundencia, épica y melodía con una naturalidad
admirable. A continuación, llegan las salvajes “Need for Speed” y “Let Me Feel
Your Power”, dos cortes agresivos y directos que para mí fueron un flechazo
desde la primera escucha.
Palabras mayores para la elegante y sobria “Red Star
Falling”, donde las melodías ganan protagonismo dando pie a una interpretación
vocal exquisita por parte de Biff Byford. También incluiría entre mis
preferidas dos piezas más desenfadadas como “I’ve Got to Rock (To Stay Alive)”
(deudora de los mejores AC/DC) y la accesible “If I Was You”.
La guinda del pastel la pone “Attila the Hun”, una compleja pieza de más de ocho minutos de extensión donde la banda no para de introducir giros rítmicos, riffs musculosos y una narrativa muy cuidada que cierra el álbum dejando una sensación de lo más grata.
INTO THE LABYRINTH (2009)
Publicado en enero de 2009, Into the Labyrinth llegó en un momento especialmente favorable para Saxon gracias al aluvión de críticas positivas cosechadas por “The Inner Sanctum”. Fue por ello que el conjunto británico no dudó en tratar de dar continuidad a este gran momento con un nuevo álbum de estudio que, aunque contendría varias canciones realmente disfrutables, se siente algo menos inspirado que su predecesor.
Pese a ello, temas como la inicial “Battalions of Steel, con su equilibrio entre solemnidad y fuerza, y la festiva “Live to Rock” justifican su escucha, por no hablar de la magnánima “Demon Sweeny Todd”, que para mí es uno de los temas más impresionantes que ha lanzado Saxon en el nuevo milenio gracias a su despliegue de velocidad powermetalera, lírica gótica y un excepcional Biff Byford tras el micrófono.
Antes de que el nivel baje con temas irregulares como “Crime
of Passion”, “Voice”, “Protect Yourselves” o la innecesaria regrabación de “Coming
Home”, la banda nos regala otro par de temas más disfrutables como “Valley of
the Kings” o la más clásica “Hellcat”.
En definitiva, “Into the Labyrinth” no es la cima de la
etapa moderna de Saxon, pero sí un disco al que volver cada cierto tiempo ya
que su escucha resulta disfrutable. No redefine nada, pero muestra a un grupo
que ha sabido envejecer con dignidad sin perder músculo ni personalidad.
CALL TO ARMS (2011)
Tras el “Into the Labyrinth” (2009), que pese a sus virtudes dejaba cierta sensación de desgaste compositivo, la banda regresó en 2011 con Call to Arms, una obra que devolvió parte del hambre, la energía y la inspiración que siempre se le exige a una leyenda de semejante calibre, aunque sin alcanzar las cotas más altas de su discografía moderna (no hablemos ya de la clásica).
Desde el inicio con “Hammer of the Gods” la banda parece
sonar algo más fresca que en su obra previa, transmitiendo una mayor autoridad
y carácter, aunque siempre haya preferido el encanto denso que esconde “Back In
‘79” y su letra sobre los orígenes del grupo y la NWOBHM.
Uno de los mayores aciertos del álbum reside en su
equilibrio entre contundencia y melodía. Si cortes como “Surviving the Odds” y
“Afterburner” rezuman agresividad, “No Rest for the Wicked” ofrece ese medio
tiempo robusto y clásico que tan bien domina la banda. Por otro lado, “Mists of
Avalon” recupera la vertiente épica y narrativa de Saxon, con una atmósfera muy
conseguida y ese gusto por las temáticas históricas y legendarias tan ligado a
la pluma de Byford.
La pieza central del trabajo es, sin duda, la homónima “Call
to Arms”, una composición de tono solemne y emocional inspirada en la I Guerra
Mundial, donde la banda combina con sensibilidad el dramatismo y la fuerza
contenida. Es aquí donde Byford firma una de las interpretaciones vocales más
sentidas de toda su carrera.
No obstante, y como decía al inicio, la obra no alcanza la
regularidad absoluta de los discos que llegarían después. Algunos cortes, sin
ser flojos, carecen del impacto de los mejores momentos del álbum, y en
conjunto se percibe una obra notable más que sobresaliente. Probablemente, el
verdadero salto cualitativo de los Saxon más contemporáneos llegaría con
Sacrifice y, especialmente con las tres obras posteriores: Battering Ram, Thunderbolt
y “Hell, Fire & Damnation”.
SACRIFICE
(2013)
Tras Call to Arms (2011), Saxon regresó en 2013 con Sacrifice, vigésimo álbum de estudio y un trabajo que parecía destinado a devolver al grupo a su mejor versión, algo que los singles promocionales parecían garantizar. La intención era clara desde el primer momento: menos adornos, más potencia. Y, en efecto, nos encontramos ante uno de los discos más agresivos y pesados de la etapa moderna del grupo. Sin embargo, pese a sus evidentes virtudes, también deja una sensación de irregularidad que ya sentíamos en la obra anterior, y que le impide situarse entre los mejores títulos recientes de la banda.
El álbum
presenta un sonido musculoso, compacto y contemporáneo. Las guitarras suenan
densas, la batería golpea con firmeza y la mezcla ofrece una contundencia poco
habitual incluso dentro del catálogo de Saxon. Esa orientación más dura queda
patente desde la introducción “Procession”, que desemboca en la potente canción
titular, uno de los grandes momentos del disco gracias a su riff incisivo y su
aire marcial.
También
brillan “Warriors of the Road”, rápida, pegadiza y con un estribillo de los que
permanecen; “Guardians of the Tomb”, con cierto exotismo temático y excelente
trabajo de guitarras; y “Stand Up and Fight”, corte directo y eficaz que
conecta con la vertiente más clásica del grupo. “Made in Belfast”, dedicada al
orgullo industrial de la ciudad, aporta además ese carácter obrero tan
reconocible en la identidad de Saxon.
No
obstante, el conjunto pierde algo de fuerza en su segunda mitad. Temas como
“Walking the Steel”, “Night of the Wolf” o “Standing in a Queue” cumplen con
solvencia, pero resultan más planos y menos inspirados de lo deseable. No hay
canciones realmente fallidas, aunque sí cierta sensación de piloto automático
en algunos pasajes, algo que se les puede perdonar teniendo en cuenta su
longeva carrera y su tendencia por mantenerse siempre bajo unas fórmulas
bastante definidas.
Biff
Byford vuelve a rendir a gran nivel, manteniendo autoridad y personalidad al
micrófono, mientras Quinn, Scarratt, Carter y Glockler sostienen el álbum con
profesionalidad incuestionable.
“Sacrifice” mejora en contundencia respecto a
“Call to Arms”, pero no termina de redondear todo lo que promete. Un
buen disco de veteranos, con varios momentos notables, aunque todavía algo
irregular dentro de una etapa moderna especialmente sólida.
BATTERING
RAM (2015)
Tras un par de álbumes buenos, pero con algunos cortes algo menos interesantes, “Battering Ram” dejó entrever una mejoría sustancial en lo que a composiciones y regularidad se refiere. La banda recuperaba músculo y garra sin por ello renunciar a los tintes modernos que habían ido mostrando en los álbumes del nuevo milenio.
La
homónima “Battering Ram” es un auténtico himno de guerra que deja boquiabierto
a cualquier heavy con su ritmo salvaje y la voz rota de Byford, cuyo
rendimiento vuelve a ser uno de los grandes activos del disco: poderoso,
expresivo y con una solvencia impropia de alguien con tantas décadas de
carrera.
Entre los
momentos más destacados sobresale “The Devil’s Footprint”, con una introducción
teatral y un desarrollo intenso cargado de riffs pesados y atmósfera oscura que
también podemos hallar en “Queen Of Hearts”. Por su parte, “Destroyer” y “Hard
and Fast” apuestan por la vertiente más directa y combativa del grupo que rara
vez decepciona.
En la
segunda mitad aparecen algunas piezas más prescindibles como “Eye Of the Storm”
o “Stand Your Ground” (solventes, pero sin mucho que aportar al conjunto de
temas), pero también hay momentos de luz gracias a la guitarrera “Top of the
World” o una dupla más reflexiva conformada por “To the End” y “Kingdom of the
Cross”, siendo especialmente destacable la segunda por su letra sobre los
estragos de la I Guerra Mundial.
THUNDERBOLT
(2018)
“Incombustibles” es, probablemente, el término que mejor podríamos emplear para definir a Saxon a estas alturas de su trayectoria. En 2018 regresaron con Thunderbolt, su vigésimo segundo álbum de estudio, donde, lejos de vivir de la nostalgia, el grupo volvió a demostrar una regularidad admirable.
Sin
reinventar sus fórmulas sonoras, el grupo entrega otra obra sólida y con
canciones realmente poderosas como la homónima “Thunderbolt”, pieza diseñada para el directo, con riffs
incisivos y un Biff Byford en excelente estado vocal, o “The Secret of Flight”,
un corte donde las guitarras de Quinn y Scarratt brillan con luz propia.
Uno de los
momentos más llamativos llega con “Nosferatu (The Vampires Waltz)”, una
composición atmosférica y teatral que se aparta ligeramente del sonido habitual
del grupo en favor de los teclados ambientales, el tono sombrío y la
interpretación dramática de Byford.
Tampoco
podemos pasar por alto otros títulos como “They Played Rock and Roll”, sentido
homenaje a Motörhead y a Lemmy Kilmister, “Roadie’s Song” y su guiño a todas
las personas que hacen posible cada gira del grupo, la veloz “Speed Merchants”
o una incisiva “Predator” en la que colaboró Johan Hegg (Amon Amarth)
Thunderbolt no alcanza la dimensión histórica
de sus obras maestras ochenteras, pero muestra a una banda fiable y vigente
pese al paso del tiempo.
CARPE
DIEM (2022)
Tras superar tiempos convulsos marcados por la pandemia del COVID-19 y los problemas de salud de Biff Byford, Saxon regresó en 2022 con Carpe Diem, vigésimo tercer álbum de estudio. El título no puede ser más apropiado: una reivindicación vitalista firmada por una banda que sigue componiendo con hambre y convicción y que es consciente que debe disfrutar al máximo de lo que resta de carrera antes de su irremediable retirada en algún momento futuro.
Con Andy
Sneap repitiendo como productor y la maravillosa portada de Paul R. Gregory
—responsable también del icónico arte de Crusader—, el disco presentaba
diez nuevas composiciones donde convivieron potencia clásica, oficio y una
energía sorprendentemente juvenil.
La
apertura con “Carpe Diem (Seize the Day)” funciona como declaración de
intenciones: riffs veloces, estribillo rotundo y un Byford imponente al frente.
“Age of Steam” mantiene el impulso con musculatura rítmica y un excelente
trabajo de guitarras, mientras que la solemne “The Pilgrimage” y sus más de
seis minutos de extensión aportan uno de los momentos más inspirados del álbum
gracias a su atmósfera épica y su elaborado desarrollo melódico.
En el
bloque central destacan la arrolladora “Dambusters”, la pegadiza “Remember the
Fallen” —dedicada a las víctimas y sanitarios de la pandemia— y “Super Nova”,
puro Heavy Metal directo y sin artificios. “Lady in Gray” introduce matices
oscuros y cierta elegancia sinfónica, mientras “All for One” recupera el
espíritu más veloz y callejero de la vieja escuela.
El cierre
con “Black Is the Night” y “Living on the Limit” confirma la fortaleza del
conjunto: contundencia, buenos estribillos y una banda sonando compacta y
plenamente convencida.
Aunque
el posterior “Hell,
Fire & Damnation” también funcionó a las mil maravillas, no dudaría en
incluir Carpe Diem como uno de los mejores trabajos recientes de Saxon.
HELL,
FIRE & DAMNATION (2024)
Tras la excelente acogida de “Thunderbolt” (2018) y “Carpe Diem” (2022), Saxon regresó en 2024 con “Hell, Fire and Damnation”, un álbum marcado además por un cambio histórico en sus filas: la salida de Paul Quinn de la dinámica de giras y su relevo por Brian Tatler, legendario guitarrista de Diamond Head. La entrada de una figura tan respetada dentro del Heavy Metal clásico no solo despejaba dudas, sino que añadía un atractivo especial a esta nueva etapa.
Producido
nuevamente por Andy Sneap, el disco ofrece diez composiciones compactas,
directas y notablemente inspiradas, con un incendiario Biff Byford tras el
micrófono. Tras la breve introducción “The Prophecy”, narrada por Brian
Blessed, la canción titular irrumpe con fuerza: riffs agresivos, estribillo
inmediato y una energía contemporánea que encaja con la mejor versión reciente
del grupo.
Entre los
momentos más destacados aparece “Madame Guillotine”, una de las piezas más
sólidas del repertorio, con gran tensión rítmica (honor a Nibbs Carter tras el
bajo) y un excelente desarrollo instrumental. “Fire and Steel” pisa el
acelerador con una velocidad poco habitual incluso para los estándares
recientes de la banda, mientras “There’s Something in Roswell” combina
atmósfera densa y gancho melódico con gran eficacia.
El gusto
de Byford por la temática histórica vuelve a aflorar en “Kubla Khan and the
Merchant of Venice”, “1066” o “Witches of Salem”, canciones donde el contenido
narrativo se une a una ejecución poderosa y sin fisuras. También hay espacio
para la nostalgia en “Pirates of the Airwaves”, homenaje a Radio Caroline y a
una época crucial para la difusión del rock británico.
Cierra
“Super Charger”, broche contundente para un álbum que confirma varias certezas:
Saxon seguía componiendo con hambre, la llegada de Brian Tatler funcionó con
naturalidad y la banda conservaba una credibilidad al alcance de muy pocos
veteranos.
“Hell, Fire and Damnation” es otra obra mayúscula dentro del catálogo de los británicos.
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